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Me
es realmente grato unirme a ustedes hoy electrónicamente. Desafortunadamente
mi calendario de actividades no me permitió estar con ustedes en persona y
disfrutar la belleza de La Jolla. El Instituto ha ganado el respeto de los
funcionarios aquí en Washington y, ciertamente, de la gente bien informada
de todo el hemisferio, por la labor que ha llevado a cabo para ayudar al
sector privado a promover el desarrollo económico y social en América
Latina. Sé que su liderazgo, Jeff, dará aún mayor brillo a la trayectoria ya
muy distinguida del Instituto.
El tema de
vuestra conferencia hoy, la creación del Acuerdo de Libre Comercio entre
Estados Unidos y América Central (conocido como CAFTA) es uno de los puntos de
mayor alcance en los planes del hemisferio. Como la mayoría de ustedes lo sabe,
hemos programado negociar dicho acuerdo primero con los cinco países
centroamericanos (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) y
luego (a principios de 2004) con República Dominicana.
Digo
que CAFTA es de gran alcance no sólo porque las dificultades son grandes; las
cuestiones que se negocian tocan algunos de los nervios más sensibles (como el
empleo, los derechos laborales, las normas fitosanitarias, los aranceles y las
cuotas de textiles, etc. etc.) en los sistemas económico y político de todos
los siete países negociadores, incluso Estados Unidos. El CAFTA es grande
también debido a la enormidad de sus beneficios potenciales, tanto en la esfera
económica como política, para todos los países involucrados y para todo el
hemisferio.
Importancia de
esta región para Estados Unidos
Los países que
participan en las negociaciones del CAFTA pueden no ser grandes en términos de
área, población o poder económico, pero tienen vínculos fuertes con Estados
Unidos y un efecto importante sobre éste.
Examinemos el
comercio, por ejemplo. Durante la primera mitad de este año nuestro comercio
recíproco en bienes con los cinco países de América Central alcanzó cerca de
12.000 millones de dólares. Ello es más que nuestro comercio con Hong Kong o
India, y dos veces nuestro comercio con Rusia. Si agregamos la República
Dominicana al CAFTA, nuestro comercio durante la primera mitad de 2003 ascendió
a 16.000 millones de dólares, lo que es más que nuestro comercio con Singapur y
casi dos veces la cantidad del intercambio con los principales socios con que
comerciamos en Europa Oriental (la suma combinada de Rusia, Hungría y Polonia).
Los vínculos
entre nuestros pueblos son también profundos. Por ejemplo, según el censo de
2000 dos millones y cuarto de residentes en Estados Unidos indicaron ser
oriundos de América Central o República Dominicana. El censo calcula también
que los centroamericanos son el grupo de crecimiento más rápido dentro de la
población hispánica de Estados Unidos. El año pasado, los centroamericanos y
dominicanos en Estados Unidos remitieron la sorprendente suma de 7.700 millones
de dólares a sus respectivos países. Las remesas a tres de los países de la
región (Nicaragua, El Salvador y Honduras) representaron el 10 por ciento de su
PIB.
Por último, la
geografía y la historia otorgan a América Central y República Dominicana un
papel clave en nuestra seguridad. Compartimos con estos países una frontera
común en el Mar Caribe, una de las cuencas de mayor tráfico comercial en el
mundo.
Desafortunadamente ello incluye no sólo el comercio legítimo, sino mucho del
tráfico ilegal de drogas. No hay duda de que el fomento de la paz, la
prosperidad y la democracia entre nuestros vecinos de América Central y el
Caribe contribuirá a la estabilidad y la prosperidad aquí en Estados Unidos.
Esta es la base
del fuerte compromiso del presidente Bush con el libre comercio con nuestros
vecinos, así como con el mundo. Ante esta audiencia no es necesario que me
extienda sobre el hecho ampliamente demostrado del comercio como promotor de la
inversión, el crecimiento y el empleo. Permítanme solamente hacer hincapié en
que esta es una lección que muchos entre el público estadounidense y en todo el
hemisferio no han aprendido, una lección que todos los que estamos interesados
en ampliar las oportunidades en las Américas, bien sea que nos encontremos en
el sector privado o en el público, debemos repetir persistentemente ante
nuestro público.
No obstante,
existe un argumento todavía más amplio a favor del libre comercio. Los acuerdos
de comercio consolidan en el derecho internacional las reformas económicas
basadas en el mercado, las que a su vez son la base del crecimiento
autosostenido y creador de empleo. Este hecho hace más difícil para los
gobiernos echar atrás tales reformas y ayuda a establecer un clima jurídico
estable que atrae la inversión y estimula la innovación. Cuando los sistemas
económicos basados en el mercado promueven la apertura, la competencia y la
innovación, ayudan también a promover la movilidad social y, en última
instancia, a fortalecer las instituciones democráticas.
Estado de las
negociaciones del CAFTA
Por todas estas
razone la administración Bush ha otorgado una prioridad alta a las
negociaciones del CAFTA y ha establecido un calendario dinámico. Nos proponemos
completar las negociaciones con los cinco países centroamericanos antes de
terminar este año, en una serie de nueve rondas. Actualmente la séptima ronda
se realiza en Managua, Nicaragua; las próximas dos están programadas para
realizarse en Houston y Washington. La ronda final tendrá lugar en América
Central a mediados de diciembre. Como ya observé, esperamos comenzar las
negociaciones para la adhesión de República Dominicana al CAFTA a principios
del año entrante. Para mediados de 2004 esperamos enviar al Congreso el acuerdo
completo para su aprobación según el proceso de trámite rápido.
El alcance del
CAFTA también es muy audaz. Hay siete grupos negociadores que trabajan en lo
siguiente:
-
Liberalización del acceso al mercado en general (es decir, medidas
arancelarias y no arancelarias, así como procedimientos, normas y demás
cuestiones relacionadas con los trámites de aduana);
-
Apertura del complicado sector de textiles y confecciones;
-
Liberalización de las normas sobre servicios e inversión;
-
Creación de procedimientos e instituciones para la solución de disputas;
-
Liberalización de los reglamentos para las adquisiciones gubernamentales y la
propiedad intelectual;
-
Protección de los derechos laborales y el medio ambiente y,
-
Fortalecimiento de la capacidad de comerciar.
Obviamente, no
puedo entrar en detalles sobre las cuestiones en negociación. Sin embargo,
puedo darles algunas indicaciones generales en cuanto al contenido del CAFTA.
El CAFTA contendrá definitivamente "los últimos conocimientos", reflejará los
últimos avances en las relaciones comerciales y el derecho mercantil
internacional.
Los dos
acuerdos de libre comercio que Estados Unidos firmó recientemente con Singapur
y Chile conforman un modelo amplio de lo que será el CAFTA, aunque
necesariamente habrá ajustes para tener en cuenta las circunstancias
particulares de los países participantes. Este acuerdo además será compatible
con las negociaciones (y esperamos que les dé ímpetu) para una apertura más
amplia del comercio, actualmente en curso en la Organización Mundial de
Comercio y el Área de Libre comercio de las Américas.
Un elemento
nuevo importante en el CAFTA será el fortalecimiento de la capacidad comercial.
Reconocemos que los países centroamericanos y República Dominicana necesitan
asistencia, mucho más que lo que necesitan Singapur y Chile, para cumplir con
sus nuevas obligaciones según el CAFTA y para explotar cabalmente las
oportunidades que ofrece este acuerdo. Hemos estado trabajando con estos países
para diseñar estrategias amplias nacionales que precisen y asignen prioridad a
sus necesidades específicas de asistencia. Ya estamos suministrando a estos
países una cantidad grande de ayuda relacionada con el comercio (cantidad
calculada en 68 millones de dólares para los cinco países centroamericanos
durante el año fiscal 2003) y continuaremos haciéndolo durante los próximos
años.
Significado de
todo esto
El objetivo
principal del CAFTA es abrir los mercados de sus participantes y asegurar una
mayor integración entre las economías de los siete miembros. No obstante, como
lo indiqué anteriormente, el efecto potencial del acuerdo muy probablemente
vaya más allá del comercio y le dé un impulso importante al desarrollo
económico y a la madurez política. Personalmente creo que sería imprudente
tratar de predecir los resultados específicos de un acuerdo que no se ha
negociado todavía y que estará sujeto a muchas fuerzas poderosas y algunas
veces conflictivas.
No obstante,
los invito a examinar la historia del Acuerdo de Libre Comercio de América del
Norte, entre Canadá, México y Estados Unidos, para tener una idea del efecto
general del libre comercio sobre las economías en desarrollo. Estos son unos
pocos hechos:
-
El total
del comercio de México con Estados Unidos se ha triplicado desde que NAFTA
entrara en vigor (de 81.000 millones de dólares en 1993 a 242.000 millones de
dólares en 2002), con un superávit a favor de México. La tasa de crecimiento
de las exportaciones de México desde el NAFTA ha sido de cerca del doble de
la tasa de la década anterior al NAFTA. Las exportaciones de productos
manufacturados ahora representan cerca del 90 por ciento del total de las
exportaciones.
-
El NAFTA ha
beneficiado la fuerza laboral rural y urbana de México con la creación de
miles de empleos nuevos y mejor remunerados en el sector manufacturero; en
promedio estos empleos tienen un salario 37 por ciento más elevado.
-
Cerca del
20 por ciento del PIB de México ahora es atribuible al comercio del NAFTA y
cerca del 20 por ciento del empleo lo generan actualmente las exportaciones.
Según la
opinión general de observadores bien informados, el libre comercio ha generado
un amplio crecimiento en México y fue un factor clave en la aceleración de la
recuperación de México luego de su crisis financiera de 1995. Los sectores que
se adaptaron y ajustaron, como el automotriz y el de energía eléctrica,
compiten extraordinariamente bien. Algunos otros sectores, desde luego, no se
han ajustado y van a la zaga. Con todo, el efecto neto ha sido claramente
positivo.
Desafortunadamente, pero quizá inevitablemente, la retórica pública en México,
como en Estados Unidos, se ha concentrado generalmente en los que pierden
debido al libre comercio; muchos de los ganadores, como lo son la mayoría de
los consumidores, ni siquiera se dan cuenta del alcance del beneficio que
reciben.
Finalmente,
la mayoría de los observadores bien informados está de acuerdo en que el NAFTA
jugó un papel indirecto, pero importante, en la apertura del sistema político
en México.
Al estudiar
la experiencia con el NAFTA, así como con otros acuerdos de libre comercio en
todas partes del mundo, como modelos para el CAFTA, yo sacaría las siguientes
conclusiones:
Primero,
el libre comercio es un instrumento poderoso para el desarrollo económico y
político. Sin embargo, no es una panacea y tampoco hay garantías absolutas de
sus beneficios. Para lograr todo su potencial los acuerdos de libre comercio
deben ser complementados con otras políticas económicas acertadas, así como con
una inversión sostenida en la salud y la educación, con el fin de crear el
capital humano que requiere el progreso económico.
Segundo,
el libre comercio ofrece enormes oportunidades para los negocios locales y
extranjeros; también implica dificultades importantes. Para poder lograr un
éxito sostenido en un ámbito de libre comercio, los empresarios deben aceptar
la necesidad de cambiar, tener una perspectiva de largo plazo para sus
inversiones y estar dispuestos a trabajar no sólo por sus propios intereses
económicos, sino por el bien general de la nación y la región. Para concluir,
no hay sustituto para la asociación, ya que no hay alternativa para la
interdependencia. Las asociaciones deben existir a varios niveles diferentes,
entre el gobierno y el sector privado en cada país y entre los gobiernos y los
sectores privados en la región en conjunto, si es que queremos avanzar
rápidamente hacia la solución de cuestiones difíciles y recíprocas de
crecimiento económico, progreso político y bienestar social.
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Octubre 05, 2003
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