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Diciembre de 2000 |
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El
desafío de la mujer en la
familia dominicana de comienzos del nuevo milenio
Susi
Pola |
En
1995, las mujeres del mundo reunidas en la China, adoptando el eslogan de
"el próximo milenio es nuestro", proclamaron su decisión
universal de cambio de estatus, sin embargo, en la inminencia de este
nuevo tiempo el patriarcado se sigue proyectando como el sistema socio
cultural imperante.
Las razones variadas y de orígenes complejos, tienen su punto de partida
en las diferentes instituciones socio culturales que se han mantenido como
las generadoras y reforzadoras de estos patrones que parecen revitalizarse
con el tiempo.
Y al respecto, las opiniones convergen en la diversidad de motivos al
analizar esta resistencia:
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Las
resistencias que dificultaron y dificultan todavía la construcción
social de equidad de género como principio organizador de la democracia
responden a varias causas. Algunas de ellas son el producto de la inercia
de los sistemas cognoscitivos y valóricos, otras responden al rechazo de
los hombres al ver afectados sus intereses frente a la competencia de las
mujeres en los espacios públicos y privados, y otras tienen un sustrato más
profundo. Se asocian al temor que generan los cambios en la identidad del
otro al cuestionar la propia identidad, y la incertidumbre sobre el propio
sentido y consecuencias de las transformaciones en curso. En breve,
aceptar cambios en las representaciones genéricas, conmueve no sólo la
situación de la mujer, sino que pone en revisión los contenidos
atribuidos a la masculinidad y las prácticas sociales asociadas a ella. (Anderson;
1998:43)
Pero en lo que existe consenso, es en validar el impacto que tiene la
familia, como institución primaria de la sociedad, sobre la mujer, su
propio desarrollo e identidad, es decir, la dicotomía público /
privado, como fundamentado dilema que sostiene la inferioridad
femenina en el patriarcado.
El concepto de familia ha sido abordado por la Antropología, la Sociología,
el Derecho, la Sicología y otras disciplinas desde diferentes visiones,
estableciendo la mayoría de ellas, la distinción entre familias extensas
y nucleadas, así como las funciones fundamentales de estos núcleos
humanos: cooperación económica, socialización, educación, relación
sexual (Corsi; 1995: 26).
El análisis
de la evolución de los tipos de familia es uno de los temas que ha ligado
más estrechamente la investigación social y a la valoración moral
debido a que, como síntesis de muchos factores culturales, desde hace
siglos las sociedades han ido eligiendo un determinado tipo como modelo
variando en las formas que adopta de acuerdo a los cambios de la sociedad
de cada época.
La evolución del tipo de familia también depende de elementos
sociodemográficos, tales como el aumento de la esperanza de vida y el
envejecimiento poblacional de gran efecto sobre el grupo familiar. Como
ejemplo, algunas informaciones de la evolución en América Latina
referidas por Gomariz en uno de sus trabajos
Durante el siglo XIX, dependiendo mucho de cada país, en el hemisferio
occidental la proporción de familias extensas siempre compitió con la de
nucleares. En sentido inverso, la instauración, durante el siglo XX, de
la familia nuclear como modelo no significó su inmediato predominio numérico.
En los países industrializados se consolidó a mediados del siglo y en América
Latina ese proceso llegó a su clímax entre los años '60 y '70. En todo
caso, en la mayoría de las naciones de la región, los datos
intercensales mostraron entre 1960 y 1980 un crecimiento apreciable de las
familias nucleares, que dejaron de ser en torno al 40% del total para
aproximarse al 60%. La lectura fácil de este fenómeno fue que,
finalmente, se establecía en América Latina una correspondencia entre
modelo familiar y realidad social. (Gomariz; 1994: 11)
En su
trabajo, este autor resalta como, sobre esa lectura, se edificó un cómodo
discurso moral que buscaba implicaciones en la acción social obligando a
los Estados a construir las políticas públicas sobre la base del modelo
de la familia nuclear, pero la década de los 80, desautorizó este
discurso. Por un lado, porque sucedió lo que ya había acontecido en los
países industrializados cuando, después del fuerte crecimiento de las
familias nucleares, se inició la fase de las familias extensas y
compuestas y por otro lado, porque se produjo un cambio interno en la
familia denominada nuclear, en el que la proporción de mujeres
proveedoras como respuesta a su incorporación al mercado de trabajo,
aumentó considerablemente, al punto de incidir en el incremento de nuevas
modalidades familiares.
Entonces, en América Latina, la imagen tradicional de la familia nuclear
se desplomó en términos estadísticos en la mayoría de los países, al
punto de que, ese tipo de familia sólo significa hoy alrededor de un
tercio del total.
Sin
embargo, pese a la dificultad de establecer políticas públicas para un
modelo ahora minoritario, pareciera que ése no es el gran problema que se
proyecta para el modelo familiar del próximo milenio y, en nuestro país,
las proyecciones nos obligan a detenernos en la variable referida a la
aceptación de la autonomía personal de la mujer en el ámbito familiar y
al respecto, citamos;
Una de las
interrogantes objeto de mayor discusión, tanto dentro del movimiento de
emancipación de la mujer como al nivel de hipótesis de investigación,
es la relación entre la mujer y la familia. El debate político y los
estudios acerca de la problemática buscan delimitar en qué medida la
institución familiar, incluyendo los roles domésticos tradicionalmente
adscritos o asociados a la condición femenina, ha constituido la
principal barrera para el logro de una mayor autonomía personal de la
mujer. (Brea y Duarte; 1999: 72)
De
hecho, las investigadoras citadas, nos entregan el dato, que debe ser
alarmante por lo demás, de que en el ámbito familiar hay una mayor
aceptación para asumir libertades en los derechos reproductivos de las
dominicanas que en lo que se refiere a la toma de decisiones de parte de
las mujeres dentro del hogar.
Por lo
tanto, no habrá que ilusionarse sobre las probabilidades de superar el
patriarcalismo en los comienzos, al menos, del nuevo milenio y las
próximas generaciones de mujeres dominicanas seguirán sometidas a sus
reglas, ya que la jefatura femenina seguirá asociada a una organización
matrifocal de la familia. (Duarte; 1999; 2)
Entonces,
las dominicanas que logren sobrevivir las primeras dos décadas de este
nuevo milenio, formarán parte de amplias estadísticas de
"jefas" de hogares, con dificultades de aceptación de la propia
autonomía dentro de los límites de la familia, con mayores perspectivas
de desarrollar poderes económicos por la presencia en lo laboral
remunerado pero, siempre limitada por un Estado que no ofrecerá
asistencia social especializada.
Todo
parece indicar que las mujeres en nuestro país, deberemos asumir el rol
de transgresoras por mucho tiempo aún, lo que significa la ruptura de un
orden establecido en la política, en la ciencia, en la postura social, es
decir, desde la propia familia, donde el tema se plantea con dificultad
para la misma mujer.
Y como
dice Liliana Mizrahi, en la transgresión el gesto de despegue define la
ruptura, la que se convertirá, a su vez, en la fundación de un orden
nuevo porque, el campo vital de la mujer comienza a enriquecerse cuando
traslada al terreno de su desarrollo espiritual experiencias de libertad
creadora. La mujer transgresora es la creadora de un tiempo y espacio
históricos diferentes en su vida. (Mizrahi;1987:75)
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Bibliografía
·
ANDERSON, Jeanine. 1998. "Una propuesta de formación:
extensiones, implicancias y segundos pensamientos". De Género en
el Estado, Estado del Género. (Varias autoras) Editora Eliana Largo.
ISIS Internacional, Santiago, Chile.
·
BREA, Ramonina y DUARTE, Isis. 1999. Entre la calle y la casa,
las mujeres dominicanas y la cultura política a finales del siglo XX.
Edición de PROFAMILIA en Editora Búho. Santo
Domingo.
·
CORSI, Jorge. 1995.
"Una Mirada Abarcativa sobre el Problema de la Violencia
Intrafamiliar". Compilación Violencia Intrafamiliar de
Jorge Corsi. Editorial Paidós. Argentina.
·
GOMARIZ, Enrique. 1994. "América latina. La familia nuclear:
mito y realidad". Revista FEMPRESS, Mayo, No. 151, página 11.
·
MIZRAHI, Liliana. 1987. La mujer transgresora: acerca del cambio
y la ambivalencia. GEL, Grupo Editor Latinoamericano. Colección
Controversia. Buenos Aires, Argentina.
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