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América
Latina y Estados Unidos comparten una historia, una firme amistad y un
compromiso con la democracia. También compartimos profundos vínculos
económicos, particularmente en las áreas de comercio e inversión extranjera.
Es nuestro interés común compartir un futuro económico más vigoroso y está a
nuestro alcance hacerlo.
El crecimiento económico no ocurre por sí mismo, se necesitan buenas
políticas. Sin embargo, este hincapié esencial en el crecimiento puede
perderse cuando la atención se concentra en la estabilización a corto
plazo, lo cual incluye decisiones sobre medidas que llevarán a obtener
ayuda
de los organismos financieros internacionales. Esto es
desafortunado, porque las decisiones adecuadas sobre política interna les
interesan
directamente no sólo a los países individualmente, sino que también son
esenciales para que la ayuda de los organismos financieros internacionales
resulte útil. ¿Qué tipo de políticas deberían ser prioritarias?
Primero, el imperio del derecho es un soporte esencial del crecimiento. Un
componente vital del imperio del derecho es que los individuos tengan confianza
en que sus derechos de propiedad van a ser respetados. Si no hay esta
confianza, la actividad económica se asfixia y la ayuda de la comunidad
internacional no será efectiva.
La situación actual del sector bancario en Argentina es un ejemplo concreto de
lo que sucede cuando esa confianza se pierde. En contraste, Brasil ha confiado
en los mecanismos de mercado como respuesta a los desafíos presentados por el
servicio de su deuda, con el resultado de que los depósitos no han sido
retirados de los bancos. A pesar de las
dificultades del sector bancario, Uruguay no ha interferido de manera
permanente con los bancos extranjeros, cuya posición es buena
comparada con los bancos del país.
La segunda prioridad es una política fiscal que se centre en la limitación del
tamaño del gobierno. Si bien el estado debería proporcionar los servicios
públicos esenciales y asegurar una red de seguridad social, no debería
incursionar en áreas que son manejadas más eficientemente por el sector
privado. Con demasiada frecuencia, los excesivos controles estatales limitan
la capacidad del sector privado de desarrollar su capacidad financiera de
crecimiento, llevando a un gasto público excesivo que a su vez crea la
necesidad de elevar los ingresos correspondientes.
El problema es que la mayoría de los impuestos distorsionan la actividad
económica y, por lo tanto, afectan el crecimiento. La clave es financiar el
gobierno de una manera más eficiente. Enfrentados con una extensa evasión
fiscal, los gobiernos podrían verse tentados a recurrir a esquemas que aseguran
ingresos a pesar de su ineficiencia y gran costo para la economía. Un ejemplo
obvio son los crecientes aranceles de importación y exportación. Otra medida
actualmente en efecto en varios países de la región es el "impuesto a las
transacciones financieras", que grava los retiros y/o depósitos en cuentas
bancarias, incluyendo el pago de
cheques y la cancelación de préstamos. Las investigaciones sugieren que en
varios países de América Latina las distorsiones resultantes tienen un costo
social equivalente a casi la mitad de lo que se recauda por ese
medio.
Es también vital que las decisiones que se tomen en los diferentes niveles del
gobierno no actúen unas contra otras. Argentina y Brasil han descentralizado
en alto grado sus
estructuras políticas. En Brasil, la Ley de Responsabilidad Fiscal puesta en
vigencia en mayo del año 2000 ha sido considerada un instrumento para imponer
disciplina fiscal en todos los niveles gubernamentales. Entre sus
estipulaciones, la ley crea controles para los gastos federales y estatales y
ofrece incentivos para que los estados recauden sus ingresos de manera efectiva
o enfrenten la pérdida de transferencias federales.
En Argentina, el déficit provincial ha contribuido a la incapacidad de mantener
una posición fiscal adecuada. Han sido necesarios meses de crisis para que los
gobiernos federales y provinciales se pongan de acuerdo para frenar el déficit.
La tercera política prioritaria para el crecimiento es un efectivo control
monetario. Los individuos no pueden hacer pronósticos de inflación sin una
política monetaria efectiva - la incertidumbre resultante desanima la inversión
y el crecimiento. Para que una política monetaria sea efectiva, debe ser
centralizada - el quasi dinero emitido como alternativa fuera del banco central
no son más que financiamiento inflacionario para cubrir el gasto gubernamental.
La independencia del banco central es un elemento útil, particularmente si
ayuda a que éste tenga más credibilidad y esté libre de interferencia
política. Pero, a fin de cuentas,
lo
que importa es la aplicación de políticas. Las malas decisiones sobre política
fiscal - por ejemplo, incrementos constantes del peso de la deuda durante
períodos de crecimiento - inevitablemente llevan a tener dificultades
económicas.
Finalmente, la apertura de mercados es esencial para el crecimiento económico.
La integración de la economía mundial estimula la competitividad y eleva la
productividad. Además de las ganancias que genera la apertura al comercio con
el resto del mundo, hay importantes beneficios a obtenerse a través de una
mayor apertura al comercio dentro de la región. Estados Unidos tiene un
importante papel que desempeñar en este respecto. Como el presidente George W.
Bush lo ha recalcado, la liberalización del comercio no solamente le interesa a
Estados Unidos, sino que es importante para la prosperidad de todo el
hemisferio. La reciente aprobación de la Autoridad de Promoción Comercial de
Estados Unidos (TPA) es un paso adelante.
La ley acumulará beneficios para Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú con un
importante acceso libre de impuestos a los mercados de Estados Unidos para las
exportaciones de ropa y atún. El espacio para negociación de acuerdo con la
TPA permite concretar los convenios de libre comercio con Chile, que
incrementarán el producto interno bruto del país en más de medio punto
porcentual al año.
La reciente promulgación de la TPA revigorizará también las conversaciones del
Área de Libre Comercio de las Américas, que probablemente incrementará las
exportaciones de ropa, alimentos y productos manufacturados de América Latina a
los mercados norteamericanos. Las investigaciones revelan que la conclusión
del ALCA incrementará el PIB en los países de América Latina en más de 1 por
ciento cada año -- y esto países fuera de Chile y México, que ya tienen o están
en camino de tener un status de libre comercio. La TPA hará aún más probable
un acuerdo multilateral sobre comercio agrícola con grandes beneficios
potenciales para Argentina, Brasil y Uruguay.
Nuestros vínculos con América Latina hacen que Estados Unidos tenga un firme
interés en el crecimiento económico de la región. Las políticas tendientes a
obtener crecimiento no solamente elevan los niveles de vida de cada país sino
que profundizan los vínculos con el resto del mundo y crean las condiciones
necesarias bajo las cuales la ayuda internacional puede ser útil en tiempos de
necesidad.
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Agosto 26, 2002
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