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Hay hombres verdaderamente únicos, irrepetibles, únicos en la existencia
en la vida sociopolítica y artística de un pueblo. Hay hombres (como hay mujeres) que más que un manojo de músculos y flujo sanguíneo tienen un corazón fluvial, hecho de algo más trascendente que la carne. Tienen corazones de un espíritu indoblegable e inalienable ante la injusticia, ante el mal; tienen un corazón que solo ha sido hecho para amar, y que está ahí, en el ánfora del pecho presto a dar una lluvia de luz, de ternura y amor para los demás seres humanos. Así es el corazón de Don Juan, Príncipe
Corazón de Lluvia.
Príncipe Corazón de Lluvia
A Juan Bosch cuando se nos deja Cuando te eleves sobre luces florecidas
Oh Príncipe
me vestiré de violetas
del luto más bello
para decirte adiós
entre guirnaldas y azucenas
corazán de lluvia Por tu partida
una mujer llorará
sólo de amor
compañero
en una oleada dulce de recuerdos
llorará cubana y bella En el espacio resonará tu nombre
se detendrán las alas del tiempo
y te llamarán padre
hasta de las aves
aquellos que te dañaron
cuando te eleves
se volverá honrado hasta el viento
la pureza seguirá contigo y con ella
hasta los confines del cielo
de donde un arcángel
de muchos azules
capitaneará con una corona de fuego
a mil ángeles que vendrán a tu encuentro Quien se te parezca no habrá
en mil años
sin ti distinto
roto y turbio estará
quién sabe cuánto
el aire de Santo Domingo
el corazón de tus hijos
y de tu pueblo
Descansarás junto a tu maestro
por un tiempo y otro tiempo
sencillo grave y limpio
Oh príncipe corazón de lluvia
en el mismo lar en que naciste
Se llenará de honra la luna
en un beso nocturnal que dé a tu féretro
y el rocío
se llenará de celos y rabia
si no pudiere tocar tu osamenta Después
tus hijos renovados recogerán con amor
el bravo sol de tus huesos
con manos fragantes y puras
así te llevarán en tu traje de madera
al Altar Primero
llenito de estrellas
y forrado Juan
de tu misma entereza Bella Mujer
volverá a llorar
pero no estará ya triste
de sus ojos nacerán gemas de ternura
y de esperanza eterna
tú lleno de flores
y ella de duendes
que lavarán el último oprobio
que algunos de los tuyos y los otros
quisieron dar a tu dulce esqueleto
pero que no pudieron
Bella Mujer esperará paciente
tras ella tus hijos buenos
llorando dulzura
la que les pudiste enseñar con tu nobleza
corazón de lluvia
en este mar aún entristecido Espérala
que como siempre
ella también
te espera
con un beso en tus mejillas 24 de septiembre de 2001.
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Noviembre 05 , 2001
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