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Señoras y
Señores:
Quiero
saludar la feliz iniciativa de los editores del Miami Herald, al realizar esta
nueva convocatoria que persigue específicamente la discusión de temas capitales
para la estabilidad económica de las Américas.
Mi decisión de
acompañarlos en esta importante conferencia tiene dos matices principales:
contarles en primer lugar la exitosa experiencia de la dolarización en el
Ecuador y luego dejar planteada una serie de inquietudes que en lo económico lo
social y lo político deberán ser abordadas en el futuro inmediato, por todos
quienes lideramos el cambio en la región.
El proceso de
globalización en el que estamos inmersos ha erosionado con mucha rapidez el
concepto de soberanía en el manejo de las políticas económicas de nuestras
naciones.
Las decisiones que
comprometen el bienestar de nuestros pueblos no son tomadas siempre en nuestras
sedes de gobierno. He señalado con anterioridad que nuestros países deben
enfrentar hoy el reto de ser calificados, no sólo económica sino social y
éticamente.
Y en ocasiones
calificado lamentablemente por analistas que no han podido detectar en su
momento procesos empresariales irregulares que han comprometido la confianza y
el propio ahorro de ciudadanos de países desarrollados.
Pero ese es el
mundo en el que vivimos y a las pequeñas naciones se nos ha impuesto la carga y
al mismo tiempo el desafío de ser tremendamente creativas para poder sobrevivir
a un sistema económico unipolar que deberá sufrir severas transformaciones para
acomodar las necesidades de los que poco o nada tienen.
El
Ecuador
ha debido transitar en estos últimos 3 años por uno de los procesos más
difíciles de reestructuración de su economía, que incluyó la adopción de un
nuevo sistema cambiario: la dolarización y el rediseño del sector financiero
público y privado que había colapsado durante 1999.
El año 1999
presentó los peores indicadores registrados desde que existen cifras
macroeconómicas en el Ecuador, esto es, desde 1927.
El país registraba
la inflación más alta de América Latina. La devaluación acumulada en ese año
había llegado al 265%.
La inflación a
finales de diciembre de 1999 registraba una tasa del 61%, con características
explosivas y con una tendencia a la hiperinflación.
Los salarios
habían perdido 61% de su valor y convertidos a dólares se habían pulverizado.
La tasa de
desempleo de la población económicamente activa era del 18% y el subempleo
alcanzaba el 47% de ese mismo universo.
El sector bancario
y financiero se contrajo en un 70% de su volumen y otros 70% de los depósitos
de los ecuatorianos se encontraba congelado.
En este mismo año,
1999, salieron del país 2,500 millones de dólares, la más grande fuga de
capitales que registra nuestra historia.
El Banco Central
pagaba intereses del 300% para tratar así de detener una devaluación que a
diario agitaba los mercados.
A las gravísimas
manifestaciones de desorden económico que hemos mencionado, se debía añadir el
clima de absoluta desconfianza e incertidumbre en el sistema político. El
Ecuador de enero del año 2000 enfrentaba la peor crisis de su historia
republicana.
Fue en ese
escenario, cuando el 9 de enero, tratando de apuntalar su gestión presidencial,
el ex-presidente Jamil Mahuad decretó la dolarización de la economía
ecuatoriana, sin que existiera un programa macroeconómico que la sustentara y
peor un análisis técnico que hubiera determinado la paridad cambiaria con la
que debía arrancar el proceso.
El decretar que
25,000 sucres de ese entonces debían ser cambiados por un dólar fue tan solo el
resultado de un ejercicio superficial que terminó por complicar aún más la
difícil situación económica y disparar la inflación a límites insospechados,
pero esta vez en dólares.
Asumí la
presidencia del Ecuador el 22 de enero del año 2000, tras conjurar un intento
de golpe de estado que pretendía echar por tierra 20 años de democracia y
convertir al Ecuador el único país de Sudamérica que no vivía bajo un estado de
derecho.
En la madrugada de
aquel 22 enfrenté mi primer gran dilema: continuar con una dolarización oficial
decretada tan sólo 13 días antes o revertir el proceso y encontrar otra
alternativa de manejo económico.
El rechazo al
sucre y la imposibilidad del Banco Central para detener la compra masiva de
dólares, no dejaba otra salida que mantener la dolarización, a pesar de que el
país a esa fecha no reunía todas las condiciones necesarias para mantener ese
esquema, pues demandaba la aplicación de reformas económicas profundas.
Esta decisión
permitió brindarle al país una “tabla de flotación” que ha reordenado la
economía y que ha impuesto al Ecuador un régimen de disciplina desconocido para
sus habitantes y particularmente para sus líderes políticos.
Cuando nos
encontramos por cumplir 3 años de la adopción del dólar como única moneda de
uso legal en el Ecuador, la economía ecuatoriana convalece satisfactoriamente y
presenta indicadores completamente distintos a los de enero del 2000.
La inflación se
redujo de un máximo del 108% alcanzado en septiembre del 2000 a 11.3% al cierre
de septiembre del 2002.
La tasa de
crecimiento del país en el año 2001 fue del 5.6%, la más alta de América Latina
y las proyecciones realizadas en conjunto con los organismos multilaterales de
crédito, esperan un crecimiento no menor al 3.5% en este año.
El ingreso mínimo
global de los trabajadores que llegó a 67 dólares en el 2000, hoy se ha
recuperado hasta alcanzar los 140 dólares mensuales, que sabemos sigue siendo
insuficiente para cubrir la canasta básica.
El Producto
Interno Bruto que en el año 1999 cayó a 13,769 millones de dólares, se ha
recuperado y supera ya los 20,000 millones de dólares.
Los 2,500 millones
de dólares que fugaron del país durante la crisis han sido recuperados a
través de un incremento de depósitos de 2,800 millones de dólares entre enero
del 2000 y agosto del 2002.
Este aumento de
depósitos, conjuntamente con un incremento del crédito entre las mismas fechas
de 1,300 millones de dólares, es la mejor evidencia de un retorno gradual, pero
sostenido de confianza en el sistema financiero.
La tasa de
desempleo cayó del 16% registrado en diciembre de 1999, al 8% de julio del
2002, al tiempo que el subempleo se contrajo del 47% al 30%, entre las mismas
fechas.
Esto obedece a la
recuperación económica, fundamentalmente del sector petrolero, de la actividad
de la construcción pública y privada y del auge del comercio.
Si bien la
emigración de ecuatorianos al exterior puede haber incidido en algún porcentaje
en esa recuperación de los indicadores de empleo, es más representativo y
técnicamente creíble que esto responda al mayor dinamismo de la economía.
La balanza
comercial en 1999 fue positiva en 1,665 millones de dólares como resultado de
un aumento de las exportaciones en el 5.6% y una reducción de las importaciones
en el 46% anual, lo que demuestra que esa situación externa favorable fue a
costa de una profunda recesión económica interna, pues nadie importaba ni
bienes de consumo, peor aún materias primas o bienes de capital.
El superávit
comercial bajó a 1,458 millones de dólares en el año 2000 como resultado
principalmente de un menor precio de petróleo.
En el 2001 la
balanza comercial presentó un déficit de 301 millones de dólares, como
consecuencia del repunte de las importaciones que debían recuperar su nivel
histórico luego de la reducción que habían registrado como consecuencia de la
contracción económica de 1999 y de la caída del precio promedio del petróleo
entre ese año y el anterior.
Para los 7
primeros meses del año en curso el desequilibrio comercial llega a 709 millones
de dólares, no obstante, la velocidad de deterioro se ha reducido.
Las importaciones
crecen a tasas menores que las observadas el año anterior, el precio del
petróleo ha subido a un promedio de 20 dólares el barril, no obstante la caída
del volumen exportado, y las exportaciones no petroleras han dejado de caer.
Por lo tanto es de
esperar que a finales del año en curso se presente un déficit comercial
equivalente aproximadamente al 5% el PIB, pero con una tendencia a reducirse en
el 2003.
La suscripción del
contrato para la construcción del oleoducto de crudos pesados, decisión
histórica de mi Gobierno, determinó que el país recibiera el año anterior
inversión extranjera por montos cercanos a 1,300 millones de dólares, con la
expectativa de que esa cifra se repita en este año.
Este proyecto, el
del nuevo oleoducto, conlleva una inversión en construcción de aproximadamente
de 1,100 millones de dólares, y de 2,500 millones de dólares en exploración y
explotación del crudo para un periodo de 2 a 3 años.
Esta
obra se ha constituido en un de los pilares fundamentales para el crecimiento
económico presente y futuro del Ecuador y ha sido realizada con inyección
exclusiva de capitales privados, rompiéndose de esa manera el tabú de que el
Estado debía aportar permanentemente sus recursos para inversiones que
definitivamente sólo podían ser asumidas por los grandes capitales,
permanentemente escasos en nuestras economías.
En otro hecho
inédito, hace poquísimos días el Ecuador empezó a generar energía a través de
una concesión a la empresa Machala Power, que utiliza al gas del Golfo de
Guayaquil explotado por la Energy Development Corporation. Treinta años
debieron pasar para que el sueño se convirtiera en realidad, y en tan sólo 5
años el Ecuador ha recibido nueva inversión por 283 millones de dólares y ha
incorporado 130 megavatios de nueva energía a su sistema interconectado.
Están pendientes
aún nuevas inversiones por más de 100 millones de dólares que aumentarán la
capacidad de generación a 312 megavatios de energía.
En otro ámbito,
las tasas de interés han mostrado una ligera tendencia a la baja, aunque no
suficiente para las expectativas de la población.
La continuación de
baja en la inflación y la certidumbre que genere el programa económico vigente
y el nuevo que desarrolle el siguiente gobierno, serán las mejores condiciones
para que las tasas de interés se reduzcan.
El sector público
global mostró un superávit de 1.7% del PIB y un excedente del 0.7% del PIB en
el 2001.
Para evitar que estos excedentes se gasten, en este año se ha
promovido el marco legal adecuado que permita ahorrar recursos en épocas de
bonanza para utilizarlos en momentos de escasez.
Será fundamental
mantener austeridad en las finanzas públicas, evitando el malgasto y
reconociendo el necesario financiamiento que demandan los recientes ajustes
salariales en el sector público que se encontraba absolutamente rezagado frente
al resto.
Los ingresos
tributarios crecieron en el 2001 al 38% anual y en lo que va al 2002 lo han
hecho a un ritmo del 20% anual.
En ambos casos se
evidencia aumentos muy superiores a la inflación y una excelente gestión del
Servicio de Rentas Internas.
Una vez que el
país logró reducir un 40% del valor de capital de la ex-deuda “Brady”, que le
ha representado un ahorro de aproximadamente de 300 millones de dólares anuales
durante los próximos años, será fundamental insistir en una estrategia de
reducción de deuda externa a través de las operaciones de recompra amparadas
en el nuevo marco legal vigente.
En el contexto
internacional el Ecuador cumplió el convenio con el Fondo Monetario
Internacional en el año 2001 y ha venido insistiendo en el cumplimiento de
todas las condiciones para un nuevo convenio con esa Institución.
Las conversaciones
que por largos meses hemos sostenido con el Fondo han debido dilatarse por
cuanto el Ecuador en los próximos días acudirá a las urnas para elegir a un
nuevo Presidente de la República y a un nuevo Congreso, a los que asistiremos
en forma responsable para conseguir una transición ordenada.
Es importante que
la comunidad económica internacional sepa que con o sin acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional, la voluntad política del Gobierno que presido es
mantener la estabilidad macroeconómica y corregir cualquier desbalance que
pudiera haberse ocasionado a las finanzas públicas para dejar como herencia una
economía ordenada y en crecimiento.
Habiendo expuesto
indicadores elementales que reflejan la recuperación económica lograda por el
Ecuador al amparo de la dolarización, debo reconocer que ésta tiene sus propias
limitaciones, ventajas y desventajas, retos y oportunidades, así como también
amenazas; sin embargo ha sido un instrumento que ha apoyado a la estabilidad
macroeconómica y ha contribuido a que las expectativas de los actores
nacionales y extranjeros mejoren.
Es indudable que
en lo político la dolarización ha contribuido a rescatar la confianza de
propios y extraños en la viabilidad del país.
Deben ustedes
saber que la gran mayoría de los candidatos que participan en la elección
presidencial del próximo domingo, han ratificado su deseo de apuntalar el
proceso y ese sólo hecho permite que nuestra economía se desenvuelva con
normalidad, en medio de unas elecciones competidas.
Es indudable que
son necesarias reformas económicas profundas para mantener finanzas públicas
sanas, un sistema financiero sólido, un sector externo fuerte y una mayor
institucionalidad en el país, pues sin ellas ningún sistema cambiario se
mantiene, llámese éste dolarización o cualquier otro.
Es indudable
también que nuestro país necesita un cambio urgente de mentalidad tanto en el
sector público como en el privado, un cambio que asegure competitividad en
nuestros procesos de producción y creatividad en la búsqueda de nuevos mercados
para nuestros productos de exportación y por qué no decirlo de nuevos productos
de exportación para mercados cada vez más sofisticados.
Había indicado al
inicio de mi intervención que abordaría en ella temas que hacen relación al
entorno internacional en el que se desenvuelve la economía ecuatoriana para
anotar sus fortalezas y también sus debilidades y es así como me permito citar
a continuación algunos hechos dignos de atención.
La economía
ecuatoriana es muy abierta y dependiente de sus relaciones internacionales. La
apertura de nuestra economía es superior al 50%, es decir, la suma de sus
exportaciones e importaciones representa aproximadamente la mitad de la
producción nacional de bienes y servicios.
Esto quiere decir
que uno de cada 2 dólares proviene de nuestras relaciones externas.
En el concierto de
la economía mundial, el Ecuador medido por el valor de su producto interno
bruto, es aproximadamente el 1% del PIB de América Latina y toda América Latina
es el 7% del PIB mundial.
Cabe recordar que
dentro la región Brasil, Argentina y México concentran el 80% del PIB de
América Latina.
Las
características de apertura económica y lo pequeño de su tamaño, hacen de la
economía ecuatoriana altamente dependiente y vulnerable de lo que acontezca en
la economía internacional, por tal razón la participación en acuerdos
internacionales de comercio y el manejo prudente de las relaciones externas son
vitales para el país.
Es fundamental
mantener abiertas líneas de financiamiento para el Ecuador y buscar siempre la
cooperación de los organismos multilaterales de crédito para certificar la
bondad y viabilidad de un programa económico.
Cada país debe
adoptar decisiones autónomas en el manejo de su economía, pero estas deben ser
indudablemente compatibles con la transparencia y la austeridad que demandan
inversionistas y financistas para el desarrollo.
Es importante que
una vez más destaque que los acuerdos internacionales de comercio deben
sustentarse en la reciprocidad y la justicia.
Estoy convencido
que el país debe continuar insertándose en los mecanismos de protección
comercial siempre y cuando los países con los que negocia, también lo hagan.
Dadas la
características geográficas, la riqueza natural y las nuevas reservas
petroleras que siguen apareciendo como abundantes, la presencia del Ecuador en
el concierto de la economía internacional presenta muchas más oportunidades que
amenazas.
Para eso debemos
perseverar en el manejo ordenado de la economía y en perfeccionar el marco
jurídico que de seguridad a la inversión privada nacional y extranjera, para
que sean éstas las que sustenten el crecimiento económico de los próximos años.
Un sector privado
dinámico y maduro deberá permitir al Estado liberar recursos de inversión de
capital para destinarlo a la inversión social y atacar así los grandes
problemas estructurales como lo son la pobreza y el desempleo.
Durante los
últimos años la prensa especializada y los analistas económicos ha señalado al
fenómeno económico chileno como un ejemplo aislado de buena gestión en el
subcontinente.
Estoy convencido
de que la estabilidad alcanzada por Chile ha empezado a reproducirse en otros
países de América Latina.
Ecuador y El
Salvador, para citar sólo dos ejemplos han dado pasos fundamentales en la
búsqueda de estabilidad y con el decidido apoyo de los organismos
internacionales de crédito y recibiendo un tratamiento comercial justo, podrían
muy pronto convertirse en dos nuevas estrellas de la economía continental.
Los gobernantes
latinoamericanos tenemos un gran desafío: recuperar la credibilidad de nuestras
naciones en el liderazgo democrático, como factor de transformación de nuestras
economías.
Debemos estar
comprometidos con la revalorización de corrientes políticas serias que persigan
el bienestar de nuestros pueblos y debemos empeñarnos en destruir las raíces
que sustentan nocivos populismos que comprometen la estabilidad misma del
subcontinente.
Pero en esta tarea
deben acompañarnos las naciones desarrolladas, aprovechando en forma permanente
nuestras potencialidades y reconociendo los esfuerzos en los que estamos
empeñados para acortar una brecha que sin su apoyo será insalvable.
Nuevos y mayores
recursos para el desarrollo son indispensables.
Nuevos y mejores
canales de distribución de riqueza son requeridos.
En definitiva
necesitamos una nueva concepción económica que acerque los beneficios de la
sociedad de mercado a cada uno de nuestros pobres.
El camino
recorrido por Ecuador en estos últimos 3 años ha sido duro pero necesario. No
ha estado exento de sacrificios y desencuentros.
Pero en ese marco
estoy convencido de que el país ha madurado y que la huella que dejará nuestra
administración será reconocida fundamentalmente por haber terminado con el
inmovilismo en las decisiones políticas y económicas trascendentales y por
haber recuperado sustancialmente la autoestima de la población y su confianza
en una pronta mejoría de su situación económica.
Muchas gracias por
vuestra invitación al Presidente del Ecuador, para dirigirse a tan respetable
audiencia.
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Octubre 14, 2002
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