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Honorables
Congresales:
Bolivia
está viviendo horas cruciales. La democracia está bajo el asedio de grupos
corporativos, políticos y sindicales que no creen en ella y que la utilizan
según su conveniencia.
Todo esto configura un cuadro de sedición que, con el pretexto de la
exportación del gas natural, ha violado la esencia de la democracia, que es
el respeto al veredicto de las urnas para la elección de los gobernantes.
Se ha
utilizado esa bandera, rehusando el diálogo, para buscar mi renuncia,
atribuyéndome no sólo la responsabilidad de los problemas actuales que
confronta la República, sino también la falta de soluciones. Si así fuera, mi
renuncia, que hoy pongo a consideración del Honorable Congreso Nacional,
debería ser suficiente para la solución de los problemas nacionales.
Aunque lo
deseo fervorosamente, me temo que la solución no sea tan sencilla. Las causas
profundas de esta crisis obligan a un razonamiento esencial, que las pasiones
ahora desatadas no nos permiten alcanzar. El tiempo se encargará de hacerlo por
nosotros, y a él me encomiendo en procura de un balance sereno y objetivo que
las circunstancias nos niegan hoy.
A
los bolivianos nos ha costado mucha sangre y mucho dolor conquistar y sostener
la democracia. Hoy sabemos que la democracia es un privilegio que hay que
preservar para mantener la unidad de la Nación boliviana, con libertad y
dignidad. El Presidente de la República es símbolo de esa unidad, en medio de
la diversidad nacional, diversidad que debe ser fuente de orgullo y no de
conflicto ni de violencia.
Al poner mi
renuncia a consideración del Honorable Congreso Nacional, lo hago con la íntima
convicción de que la aceptación de la misma no corresponde ya que no se puede
retirar a un Presidente elegido democráticamente, por mecanismos de presión y
de violencia que están al margen de la ley. Este es un funesto precedente para
la democracia boliviana y continental. El Congreso de acuerdo a la atribución
contenida en el artículo 68 inciso 4to. de la Constitución Política del Estado
debe decidir si la acepta o la rechaza. Si la acepta el Vicepresidente de la
República deberá asumir la Presidencia y ejercerla hasta la finalización del
período constitucional por mandato del artículo 93 -II de la Carta Fundamental.
Esta es una tarea que el Congreso debe encarar con la responsabilidad que exige
la hora presente.
Pero es
mi deber advertir que los peligros que se ciernen sobre la Patria siguen
intactos: la desintegración nacional, el autoritarismo corporativista y
sindical y la violencia fraticida. Estos peligros se asientan en la
circunstancia histórica en que los fundamentos de la democracia han sido
puestos en cuestión. Quiera Dios que algún día no tengamos que arrepentirnos de
todo esto. Honorables Congresales: He servido a Bolivia con entrega y
dedicación sin límites. Esa es la más grande recompensa que haya podido
alcanzar a lo largo de mi vida. Agradezco a Dios por ese privilegio y le pido
desde lo más profundo de mi corazón que ilumine y bendiga a todas las
bolivianas y bolivianos.
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Octubre 22, 2003
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