En estos momentos de extrema fragilidad económica y sociopolítica a
nivel global se hace difícil el entender la postura “restrictiva” de algunos
gobiernos de la región.
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El domingo 9 de febrero el Honorable Sr. Presidente de la República
Dominicana, Ing. Agrónomo Hipólito Mejía, en su discurso al país [1]
adoptó una serie de medidas que lejos de satisfacer las necesidades reales de la
nación, o de reflejar una solución factible a los numerosos retos y problemas
que enfrenta la sociedad dominicana, ha decepcionado a la población.
Las nuevas exigencias dirigidas al sector privado y a la
ciudadanía, ya cansada de sacrificios, son preocupantes. La postura tiende a
crear desconfianza y a obstaculizar la inversión extranjera. Frena la
productividad del país y por defecto la apertura de los mercados, por ende, la
competitividad. Los desajustes presupuéstales existentes, el cobro por
anticipado del 1.5% al comercio, el posible aumento del 20% en ya encarecido y
deficiente servicio energético, y las ya elevadas tasas de interés (+-30%) que
pudiesen llegar al 40% o 50% según estiman algunos empresarios son solo algunas
de las preocupantes. Agregar a todo esto un nuevo gravamen de un 10% sobre las
importaciones es otro indicador de “la falta de visión en la gestión
gubernamental”. Una falla que pudiese traer resultados catastróficos a
cualquier nación emergente.
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Los acuerdos ya vigentes de libre comercio, además de la
globalización en si misma, son claros indicadores de que la posición adoptada
por el gobierno dominicano pudiese provocar un incremento en la tasa de
desempleo y proyectar una imagen de inestabilidad y desconfianza nacional e
internacional.
Esta demostrado que la estrategia más exitosa contrario a “gravar”
es eliminar “gravámenes” no sólo en las exportaciones e importaciones, sino al
sector privado y la sociedad civil en general. Estancar los motores económicos
y restringir el circulante no son las mejores soluciones para lograr la
superación de una crisis.
Aparentemente el estado dominicano continúa con una firme, pero
desfasada óptica en total contraste con la ineludible realidad nacional e
internacional. Por cuanto la necesaria “competitividad” se convierte en la
incompetencia, entre otros posibles males.
La competitividad de una nación se fundamenta en el sector privado
y su capacidad productiva, en la calidad y consistencia de sus productos; en el
equilibrio en la balanza comercial (importación y exportación) entre otros
factores. Para esto se necesita un pueblo con sólida confianza en el sector
público y motivado por el respaldo de sus líderes políticos.
Para lograr la competitividad se deben tomar medidas diferentes a
las implementadas por el Sr. Presidente: reducción de las tazas de interés;
apertura de los mercados nacionales e internacionales; mejoras reales en los
servicios básicos, especialmente en las áreas más pobres y marginadas; aliviar
el gravamen al sector privado; la implementación de incentivos y subsidios a las
PYMES, entre otras medidas, y no el endeudamiento público.
Hoy día Argentina sufre las consecuencias de sus errores.
Venezuela se enfrasca en una lucha económica, social, pero sobre todo política.
En un momento de inestabilidad global no necesitamos más catástrofes en la
región.
El riesgo para la República Dominicana es una gran preocupante, ya
que lo que el hemisferio necesita es confianza en sus gobiernos, “integración en
los mercados”, participación civil y suficiente bienestar para alcanzar la
“competitividad”, no la incompetencia social y gubernamental.
“Aun queda mucho por hacer”.
Esperamos por usted, Sr. Presidente Hipólito Mejía.
©
Sahnya
Shulterbrandt
y el
Lic.
Genaro D. Salom
INTER-FORUM es miembro del Consorcio Internacional de Publicaciones Académicas Alternativas (ICAAP)
Febrero 12, 2002