En
Iberoamérica tenemos la certeza de que el respeto a los derechos humanos y la
diversidad cultural que de ellos emana, constituyen elementos básicos del
desarrollo. Respetar y valorar la multiplicidad de orígenes y de expresiones
constituye un aspecto fundamental de las sociedades nacionales y debe ser un
principio rector de la comunidad internacional. Esto permitirá fortalecer la
cohesión social, movilizar recursos de distinto tipo, generar nuevas imágenes
colectivas, más realistas y genuinas, así como fomentar el diálogo como el
mejor camino para la paz, la inclusión y el crecimiento.
El desarrollo
sólo será completo si está basado en una perspectiva integral del género
humano, que tome en cuenta la pluralidad de necesidades y aspiraciones de las
personas, de los distintos grupos sociales y de las comunidades nacionales. Es
deber de los Estados y de los poderes públicos asegurar la salvaguarda y
promoción de las culturas en el interior de cada país, afirmando identidades
nacionales amplias e incluyentes, promoviendo el diálogo intercultural y el
respeto a las diferencias, y reconociendo la importancia de las variedades
lingüísticas y expresivas.
La
globalización, a través de la aceleración de los intercambios de bienes y
servicios de todo tipo a escala planetaria, facilita la comunicación y la
manifestación de múltiples expresiones culturales de una manera hasta hace poco
impensable. Pero, al mismo tiempo, comprende dinámicas altamente
homogeneizadoras. Suscita una imagen de falsa competencia, pues están colocados
frente a frente, en condiciones desiguales, producciones y servicios de países
con recursos disímiles, generándose en muchos casos situaciones de
vulnerabilidad. Ésta es especialmente importante en países y comunidades con
condiciones de mercado de pequeña escala que les impide, incluso, participar en
este tipo de competencia, y que, por ello, necesitan una atención especial por
parte de la comunidad iberoamericana.
La
concentración de ciertos sectores de los mercados culturales, como el
audiovisual, es ya una realidad en la mayoría de los países y constituye un
obstáculo a la difusión y proyección de las variadas culturas iberoamericanas,
en menoscabo de la diversidad cultural y de su promoción.
La diversidad
cultural, además de ser reconocida y valorada, debe poder expresarse en todos
los ámbitos en condiciones de equidad, libertad y dignidad. Los derechos
culturales, la igualdad de oportunidades y las políticas de inclusión están
inevitablemente vinculados al fortalecimiento de la diversidad cultural.
Es necesario
que haya un equilibrio entre el derecho que tienen los Estados de adoptar
políticas culturales apropiadas de promoción y fomento cultural, y el
reconocimiento de que la legitimidad de cualquier política cultural esté
asociada al cumplimiento de las reglas del comercio internacional de bienes y
servicios culturales. La conciliación de estos dos imperativos constituye un
importante desafío, teniendo en cuenta que éste es uno de los segmentos más
dinámicos y con mayores perspectivas de crecimiento en las próximas décadas,
tomando en consideración los derechos individuales y colectivos de propiedad
intelectual, el derecho a la producción y al consumo cultural así como la
salvaguarda del patrimonio.
En la
actualidad se están realizando negociaciones internacionales que tendrán
efectos sobre los mercados globales. Iberoamérica debe impulsar mecanismos que
permitan tanto una oportunidad real de acceso a los mercados exteriores para
las exportaciones culturales de todos los países, como el reconocimiento de la
necesidad de políticas internas de protección, fomento y promoción de las
expresiones culturales, principalmente de las más vulnerables, frente al
peligro de la homogeneización cultural. En este sentido expresamos la necesidad
de que el sector cultural participe y desempeñe un papel activo en las
negociaciones comerciales internacionales de bienes y servicios culturales.
El desarrollo
sólo es éticamente justificable si es sustentable tanto desde el punto de vista
ambiental como cultural, de forma que permita preservar el patrimonio para las
generaciones futuras. La elaboración de un instrumento internacional, claro y
articulado, que contemple las principales cuestiones de la diversidad cultural
y garantice la pluralidad de los derechos culturales es un elemento de la
Agenda iberoamericana que debe ser privilegiado.
De la misma
manera, es necesario avanzar, a escala iberoamericana, hacia una concertación
que permita acordar formas que garanticen el respeto mutuo en un marco de
diversidad cultural, y el desarrollo como proceso creativo, cuyo fin sea lograr
que cada persona y cada comunidad pueda expresar plenamente su capacidad
creadora y contribuir a la construcción de un mundo más próspero y justo.
Es el momento
para que Iberoamérica, que se distingue por un carácter compartido por los
pueblos que la componen expresado de múltiples maneras, promueva acuerdos que
permitan al comercio internacional constituirse no sólo en un promotor del
desarrollo económico y del alivio de la pobreza, sino también de la diversidad
cultural. A través del diálogo y el respeto es posible construir un contexto
que permita a todos los pueblos del mundo vivir juntos con dignidad.
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Noviembre 30, 2002
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