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Los
cambios ocurridos que han transformado el mundo,
han sido indetenibles e inevitables, sus consecuencias se perciben
en cada momento y en todos los escenarios producidos por
el factor humano, tales como: en la arquitectura de todas las
organizaciones y/o instituciones, en los procesos manufactureros,
productivos y de servicio, en el mundo financiero y por supuesto en el
comercio. Así como también en
los esquemas y modelos
mentales, en el estilo de trabajar, de consumir y por supuesto de vivir. En
una transformación tan radical que ha venido poniendo en duda todo lo que
se había aceptado, elimina viejos esquemas, produce bases para nuevos
paradigmas y trayendo como consecuencia la formación de un nuevo tipo de
sociedad.
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La violenta rapidez
como han ocurrido los cambios comprometen cada vez más a la gente a
prepararse para asimilar las proyecciones y consecuencias del acontecer
mundial llamado: “Revolución
del Conocimiento”. Los
especialistas en formación tienen la obligación ineludible no solamente de
entender su significado, debido
que fr no asimilarlo y ponerlo en práctica quedarían rezagados de las
nuevas orientaciones que ya le están dando forma a un nuevo esquema
en esta “aldea global”. En consecuencia el nuevo líder de la
formación debe desarrollar en los momentos actuales entre otras la
competencia de prospección, tendente a
visualizar los nuevos límites y derroteros que está siguiendo la sociedad
actual en su constante transformación,
la cual exige cada vez más calidad en los productos, bienes y servicio. Y
la formación es un servicio.
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Los
procesos de formación continua no podían quedar al margen de este
contexto. Bajo estas realidades la
calidad del servicio prestado ha
adquirido un lugar decisivo en el campo de la competitividad. Siendo
significativo el enfoque de la calidad en los procesos de formación: desde
el simple control de la conformidad del
servicio final, la calidad ha pasado a la progresiva implementación de una
política de calidad total, incluyendo una garantía de calidad en todos los
servicios de entrenamiento y capacitación. Los riesgos de la falta de
calidad en dichos procesos pasan a ser objetos de un monitoreo constante.
Estos nuevos escenarios han venido reafirmando iterativamente
lo siguiente: “Hasta ayer, el interés por la calidad había sido
enfocado hacia el aspecto técnico de los productos y servicios. La nueva
toma de conciencia sobre la calidad, amplía este concepto incluyendo ahora
el aspecto del factor humano, por cuanto es la calidad de la gente y su
desempeño la que crea los productos y los servicios”. ¡La
calidad de la gente, base de cualquier otra calidad!
El
objetivo final de un sistema de formación profesional es producir: “competencias”.
Uno de los conocimientos que debe aprender a administrar el líder o
especialista en formación es el concepto de competencia, el cual contribuye
muchísimo a la calidad del proceso. Dicho concepto es: Conjunto pertinente,
reconocido y probado de las representaciones, conocimientos, capacidades y
comportamientos transferidos a propósito por una persona o un grupo a un
lugar de trabajo”, así como también debe garantizar la calidad de las
competencias como: “la capacidad de las mismas para satisfacer las
expectativas del sistema cliente de la formación”. Otra de las
experticias que debe desarrollar este líder es la calidad de la aplicación,
concebida como: “la calidad relativa a la transferencia y al
almacenamiento, en el lugar de trabajo, de lo adquirido durante la formación”.
Debiendo estimular el mantenimiento de
las competencias, interpretado como: “un conjunto de las actividades, métodos
y dispositivos consistentes en mantener una o varias competencias y su
estado inicial de adquisición”. Este mantenimiento permite evitar la
erosión y el olvido de las competencias.
Todo esto es necesario e indispensable
debido a que el servicio que se espera de la formación son las
competencias profesionales que ésta produce. Incluso antes de preguntarse
sobre las condiciones de una garantía de la calidad, conviene poner de
manifiesto cómo reconocerán los clientes (socios, prescriptotes,
participantes…) que el servicio prestado es de calidad.
Este
nuevo especialista en entrenamiento y capacitación debe internalizar que en
los sistemas de formación el cliente no es un mero consumidor pasivo. Cada
vez se solicita más su intervención, su colaboración, en los servicios
que se le proponen. Según la expresión de Alvin Toffler, está llamado
–el cliente en los procesos de formación- a desempeñar el papel de “prosumer” (consumidor-productor). Es
decir se produce: “servucción”.
En
la presente economía de servicios, caracterizada por una fuerte
terciarización de todas las
actividades productivas, el valor económico de los productos depende más
de los costes vinculados a la obtención de su resultado que a los exigidos
por su producción. Lo que el consumidor compra no es tanto el
producto en sí mismo, como su funcionamiento. El binomio producto-servicio
se hace indisociable y la parte del servicio tiende a convertirse en
preponderante. “El
consumidor compra cada vez más sistemas que funcionen y no sólo
objetos”. Este
nuevo especialista en formación debe entender que los sistemas de formación
no escapan a esta evolución. En consecuencia deben
aprender a administrar lo que se convierte en lo central, lo que
fundamenta el “valor”
de los procesos de formación profesional es su capacidad para
producir competencias que sean transferidas de forma efectiva al lugar de
trabajo. “La calidad de uso” o de la puesta
en práctica de las competencias es un componente determinante de la calidad
de la formación.
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Chichí
Páez,
Gerencia
en Acción
Correo-E:
jpaez@postgrado.uc.edu.ve
También publicado en: PymesDominicanas.Com
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Julio
22, 2002
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