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Enero de 2001 |
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La Eterna Juventud
Juan Carlos García
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La eterna juventud tiene sus cifras: 3 mil millones de jóvenes para el año 2020.
Esos 3 mil millones de jóvenes mundiales tendrán menos de 25 años de edad y estarán ya, quizás, esperando tener su primogénito.
En el 2020 la población juvenil del mundo demandará fuentes de trabajo y para ellos estarán disponibles unos 800 millones de cargos relacionados estrictamente a las necesidades de los jóvenes.
El negocio del ocio para jóvenes dispondrá de unos 1000 millones de ellos trabajando para los jóvenes. Las tiendas de comida rápida, por solo mencionar un ejemplo, despacharán más comida rápida que nunca y todas las comidas serán servidas exclusivamente por manos de jóvenes.
Juventulondia será el paraíso terrenal y real. El país natal de cada cual.
Juventud por todas partes. Una dicha deseada por milenios. Una sola nacionalidad.
Sí, el mundo será tomado, finalmente, formalmente por la juventud humana para el año 2020. Pero prosigamos. Para el año 2050, 25 años después, los hijos de esos jóvenes habrán alcanzado la edad para procrear y será de nueva cuenta una fuerza viva todavía más frondosa de 5 mil millones de jóvenes nuevos procreando nuevos seres humanos.
La juventud mundial tendrá, entonces, la dura responsabilidad de re-organizar el planeta, ecológicamente hablando ¿pero cómo lo hará frente a un mundo con 5 mil millones de nuevas bocas por alimentar? Sacrificar más capital boscoso estará del todo cohibido porque la juventud de mediados del siglo 21 ya habrá alcanzado una vigorosa conciencia ambientalista.
La juventud del 2050 quizás podrá entenderse mejor que la población gobernante adulta de fines del siglo 20, que a las claras fracasó en su intento de pacificar al mundo.
La juventud del futuro cercano tiene en su haber dos cosas: el poder de cambiar para bien a un mundo patas arriba como el nuestro o, definitivamente, echar a un lado a todo belicoso mental, sea joven o no.
La juventud, pues, podría ser el carnet de identidad de la nueva humanidad, cuyo único requisito será ser joven eterno, esto es, sin la cultura de la guerra que ha venido colisionado a los pueblos una y otra vez.
Ser joven lo será todo aquel que asuma esa bondad universal, porque los jóvenes del mañana inmediato no toleraran más conflictos étnicos, guerras económicas desiguales, hambrunas horribles, destierros masivos, sequías infames, ozono vulnerado, ríos extintos, especies en su adiós definitivo, ni mucho menos nuevos héroes al estilo del viejo cuño.
Pero ¿y luego? Para el 2080 la juventud rebasará la cifra récord de 20 mil millones de individuos todos de su misma clase: Juventud mental, espiritual y permanente en todas las actividades de la vida. Aniquilar la fuerza joven será imposible porque se estaría atentando contra toda una misma generación de terrícolas. Y eso, mundialmente hablando, no podrá ser. No tendrá lugar. Será crimen de lesa humanidad. Por supuesto.
Y al fin, llegado el año 2100, cuando la juventud haya reclamado las estrellas y haya dominado la superficie de astros allende las galaxias. Luego de colonizar planetas y darle la mano a las juventudes de otros mundos, los extraterrestres igualmente jóvenes, la eterna juventud, la auténtica juventud giratoria, que ha de girar con el poder de la misma mecánica celeste, se proclamará así misma poseedora del sueño dorado de los antiguos alquimistas del vetusto año mil: poseer la piedra filosofal de los verdaderos años mozos: Ser joven por cantidad y por calidad de vida, todo a la vez. Por primera vez en la historia de la raza. Oh, al fin del camino del recomienzo que reúne a todas las razas cósmicas.
Que es lo que ultimadamente importa y ha importado siempre.
Tal es y ha sido el secreto de la eterna juventud. No más.
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