|
A
comienzos de septiembre próximo, representantes de los 146 países que
integran la Organización Mundial de Comercio (OMC) se reunirán en Cancún
para
decidir el curso de las negociaciones mundiales de comercio. Este
momento parece ser que la reunión destacará más las divergencias que los
acuerdos. Un observador preocupado, Jagdish Bhagwati, profesor de la
Universidad de Columbia y miembro del
Consejo de Relaciones Exteriores,
escribió hace poco en estas mismas páginas que Estados Unidos debe
responder a ese riesgo prescindiendo de los esfuerzos realizados
previamente para abrir los mercados.
Esto
debilitaría nuestra posición
ante
la OMC y sería renunciar a los beneficios que se obtendrían del
avance del comercio libre en múltiples frentes.
El renovado vigor de la administración Bush para estimular el comercio
libre
a nivel mundial, regional, y
con
países individuales ha generado un
impulso que fortalece la influencia de Estados Unidos. Es un poco
curioso
leer
las críticas que se hacen a este gobierno por negociar demasiados
acuerdos para promover
el
crecimiento económico, el desarrollo y el estado
de
derecho.
La
estrategia del presidente Bush ya ha dado resultados. Tras un período
de
ocho años, el Congreso
reinstauró la autoridad de promoción comercial
para
el ejecutivo, demostrando su compromiso
mancomunado con las nuevas
negociaciones mundiales de comercio. De manera simultánea, Estados
Unidos
ayudó
a lanzar estas negociaciones en Doha, en 2001, revirtiendo la
debacle previa de Seattle.
Y,
luego de más de quince años de
negociaciones, completamos los esfuerzos que estaban estancados
para
llevar a China y a Taiwán a la OMC, abriendo posibilidades para las
empresas y agricultores
estadounidenses.
Para Estados Unidos, así como para la Unión Europea, es crucial impulsar
la
agenda comercial y de
desarrollo de Doha. Esa es la razón por la que
Estados Unidos ha desafiado a nuestros socios de la OMC
a
visualizar esta
negociación como una oportunidad única, que se presenta una sola vez por
generación. Hemos propuesto eliminar todos los aranceles sobre productos
manufacturados para el año 2015. Para el sector agrícola, Estados Unidos
ha
propuesto eliminar los subsidios a las exportaciones, reduciendo 100
mil
millones de dólares de los subsidios internos, que distorsionan la
producción y el comercio, y
reduciendo radicalmente los aranceles a cifras
no
superiores al 25 por ciento, lo que disminuiría el
promedio de EE.UU. a
un 5
por ciento. Estados Unidos también ha presionado para que se abran
los
mercados de servicios que, según las estimaciones del Banco Mundial,
podrían agregar 900 mil millones
de
dólares al año, tan solo a las
economías en desarrollo.
Ahora que la Unión Europea ha decidido modificar su política agrícola
comunitaria, los exhortamos a
plasmar sus cambios internos en propuestas
internacionales audaces. También nos interesa que Japón
asuma
un rol de
liderazgo, ya que ha recibido tantos beneficios del sistema comercial
internacional. Para
lograr un resultado exitoso, todos los miembros de la
OMC
deben poseer un sentido de responsabilidad
mutua
con el que reconozcan
la
necesidad de proporcionar un trato especial a los más pobres y
vulnerables. Algunos argumentan que no es necesario que los países en
desarrollo reduzcan sus barreras
comerciales, aún cuando el 70 por ciento
de
los aranceles pagados por los países en desarrollo están
dirigidos a
otros
países en similares condiciones. Aún así, las barreras de los países
en
desarrollo
protegen a unos pocos privilegiados con los precios pagados
por
consumidores pobres. La influencia de la OMC se verá menguada si apoya
una
nueva "teoría de la dependencia" para el comercio, que culpe a los
países desarrollados sin que siquiera se intente una remoción gradual de
las
barreras comerciales de las
economías en desarrollo.
Entonces, ¿qué debe hacer Estados Unidos si otras naciones deciden escoger
el
proteccionismo por
sobre
el libre comercio? Con los procedimientos de
la
OMC, una nación puede bloquear el progreso.
Permitir que un sólo país
tenga
la capacidad de vetar los esfuerzos de Estados Unidos para impulsar
el
comercio libre mundial sería un error grave. Nuestra estrategia se basa
en un
concepto que cualquier
profesor de economía puede apreciar: la
competitividad. Si algunos países se esconden detrás de la falsa
seguridad
del
proteccionismo, entonces Estados Unidos trabajará con aquellos que
creen
que la
verdadera fortaleza económica se alcanza con la apertura. La
estrategia es simple, Estados Unidos
estimula la competencia en la
liberalización. A raíz de las consecuencias desastrosas del proteccionismo
en
los años treinta, el secretario de Estado norteamericano Cordell Hull
utilizó esta lógica para reducir los
aranceles e impulsar el
establecimiento de normas de comercio mundiales al negociar 32 acuerdos
bilaterales.
Esa es la razón por la cual Estados Unidos ha impulsado una cartera de
acuerdos de comercio libre
haciendo al mismo tiempo todo lo posible para
que
las negociaciones de la OMC resulten exitosas.
Nuestros acuerdos de
comercio libre alientan a los reformistas -- muchos de ellos en
democracias
frágiles-- en América Latina, África, Medio Oriente, y la
región de Asia-Pacífico. Estos socios se han
transformado en algunos de
los
principales impulsores del comercio libre en la OMC.
Los acuerdos de comercio libre de Estados Unidos abren nuevas vías;
establecen prototipos para
liberalizar áreas como los servicios, comercio
electrónico, propiedad intelectual para sociedades del
conocimiento,
transparencia en las regulaciones gubernamentales y una mejor aplicación
de
las normas
laborales y medio ambientales. Debido a las nuevas
dimensiones de la globalización, necesitamos
demostrar que las reglas
comerciales se pueden adaptar para cumplir con los nuevos requerimientos y
circunstancias. Nuestros acuerdos de comercio libre también presentan un
campo
de juego más justo
para
las empresas estadounidenses debido a que
otros, especialmente la Unión Europea, negociaron una
variedad de acuerdos
durante los años noventa, mientras que Estados Unidos se mantuvo al
margen. Los comités de la Cámara de Representantes y del Senado
considerarán esta semana la legislación para
aplicar nuestros
vanguardistas acuerdos de comercio libre con Singapur y Chile.
Nuestras negociaciones de comercio libre con América Central y la Unión
Aduanera de Africa del Sur
están
ayudando a los países en desarrollo a
beneficiarse de la integración regional y de los lazos
económicos más
estrechos con Estados Unidos. Esperamos que otros acuerdos de Estados
Unidos con, por ejemplo, Jordania, Marruecos y Bahrein, sirvan de modelo
para
sus vecinos que necesitan abrirse.
La estrategia de la administración Bush también reconoce que la
Constitución de Estados Unidos
concede al Congreso el poder de regular el
comercio. Durante la última ronda mundial de negociaciones
comerciales,
que
se extendió por siete años, cuando el ejecutivo no pudo impulsar
iniciativas de
comercio libre, los proteccionistas se deleitaron ocupando
el
vacío. En el comercio, como en la política,
no se
puede ganar sin los
necesarios instrumentos.
Durante años, grupos de estudio en el Consejo de Relaciones Exteriores han
exhortado al gobierno
estadounidense a hacer que sus políticas externa y
económica se sustenten mutuamente. Ahora cuando el presidente Bush sigue
efectivamente esa propuesta para impulsar el crecimiento y el desarrollo,
abrir
mercados para los trabajadores y los agricultores estadounidenses,
promover la libertad económica y política y construir bases económicas que
forjen lazos de seguridad más sólidos, pareciera que algunos
estudiosos
están
pidiendo el retorno a políticas comerciales parroquianas de un solo
foro.
En Cancún haremos lo mejor que podamos para mantener el curso de las
negociaciones de Doha. Pero si
otros
vacilan, la administración Bush
continuará negociando en favor del comercio libre para crear
empleo,
mantener competitivo a Estados Unidos y crear oportunidades para los
reformistas
modernizadores del mundo.
Subir
Julio 21, 2003
|