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Gracias
a todos. Muchísimas gracias por esa cálida bienvenida. Me complace volver
a estar en la Ciudad de Nueva York. La Ciudad de Nueva York es un símbolo
único de la creatividad y el carácter y la capacidad de recuperación de
los Estados Unidos. Durante los últimos 10 meses, los neoyorquinos han
mostrado a un mundo que observaba el verdadero espíritu de su ciudad, un
espíritu que respeta la pérdida, recuerda a sus héroes y sigue adelante
con determinación y con confianza.
La
gente de esta ciudad está escribiendo uno de los capítulos más grandiosos
de la historia de nuestra nación, y todos los estadounidenses están
orgullosos de Nueva York.
He
venido a la capital financiera del mundo para hablar sobre un serio problema
para nuestros mercados financieros y la confianza en la cual se respaldan.
Los delitos que se están descubriendo en algunos sectores del mundo
corporativo de Estados Unidos están amenazando el bienestar de muchos
trabajadores y muchos inversionistas. En este momento, la mayor necesidad
económica de Estados Unidos son altos estándares éticos, estándares que
se hacen cumplir por leyes estrictas y son respaldados por los dirigentes
responsables del comercio.
La
atracción de utilidades inquietantes a fines de los años 1990 dio lugar a
abusos y excesos. Con la aplicación estricta de la ley y estándares éticos
más altos, debemos iniciar una nueva era de integridad en el mundo
corporativo de Estados Unidos.
Quiero
agradecerle a Bill por su presentación. No hay como ser reciclado.
Pero gracias por invitarme. Es un honor para mí conocer a su familia
y al Tío Jack.
Agradezco
mucho que el Secretario O'Neill y el Secretario Evans viajen hoy conmigo.
Quiero agradecerles a los miembros de la delegación de Nueva York, los
Senadores Schumer y Clinton, además del Congresista Fossella y el
Congresista Rangel. Agradezco tanto al alcalde, mi amigo, el alcalde, por
estar acá para saludarme al salir del helicóptero. Gracias, señor
alcalde, y gracias por la gran labor que está realizando en Nueva York.
Es
un honor para mí que el Cardenal Egan esté acá. Y valoro tanto ver a John
Whitehead, el presidente del Lower Manhattan Development Corporation. Y
gracias a todos por venir, también.
La
economía estadounidense, nuestra economía, está basada en la confianza,
la convicción que nuestro sistema de libre empresa continuará siendo uno
de los más poderosos y más prometedores del mundo. Esa confianza está
justificada. Al fin y al cabo, la tecnología estadounidense es la más
avanzada del mundo. Nuestras universidades atraen el talento del mundo.
Nuestros trabajadores y rancheros y agricultores pueden competir con
cualquiera en el mundo. Nuestra sociedad retribuye el trabajo duro y la
ambición honesta, lo cual atrae a nuestras orillas a gente de todas partes
del mundo que comparte nuestros valores. La economía estadounidense es el
sistema más creativo y emprendedor y productivo jamás ideado.
Podemos
estar confiados porque Estados Unidos está dando todos los pasos necesarios
para combatir y ganar la guerra contra el terrorismo. Estamos reorganizando
el gobierno federal para proteger al territorio nacional. Estamos
acorralando a los terroristas que procuran crear caos. Mi compromiso, y el
compromiso de nuestro gobierno, es total. No aplacaremos hasta que los
crueles homicidas hayan sido encontrados, desorganizados y vencidos.
Podemos
estar confiados debido a los logros asombrosos de los trabajadores y
empresarios estadounidenses. A pesar de lo que pasó el año pasado, desde
la desaceleración económica hasta el ataque terrorista, la productividad
de los trabajadores ha aumentado en un 4.2 por ciento durante los últimos
cuatro trimestres. Durante el primer trimestre de 2002, la economía tuvo
una tasa de crecimiento anual que supera el seis por ciento. Aunque queda
mucho trabajo por hacer, los trabajadores estadounidenses han desafiado a
los pesimistas y han sentado las bases para una recuperación sostenida.
Estamos
confiados porque estamos procurando reformas a favor del crecimiento en
Washington, D.C. El año pasado aprobamos el mayor recorte tributario en una
generación, el cual fomentó la creación de puestos de trabajo y aumentó
el gasto de los consumidores en el momento adecuado. Para bien del
crecimiento a largo plazo, le estoy pidiendo al Congreso que haga
permanentes los recortes tributarios. Le estoy pidiendo al Congreso que se
me sume para promover el libre comercio, el cual abrirá mercados nuevos y
creará mejores puestos y estimulará la innovación. Le pido al Congreso
que colabore conmigo para aprobar un proyecto de ley de seguro contra el
terrorismo, para dar a las compañías la seguridad que necesitan para
crecer y construir. E insistiré en, y si es necesario, impondré la
disciplina en los gastos federales para que podamos cumplir con nuestras
prioridades nacionales sin socavar nuestra economía.
Tenemos
mucho por lo cual estar confiados en los Estados Unidos. Sin embargo,
nuestra economía y nuestro país necesitan un tipo adicional de confianza,
la confianza en el carácter y la conducta de todos nuestros dirigentes del
comercio. La economía estadounidense está de subida actualmente, mientras
que la fe en la integridad fundamental de los dirigentes estadounidenses del
comercio está siendo menoscabada. Casi todas las semanas traen noticias
mejores sobre la economía y el descubrimiento de fraudes y escándalos,
problemas que se iniciaron hace mucho tiempo pero que están saliendo a la
luz ahora.
Nos
hemos enterado de algunos dirigentes del comercio que obstruyen la justicia
y engañan a los clientes, falsifican documentos, ejecutivos del comercio
que abusan de la confianza y del poder. Nos hemos enterado de funcionarios
ejecutivos principales que ganan miles de millones de dólares en bonos
justo antes que sus empresas quiebren, dejando que los empleados y los
jubilados y los inversionistas sufran. Las páginas de negocios de los
diarios estadounidenses no deberían lucir como las páginas de escándalos.
La
gran mayoría de los hombres y mujeres de negocios son honestos. Tratan bien
a sus empleados y a sus accionistas. No toman atajos éticos y su trabajo
ayuda a crear una economía que es la envidia del mundo.
Sin
embargo, los actos muy publicitados de decepción han debilitado la
confianza de la gente. Demasiadas corporaciones parecen estar disociadas de
los valores de nuestro país. Estos escándalos han dañado la reputación
de muchas empresas buenas y honestas. Han perjudicado a la bolsa. Y lo peor
de todo, están perjudicando a millones de personas que dependen de la
integridad de los negocios para su sustento y su jubilación, para su
tranquilidad de espíritu y su bienestar económico.
Cuando
los abusos como este comienzan a aflorar en el mundo corporativo, es hora de
reafirmar los principios y las reglas básicas que hacen que el capitalismo
funcione: cuentas honestas y personas honestas, y leyes contra el fraude y
la corrupción bien aplicadas.
Toda
inversión es un acto de fe y la fe se logra con la integridad. A la larga,
no existe capitalismo sin conciencia; no existe riqueza sin carácter.
Y
entonces, hoy nuevamente hago un llamado a una nueva ética de
responsabilidad personal en la comunidad del comercio; una ética que
aumente la confianza de los consumidores, haga que los empleados estén
orgullosos de sus compañías y nuevamente recobre la confianza del pueblo
estadounidense.
Los
dirigentes del comercio más respetados del país, entre ellos muchos
reunidos hoy acá, toman esta ética muy en serio. La Business Roundtable,
la New York Stock Exchange, el NASDAQ han propuesto todos directrices para
mejorar la conducta y la transparencia corporativa. Éstas incluyen
requisitos que miembros independientes conformen la mayoría del directorio
de una empresa; que todos los miembros de los comités de auditoría,
nominación y compensación sean independientes; y que todos los planes de
opción de compra de acciones sean aprobados por los accionistas. Hago un
llamado a las bolsas de valores a que adopten estas reformas sensatas, estas
reformas de sentido común, tan pronto como sea posible.
La
auto-regulación es importante, pero no es suficiente. El gobierno no puede
remover los riesgos de las inversiones, lo sé, o la oportunidad del
mercado. Pero el gobierno puede hacer más para promover la transparencia y
asegurarse que los riesgos sean justos. Y el gobierno puede asegurar que
aquellos que violen la confianza del pueblo estadounidense serán
castigados.
Reformas
audaces y detenidamente consideradas deben exigir la integridad sin
entorpecer la innovación ni el crecimiento económico. Desde las leyes
antimonopolistas del Siglo XIX hasta las reformas de ahorros y préstamos de
épocas recientes, Estados Unidos ha afrontado los problemas financieros
cuando han surgido. Estas medidas que estoy proponiendo siguen esta tradición
y deben ser acogidas por toda compañía honesta en los Estados Unidos.
Primero,
emplearemos toda la fuerza de la ley para exponer y arrancar de raíz la
corrupción. Mi gobierno hará todo en su poder para poner fin a los días
de falsificar las cuentas, distorsionar la verdad y violar nuestras leyes.
Hoy,
por decreto presidencial, creo un nuevo Corporate Fraud Task Force
(Destacamento de Fraude Corporativo), encabezado por el Procurador General
Adjunto, el cual tendrá como blanco los fraudes importantes de contabilidad
y otras actividades criminales en las finanzas corporativas. El destacamento
operará como una fuerza especial de crímenes financieros, la cual
supervisará la investigación de embaucadores corporativos y hará que
rindan cuentas.
También
estoy proponiendo nuevas y duras sanciones penales para el fraude
corporativo. Esta ley duplicará de cinco a 10 años las sentencias máximas
para aquellos declarados culpables de crímenes financieros. Defraudar a los
inversionistas es un delito serio y el castigo debe ser tan serio como el
crimen. Le pido al Congreso que refuerce la habilidad de los investigadores
de la SEC para que congelen temporalmente los pagos indebidos a ejecutivos
corporativos y que apruebe leyes más estrictas para prevenir la destrucción
de documentos corporativos para esconder crímenes.
En
segundo lugar, estamos sacando la contabilidad corporativa de las tinieblas
para que el público inversionista tenga una noción verdadera y justa y
puntual de los activos y los pasivos de las compañías que se cotizan en la
bolsa. La mayor transparencia expondrá a las compañías malas y, tan
importantemente, protegerá la reputación de las buenas.
Para
exponer la corrupción corporativa, hace cuatro meses le pedí al Congreso
fondos para colocar 100 nuevos agentes del orden en la SEC. Y hago un
llamado al Congreso para que tome medidas rápidas sobre esta solicitud. Hoy
anuncio que mi gobierno le está pidiendo al Congreso $100 millones
adicionales durante el próximo año para darle a la SEC los agentes y la
tecnología que necesita para hacer cumplir la ley. Si hay más escándalos
escondidos en el mundo corporativo de Estados Unidos, debemos encontrarlos y
exponerlos, para que podamos comenzar a recobrar la confianza de nuestro
pueblo y el ímpetu de nuestros mercados.
También
he propuesto un Accountability Plan for American Business (Plan de
Responsabilidad para los Negocios Estadounidenses) de diez puntos, concebido
para brindar mejor información a los accionistas, designarles
responsabilidades precisas a los funcionarios corporativos y desarrollar un
sistema de auditoría más poderoso e independiente. Este plan se asegura
que la SEC tome medidas enérgicas y afirmativas.
Los
funcionarios corporativos que se beneficien de falsos informes contables
deben perder el derecho a todo el dinero ganado por medio del fraude. Un
ejecutivo cuya compensación está ligada al rendimiento de su compañía
gana más dinero cuando le va bien a la compañía. Eso está bien y eso es
justo cuando la contabilidad es legítima. Sin embargo, cuando la compañía
usa la decepción, la decepción en la contabilidad para esconder la
realidad, los ejecutivos deben perder toda su compensación, toda su
compensación, adquirida por medio del engaño.
A
los dirigentes corporativos que abusen de la confianza del público nunca se
les debe otorgar esa confianza nuevamente. La SEC debería poder castigar a
los dirigentes corporativos que han abusado de su poder al prohibirles de
poder desempeñarse nuevamente como funcionarios corporativos o miembros del
directorio de una corporación cotizada en la bolsa. Si un ejecutivo es
culpable de fraude categórico, su renuncia no es suficiente. Sólo una
prohibición de ocupar altos puestos en otra compañía puede proteger a los
otros accionistas y empleados.
Mi
plan de responsabilidad también requiere que los funcionarios ejecutivos
principales garanticen personalmente los balances anuales de sus firmas.
Actualmente, un funcionario ejecutivo principal firma un certificado nominal
y lo hace simplemente en nombre de la compañía. En el futuro, la firma de
un funcionario ejecutivo principal también debe ser su certificación
personal de la veracidad y equidad de las declaraciones de situación
financiera. Cuando uno firme una declaración, dará su palabra y deberá
cumplir con ella.
Y
ya que los accionistas de los Estados Unidos necesitan tener confianza en
las declaraciones de situación financiera inmediatamente, la SEC ha
ordenado que los dirigentes de casi mil compañías públicas grandes
certifiquen que la información financiera que presentaron durante el año
pasado buena y fue exacta.
También
he hecho un llamado para que la SEC adopte reglas nuevas para garantizar que
los auditores sean independientes y no estén comprometidos por conflictos
de intereses.
La
Cámara de Representantes ha aprobado una ley necesaria para fomentar la
transparencia y la responsabilidad en los negocios estadounidenses. El
Senado también necesita tomar medidas rápidas y responsables para que
pueda promulgar una buena ley.
En
tercer lugar, mi gobierno protegerá los intereses de los pequeños
inversionistas y los titulares de pensiones. Más de 80 millones de
estadounidenses son dueños de acciones y muchos de ellos son nuevos en el
mercado. Comprar acciones les da una oportunidad de acumular riqueza a largo
plazo y este es el tipo de inversión responsable que debemos promover en
los Estados Unidos. Para promover la propiedad de acciones, debemos
asegurarnos que los analistas den consejos honestos y que los planes de
pensiones traten justamente a los trabajadores.
Los
analistas de valores deben ser consejeros fiables, no vendedores con
intenciones encubiertas. Debemos prevenir que los analistas promuevan a
compañías malas porque resultan ser clientes de su propia firma para
consejos sobre emisiones de seguros o fusiones. Este es un conflicto total
de intereses y haremos cumplir enérgicamente las nuevas reglas de SEC
contra esta práctica, reglas que entran en vigor hoy.
Y
las bolsas deben asegurarse que los analistas asesores den y los términos
que utilicen tengan un significado real para los inversionistas.
"Compre" no debería ser la única palabra del vocabulario de un
analista. Y nunca debería decir "retenga" cuando en realidad
quieren decir "venda".
Los
pequeños inversionistas tampoco deberían tener todo en su contra cuando se
trata de administrar sus propios fondos para la jubilación. Mi propuesta de
reforma de pensiones trataría a los ejecutivos corporativos igual que los
trabajadores durante los llamados periodos de bloque cuando se prohíbe que
los empleados realicen transacciones en sus cuentas. Lo que es justo para
los trabajadores es justo para los jefes.
Mi
propuesta de reformas da a los trabajadores información trimestral sobre
sus inversiones. Da a los trabajadores más acceso a asesoría sólida sobre
inversiones y les permite diversificar las acciones de la compañía. La Cámara
de Representantes ha aprobado estas medidas; urjo al Senado a que haga lo
mismo.
Las
leyes y regulaciones más estrictas serán de ayuda, serán de ayuda.
Sin
embargo, al fin de cuentas, la ética del comercio estadounidense depende de
la conciencia de los dirigentes del comercio de Estados Unidos. Necesitamos
hombres y mujeres de buen carácter, quienes conozcan la diferencia entre la
ambición y la avaricia destructiva, entre los riesgos justificados y la
irresponsabilidad, entre la iniciativa y el fraude.
Nuestras
facultades de administración de empresas deben ser maestros con principios
sobre lo correcto y lo incorrecto, y no deben sucumbir a la confusión moral
ni al relativismo. Nuestros dirigentes del comercio deben sentar
expectativas altas y claras de conducta, demostradas por su propia conducta.
Los dirigentes responsables del comercio no deben abandonar el barco durante
épocas difíciles.
Los
líderes responsables no cobran inmensos bonos cuando baja dramáticamente
el valor de la compañía. Los dirigentes responsables no llevan a casa
miles de millones de dólares en compensación mientras sus compañías se
preparan a declararse en bancarrota, arrasando con las tenencias de los
inversionistas.
Todos
dentro de una compañía deben cumplir con altos estándares. Pero la carga
de la responsabilidad pertenece correctamente al funcionario ejecutivo
principal. Los CEOs dictan el curso ético de sus compañías. Dictan el
tono moral por las decisiones que toman, el respeto que les muestran a sus
empleados y su avenencia a rendir cuentas por sus acciones. Dictan el tono
moral al mostrar su desaprobación de otros ejecutivos que desacreditan al
mundo de los negocios.
Y
una de las maneras principales que los CEOs dictan el tono ético es por
medio de su compensación. Los términos de su sueldo envían un mensaje
claro sobre si un líder comercial está dedicado al trabajo en equipo o al
enriquecimiento personal. Indican a uno si su objetivo principal es la
creación de riqueza para los accionistas o la acumulación de riqueza para
sí mismo.
Actualmente
la SEC requiere una declaración anual de la compensación del CEO. Pero
esta información a menudo está enterrada en un largo poder notarial de
accionistas y rara vez vista, rara vez vista, por los accionistas. Desafío
a todos los funcionarios ejecutivos principales en los Estados Unidos a que
describan en el informe anual de sus compañías, de manera prominente, en
lenguaje sencillo, los detalles sobre sus términos de compensación,
incluso salario y bonos y beneficios.
Y
el CEO, en ese informe, también debe explicar por qué sus términos de
compensación son en el interés de la compañía a la que presta servicios.
Aquellos
que ocupan cargos en los directorios corporativos tienen responsabilidades.
Urjo a los miembros de directorios que revisen la calidad de los balances de
sus compañías; a que hagan preguntas difíciles sobre los métodos de
contabilidad; a que exijan que las firmas de auditoría no tengan
obligaciones con el CEO; y a que se aseguren que la compensación a los
ejecutivos principales esté de acuerdo con la realidad y el sentido común.
Y desafío a los comités de compensación a que pongan fin a todos los préstamos
por la empresa a los funcionarios corporativos.
Los
accionistas también necesitan dejarse oír. Deberían exigir un directorio
atento y activo. Deberían exigir miembros del directorio realmente
independientes. También deberían exigir que los comités de compensación
retribuyan el éxito a largo plazo, no el fracaso. Los accionistas deben
exigir que se rindan cuentas no sólo durante las malas épocas, sino
especialmente durante las épocas de bonanza, cuando la contabilidad falla a
menudo. Los accionistas conforman el grupo más importante de una compañía
y deberían actuar como tal.
Los
años 1990 fueron una década de tremendo crecimiento económico. Como nos
estamos enterando ahora, también fue una década durante la cual la promesa
de utilidades rápidas permitió que las semillas del escándalo brotaran
repentinamente. Se ganó muchísimo dinero, pero demasiado a menudo se
pusieron los estándares de lado. Sin embargo, el sistema empresarial
estadounidense no nos ha fallado. Algunas personas deshonestas le han
fallado a nuestro sistema. Ahora viene la urgente labor de hacer cumplir la
ley y reformar, impulsada por una nueva ética de responsabilidad.
Aún
mostramos que los mercados pueden ser tanto dinámicos como honestos, que la
riqueza y la prosperidad perdurable se forjan sobre la base de la
integridad. Al reafirmar los mejores valores de nuestro país, reclamaremos
la promesa de nuestra economía.
Los líderes en esta sala le dan una brújula
ética al sistema de libre empresa y la nación los respeta por ello.
Necesitamos esa influencia ahora más que nunca. Quiero agradecerles por
ayudar a restaurar la confianza de la gente en el comercio estadounidense.
Quiero agradecerles por su amor por el país. Y quiero agradecerles por
darme la oportunidad de venir y dirigirme a ustedes hoy. Que Dios los
bendiga a todos.
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Julio
16, 2002
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