|
Junto
con felicitar a El Diario por esta iniciativa que permite promover el debate
nacional en torno a los beneficios del Tratado de Libre Comercio que hemos
suscrito recientemente con Estados Unidos y cuya Ley de Implementación está
próxima a ser aprobada en ese país, quiero agradecer la invitación que me
han hecho para exponer sobre los principales alcances de este Acuerdo y
compartir, al mismo tiempo, algunas inquietudes que me surgen en relación a
los desafíos que este nuevo escenario nos impone.
La
política exterior de Chile ha experimentado en el último año un dinamismo
extraordinario, con un fuerte énfasis en el área económica-comercial. Hemos
firmado cuatro acuerdos comerciales con economías importantes y atractivas para
incentivar los flujos de bienes y servicios, además de establecer reglas claras
para potenciar inversiones y movimiento de capitales, entre otros beneficios.
La Unión Europea, los países de la Asociación Europea de Libre Comercio, la
República de Corea y Estados Unidos –con quienes suscribimos tratados en los
últimos meses- representan mercados de gran interés para Chile, pues se trata
de economías que registran un alto poder adquisitivo, lo que amplía –entre
otras cosas- las perspectivas de nuestras exportaciones y ofrece mejores
condiciones de ingreso al país a productos que beneficiarán directamente a los
consumidores nacionales a través de menores precios.
Estas
ventajas se suman a las que nos ofrecen los acuerdos que actualmente están en
vigencia y que incluyen a casi la totalidad de los países de América Latina,
además de Canadá.
El
escenario descrito forma parte de la estrategia de desarrollo que ha escogido
Chile basada principalmente en una economía abierta al mundo. La premisa
fundamental que está detrás de esta política es que la integración creciente de
la economía chilena al ámbito internacional y el fortalecimiento de su comercio
exterior es el camino para generar más posibilidades de producción, empleo y,
en definitiva, lo que significa mayores niveles de prosperidad y bienestar
para todos los chilenos y chilenas.
Cualquier
análisis respecto de beneficios esperados del TLC con Estados Unidos debe
iniciarse con un breve examen de nuestra contraparte. ¿Cuál es la carta de
presentación económica de nuestro socio?
Estados
Unidos representa cerca del 22% del PIB mundial y sus importaciones de bienes
responden por el 19% de las importaciones mundiales.
La
población de Estados Unidos asciende a 285 millones de habitantes, con un
ingreso por habitante de US $ 35.400, ocho veces el nuestro. Ello representa un
mercado equivalente a 148 veces el de Chile.
El año
pasado, los envíos de productos chilenos a Estados Unidos sumaron 3.664,7
millones de dólares, cifra que representó cerca del 21 por ciento del total de
las ventas realizadas al mundo, según estadísticas del Banco Central.
Como
vemos, nuestras ventas al mercado estadounidense son muy significativas. Al
revisar las cifras tenemos que la composición de nuestros envíos indica que
1.879,2 millones de dólares corresponde a bienes industriales; 909,9 millones
de dólares a minería; y 843,7 millones de dólares a agricultura, fruticultura,
ganadería, silvicultura, y pesca extractiva.
El
intercambio de bienes con los Estados Unidos alcanzó los US$ 6.234 millones
durante el año 2002.
Para que
nos hagamos una idea de las diferencias comerciales, apreciemos que nuestras
exportaciones totales de un año corresponden a un 72% de lo que Estados Unidos
importa en una semana.
Asimismo,
hay que considerar que para equiparar un mes de importaciones de los EE.UU.,
necesitaríamos 6 años de nuestras exportaciones a los niveles actuales.
Con este
marco, las negociaciones del TLC con Estados Unidos estuvieron guiadas por la
necesidad de mejorar las condiciones de ingreso de los productos y servicios
chilenos al mercado de ese país; así como contar con reglas claras y
permanentes para el comercio de bienes, servicios e inversiones.
Asimismo,
buscamos favorecer a los consumidores y usuarios de bienes y servicios con
origen en Estados Unidos; establecer mecanismos definidos, transparentes y
eficaces para resolver los conflictos comerciales cuando estos se produzcan; y
estimular –con ello- los flujos de comercio e inversión entre ambas Partes.
Tenemos
que considerar que el escenario sin TLC ya es favorable. Sin embargo, las
nuevas condiciones nos ofrecen mayores oportunidades, lo que permitirá
incorporar más productos que hoy no forman parte de la canasta exportadora de
Chile.
Desde ya,
según estudios de nuestra Dirección General de Relaciones Económicas
Internacionales, la expansión exportadora global inducida por el TLC entre
Chile y los EE.UU., asumiendo la plena desgravación, asciende a más de 500
millones de dólares, lo que con respecto al comercio exportador actual
representa un incremento de 15,9% y el equivalente a un 0,7% de nuestro actual
PIB.
Cabe
recordar que el aumento de las exportaciones tiene un efecto de arrastre
importante en las actividades de servicios que las apoyan, es decir:
telecomunicaciones, infraestructura portuaria, aeropuertos, transporte marítimo
y aéreo (aumento en frecuencia de rutas, nuevos destinos, más vuelos directos;
nuevos centros de operación y almacenaje, captación de demanda de fletes de
países vecinos, etc.).
Vale decir, la estimación previa es altamente conservadora y, sin duda, será
superada por el empuje de nuestros exportadores e inversionistas.
Al abordar
nuestra negociación sobre acceso a mercado debemos señalar que el primer
objetivo ha sido eliminar las barreras arancelarias al comercio de bienes,
incluyendo el escalonamiento de los impuestos aduaneros.
Por cierto
que, desde ya, hemos consolidado los beneficios del Sistema Generalizado de
Preferencias –lo que muchos sectores han señalado que este sólo hecho ya justificaba
el Acuerdo- y hemos establecido plazos de desgravación mayor para los productos
más sensibles.
También
regulamos los mecanismos de defensa comercial tales como salvaguardias, medidas
antidumping, y derechos compensatorios, y establecimos normas y estándares que
garantizan el libre comercio, otorgando un trato no discriminatorio entre
productos nacionales y extranjeros, usando normas internacionales homologables
y permitiendo la certificación en Chile de bienes exportados a Estados Unidos.
Está claro
que los beneficios del Acuerdo con Estados Unidos no se acotan a la evolución
que puedan experimentar las exportaciones chilenas. Pero hoy quiero detenerme
especialmente en este aspecto dado que me interesa destacar el efecto del
Tratado en la regionalización del país.
En
términos generales, la mayoría de los productos se desgravarán en forma
inmediata o al cuarto año de vigencia del Tratado.
El proceso
de liberalización arancelaria se completará en un período máximo de 12 años.
El Acuerdo
incluye a todos los bienes, pues no se establecieron excepciones. Todos los
aranceles y cuotas terminarán al final del período de transición.
Con ello,
un 95 por ciento de los productos chilenos exportados a Estados Unidos-es
decir, un 87 por ciento de los montos- tendrá desgravación inmediata y sólo el
1,2 por ciento en diez o doce años.
El impacto
entonces será significativo. Como hemos dicho, las cifras conservadoras de la
Direcon hablan de un incremento de más de 500 millones de dólares una vez que
esté completado el proceso de desgravación.
No
obstante, los beneficios no vienen por sí solos. Hay que trabajar arduamente
para que este incremento conlleve una expansión equilibrada de los envíos
regionales, de modo que los beneficios de un mayor flujo comercial, vale decir,
un aumento en la productividad y, por tanto, mejores posibilidades de empleo,
lleguen a todos los sectores del país y no queden centralizados en el Área
Metropolitana. Como el TLC cubre la totalidad del comercio de bienes y
servicios, los beneficios deben irradiarse para todo el territorio.
Cuando
concluyeron las negociaciones con Estados Unidos, después de catorce rondas,
dijimos que estábamos entrando a las ligas mayores, dijimos que estábamos dando
un paso hacia el desarrollo.
Hoy quiero
agregar que la única forma de avanzar hacia esas metas es logrando un adecuado
equilibrio de los efectos del Tratado. El desarrollo llegará a Chile cuando
seamos capaces de contar –entre otras cosas- con una distribución equitativa de
los beneficios del crecimiento económico, es decir, que aborde a todo el país.
En la
actualidad, poco más de tres cuartos de las exportaciones de Chile a Estados
Unidos está concentrado en sólo seis regiones: Metropolitana, Antofagasta,
Valparaíso, Libertador Bernardo O’Higgins, Bío Bío y Los Lagos, siendo la
primera de éstas la que registra mayores montos de ventas al totalizar 437,3
millones de dólares.
Ello
indica que tenemos un gran desafío en relación a equilibrar la participación
regional en la oferta exportable del país. El TLC abre nuevas oportunidades.
Identificar el potencial de cada región es una tarea prioritaria, que esta
Cancillería, a través la Dirección General de Relaciones Económicas
Internacionales –y en particular de ProChile- ha comenzado a trabajar con las
instancias públicas y privadas respectivas, pero necesitamos una mayor
participación y coordinación a nivel local.
Si
consideramos los principales productos exportados por cada región al mercado de
Estados Unidos, en el año 2001, los que representan un 32 por ciento de los
envíos totales, tendríamos un impacto inmediato o a dos años en casi todas las
regiones.
A modo de
ejemplo, podemos indicar que al considerar las ventajas del Acuerdo en el área
minera se observará un importante efecto en las Regiones de Tarapacá, de
Antofagasta, de Atacama, de Coquimbo, del Libertador Bernardo O’Higgins y de
Magallanes, por cuanto prácticamente la totalidad de los productos del sector
se desgravará el primer día de vigencia del Acuerdo.
Si nos
concentramos en las oportunidades que el TLC genera a favor del sector
frutícola, que tendrá una desgravación inmediata para el 75,3 por ciento de los
productos –equivalente en montos a más del 99 por ciento- veremos beneficios
crecientes en las Regiones de Atacama, de Coquimbo, de Valparaíso, del
Libertador Bernardo O’Higgins, del Maule, de la Araucanía, de Los Lagos y
Metropolitana.
Si
hablamos de los bienes forestales, el mayor impacto se registrará en la Región
del Bío Bío.
Las
expectativas de que los efectos se concentren en determinadas regiones depende
de la especialización de éstas y de las eventuales ventajas comparativas que
les otorgue el Tratado.
Es así
como se espera que en el caso de la Región del Libertador Bernardo O’Higgins,
se estima una expansión exportable de 73,7 millones de dólares, lo que
permitirá generar, al menos, 4.237 ocupaciones al año.
Esta sería
la Región más favorecida después de la Metropolitana, que vería aumentar sus
exportaciones en 250,6 millones de dólares, mientras que la mayor actividad
económica permitirá la creación inicial de más de 9 mil puestos de trabajo.
Como
señalé anteriormente, en la actualidad hay una alta concentración de los
embarques a Estados Unidos en la Región Metropolitana. Según las proyecciones
recién planteadas, esta tendencia continuaría. Es aquí donde quiero llamar la
atención de ustedes, pues también he dicho que las mejores perspectivas de las
distintas regiones tiene que ver con su especialización.
Tenemos,
entonces, un primer desafío que enfrentar para avanzar hacia el desarrollo:
Dadas las nuevas condiciones de competitividad, cada región debe reforzar sus
potencialidades e identificar las nuevas oportunidades que el Acuerdo ofrece,
de modo que los efectos sean tan positivos como los que podrán experimentar las
Regiones en principio más favorecidas.
De este
modo, las Regiones menos favorecidas, es decir, Aysén, La Araucanía, Atacama y
Los Lagos, que presentan un rango de impactos en sus exportaciones que va desde
0,3 millones de dólares hasta 3,3 millones de dólares, tienen la tarea
inmediata de revisar con atención las oportunidades que se les abren gracias al
nuevo vínculo que hemos establecido con Estados Unidos.
Existe una
interrelación entre regiones que también debemos atender. Un 17,5 por ciento de
los productos exportados a Estados Unidos tienen en su proceso de elaboración
a más de una región, lo que demuestra que hay efectos que involucran a
distintas zonas del país, de manera que podemos prever –si así nos lo
proponemos- una distribución más equilibrada de los beneficios del TLC.
Cada una
de estas reflexiones no puede dejar de complementarse con el efecto que el
Tratado tendrá sobre las pequeñas y medianas empresas exportadoras definidas
como aquellas unidades productivas que han realizado envíos al exterior por
montos que van entre los 50 mil dólares y 10 millones de dólares en un año.
Al
realizar este ejercicio, no debemos olvidar que las pequeñas y medianas
empresas son importantes generadoras de empleo, lo que nos obliga a poner mayor
atención a las oportunidades que genera el TLC con Estados Unidos.
Según
cifras del año 2000, en Chile existen 2.244 empresas que exportan al mercado
estadounidense y se encuentran principalmente en las Regiones Metropolitana, de
Valparaíso y del Libertador Bernardo O’Higgins. De este total, 1.415, ubicadas
en las mismas regiones, son pequeñas y medianas empresas (PYMEX), cuyos
productos se destinan a Estados Unidos.
Las PYMEX
concentran el 20 por ciento de los envíos totales de Chile a ese país, al
registrar ventas por 613 millones de dólares.
Este
sector exporta a Estados Unidos una variedad de 963 productos, cuyo origen está
principalmente en las Regiones Metropolitana, Magallanes y de Valparaíso.
Sin
embargo, existe una variedad de 2.476 productos que Chile exporta en la
actualidad, que provienen principalmente de las regiones Metropolitana, de
Antofagasta y de Tarapacá, y que no tienen como destino comercial el mercado
norteamericano.
Tenemos
entonces que los beneficios que el Tratado otorgará a estos últimos productos,
vía eliminación de aranceles, permitirán que tales bienes sean reorientados de
modo que en el futuro también formen parte de la oferta chilena a Estados
Unidos.
A modo de
ejemplo, en la Región de Tarapacá hay claros beneficios para productos
provenientes de las PYMEX, que hoy no exporta al mercado norteamericano.
Pulpos, jurel, harina de pescado, vehículos de carga útil, son algunos de los
bienes que tienen desgravación inmediata.
Si
analizamos los beneficios para la gran mayoría de los productos Pymex, los
resultados son favorables ya que prácticamente todos están en la lista de
desgravación inmediata, especialmente aquellos que ya contaban con el Sistema
Generalizado de Preferencias (SGP). Con esto, la consolidación del ingreso
libre de arancel será una realidad para muchos productos que hoy se están
exportando a Estados Unidos, a lo que se suman beneficios progresivos como la
eliminación de la tarifa aduanera de 1% para los cátodos de cobre refinados a
contar del segundo año de vigencia del Tratado.
Al cuarto
año, en tanto, se desgravarán productos como las papas, flores de capullo,
carnes de conejo, callampas, naranjas y mandarinas, almendras y nueces. En ocho
años, la desgravación total será para frambuesas congeladas espárragos, pasas,
y mosto de uvas.
Como
vemos, el TLC con Estados Unidos nos abre una puerta hacia un mundo de
oportunidades inconmensurables para desarrollar las actividades productivas del
país, con una visión nacional, en la que todas las regiones y sectores tienen
lugar.
Su
desarrollo dependerá de la consolidación de la presencia actual de estas
empresas en los flujos de exportaciones a Estados Unidos y del potencial de
otras empresas que se incorporen en el futuro.
Por el lado de EE.UU., el 90% de los productos (88,5 de los montos) importados
por Chile, tendrá una desgravación inmediata, mientras que el 4% de los
productos (1,5% de los montos) se desgravarán en los plazos máximos de 8-12
años.
Por
cierto, la desgravación de los productos estadounidenses favorece a los
consumidores nacionales, o sea a todos nosotros.
Cabe hacer
notar que Chile compró productos provenientes de los EE.UU. por un valor de US$
2.569 millones, el año pasado, lo que representó un 16% del total de nuestras
importaciones.
El impacto
estimado sobre las importaciones estadounidenses derivado del TLC es del orden
de los US$ 348 millones, lo que representa un incremento de 14% en las
importaciones originadas en los EE.UU. y de 2,2% respecto a la totalidad de las
importaciones.
El grueso
de las importaciones norteamericanas mantiene una relación complementaria antes
que directamente competitiva con la producción interna chilena.
Se estima
que la mayor parte de ellas reemplazará a productos provenientes de otros
países. Asimismo, una parte importante corresponderá a insumos especializados y
bienes de capital que no producimos, favoreciéndose la competitividad de
nuestras empresas.
De allí
que consideramos que Tratado es muy bueno no sólo porque tendremos un acceso en
mejores condiciones que las actuales, sino porque la productividad de las
empresas chilenas se verá incrementada con él, al facilitarse la adquisición
oportuna de tecnologías más modernas y a menores precios, lo que redunda en
mejores oportunidades para aumentar el valor agregado de la oferta exportable,
impulsando las exportaciones de pequeñas y medianas empresas, y reforzar la
presencia de manufacturas y de servicios calificados en las exportaciones.
Otro de
los elementos del Acuerdo que potenciará el desarrollo de las regiones
corresponde a inversiones. Basta mirar el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte o Nafta, en su sigla en inglés, para ver el impacto que tuvo el flujo
de capitales desde Estados Unidos a México, el cual casi se ha cuadruplicado en
el período 1994-2001, con una tasa de crecimiento acumulativa promedio de 21,7
por ciento al año.
En nuestro
caso, las favorables condiciones de acceso a la economía más grande del mundo y
la estabilidad de reglas contempladas en el TLC con Estados Unidos constituyen
un atractivo para las decisiones de inversión en Chile de las principales
empresas internacionales destacando las de Estados Unidos.
Desde este
punto de vista, debería crecer la participación relativa de Chile en la cartera
de proyectos de inversión en la región y entre las economías emergentes. Las
inversiones de Estados Unidos, sumadas a las de la UE, estimularán sin duda la
atracción de nuevos capitales desde otros países, al darse una potente señal de
confianza por parte de las principales economías desarrolladas.
Desde ya,
esta semana se conoció el informe de The Economist Intelligence Unit (EIU), en
el que se indica que Chile se encuentra entre los 20 destinos más atractivos
para invertir en el mundo, superando a países como España, Noruega, Corea del
Sur y a todos los de América Latina.
Chile
subió dos puestos y se ubicó 18 en el ranking que evalúa el ambiente existente
en 60 naciones para hacer negocios de aquí hasta 2007.
El mejor
puesto se debe principalmente a la apertura comercial exhibida por Chile en los
últimos años -a través de la rebaja arancelaria unilateral y los TLC- , explicó
Justine Thody, editora para América Latina del centro de estudios ligado a la
revista "The Economist", puntualizando que la firma de los acuerdos con los
Estados Unidos, Corea del Sur y la Unión Europea hace más competitivo a Chile
para acceder a mercados de relevancia, lo que gatilla un mayor interés para la
llegada de capitales.
Uno de los
aspectos más positivos de la firma del TLC con Estados Unidos se refiere a los
anuncios formulados por distintos sectores del país relacionados con las
empresas que han resuelto hacer inversiones de manera de aprovechar las
bondades de los Acuerdos.
Sectores
como el textil, minero, forestal, pesquero, agroindustrial, manufacturero y
cárneo, entre otros, han expresado públicamente su decisión de ampliarse o
crear nuevas empresas para exportar a Estados Unidos.
Un caso
concreto, sólo para ilustrar de lo que estamos hablando, se da en el área
textil y en la Región del Bío Bío, en la comuna de Tomé. En el 2002 y teniendo
a la vista la pronta suscripción del TLC entre Chile y Estados Unidos, la
compañía estadounidense Tom James decidió incursionar en la producción de
textiles para la exportación.
En una
primera instancia pensó en una asociación con la empresa Bellavista Oveja Tomé,
pero finalmente resolvió instalar una filial de su fábrica de confecciones, que
aquí se denomina "Crossville Fabric Chile SA".
Esta
fábrica directamente vinculada al TLC, es considerada como la primera empresa
de capitales norteamericanos que se instala en el país en virtud de los
beneficios que promete el Acuerdo con Estados Unidos. De hecho fue visitada por
el Presidente Lagos el 13 de diciembre del 2002 en un gesto simbólico en ese
sentido.
Crossville
desarrollará telas muy finas, que en la actualidad sólo se producen en Europa e
incorporará además una fábrica de linos, que estará abocada básicamente al área
de la decoración. Ello significa la incorporación de nuevas técnicas y
tecnologías.
Comenzó a
producir a fines de junio y el 2004 ya estará trabajando a plena capacidad con
550 empleados. La inversión total de la empresa en Tomé alcanza a 12 millones
de dólares y se ha diversificado también a un moderno centro comercial en esa
comuna.
Así como
esta importante inversión, que está revitalizando una alicaída antigua zona
industrial de nuestro país, se esperan otras en el área textil.
Son tan
auspiciosas las perspectivas –la empresa estadounidense Russell Corporation
encargará a fábricas chilenas hasta 360.000 poleras por semana– que ya hay
inversionistas brasileños interesados en asociarse con empresarios chilenos
para exportar desde Chile a EE.UU., con el fin de aprovechar las ventajas del
acuerdo.
Actualmente, de los flujos de inversión directa extranjera que salen de los
Estados Unidos al resto del mundo, Chile representa como destino sólo un 1,4
por ciento en el período 1996-2001. Sin embargo, junto a México, Brasil y
Argentina es uno de los principales receptores en América Latina.
En
particular, Estados Unidos es el principal inversor en Chile, con una
participación de 30,5 por ciento del total de la inversión materializada en el
período 1974-2002, es decir US$15.852 millones.
Se estima
que las empresas estadounidenses en Chile con mayoría de la propiedad
contabilizan un 3,9 por ciento del PIB y generan 55 mil empleos. Pero, como lo
demuestra el caso de la textil Crossville Fabric, sin perjuicio de que esta
participación en las inversiones aumente, seguramente habrá una creciente
orientación a proyectos productivos de bienes con mayor valor agregado.
Con
Estados Unidos, el objetivo de Chile en sus negociaciones fue el
establecimiento de disciplinas en cuanto a la liberalización y a la protección
de los flujos de capital entre ambos países, así como la consagración de los
principios de no discriminación en el tratamiento que se otorgue a la inversión
del otro país, en relación con la inversión nacional y la inversión de
terceros.
Por otra
parte, se espera una mejora en las inversiones en tecnologías de la información
dando a Chile un mejor respaldo para convertirse en plataforma de servicios en
este sector. Se trata de reemplazar con ello servicios que hoy se obtienen
desde Estados Unidos o en la región, para eventualmente producirlos en Chile.
Con un
efecto favorable sobre el riesgo país, mayor atracción para la inversión
extranjera y mayor competencia en el sistema financiero, se generarían mejores
condiciones para expandir la cobertura y profundidad de la oferta de crédito,
hecho que constituirá un claro aporte a las empresas exportadoras,
especialmente para las Pymes.
Quiero
destacar que las ventajas que hoy celebramos no serían posible sin el gran
esfuerzo desplegado en forma tan exitosa por el equipo de negociaciones y
nuestra Embajada en Estados Unidos, la cual complementó eficazmente el trabajo
de los primeros.
Un equipo
negociador interministerial encabezado por el Director General de Relaciones
Económicas Internacionales de la Cancillería, Osvaldo Rosales, y que incluyó a
representantes de los Ministerios de Hacienda, Economía, Agricultura, Trabajo,
Educación, Justicia, Interior, Salud, y a la Secretaría General de la
Presidencia, así como de como del Banco Central.
Este
trabajo estuvo fuertemente complementado por el sector privado que, a través
del cuarto adjunto o de la entrega de comentarios, permitió a los negociadores
conocer los intereses empresariales y laborales, así como informarles en forma
oportuna los avances de las conversaciones con Estados Unidos.
En este
sentido trabajaron la CUT, la Sofofa, la Sociedad Nacional de Agricultura,
Conapyme, Asexma, Fepach, Asoex, Aproleche, entre otros.
Esto
incide, sin duda alguna, en el hecho de contar hoy con un gran apoyo por parte
de la opinión pública. Todas las encuestas que se han realizado al respecto
indican que los niveles de apoyo al TLC van entre 75 y 80 por ciento, con un
carácter transversal que incluye a todos los grupos socieconómicos, sexo y
zonas del país. Hay grupos menores que aún exhiben cierta desconfianza,
situación que es absolutamente normal y que nos exige de un debate profundo
sobre los efectos del Tratado.
Por ello,
reitero, felicito toda iniciativa que signifique una mayor difusión de los
contenidos del Acuerdo.
Me
satisface enormemente el esfuerzo país que logramos realizar para conseguir el
Tratado. Pero, sin duda, será mayor el desafío que se requiere para sacar
provecho a las oportunidades que se nos ofrecen; y, en este sentido, tengo la
firme convicción de que debemos seguir trabajando con una visión nacional. Los
efectos del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos contribuirán a que
avancemos hacia el desarrollo, pero para ello debemos ser capaces de expandir
el impacto a todo Chile.
Por ello
quiero invitar a todos los empresarios, de la misma forma que lo estamos
haciendo con todos los chilenos y chilenas, de todas las regiones, a
identificar las potencialidades que pueden encontrar en la nueva alianza que
hemos alcanzado, nada menos que con la mayor economía del mundo.
De todos
nosotros depende que la respuesta a la pregunta que se plantea en este
encuentro “¿cuánto puede cambiar Chile con Tratado con Estados Unidos?”
sea la que han adelantado algunos sectores empresariales: el cambio puede ser
total. Las bases de un Chile distinto están asentadas. Ahora es responsabilidad
de cada uno de nosotros hacer que esta proyección sea una realidad.
Subir
Julio 27, 2003
|