Todos estos cambios han
traído como consecuencia la revisión y actualización de la arquitectura
organizacional. Ésta en forma general, es una descripción del funcionamiento
operativo de toda empresa. Representado por pequeñas unidades que se coordinan
entre sí para garantizar la consecución de los objetivos exigidos por la
planificación estratégica de la organización. Dicho de otra forma, la
estrategia identifica y señala la forma cómo se piensa cumplir con los mismos.
Es decir fija el rumbo de la empresa. Debido a estas exigencias, la
arquitectura de la empresa debe dar respuesta a esos grandes retos, por medio
de la estructuración de equipos de trabajo que, en su conjunto, realicen con
eficacia las responsabilidades y deberes para alcanzar las metas propuestas. En
relación con la gestión del cambio, la actualización de la estructura es
necesaria e indispensable. Deben ser revisados algunas ideas y conceptos
fundamentales asociados con las estructuras empresariales, su actualización a
las exigencias del entorno y la administración de la flexibilidad humana son
indispensables como fuerzas vigorizantes de los cambios. El estilo gerencial
va a ser básico para que un rediseño estructural tenga buenas probabilidades de
éxito.
Muchos
especialistas consideran que debe haber una relación directa entre
“causa-efecto” entre las demandas del entorno y el grado de actualización de la
arquitectura interna de cualquier organización, lo que trae como consecuencia
que si las exigencias del medio ambiente encuentran una estructura no
actualizada, que no tienen capacidad de respuesta, la tendencia entonces es que
minimice la efectividad organizacional, con todas los problemas que esto
significa. Por tal motivo se hace cada vez más necesario la revisión continua
de las estructuras organizacionales, para que las mismas sean funcionales, así
como también eminentemente flexibles para adaptarse fácilmente a las
contingencias del medio ambiente, porque de lo contrario traería como
consecuencia una estructura muy rígida, nada flexible, “viva” en un ambiente de
continuos cambios, con una capacidad de respuesta muy limitada a las exigencias
del mundo globalizado y, con este estilo, pierde muchas ventajas frente a sus
competidores mundiales.
En los países
industrializados las estructuras organizativas, han cambiado vertiginosamente,
adecuando las mismas a las demandas del entorno mundial. Mientras que en el
ambiente latinoamericano, siempre ha existido una capacidad de respuesta muy
lenta a los cambios ambientales y que, sin lugar a dudas dicha velocidad ha
condicionado la adaptabilidad organizacional y, por supuesto, el estilo de
gerenciar los cambios tendentes a reafirmar el respectivo posicionamiento en el
mercado ha sido muy lento.
Los integrantes de la
estructura informal de las organizaciones representan el elemento central del
cambio estructural. Sin el soporte de las personas, ningún rediseño de la
arquitectura organizacional puede tener la eficacia esperada. La experiencia
confirma, que muchas veces una actitud no cónsona con el cambio, desvirtúa los
logros esperados de una mejor organización del trabajo. Por otra parte la
resistencia al cambio, el temor a cambiar, o la negativa a hacerlo son
problemas frecuentes en toda empresa. En la agenda oculta negativa a cambiar
están los pensamientos y emociones deformados de la mente de las personas. Son
posiciones que obstaculizan el ingreso a los nuevos procedimientos y,
dificultan la ejecución de una tarea específica.