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Señor Presidente:
Deseo expresar mi satisfacción al ver en la Presidencia de la
Asamblea General, a un distinguido representante del Grupo Latinoamericano y
del Caribe; y le solicito hacer extenso mi saludo al Secretario General,
Kofi Annan; nuestro pleno reconocimiento a su liderazgo y al impulso que ha
dado a esta, nuestra institución.
Y le suplico también, señor Presidente, llevar al Secretario General y a
todo el personal de las Naciones Unidas nuestras condolencias por el deceso
del señor Sergio Vieira de Mello.
Vivimos en un mundo de equilibrios frágiles y peligrosos, resultado de
nuestra incapacidad colectiva para alcanzar una paz verdadera y un bienestar
compartido, en un marco de legalidad internacional.
Hoy enfrentamos una globalización económica que causa desequilibrios en
perjuicio de países en desarrollo, especialmente de los más pobres.
Enfrentamos también una globalización con consecuencias de violencia;
padecemos riesgos de terrorismo, tanto como los que derivan de la guerra en
su contra, así como una delincuencia internacional organizada que debilita
la seguridad pública y amenaza la paz mundial.
Compartimos tanto los problemas como la responsabilidad de encontrarles
solución.
Ningún país, grande o pequeño, puede superar por sí solo, ni los desafíos
del presente ni los que deberemos vencer en el futuro. La actitud que nos
imponen las amenazas a la paz, la seguridad y el desarrollo internacionales,
no es otra que la corresponsabilidad entre las naciones.
México sabe que juntos --nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas--
podemos lograr que el hambre, la intolerancia, la exclusión, el crimen y la
ilegalidad encuentren un alto definitivo.
Juntos podemos garantizar el derecho de cada persona a una existencia
conforme a su dignidad humana, así como garantizar el derecho de las
generaciones futuras a crecer, desarrollarse y contribuir a la historia de
la civilización humana.
En nuestra Declaración del Milenio tenemos una guía insustituible para
superar los retos presentes y futuros. México ha logrado avances importantes
en democracia y libertades, en equidad de género y respeto a las minorías,
así como en educación y salud; especialmente en la reducción de la pobreza y
el mejoramiento de la distribución de ingresos, indicadores en los que
avanzamos con paso rápido y firme para cumplir con nuestra aportación a las
metas del Milenio.
De hecho hemos avanzado ya en una tercera parte del camino hacia el
cumplimiento de las metas --sólo en estos dos años-- y habremos de cumplir
en lo general con estas metas para el año 2010, antes del año 2015.
Aunque las y los mexicanos no estamos satisfechos con alcanzar sólo estas
metas, sabemos que vamos por buen camino; que no es momento de temor ante
los retos, sino de esperanza en nuestra labor conjunta, en nuestro trabajo
en equipo. Lo mismo sentimos en el ámbito internacional que en el nacional.
Por ello, convencido de la vigencia, utilidad y relevancia de nuestra
Organización, las Naciones Unidas, México hace un llamado --desde este
máximo foro mundial-- a la corresponsabilidad internacional.
Esta Asamblea, el órgano más representativo de la humanidad, es el foro
idóneo para llamar a la acción colectiva. Aquí se han venido ventilando los
principales problemas internacionales y aquí se ha hecho del diálogo, la
piedra angular para encontrar soluciones.
Aquí debemos --entonces-- centrar los esfuerzos para alcanzar una paz, una
seguridad y un desarrollo compartidos.
Señor Presidente:
Éste es el primer Debate General de nuestra Asamblea después de la guerra de
Iraq. Nuestra Organización atraviesa por un momento crítico y crucial. Los
atentados en Bagdad contra la ONU, hieren a nuestra Organización y nos dañan
a todos. Un ataque a las Naciones Unidas es un ataque a todos sus miembros.
Lo ocurrido en Iraq ha desencadenado uno de los debates más trascendentes en
la vida de la ONU.
Como miembro no permanente del Consejo de Seguridad y atendiendo --ante
todo-- a su responsabilidad como miembro de la comunidad mundial, México se
mantuvo fiel al principio de la búsqueda de soluciones pacíficas a las
controversias y de apego a los principios de la Carta de las Naciones
Unidas.
Hemos seguido participando activa y constructivamente en la negociación de
resoluciones, convencidos de que se encaminan a la pronta restauración de la
plena soberanía e independencia del pueblo iraquí.
En el primer orden de prioridades de nuestra Organización, está el impulso
al proceso de recuperación de la soberanía que culmine con la instalación de
un gobierno representativo de las y los iraquíes.
El debate suscitado por la cuestión de Iraq nos exige actualizar nuestros
compromisos y entendimientos respecto a cuándo es legítimo el uso de la
fuerza conforme a la Carta de las Naciones Unidas.
Es imperativo examinar el compromiso de los Estados con la vigencia y la
observancia del derecho internacional y los mecanismos existentes para hacer
que se cumplan las resoluciones del Consejo de Seguridad.
De los acuerdos que alcancemos y de las reformas que convengamos depende, de
manera amplia y profunda, la eficacia futura de las Naciones Unidas, la
vigencia de los procesos colectivos de toma de decisiones que dan sustento
al multilateralismo.
El mundo enfrenta, además de Iraq, muchos otros grandes retos. El trabajo
inacabado de la paz, como lo advertimos hoy en Medio Oriente, en Afganistán,
en África o en los Balcanes, es presagio de nuevas amenazas y retos a la
seguridad internacional. Motivo de preocupación especial lo constituye el
aumento de las tensiones en Asia, dada la existencia y desarrollo de armas
de destrucción masiva.
Siempre hemos sido una nación pacifista, convencida del diálogo, la
negociación y el derecho, que son instrumentos eficaces para la resolución
de los conflictos. Hoy reiteramos que es tiempo de privilegiar la acción
diplomática y la concertación de posturas frente a retos comunes.
Dada la capacidad destructiva que posee actualmente el mundo, es tiempo de
asegurar que la diplomacia y la negociación precedan y rijan la atención de
las disputas internacionales.
Al reiterar los principios y los valores sobre los que se asienta su
desempeño internacional, México hace un llamado a favor de la paz; en favor
de la cooperación mundial para fomentar, de manera paralela y eficaz, la
paz, la seguridad y el desarrollo internacionales.
La historia nos enseña que las graves disparidades económicas y sociales, la
injusticia, la discriminación, la intolerancia y el abandono de la
cooperación internacional para resolverlas generan --en buena medida-- las
amenazas que, como el terrorismo, padecemos en la actualidad.
El compromiso de México contra el terrorismo es inequívoco. Combatirlo
eficazmente exige no sólo una mayor y más intensa cooperación internacional,
sino también la construcción de una nueva visión de la legalidad
internacional.
El combate al terrorismo no será eficiente sin un nuevo reconocimiento del
derecho internacional y un sistema de Naciones Unidas con capacidad
suficiente para hacerlo respetar.
Debemos enfrentar éste y otros retos con una visión integral de lo que
entraña la responsabilidad de mantener y recuperar la paz en el mundo
actual, atendiendo a las causas estructurales de los conflictos y con una
capacidad sostenida para prevenir, movilizar voluntades y comprometer
recursos con un sentido estratégico de prioridades.
Esta perspectiva solamente puede ser aportada por esta Organización de
alcance universal, la única con la legitimidad, la experiencia, la capacidad
de convocatoria y la fuerza moral para aglutinar y unir nuestros esfuerzos
en favor de la paz y el bienestar colectivo.
La respuesta a los retos globales requiere de un esfuerzo político vigoroso
por parte del conjunto de las naciones; de un esfuerzo que sólo es posible
desde esta casa.
Como nación que siempre ha puesto su mejor empeño en el logro de los nobles
objetivos de la ONU, convencida de la vigencia de los principios y valores
con los que dimos nacimiento a esta Organización, México renueva su firme
compromiso con las Naciones Unidas y sus ideales.
La seguridad no se construye con barreras o con ignorancia. La verdadera
seguridad y la paz duradera para las naciones se halla en el entendimiento
mutuo y en un marco de certidumbre que comprometa a todas las naciones por
igual, como el que se ha venido desarrollando en el seno de esta
Organización.
La vigencia de las Naciones Unidas es innegable. México reafirma su
confianza en el entendimiento multilateral. Nos hemos sumado al llamado del
Secretario General para generar ideas innovadoras y planteamiento de reforma
de las Naciones Unidas.
Coincidimos con el Secretario General, cuando afirma que "vivimos una crisis
del sistema internacional" y lanza un llamado a la reforma radical de la
Organización de las Naciones Unidas.
Tenga usted la seguridad, señor Presidente Kofi Annan, de que México
destinará lo mejor de sus esfuerzos diplomáticos para impulsar la reforma y
actualización de nuestra Organización, que la situación internacional exige.
A juicio de México, una reforma real deberá partir de cinco criterios
rectores muy precisos:
Primero, fortalecer nuestro sistema de seguridad colectiva para lograr una
respuesta oportuna y un proceso transparente en la toma de decisiones
colectivas.
Segundo, garantizar el apoyo al desarrollo económico y social de los
Estados, especialmente de los menos adelantados.
Tercero, garantizar el respeto a la soberanía e independencia de los
Estados, asegurando al mismo tiempo legitimidad y legalidad de la acción
internacional en la lucha contra la impunidad.
Cuarto, promover y proteger los derechos humanos.
Y, quinto, dar mayor eficacia a la toma de decisiones.
Debemos revitalizar el compromiso de los Estados y naciones con la
observancia de normas de alcance y vigencia universales.
La reforma debe concentrarse en el funcionamiento de nuestro sistema
multilateral. La labor del Consejo de Seguridad ilustra esta necesidad.
Sin duda, el debate sobre su composición está vinculado a la necesidad de
conferirle mayor representatividad, y por esa vía fortalecer su legitimidad.
Aunque el tema central es el funcionamiento del Consejo de Seguridad y el
acatamiento de sus resoluciones, las discusiones de la última década se han
centrado en la ampliación y la selección de nuevos miembros permanentes.
De poco sirve pensar en un Consejo con un mayor número de miembros si las
resoluciones que emite no son acatadas o carecen de una interpretación común
sobre el alcance de sus disposiciones.
Se requiere asegurar una adecuada representatividad, limitar el veto y
reglamentarlo, propugnar por una mayor transparencia y por hacer una más
equilibrada relación con los demás órganos del sistema de las Naciones
Unidas, con la Asamblea General en particular.
Debemos lograr que el Consejo Seguridad no rebase sus competencias, pero que
tampoco pueda eludir sus responsabilidades.
Pensemos democráticamente. Busquemos cómo lograr un equilibrio entre los
órganos principales de la ONU; atrevámonos a lograr una reforma de la
Asamblea General que le permita salvaguardar su calidad de foro universal,
de foro parlamentario, sin renunciar a su capacidad de decisión y acción
oportuna.
Pensemos en un nuevo sistema de seguridad colectiva, eficaz y equilibrada,
que funcione bajo la orientación de nuestro órgano democrático por
excelencia: esta Asamblea General.
La inercia ha propiciado que cada uno de los órganos principales de nuestra
Organización actúe desarticulado de los propósitos y prioridades centrales
de la Organización de las Naciones Unidas.
Resulta necesario que la agenda de desarrollo esté mejor vinculada a la
prevención de conflictos, y que las actividades de construcción de la paz
conlleven siempre mecanismos para asegurar el desarrollo económico y social.
Por ello, pensemos también en cómo fortalecer al ECOSOC, en si podemos y
debemos convertirlo en un Consejo de Seguridad Económico y Social.
Señor Presidente:
México considera que la reforma debe adaptar a la ONU a los requerimientos
de un mundo que no deja de transformarse, para que nos ayude a superar los
rezagos existentes y los nuevos desafíos.
Hoy, fieles a los principios, valores e ideales de nuestra Organización,
tenemos el deber de construir una nueva arquitectura internacional que, con
visión de futuro, deje en el pasado los conflictos y las luchas fraticidas,
abra nuevas vías de entendimiento y de cooperación internacionales y forje
nuevos caminos hacia la paz, la seguridad y el desarrollo internacionales.
Muchas gracias por su atención.
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Septiembre 27, 2003
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