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Brasil
vive un momento de esperanza en que rediscute su presente y su pasado con el
objetivo de trazar un nuevo futuro. Ese nuevo futuro, sin embargo, puede ser
hoy muy diferente y mucho mejor que lo que se vislumbraba en el inicio del
año.
Alguien ha
dicho que la historia es un profeta con los ojos vueltos hacia atrás. Por eso,
creo que hacer un balance de lo mucho que se ha hecho en la economía brasileña
durante los casi diez meses de gobierno de Lula, puede ser un ejercicio útil
para entender donde estamos y las perspectivas de desarrollo que tendremos en
lo adelante.
El
gobierno de Lula ha demostrado su compromiso inequívoco con el proceso
responsable por la construcción del futuro, comprobando que es posible aliar
crecimiento sustentado con justicia social, teniendo como prerrequisitos
esenciales la estabilidad monetaria y la responsabilidad fiscal.
Creo que
todos concordarán conmigo en que las perspectivas para el futuro de la economía
brasileña son hoy mucho más positivas que al inicio de 2003.
La
economía brasileña pasaba en el fin del año pasado por un choque de grandes
proporciones. El país perdió cerca de US$ 30 billones – o 6% del PIB – en
líneas externas en 2002, reflejando el deterioro de las cuentas de inversiones
directas, préstamos y financiamientos, capitales de corto plazo y activos.
La crisis
de confianza interna, aliada a la creciente aversión global al riesgo, tuvo
impactos relevantes sobre la economía. La percepción de riesgo registró un alta
considerable, superando en septiembre los 2.400 puntos. La elevación de la
percepción del riesgo inhibió la inversión agregada, que cayó para 18,8% del
PIB en el tercer trimestre de 2002 contra 19,45% a fines del año anterior. La
crisis tuvo impacto también sobre el consumo agregado, que declinó de 79,82%
del PIB en 2001 para 77,99% en el tercer trimestre de 2002.
Las
dificultades enfrentadas por el país se reflejaron en la tasa de cambio, que se
aproximó a la cotización de R$ 4,00 por dólar, y en las expectativas de
inflación. La depreciación acentuada del Real y el deterioro de las
expectativas de inflación llevaron al no cumplimiento de la meta de 2002.
En el
último trimestre del año pasado, la inflación mensual de precios al consumidor
llegó a más de 40% anualizados. La expectativa para la inflación de 2003
superaba los 12,5%.
Muchos
observadores apresurados previeron el retorno de la hiperinflación al país.
Para ellos, instrumentos de política monetaria no funcionarían nunca en
Brasil, pues serían supuestamente ineficaces contra una inflación de costos, o
restricta a precios indexados, o generalizadamente inercial.
Aquel
cuadro dramático no se concretizó. En diez meses, el gobierno de Lula ha
conseguido debelar la crisis y la amenaza del retorno de la aceleración
hiperinflacionaria. Recuperó la confianza a través de un proceso determinado de
ajuste basado en la estabilidad macroeconómica (con el régimen de metas de
inflación y el cambio fluctuante) y en la responsabilidad fiscal (con la puesta
y el cumplimiento de una meta de superávit fiscal de 4,25% del PIB para 2003 y
los años siguientes).
Brasil
pasa por un fuerte ajuste de las cuentas públicas. De 1994 a 1998, con el fin
de la inflación, el país registró un histórico de déficit primarios. A partir
de 1998, el gobierno brasileño entró en una ruta sustentada de superávit
primarios. Ese proceso está siendo consolidado por el gobierno de Lula, que
estableció – y está cumpliendo – una meta de superávit primario de 4,25% del
PIB para 2003 y los próximos años. Y con un cambio cualitativo importante: el
ajuste está concentrado en el corte de gastos públicos, sin ingresos
extraordinarias
o aumento de impuestos.
Ese
proceso permitirá la disminución consistente de la relación deuda pública/PIB,
que debe llegar a menos de 40% al final de la década en curso. En 2002, por
ejemplo, esa relación superó la marca de los 60%.
La
economía pasa también por un vigoroso ajuste de sus cuentas externas.
La
adopción de sólidas políticas fiscales y monetarias, que van a asegurar la
sustentación ínter temporal de las cuentas internas e externas, han provocado
la caída acentuada del índice de riesgo de Brasil. En comparación con los más
de 2.400 puntos del año pasado, el índice de riesgo llegó en el pasado día 19 a
643 puntos, el menor desde marzo de 2000.
Pieza
fundamental en el ajuste externo es la evolución de la tasa de cambio, que a
través de la libre fluctuación responde a las condiciones de oferta y demanda.
En los últimos meses, la tasa de cambio ha mostrado una volatilidad muy baja.
La mejoría
en el nivel de confianza ha permitido la recuperación consistente de la tasa de
“roll over” de la deuda externa privada.
Componente
importante del ajuste externo de la economía brasileña es el cambio estructural
verificado en el comportamiento de la balanza comercial. Los términos de
trueque brasileños registraron una ligera
mejoría recientemente, pero, sin embargo, aún están muy distantes de los picos
históricos. Eso demuestra que los sólidos saldos positivos de la balanza
comercial provienen en gran parte de ganancias de productividad y de eficiencia
de la economía brasileña, reflejando modificaciones estructurales y no
coyunturas puntualmente favorables al comercio exterior.
Otro señal
de la reconquista de la confianza internacional es dada por el índice de
inversión extranjera directa. En agosto, el IED registró ingreso de US$ 980
millones, cifra poco abajo a lo registrado en el mes anterior. Esos números
reflejan una retomada de la inversión externa después del período de retracción
provocado por la crisis del año pasado. Las inversiones externas que están
ingresando ahora en el país son resultado de largos procesos de tomada de
decisiones. Todo indica que se trata de un proceso consistente de retomada, que
estará prolongándose en el futuro próximo. Para este año, tenemos la previsión
de US$ 10 billones de IED. En 2004, la estimativa es de que esos recursos
sumarán US$ 13,5 billones.
Los
números de la balanza comercial revelan un cambio estructural sólido y
permanente. En el valor acumulado en los últimos 12 meses, la balanza comercial
brasileña registra en agosto un superávit superior a US$ 20 billones. Para
comparar, vale recordar que el saldo comercial brasileño registraba en el
inicio de 1999 un déficit de más de US$ 4 billones.
Me
gustaría reiterar que el saldo comercial positivo está siendo alcanzado gracias
a un proceso de cambio estructural de la economía brasileña, con ganancias de
eficiencia y productividad y sin los artificialismos que marcaron el comercio
exterior en el pasado.
De enero a
agosto de este año, el Tesoro compró US$ 5 billones para honrar parte de sus
compromisos externos. Hasta diciembre, más US$ 700 millones deben ser
adquiridos. Esas operaciones apenas aprovecharon buenas oportunidades ofrecidas
por el comportamiento del mercado. No visaron influir en la tasa de cambio en
cualquier sentido.
Vale
repetir: el Banco Central no tiene una meta para el nivel de la tasa de cambio.
Todavía, hace poco, ciertos críticos aún hacían previsiones de que el país
estaría enfrentando en agosto una seria crisis de cambio y un déficit
comercial. Por coincidencia, fue este el mes que registró un superávit
comercial record de US$ 2,7 billones, con crecimiento de casi 70% en relación a
agosto del año pasado.
Ese
excelente desempeño sustenta la previsión de un superávit comercial de US$ 20,5
billones para fines de 2003.
Los
últimos datos disponibles muestran un superávit en transacciones corrientes de
US$ 1,2 billón en agosto, el mayor ya registrado para este mes desde 1980,
cuando el número comenzó a ser calculado. En los 12 meses encerrados en agosto,
esa cuenta acumuló un superávit de US$ 3,484 billones, el mayor valor computado
desde 1993.
Las
proyecciones para el fin del año indican para 2003 un déficit en cuenta
corriente del balance de pagos de US$ 1,2 billón. La estimativa para el
resultado de la cuenta corriente, el mejor obtenido desde 1994, todavía es
conservadora. Este saldo puede ser menor. Podemos llegar hasta inclusive tener
un pequeño superávit en cuenta corriente. En 1999, por ejemplo, el déficit en
cuenta corriente quedó en más de US$ 33 billones.
En el
concepto de liquidez internacional, las reservas brasileñas totalizaron en
agosto US$ 47,8 billones, un nivel perfectamente cómodo. Además de eso, como es
sabido, Brasil ya ha iniciado las conversaciones teniendo en vista una posible
renovación del acuerdo con el FMI. La decisión sobre la renovación del acuerdo
aún no ha sido tomada. Pero algo es seguro: nuestra posición actual es muy
cómoda, con o sin el Fondo, no habiendo previsiones sobre dificultades para el
financiamiento de nuestras cuentas externas. Por eso, las conversaciones con el
FMI siguen un ritmo tranquilo y constructivo.
Incluso en
el sector externo, los datos revelan una estabilización de la deuda externa
total.
Durante
las últimas décadas, banqueros centrales han aprendido que la inflación no cae
por la acción de la gravedad. Una vez que los agentes económicos pasen a
incorporar en sus expectativas una inflación más alta, es en este nivel que la
inflación tiende a establecer su base. Solamente la actuación de la política
monetaria – tanto controlando la demanda agregada como coordinando de forma
eficaz expectativas de una inflación más baja – hará con que se reduzca. Es lo
que hemos hecho en Brasil en los últimos meses. El país ha vivido, en la
práctica, a lo largo de este año, un curso intensivo de política monetaria.
Después de
nueve meses, el éxito de la política monetaria adoptada es inequívoco. La
inflación mensual en agosto quedó en 0,34%. La expectativa de mercado para 2003
está en 9,6%. En una evaluación de 12 meses en adelante, el mercado espera una
inflación de 6,5%, alineada con la trayectoria de metas ajustadas definida para
conducir la inflación de vuelta a las metas de largo plazo. Para 2004, la
expectativa es de cumplimiento de la meta de 5,5%.
El choque
del año pasado provocó una aceleración de la inflación sin precedentes en la
historia brasileña. El índice de la inflación se quintuplicó en pocos meses.
Ese es un hecho que no debe ser ignorado por los analistas de la escena
brasileña por dar la exacta dimensión del éxito de la política monetaria en el
combate al regreso de la amenaza inflacionaria.
Se debe
resaltar que la proporción de incisos que presentan reajuste positivo en el
Índice Amplio de Precios al Consumidor a cada mes viene cayendo desde marzo y
alcanzó 56,4% en agosto, el menor valor observado desde enero de 2001.
Otro
factor importante en el proceso de reconquista de la confianza fue la adopción
de una política de alargamiento del perfil de la deuda y de reducción de la
exposición de la deuda pública relacionada al cambio. El perfil de la deuda del
gobierno federal continúa mejorando, con aumento de la participación de papeles
con corrección prefijada, reducción de los papeles relacionados con la
variación cambial y alargamiento de los plazos de vencimiento.
El ajuste
y la firmeza de las políticas adoptadas han permitido la reducción de forma
expresiva de la volatilidad del cambio.
Los datos
muestran la reducción de la exposición a la deuda cambial con la decisión
adoptada por el Banco Central de disminuir la oferta de prorroga de swaps
cambiales ofrecidos al mercado en el momento de mayor incertidumbre. Esa
operación está siendo implementada con éxito, permitiendo la reducción de la
deuda cambial sin generar impactos sobre la tasa de cambio.
Como ya
había mencionado antes, Brasil perdió el año pasado US$ 30 billones en líneas
externas. Los países que fueron forzados a ajustes semejantes en sus cuentas
corrientes tuvieron contracciones de 7% a 15% en sus productos nacionales.
Brasil, a pesar de la dimensión excepcional de la crisis, registró un
crecimiento de 1,5% en 2002.
Brasil
está pagando el precio de ese ajuste a través del costo del proceso de
desinflación. Sin embargo fue justamente el éxito de las políticas adoptadas
que permitió una solución menos costosa en términos de inflación y de producto
de cualquiera de los regimenes alternativos.
Claro que
el costo del ajuste tiene reflejos negativos sobre el nivel de actividad. Datos
divulgados recientemente comprueban este hecho.
Me
gustaría, sin embargo, resaltar algo. Esos datos deben ser vistos como lo que
son: una fotografía instantánea de la economía brasileña vista por el
retrovisor.
La
economía empieza a presentar señales de que está revirtiendo el proceso de
desaceleración observado en el primer semestre. La actividad económica estará
en recuperación a partir del segundo semestre del año. La flexibilización de la
política monetaria, iniciada en julio e intensificada en los meses siguientes,
el aumento de la oferta de crédito y el aumento de los rendimientos reales
posibilitados por la caída de la inflación permitirán el aumento progresivo del
consumo.
Por otro
lado, el mantenimiento de una política monetaria y fiscal consistente con el
equilibrio macroeconómico y la aprobación de las reformas en curso en el
Congreso tendrán, a la larga, impactos positivos sobre el crecimiento del PIB
potencial.
Las condiciones
para la retomada a corto plazo del crecimiento están dadas. No obstante la
sociedad brasileña deberá enfrentar además, el desafío de crear, de forma
responsable, las condiciones que nos permitan crecer a tasas elevadas durante
muchos y muchos años, sin los “para y arranca” que han marcado nuestro
desempeño económico en las últimas décadas.
Es del
crecimiento sustentado, resultado de la ampliación sustentada de la capacidad
productiva, que nacerá el nuevo futuro que deseamos, que permitirá generar
empleos, distribución de renta e inclusión social.
El
desarrollo sustentado exige la remoción de los obstáculos que impiden la
expansión sustentada de la capacidad productiva de la economía brasileña sin
provocar nuevamente desequilibrios en las cuentas externas o presiones
inflacionarias.
Para ello,
además de las políticas antes mencionadas, conviene resaltar la importancia de
las medidas complementares como las reformas de la Seguridad Social y
Tributaria, aprobadas en tiempo record en la Cámara de los Diputados y en
proceso de apreciación por el Senado.
La reforma
de la Seguridad Social es un gran avance. En primer lugar, permite que las
necesidades de financiamiento corriente del sector público pesen menos sobre
los ahorros privados, liberando un volumen mayor de recursos para la inversión
productiva. Además de eso, seguramente servirá de incentivo adicional a los
ahorros privados en la medida en que da mayor énfasis a un régimen de
capitalización en detrimento de un régimen de repartición.
La reforma
Tributaria también constituye un progreso considerable por dos aspectos
principales. Primeramente
por garantizar fuentes de ingresos que aseguran el equilibrio fiscal de las
cuentas públicas. En segundo, por posibilitar un perfeccionamiento de la
estructura de tributos, llevando una mayor eficiencia al mercado.
Además de
las reformas, el gobierno está finalizando el Plan Pluri-Anual, que prevé
fuertes inversiones en infraestructura.
Inversiones en
carreteras, vías férreas, puertos y energía recibirán tratamiento prioritario.
Parte de esas inversiones, fundamentales para la superación de estrechamientos
que impiden el crecimiento potencial de la economía, será financiada en
sociedad con el sector privado. La definición de los marcos regulables para
sectores-clave de infraestructura también está en proceso de conclusión y debe
constituir un incentivo adicional a inversiones en esas áreas.
La
construcción del futuro es un proceso complejo. En el caso de un país, el
futuro es determinado por el tamaño de sus ambiciones y desafíos en el
presente. El desarrollo sustentado depende de planeamiento y políticas
correctas por parte del gobierno. Pero depende también de decisiones de
inversiones de innúmeros agentes económicos.
En Brasil,
no tememos el desafío de remover los obstáculos que aún nos alejan del
crecimiento sustentado. Tengo confianza en que lograremos abrirnos este camino.
Como escribió el español Antonio Machado, “caminante, el camino se hace al
caminar”. Invito a todos los presentes a compartir con nosotros este camino.
Gracias.
1. Fundada en 1916 en Hamburgo, Ibero-Amerika Verein (Asociación
de la Economía Privada para América Latina, España y Portugal) promueve
las actividades comerciales y de inversión de sus miembros en América Latina,
el Caribe y la Península Ibérica. Además, se dedica a profundizar las
relaciones económicas, sociales y culturales de Alemania y la Unión Europea con
esta región.
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Octubre 22, 2003
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