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En
términos generales, América Latina ha experimentado mejores momentos.
Argentina lleva meses en un estado económicamente caótico, con el agravante que
la opinión pública no parece apoyar ni a sus líderes ni a ciertas medidas
económicas. Uruguay y Brasil temen "contagiarse" completamente del "efecto
tango" argentino. Venezuela ha experimentado recientemente una situación
política altamente inestable que involucró la salida temporal del presidente
Hugo Chávez. En Perú, el presidente Alejandro Toledo no parece haber podido
estabilizar el sistema político que tan falto de estructura dejó una década de
Fujimorismo y varios años de recesión económica. Pese a que el pueblo eligió un
presidente que ha prometido lograr la paz -con mano dura- Colombia aún no da
signos de lograr tan merecida meta. Guatemala y Panamá atraviesan una seria
crisis de legitimidad presidencial e institucional. En Nicaragua han salido a
la luz pública presuntas irregularidades realizadas por el ex presidente
Arnoldo Alemán, que amenazan con degenerar en un enfrentamiento serio entre
Alemán –actual Presidente de la Asamblea Legislativa- y el Presidente de la
República Enrique Bolaños; ambos pertenecientes al mismo Partido Liberal
Constitucionalista. Costa Rica, Ecuador y otros países exportadores de café y
banano han visto en los últimos años cómo sus ingresos merman por los bajos
precios internacionales de estos bienes de postre. La lista podría seguir.
Para los
pesimistas, la región latinoamericana podría estar en grave peligro. No
obstante, ninguna de estas naciones ha degenerado formalmente en una dictadura,
como históricamente se ha intentado sortear los problemas de muchos de los
países de la región: pese a encontrarse bajo prueba, la democracia ha logrado
-hasta ahora- mantenerse como sistema de gobierno en América Latina. Y es que
la mayoría los problemas sociales y económicos mencionados anteriormente tienen
una solución política, tanto a lo interno de cada sistema (nuevas medidas
funcionales en la era de la globalización y la competencia) como en su entorno
internacional (posibles paquetes de ayuda financiera). Se debe medir bien el
sentir de la opinión pública -solucionar los problemas, legislar con claridad,
combatir la corrupción- mas no caer en políticas populistas que no
necesariamente significarían una solución a mediano y largo plazo -y
ciertamente afectaría la relación entre los países que las aprueben y los
Estados Unidos, el poder hegemónico de la región.
A lo largo
de la actual administración Estados Unidos parece haber tenido fijada su
atención en dos áreas distintas a nuestra zona geográfica: en lo económico,
prevenir una depresión y, en lo internacional, incrementar sus esfuerzos en
contra del terrorismo, últimamente lanzando advertencias a Irak. No obstante
el "alejamiento" que se ha sentido en la región de parte de la potencia, en las
últimas dos semanas se dio un hecho que parece dar esperanza a la región
latinoamericana. El Congreso pasó el proyecto que le da al presidente George
W. Bush una “vía rápida” para negociar tratados de libre comercio, dejándole
luego al ente legislativo las opciones de aprobar o rechazar el tratado, mas no
la facultad de realizar cambios. Venderle productos a Estados Unidos por medio
de tratados de libre comercio logrados gracias a esta "Trade Promotion
Authority" -también conocida como fast track- puede ser vista como una
atractiva medicina para la región y las relaciones Estados Unidos-América
Latina. No obstante, se debería entender que Estados Unidos históricamente no
ha tenido una relación homogénea con América Latina: la relación con los países
de Centroamérica y el Caribe, así como México, ha sido más directa e
intervensionista que la relación que ha tenido con los países de Sudamérica.
Estados
Unidos probablemente está apostando al libre comercio para ayudar a solucionar
algunos de los problemas de la región y lograr establecer la creación del Área
de Libre Comercio de las Américas (ALCA, fijado para el 2005). Lo anterior
teniendo en cuenta que el libre comercio por sí solo no puede sacar a estos
países de su actual situación. En este sentido, los gobiernos latinoamericanos
sí deben persuadir a EE.UU.
a negociar futuros tratados de libre comercio, pero también tienen que
convencer a públicos cada vez más empobrecidos y pesimistas que esta solución
es factible y por qué lo es. A la vez, los Estados Unidos parecen favorecer las
negociaciones en bloque y en este sentido sería muy favorable que los países
centroamericanos logren algún tipo de unión económica, pese al silencio
histórico de Costa Rica al respecto. De hecho, el presidente Bush ha
manifestado a los países centroamericanos que de negociar en tratado, el
proceso sería en bloque. De saber aprovechar la coyuntura, estas naciones
probablemente son las que más tienen qué ganar de una negociación de libre
comercio con EE.UU.
Un posible
Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos es un reto
para el cual estas pequeñas naciones deben prepararse eficiente y eficazmente.
Los agricultores, industriales y comerciantes de estos países tienen que
entender que, pese a que un TLC con EE.UU.
significaría un amplio mercado de mucho más de 200 millones de consumidores, la
potencia mundial produce, industrializa, comercializa, vende y exporta
básicamente cualquier producto. Y lo hace en forma eficiente. Ante esto los
países centroamericanos deben tener imaginación, capacidad negociadora y visión
sobre qué tipos de productos serían los más exitosos en aquel mercado –si los
últimos años son augurio, algunos países podrían especializarse en productos de
alta tecnología- para poder competir en Estados Unidos. Un obstáculo que será
un tema de negociación y controversia es que los agricultores centroamericanos
no tienen los importantes subsidios gubernamentales que tienen sus contrapartes
estadounidenses. Centroamérica deberá negociar cuidadosamente estas cláusulas
de protección.
Si los
líderes políticos y empresariales latinoamericanos aprovechan esta oportunidad,
el fast track significará ciertamente un acercamiento de la potencia a la
región, muy probablemente en mayor grado para los países que conformarán el
Plan Puebla Panamá y algunos países caribeños como República Dominicana. No
obstante, no se debe perder de vista el grado político de la actual situación
inestable de América Latina: sus gobernantes se encuentran en una coyuntura
delicada pues deberán aprobar medidas de apertura económica para incentivar la
inversión, la competencia y el comercio, pero deberán de matizar estas medidas
para que tengan aceptación popular.
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(1) Frank
Privette es analista en CID-Gallup Latinoamérica
Agosto 26, 2002
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