Los tratadistas del
Desarrollo Organizacional han considerado como factor clave en el éxito de
las empresas tener un clima organizacional “sano”. Definiendo el clima
organizacional como un abanico de pensamientos, emociones y
comportamientos, que pueden ser positivos o negativos, que una persona
distraída que visita una empresa, percibe al interactuar con los miembros de
la estructura informal de esa compañía; es lo que verdaderamente las
personas de esa organización le hace percibir
a ese visitante distraído. Si se le inquiere a dicha persona que
informe sobre su experticia, normalmente comenzará su respuesta con algo
incierto como: “mmm…. No sé… ”. Existiendo una sensación como si existiera
algo en el ambiente de esa institución, tal vez en las comunicaciones
gestuales y verbales de los trabajadores. No están claramente definidos los
elementos que componen dicho escenario. Pero, lo que si queda claro es que
estar en ese ambiente produce sensaciones de placer o de incomodidad. En
consecuencia los estudiosos de estos escenarios afirman categóricamente que
el clima organizacional se forma,
pero un porcentaje de ellos están conscientes de qué manera ocurre, y
muy pocos tienen una posición a imaginar, y mucho menos a poner en tela de
juicio sus apreciaciones y la forma como las mismas han contribuido, en
forma anónima, personal e inconsciente en ocurrencia de tal fenómeno. Lo que
si es verdad que este clima organizacional, influye en el estado anímico de
las personas, produciendo el modernísimo término de:
“STRÉS”.
Pero, ¿Qué es el estrés? Pese al uso cada día más frecuente de
dicha connotación en el lenguaje coloquial y en casi todos los medios de
comunicación, su etimología desde el punto de vista clínico, no ha sido nada
fácil. En esta área del conocimiento se ha adoptado esta palabra del mundo de
la física, en donde se ha venido utilizando para describir la fuerza aplicada a
un metal y la reacción del mismo, trayendo como consecuencia que puede
desfigurarse y posteriormente volver a su estructura original o también a la
destrucción total. Según estas ideas y referido al concepto de salud, el
estrés significa: “el máximo de
tensión que un individuo puede soportar sin sufrir consecuencias físicas o
psicológicas. O dicho de otro modo, el estrés sería esa sensación de opresión
que parece estar a punto de asfixiar a quien lo padece”.
Esta realidad en el mundo laboral ha sido sujeto de muchas
investigaciones y estudios en los años recientes, debido a que está comprobado
que un trabajador sometido a estrés, su rendimiento en cantidad y calidad baja
considerablemente. Pero independientemente de las causas intrínsecas que
producen los escenarios laborales, éstos pueden también ocasionar estrés como
consecuencia a las necesidades insatisfechas y a los compromisos personales.
Los nuevos requerimientos del cambiante mundo organizacional reclaman mayor
número de horas de permanencia en las organizaciones, así como también cada
día es más exigente no solamente la actualización de los conocimientos, sino
también la experticia en saberlos usar y en el momento oportuno, estas
circunstancias obligan a tener menos dedicación a los asuntos personales y del
hogar. Las consecuencias de estas cada día más exigentes realidades le dan al
trabajo un sitio privilegiado frente a la familia y por supuesto, se pierde el
contacto con el grupo familiar y, hasta muchas veces no se tiene la oportunidad
de percibir el crecimiento de los hijos. En estas circunstancias muchas
personas se sienten frustradas, debido al bloqueo que puede experimentar la
conducta de una persona hacia una meta u objetivo. La frustración es un
concepto sumamente importante para el estudio de los problemas humanos en el
ámbito de las organizaciones y el diseño de acciones que conllevan a reducir
esa problemática. Es definitivamente el ambiente del mundo empleador,
particularmente la arquitectura del mismo; el factor con mayor influencia
negativa en la actuación de los trabajadores, representando la barrera más
negativa en el desarrollo personal, causante fijo de frustraciones y
consiguientes tensiones negativas –estrés-, en las empresas.
Entre los reclamos más frecuentes que se oyen en el mundo
organizacional, figuran entre otros los siguientes: laborar más tiempo del
normalmente establecido, así como también llevarse habitualmente trabajo para
los hogares; sentir manifestaciones físicas, emocionales y actitudinales de
tensión relacionadas con el trabajo, exigiendo que el tiempo de ocio se
transforme en un paréntesis para relajarse, meditar y recuperarse; suspender en
cualquier momento alguna planificación personal y/o familiar, como
consecuencias de exigencias empresariales; disponer cada día de menos tiempo
para disfrutar de la familia y del hogar y la obligación de realizar continuos
viajes fuera de su ciudad de origen y la tendencia de poder ser trasladado no
solamente de una ciudad a otra, si no también ser enviado a otras latitudes,
con culturas y valores totalmente diferentes.
Las incoherencias y disfunciones entre el mundo organizacional y
la vida familiar pueden tener consecuencias devastadoras en las interacciones
personales y producir un intenso estrés negativo, no solamente en el trabajador
implicado, sino también en el resto del grupo familiar.