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Mensaje
de Toma de Posesión
Favor poner en "Asunto" el título y autor del artículo
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George
W. Bush
Presidente de los
Estados Unidos de América
Traducción
extraoficial de la biografía oficial del presidente George W. Bush,
tal como aparece en el sitio de la Casa Blanca en la Web
George
W. Bush es el 43avo. presidente de Estados Unidos.
Bush, quien anteriormente fue el 46to. gobernador del estado de Texas,
se ha ganado la reputación de conservador compasivo que moldea su política
sobre la base de los principios de gobierno
limitado, responsabilidad personal, familias unidas y control local.
George W. Bush nació el 6 de julio de 1946, y creció en Midland y
Houston, Texas. Se graduó de bachiller universitario en la Universidad
de Yale y obtuvo una licenciatura en Administración de Empresas en la
Escuela de Comercio de la Universidad de Harvard.
Sirvió como piloto de aviones F-102 en la Guardia Nacional Aérea de
Texas antes de comenzar su carrera en el negocio de gas y petróleo en
Midland en 1975. Trabajó en la industria de recursos energéticos
hasta 1986. Después de trabajar en la exitosa campaña presidencial
de su padre en 1988, organizó el grupo de socios que en 1989 compró
el equipo de béisbol profesional Texas Rangers.
Fue socio general administrador de los Texas Rangers hasta el 8 de
noviembre de 1994 cuando fue elegido gobernador con 53,5 por ciento de
los votos. En una histórica victoria de reelección, en la que
obtuvo 68,6 por ciento de los votos, el 3 de noviembre de 1998 Bush se
convirtió en el primer gobernador de Texas en
ser elegido para desempeñar períodos consecutivos de cuatro años.
Como presidente, Bush buscará el mismo enfoque de sentido común y
espíritu bipartidista que siguió en Texas. Ha propuesto
iniciativas vigorosas para asegurar que la prosperidad de
Norteamérica tenga un propósito. Se ha referido a la mejora de
las escuelas públicas de nuestra nación mediante el fortalecimiento
del control local y la insistencia en la responsabilidad; la reducción
de impuestos de todos los
contribuyentes, especialmente los norteamericanos que se
encuentran al borde de la pobreza; el fortalecimiento del
ejército mediante una mejor retribución, mejor planificación y
mejor equipo; salvar y fortalecer el Seguro Social y Medicare al proveerles
más opciones a las personas de mayor edad; e introducir la era de la
responsabilidad en Norteamérica.
El presidente Bush está casado con Laura Welch Bush, quien fue
maestra y bibliotecaria, y tienen hijas mellizas de 18 años, Bárbara y Jenna. La familia de Bush incluye también a su perro,
Spot, y dos gatos, India y Ernie.
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Taducción extraoficial del mensaje, tal como fue
pronunciado, según transcripción distribuida por la Casa Blanca 20 de enero de 2001
Presidente Clinton, distinguidos invitados y conciudadanos, la transferencia pacífica
de la autoridad es un hecho raro en la historia y, sin embargo, es común
en nuestro país. Con un simple juramento, reafirmamos antiguas
tradiciones y emprendemos nuevos comienzos.
Al comenzar, le agradezco al presidente Clinton su servicio a nuestra nación.
Y le agradezco al vicepresidente Gore una contienda llevada a cabo con
vigor y concluida con cortesía.
Me honra y me hace sentir humilde estar aquí, donde tantos líderes de
Norteamérica han estado antes que yo, y donde tantos han de venir después.
Todos nosotros tenemos un lugar en un largo relato, un relato que
continuamos pero cuyo final no llegaremos a ver. Es el
relato de un mundo nuevo que se convirtió en amigo y libertador del
viejo, un relato de una sociedad esclavista que se convirtió en una
servidora de la libertad, el relato de una potencia que entró en el mundo
para proteger y no para poseer, para defender y no para conquistar.
Es el relato norteamericano, un relato de gente imperfecta y falible,
unida a través de las generaciones por ideales grandes
y perdurables. El más grande de estos ideales es una promesa norteamericana revelada que
dice que todos forman parte, que todos merecen una oportunidad, que nunca
ha nacido alguien que fuera insignificante. |
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Los norteamericanos hemos sido llamados a hacer realidad esta promesa en
nuestras vidas y nuestras leyes. Y aunque nuestra nación en ocasiones se
ha detenido y en ocasiones se ha demorado, no debemos seguir ningún otro
rumbo.
Durante gran parte del último siglo, la fe de Norteamérica en la
libertad y la democracia fue una roca en un mar enfurecido. Ahora es una
semilla al viento, que echa raíces en muchas naciones.
Nuestra fe democrática es algo más que el credo de nuestro país, es la
esperanza innata de nuestra humanidad, un ideal que
llevamos con nosotros pero que del que no somos dueños, una
responsabilidad que asumimos y transmitimos. Y aún después de cerca de
225 años, tenemos todavía un largo camino que recorrer.
Aunque muchos de nuestros ciudadanos prosperan, otros dudan de la promesa,
hasta de la justicia de nuestro propio país. Las ambiciones de algunos
norteamericanos se ven limitadas por
escuelas decadentes, el prejuicio oculto y las circunstancias de su
nacimiento. Y en ocasiones nuestras diferencias calan tan
hondo que parece que compartiamos un continente, no un país.
No aceptamos esto, y no lo permitiremos. Nuestra unidad, nuestra unión es
la tarea seria de líderes y ciudadanos de cada
generación. Y esta es mi promesa solemne: trabajaré para construir una
única nación de justicia y oportunidad.
Sé que esto está a nuestro alcance porque nos guía un poder mayor que
nosotros mismos, que nos creó iguales a imagen suya.
Y tenemos confianza en los principios que nos unen y nos llevan adelante.
Norteamérica nunca ha estado unida por la sangre, el nacimiento o el
suelo. Nos unen ideales que nos llevan más allá de nuestros orígenes,
que nos elevan por encima de nuestros intereses y nos enseñan lo que
significa ser ciudadanos. A cada niño se le deben enseñar estos
principios. Cada ciudadano debe sostenerlos. Y cada inmigrante, al
adherirse a estos ideales, hace que nuestro país sea más, no menos
norteamericano.
Hoy contraemos un nuevo compromiso de cumplir las promesas de nuestra nación
por medio de la civilidad, el valor, la compasión y el carácter.
Estados Unidos, en lo mejor de sí, conjuga un compromiso con los
principios con la preocupación por la civilidad. Una sociedad civil nos
exige a cada uno de nosotros la buena voluntad y el respeto, trato justo y
capacidad de perdonar.
Parece que algunos consideran que nuestra política puede permitirse ser
trivial dado que, en una época de paz, lo que
está en juego en nuestros debates parece pequeño.
Pero para Estados Unidos los riesgos nunca son pequeños. Si nuestro país
no lidera la causa de la libertad, la causa de la libertad no será
liderada. Si no volvemos el corazón de los niños hacia el conocimiento y
el carácter, perderemos sus dotes y socavaremos su idealismo. Si
permitimos que nuestra economía se desoriente y decline, los vulnerables
serán los que sufrirán más.
Tenemos que cumplir con el llamado que todos compartimos. La civilidad no
es una táctica o un sentimiento. Es la elección
deliberada entre la confianza y el cinismo, entre la comunidad y el caos.
Y este compromiso, si lo mantenemos, es una manera de compartir logros.
Estados Unidos, en lo mejor de sí, también es valiente.
Nuestra valentía nacional ha sido evidente en las épocas de depresión y
guerra, cuando la defensa frente a los peligros
comunes definió nuestro bien común. Ahora debemos determinar si el
ejemplo de nuestros padres y madres nos inspirará o nos condenará.
Debemos mostrar valentía en una época feliz, enfrentando los problemas
en lugar de pasarlos a las futuras generaciones.
Juntos recuperaremos las escuelas de Norteamérica, antes que la
ignorancia y la apatía cobren más vidas jóvenes.
Reformaremos el Seguro Social y el Medicare, ahorrándole a nuestra niñez
las dificultades que podemos prevenir. Y
reduciremos los impuestos, para recuperar el impulso de nuestra economía
y recompensar el esfuerzo y la empresa de los trabajadores
norteamericanos.
Construiremos nuestras defensas por encima de cualquier desafío, para que
la debilidad no invite al desafío.
Enfrentaremos las armas de destrucción masiva, para ahorrarle nuevos
horrores al nuevo siglo.
Que los enemigos de la libertad y nuestro país no se engañen: Norteamérica
sigue participando en el mundo por razones
históricas y por decisión propia, conformando un equilibrio de poder que
favorece la libertad. Defenderemos a nuestros aliados y nuestros
intereses. Mostraremos determinación sin arrogancia. Enfrentaremos la
agresión y la mala fe con resolución y fortaleza. Y a todas las naciones
les hablaremos en favor de los valores que dieron la vida a nuestra nación.
Norteamérica, en lo mejor de sí, es compasiva. En el fondo de la
conciencia norteamericana sabemos que la pobreza profunda y persistente es
indigna de las promesas de nuestra nación.
Y sea cual sea nuestro punto de vista sobre su causa, podemos coincidir en
que los niños que están en peligro no tienen la culpa. El abandono
y el abuso no son accidentes, sino fracasos del amor.
Y la proliferación de prisiones, a pesar de su necesidad, no es en
nuestras almas un sustituto de la esperanza y el orden.
Donde hay sufrimiento, hay deberes. Los norteamericanos necesitados no son
extraños, son ciudadanos, no son problemas sino prioridades. Y a todos
nosotros nos disminuye el que haya alguien desesperanzado.
El gobierno tiene grandes responsabilidades en cuanto a la
seguridad pública y la salubridad pública, los derechos civiles y las
escuelas comunes. Sin embargo la compasión es la obra de una nación, no
solamente de un gobierno.
Y algunas necesidades y dolores son tan profundos que responden únicamente
al afecto de un mentor o la oración de un pastor. La iglesia y la
caridad, la sinagoga y la mezquita, les brindan a nuestras comunidades su
humanidad, y tendrán un lugar de honor en nuestros planes y en nuestras
leyes.
Muchos en nuestro país no conocen el dolor de la pobreza, pero nosotros
podemos escuchar a quienes sí lo conocen.
Y comprometo a nuestra nación a alcanzar una meta: Cuando nosotros veamos
a ese viajero herido en el camino a Jericó, no nos haremos a un lado.
Norteamérica, en sus mejores aspectos, es un lugar donde la
responsabilidad personal se valora y se respeta.
Alentar la responsabilidad no es una búsqueda de chivos expiatorios, es
un llamado a la conciencia. Y aunque requiere sacrificio, trae una
satisfacción más profunda. Hallamos la plenitud de la vida, no solamente
en las opciones, sino también en los compromisos. Y encontramos que los
niños y la comunidad
son los compromisos que nos hacen libres.
Nuestro interés público depende del carácter privado; del deber cívico
y los vínculos de familia y la justicia básica; de actos anónimos de
decencia que dan dirección a nuestra libertad.
A veces en la vida se nos llama a hacer cosas grandes. Pero, como dijo un
santo de nuestros días, todos los días se nos pide que hagamos cosas
pequeñas con gran amor. Las tareas más importantes de una democracia las
hacemos todos.
Viviré y lideraré de acuerdo con estos principios: promover mis
convicciones con civilidad; procurar el interés público con valor;
abogar por que haya más justicia y compasión; exigir responsabilidad, y
tratar también de asumirla.
De todas estas maneras, aportaré los valores de nuestra historia al
cuidado de nuestros tiempos.
Lo que ustedes hacen es tan importante como todo lo que el gobierno hace.
Les pido que busquen un bien común más allá de su comodidad; que
defiendan de los obvios ataques las reformas que
son necesarias; que sirvan a su nación, comenzando con su vecino. Les
pido que sean ciudadanos: ciudadanos, no
espectadores; ciudadanos, no súbditos; ciudadanos responsables, que
construyen comunidades de servicio y una nación de carácter.
Los norteamericanos somos generosos, fuertes y decentes, no porque creemos
en nosotros mismos, sino que porque sostenemos creencias que van más allá
de nosotros mismos. Cuando falta este
espíritu de ciudadanía, ningún programa de gobierno puede reemplazarlo.
Cuando este espíritu está presente, ningún mal
puede oponerse a él.
Después de que se firmó la Declaración de Independencia, el estadista
de Virginia John Page le escribió a Thomas Jefferson: "Sabemos que
la carrera no la gana el veloz ni la batalla el fuerte. ¿No cree usted
que un ángel cabalga el torbellino y dirige esta tormenta?".
Mucho tiempo ha pasado desde que Jefferson llegó asumir la presidencia.
Los años y los cambios se acumulan. Pero él habría sabido los temas de
este día: el gran relato de valentía de nuestra nación, y su sencillo
sueño de dignidad.
No somos el autor de esta historia, que llena tiempo y eternidad con su
propósito. Sin embargo, su propósito se logra mediante nuestro deber; y
nuestro deber se cumple con el servicio a nuestro prójimo.
Sin cansarnos nunca, sin rendirnos nunca, sin terminar nunca, renovamos
hoy ese propósito: hacer nuestro país más justo y
generoso; afirmar la dignidad de nuestras vidas y de toda vida.
Esta tarea continúa. Esta historia continúa. Y un ángel
todavía cabalga el torbellino y dirige esta tormenta.
Que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a Norteamérica.
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