Susan
Kaufman Purcell, Vicepresidenta, Consejo de las Américas; Santiago
Montenegro, Presidente de ANIF; doctor Eduardo Pizarro; Juan José Echavarría,
Director Ejecutivo de Fedesarrollo; amigos e invitados:
Me
complace dirigirme a este distinguido foro. Es honroso compartir la mesa con mi
buen amigo y colega, el embajador Luis Alberto Moreno. El Embajador Moreno se
ha ganado merecida fama como uno de los más efectivos diplomáticos extranjeros
en Washington en varias décadas. Me complace especialmente saber que continuará
trabajando para la Administración Uribe.
Esta es la
quinta en la serie anual de conferencias tituladas
Colombia
ante los ojos de Wall Street.
Estas conferencias se han convertido en un importante foro público sobre
nuestro compromiso común por el comercio libre y los mercados abiertos en las
Américas. Desde que llegué hace dos años, me ha impresionado la calidad y la
libertad del debate público en Colombia. El debate público nunca ha sido más
importante que ahora en la vida nacional colombiana. Agradecemos al Consejo de
las Américas, ANIF y Fedesarrollo por haber organizado esta importante
conferencia.
Al Embajador
Moreno y a mí nos han pedido que hablemos sobre las relaciones entre Colombia y
Estados Unidos. Es un buen momento para analizar la situación: dentro de dos
semanas habrá una nueva administración en Colombia. El Congreso de Estados
Unidos aprobó ayer el uso de los equipos e inteligencia del Plan Colombia para
la lucha contra el terrorismo. También ha aprobado nuevas iniciativas que van
más allá del narcotráfico, como la asistencia para la protección del oleoducto.
Antes de
comenzar, quiero reconocer los logros del Presidente Andrés Pastrana y sus
colaboradores. Nadie en este Hemisferio ha arriesgado más que Andrés Pastrana
en la búsqueda de una paz permanente. Lo hizo con firme y sincera convicción.
Es trágico que los esfuerzos de su Administración hayan sido debilitados
contínuamente por los narcoterroristas de las FARC, las AUC y el ELN.
No obstante,
los esfuerzos del Presidente Pastrana lograron demostrarle al mundo lo que los
colombianos han sabido por mucho tiempo. Que los objetivos de esos grupos son
el pueblo de Colombia y sus representantes elegidos democráticamente.
El Presidente
Pastrana también tuvo la sabiduría de trabajar con los líderes de la fuerza
pública colombiana para crear unas fuerzas armadas y una policía más
profesionales. Él inició políticas activas y cada vez más eficientes para
erradicar los cultivos ilícitos y para interceptar el narcotráfico. Así, la
Administración Pastrana empezó a debilitar las finanzas de estos grupos
terroristas.
Y, con su
equipo económico, el Presidente Pastrana deja una economía sana. A pesar de los
graves ataques de las FARC y las AUC, la economía colombiana ha logrado tres
años de crecimiento sostenido. La economía colombiana es estable y su crédito
internacional es sólido. Cuando miramos hacia otros países del Hemisferio, se
nota que éste ha sido un gran logro. Finalmente, nadie ha administrado mejor
las relaciones con Estados Unidos que el Presidente Pastrana. Por lo tanto, el
Presidente Pastrana ha dejado un pujante legado para la próxima administración.
Ahora estamos
en una época de transición entre gobiernos. El presidente electo Uribe y su
equipo comenzaron a trabajar intensamente en la transición apenas terminaron
las elecciones el 26 de mayo. No demoró en nombrar su gabinete, demostrando su
decisión de actuar rápida y efectivamente para abordar los problemas del país.
El equipo del presidente electo Uribe también ha comenzado serias e intensas
conversaciones sobre nuevas opciones para enfrentar la violencia que ha
amenazado por tanto tiempo a la democracia colombiana. Por supuesto, todavía
hay mucho por hacer. Es probable que nuestra relación con la Administración
Uribe sea más profunda, en lo que Bernard Aronson llama "un gran pacto". Esto
quiere decir que Estados Unidos está dispuesto a invertir más si los
colombianos invierten más en su propia seguridad. Es importante recordar que
Estados Unidos ya ha invertido US$2 millardos y además hemos solicitado más
fondos.
Se ha escrito
mucho sobre la necesidad de que los colombianos contribuyan más a su propia
defensa. Es comprensible que los colombianos a veces se sientan atacados cuando
los extranjeros sugerimos que los colombianos "no están dispuestos a asumir el
precio de su propia defensa". Cientos de personas de todos los niveles
socio-económicos son secuestrados mensualmente. Alcaldes y otros representantes
elegidos democráticamente sufren una campaña terrorista de asesinatos e
intimidación. Actos terroristas contra la infraestructura le representan
enormes costos al país. Y la necesidad de luchar contra el narcoterrorismo no
permite que grandes cantidades de fondos nacionales se inviertan en la
infraestructura social. Ningún observador que conozca bien a Colombia duda del
alto precio que los colombianos están pagando en sangre y riquezas debido al
conflicto.
En los últimos
meses también hemos visto a los colombianos asumir nuevos tipos de sacrificios.
El pueblo se está arriesgando en importantes actos de resistencia civil contra
los ataques violentos de las FARC por todo el país. Estos valerosos actos de
resistencia civil son muy dicientes. Nos recuerdan que no hay apoyo popular
para las FARC ni para la violencia. Estos actos también nos deben recordar que
el asunto clave para la nación no es "cuánto están pagando los colombianos por
su propia defensa" sino "cómo pueden los colombianos terminar efectivamente con
estas condiciones intolerables". Pero el pueblo colombiano únicamente se
mobilizará para ofrecer su apoyo, cuando el Estado le garantice su protección y
seguridad.
Para
proporcionar seguridad efectiva, el Estado necesitará nuevos recursos
nacionales. El número de militares activos en Colombia, como porcentaje de la
población, es muy bajo comparado con otros países en condiciones de violencia.
Las fuerzas armadas y la Policía Nacional necesitan aumentar su tamaño y su
profesionalismo. Esto puede exigir mayor utilización de la reserva y de los
militares en retiro. Y también puede hacer necesarios nuevos requisitos de
servicio militar para sus jóvenes. Colombia continuará necesitando nuevos
equipos para asegurar su capacidad aérea de respuesta al conflicto.
Un elemento
vital para aumentar el profesionalismo de la fuerza pública, será garantizar el
total respeto y la protección de los derechos humanos. Las fuerzas armadas de
Colombia han mejorado mucho al respecto. No hay duda de que la mayoría de las
violaciones de los derechos humanos es cometida por las FARC, el ELN y las AUC.
Sin embargo, a
medida que la fuerza pública es más agresiva en su defensa de la seguridad del
pueblo, debe ser aún más consciente en la protección de los derechos humanos de
sus amigos y de sus enemigos. Esto indudablemente será un gran reto a medida
que crece la fuerza pública. Pero la protección continua de los derechos
humanos es esencial para lograr el apoyo del pueblo y mantener el apoyo
internacional.
También el
porcentaje del producto interno bruto que Colombia dedica a la seguridad y a la
defensa es supremamente bajo comparado con otros países que enfrentan niveles
parecidos de violencia. Es claro que Colombia tendrá que gastar más en defensa
y seguridad. El presidente electo Uribe ya ha dicho que es necesaria una
ampliación de las fuerzas armadas y un aumento de los impuestos para ofrecerles
seguridad a los colombianos. Y gran parte del sector privado colombiano ha
apoyado ese llamado. Esto es significativo.
Pero
la seguridad no es suficiente. Colombia necesita urgentemente reformas penales
y judiciales para garantizar igualdad de acceso a la justicia. Colombia también
requiere inversión en salud, educación y vivienda de interés social. Esta
inversión social es una parte esencial del fortalecimiento de las instituciones
estatales y ayuda a crear confianza entre la población. Esa inversión también
exigirá mayores recursos financieros. Indudablemente esos fondos tendrán que
provenir de nuevos impuestos. Sin embargo, la prioridad principal es restaurar
la seguridad en el país.
Esta es una
agenda compleja. Lograrla exigirá un claro propósito, desarrollo de
prioridades, y excelente coordinación entre los muchos elementos del gobierno y
de la sociedad civil. Para tal fin, el equipo de trabajo del presidente electo
Uribe ha comenzado a diseñar una estrategia nacional de seguridad. Este es un
esfuerzo por desarrollar una declaración de principios que todos los elementos
del gobierno y de la sociedad civil colombianos puedan utilizar para enfrentar
las urgentes necesidades del país de una manera integrada, coordinada y
efectiva.
Ahora voy a
resumirles el estado actual de la política de apoyo estadounidense a Colombia y
como la ampliaremos para colaborar con esta nueva estrategia nacional.
La lucha contra
el narcotráfico siempre será de altísima prioridad en Colombia, pero dos
eventos (el once de septiembre y el final de la zona de despeje) nos han
ampliado nuestro enfoque. Las enormes cantidades de dinero generadas por el
tráfico de cocaína y heroína desde Colombia financian gran parte de las
actividades terroristas de las FARC y de las AUC. El vínculo entre el
narcotráfico y el terrorismo en Colombia es tan estrecho que hace necesario
luchar contra los dos al mismo tiempo.
Creo que todos
en Colombia conocen los principales elementos del Plan Colombia. El elemento
principal es la erradicación aérea de los cultivos de coca. Este año vamos a
erradicar más hectáreas de las que se van a sembrar. Continuaremos nuestro
apoyo antinarcóticos para los militares y la Policía. Ya han llegado la mayoría
de los 73 helicópteros para el Plan Colombia. También vamos a reiniciar el
programa de interceptación aérea en los próximos meses.
El componente
social del Plan Colombia no ha recibido mucha atención; ya sean los proyectos
financiados por nosotros, o por el gobierno colombiano. Sin embargo, sólo
nuestros proyectos, desembolsan cientos de millones de dólares para programas
de desarrollo alternativo, derechos humanos, desarrollo municipal y reforma
judicial.
Quiero reiterar
que no hay nada más importante que mejorar la situación de inseguridad. Hemos
anunciado varios programas para ayudar en este aspecto. Primero, vamos a
colaborar con la nueva administración para darle más movilidad y flexibilidad a
la fuerza pública. Esto comenzará con la Brigada Antinarcóticos en el sur y con
una nueva brigada antinarcóticos en el centro del país. También hemos propuesto
un programa para ayudar a la fuerza pública y a la Fiscalía a contrarrestar el
secuestro. Hemos solicitado al Congreso de Estados Unidos de US25 millones para
mejorar la coordinación de información al nivel nacional en Colombia.
Esperamos
empezar a aumentar el entrenamiento operativo para normalizar y mejorar el
equipo de las unidades GAULA del Ejército y de la Policía.
Estamos
planeando ofrecer apoyo adicional a la Policía Nacional para restablecer su
presencia en los sitios más aislados y amenazados de Colombia. Esperamos
recibir entre US$5 millones en fondos para iniciar la organización de unidades
de la Policía que proporcionarán mayor seguridad para la construcción y
fortificación de estaciones de policía. Consideramos este programa de
importancia trascendental porque empezará a restaurar el imperio de la ley en
sitios aislados del país. Vale la pena recordar que no había fuerza pública en
Bojayá.
El Congreso de
Estados Unidos ya aprobó US$6 millones para empezar a entrenar fuerzas armadas
para proteger el oleoducto. Ya hemos visto que un mayor patrullaje y la
presencia de la Fiscalía en Arauca han logrado mantener el oleoducto
funcionando gran parte de este año. El cierre del oleoducto significa cientos
de millones de dólares en pérdidas para Colombia; el año pasado se perdieron
US$500 millones. Pero queremos ayudar al gobierno colombiano a desarrollar una
solución permanente para proteger la infraestructura esencial. Esperamos
empezar a entrenar tropas colombianas en unas pocas semanas. Para dar
seguimiento a ese plan, la Administración Bush ha solicitado al Congreso de
Estados Unidos US$98 millones del presupuesto del año fiscal 2003 para ayudar a
entrenar y equipar unidades del Ejército y de la Policía para proteger el
oleoducto.
Como mencioné
anteriormente, ayer el Congreso autorizó el uso de los recursos del Plan
Colombia contra el terrorismo, especialmente los helicópteros y la
inteligencia. El Presidente Bush sancionará la ley en los próximos días. Esta
no es la solución mágica contra el terrorismo; simplemente no tenemos
suficiente equipo. Pero nos va a permitir mayor flexibilidad en nuestra ayuda a
los militares y la Policía.
Finalmente,
deseo mencionar que seguimos pensando que la única solución a largo plazo a los
problemas de Colombia es una paz permanente. Pero una paz permanente en
Colombia no puede ser dictada por los narcoterroristas. Continuaremos apoyando
los esfuerzos del gobierno colombiano en la búsqueda de una paz genuina, basada
en un cese del fuego y una tregua, para que pueda terminar la violencia.
Sería
imperdonable que no mencionara el ATPA ante este auditorio. Quienes trabajamos
con América Latina, así como los latinoamericanos, estamos desilusionados
porque el ATPA no ha sido aprobado. Como saben, la Ley de Preferencias
Arancelarias Andina venció en diciembre de 2001. La Administración Bush
continúa apoyando su renovación y la aprobación de una lista ampliada de
productos andinos que recibirían acceso preferencial al mercado estadounidense.
El paquete legislativo que incluye la renovación y ampliación del ATPA también
incluye varios otros asuntos de comercio internacional, lo cual ha retrasado su
debate y aprobación. Esa legislación continúa en la comisión conjunta de Senado
y Cámara.
El
Representante Comercial Robert Zoellick se reunió la semana pasada con
ministros e importantes funcionarios de los países andinos. Nuevamente subrayó
el compromiso de la Administración Bush con el ATPA y le solicitó al Congreso
tomar acción respecto al ATPA y enviársela al Presidente Bush lo antes posible.
Yo sé que el
ATPA y el comercio internacional serán los temas principales de conversación
del Representante Comercial Zoellick cuando encabece la delegación
estadounidense a la posesión del Presidente Uribe el 7 de agosto.
Indudablemente se tocarán otros temas comerciales también. El compromiso de
Estados Unidos con el mercado libre será uno de ellos. La demora del ATPA crea
inquietud aquí sobre ese compromiso. En otras partes del mundo existen
inquietudes similares por la legislación agrícola estadounidense y la
protección de la industria del acero de Estados Unidos de las prácticas
comerciales desleales.
Mi respuesta,
sencillamente, es que Estados Unidos ha tenido mercados abiertos por más tiempo
que cualquier otro país. Y así será en el futuro. La Administración Bush
continúa colaborando con el Congreso para lograr la Autorización para la
Promoción Comercial. Eso nos ayudará a adelantar nuestro objetivo de crear un
acuerdo de libre comercio de las Américas para el año 2005.
Es claro que la
economía internacional enfrentará desafíos en el año que viene. Pero creo que
tenemos razones para ser cuidadosamente optimistas porque tenemos unas bases
sólidas.
Yo sé que
Colombia tiene serios problemas económicos: la deuda, la baja inversión, el
alto desempleo. Pero, creo que cuando haya menos inseguridad habrá una
recuperación económica. Estoy convencida de que a medida que la situación de
inseguridad cambie, y los grupos armados se vean obligados a negociar, la
inversión volverá hacia Colombia y esos problemas económicos mejorarán. Si se
desarrolla un proceso de paz, aumentará la asistencia de la comunidad
internacional. Los colombianos que viven en el extranjero también volverán con
su capital, creando empleo. Todo esto depende de un clima de mayor seguridad y
de la lucha contra el narcotráfico.
Colombia tiene
unas bases sólidas para enfrentar el futuro. Y creo que tenemos razones para
ser optimistas de que los colombianos pueden enfrentar estos desafíos. Confío
en que el compromiso de Estados Unidos para ayudar a los colombianos a
enfrentar los desafíos seguirá siendo firme.
Gracias.
Bogotá, D.C.
25 de julio de 2002