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El
país se vio sorprendido por el súbito anuncio de que estaríamos abocados a
otra vuelta de tuerca del apretón fiscal, que no le da tregua a los
colombianos, que se sienten estrangulados entre la presión cada vez mayor de
los tributos y la mengua sostenida de sus ingresos. Según el Subdirector de
Planeación Nacional, el gobierno se apresta a presentarle al Congreso de la
República un proyecto de presupuesto con un saldo en rojo de $3.5 billones,
los cuales habrá que arbitrar por algún medio. Esas, ya son palabras
mayores, pero no son para espantar a nadie, pues no será esta la primera ni
la última vez en la que se somete a su consideración un presupuesto
desbalanceado, pues ello se tornó en algo rutinario, desde que el
Constituyente del 91 resolvió abandonar el principio del equilibrio
presupuestal.
El pánico cundió,
cuando el alto funcionario se apresura a decir que “…se necesita una nueva
reforma tributaria para tapar el hueco fiscal”, apenas a siete meses de haber
votado otra, y a renglón seguido desgrana otro cúmulo de medidas igualmente
desesperanzadoras para los agobiados contribuyentes: adelantar el cobro del 2%
de IVA para los bienes y servicios aún no gravados, una nueva emisión de bonos
de suscripción forzosa; mientras, por el otro lado, se plantea afectar de nuevo
las pensiones y la congelación de los sueldos de los empleados estatales.
Lo
dicho por el Subdirector de Planeación lógicamente que cayó como un baldado de
agua fría, pues varias de estas medidas se contemplaron en el Acuerdo con el
FMI como medidas de contingencia, en la eventualidad de un traspiés en el
Referendo. Ahora se nos dice que con o sin Referendo se requiere de las mismas
para tapar el “hueco” fiscal, no obstante que el gobierno se había dado por
satisfecho al término de la primera legislatura de un Congreso que por su
ductilidad y obsecuencia le mereció el calificativo de admirable.
Lo que
inicialmente se atribuyó a una ligereza de Gaviria, sería corroborado más tarde
por el propio Presidente en el Consejo Comunitario de Envigado. Esta es la peor
señal que puede estar dando al gobierno, pues mina la confianza y desalienta la
inversión al tiempo que le pone el freno de mano a la apenas incipiente
reactivación
1.
Presidente de la Sociedad Colombiana de Economistas.
[www.amylkaracosta.com]
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Julio 21, 2003
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