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Señores
Jefes de Estado y de Gobierno;
Señores gobernadores de los Estados Unidos Mexicanos;
Señores ministros;
Señores comisionados;
Señora alcaldesa;
Señores empresarios;
Señor director del Banco de Comercio Exterior;
Amigas y amigos todos:
Muchas
gracias por darme la oportunidad de poder decir unas palabras vinculadas al
tema de esta importante reunión que convoca hoy a los Jefes de Estado y de
Gobierno de México y Centroamérica.
Hace pocos años el Banco publicó un libro sobre la historia económica de
América Latina en el siglo XX y lo hizo una historiadora seguramente
conocida por muchos de ustedes: Rosemary Thorp de Oxford, quien recoge anécdotas,
entre otras, la anécdota qué hubiera pasado si hace un siglo alguna
persona hubiera pedido --decía él-- una cerveza aquí en Mérida,
seguramente no vendría del interior de México, vendría de alguna otra
parte porque las comunicaciones en la época eran mucho más fáciles,
vinculándonos con Cuba, con Estados Unidos, que con el interior simplemente
no había medios de comunicación.
Y esto no es una característica singular de esta península, llega también
en otros países, incluyendo los países más pequeños, como mi propio país,
el Uruguay, hace un siglo las comunicaciones en ese pequeño país eran
también muy difíciles y Montevideo estaba mucho más integrado con Buenos
Aires que con El Artilla que está en el norte del país.
Imaginen que estas realidades, que eran así hace apenas un siglo. Los
avances (falla de audio) de la estructura del transporte y las
comunicaciones han sido realmente impresionantes, sumados al desarrollo de
instituciones nacionales que permitieron, poco a poco, que estos archipiélagos,
que eran los países de economías locales, se fueran entrelazando
progresivamente.
Y así llegamos hasta nuevos días donde hay nuevas tecnologías, una
renovada voluntad de integración, creo que el (inaudible) ir avanzando
mucho más en este campo.
Y este proyecto del Plan Puebla-Panamá es precisamente eso, es un mundo
donde ciertamente no abundan las buenas noticias en los últimos tiempos.
Los ocho países participantes en esta gesta, todos ustedes, están dando un
ejemplo de cordura y de madurez al emprender estos esfuerzos conjuntos para
superar viejos escollos que muchas veces han limitado el progreso económico
y social de Mesoamérica.
Esta visión compartida, como ayer dejaron muy en claro el Presidente Fox y
el Presidente Bolaños, para forjar una región moderna, una región abierta
al mundo y abocada al desarrollo sostenible, no ha pasado tampoco
desapercibida en el resto del mundo. Y no debe ser un hecho que deba ser
ignorado, es que Centroamérica, que tiene una meta clara en cuanto a su
integración hacia una nueva manera este año, ha conseguido hacerse lugar
en las agendas de las políticas comerciales de los Estados Unidos y de la
Unión Europea, una agenda que México ha seguido con reconocido éxito en
los últimos años.
Yo creo que en un futuro cercano, que esperamos sea más pronto que tarde,
los Acuerdos de Libre Comercio reafirmarán la importancia estratégica de
esta región como una plataforma de exportaciones para acceder a los grandes
mercados del mundo y del Hemisferio.
Con las ventajas que brinda este tipo de Tratados yo creo que se van a abrir
otros horizontes para los pueblos mesoamericanos en términos de inversiones
de largo plazo, de transferencia de tecnología, de nuevas fuentes de empleo
y oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida.
En este contexto, el Plan Puebla-Panamá representa una herramienta ideal
para acometer la tarea colectiva de preparar a la región para enfrentar los
desafíos de la globalización y al mismo tiempo, propicia un foro de
cooperación para la búsqueda de soluciones prácticas a problemas sociales
y ambientales, que son compartidos por todos los países.
En efecto, preocupa hoy a vastos sectores de la sociedad los efectos nocivos
que puede provocar sobre nuestros pueblos --sobre nuestras culturas y sobre
nuestras economías-- la globalización, la globalización asimétrica que
hoy prevalece en el mundo y en las relaciones internacionales.
Yo creo que tienen razón en preocuparse porque estos efectos nocivos
potenciales están presentes, como también están presentes las grandes
oportunidades que presenta el fenómeno de la globalización. Oportunidades,
pero también amenazas.
uchas
gracias por darme la oportunidad de poder decir unas palabras vinculadas al
tema de esta importante reunión que convoca hoy a los Jefes de Estado y de
Gobierno de México y Centroamérica.
Hace pocos años el Banco publicó un libro sobre la historia económica de
América Latina en el siglo XX y lo hizo una historiadora seguramente
conocida por muchos de ustedes: Rosemary Thorp de Oxford, quien recoge anécdotas,
entre otras, la anécdota qué hubiera pasado si hace un siglo alguna
persona hubiera pedido --decía él-- una cerveza aquí en Mérida,
seguramente no vendría del interior de México, vendría de alguna otra
parte porque las comunicaciones en la época eran mucho más fáciles,
vinculándonos con Cuba, con Estados Unidos, que con el interior simplemente
no había medios de comunicación.
Y esto no es una característica singular de esta península, llega también
en otros países, incluyendo los países más pequeños, como mi propio país,
el Uruguay, hace un siglo las comunicaciones en ese pequeño país eran
también muy difíciles y Montevideo estaba mucho más integrado con Buenos
Aires que con El Artilla que está en el norte del país.
Imaginen que estas realidades, que eran así hace apenas un siglo. Los
avances (falla de audio) de la estructura del transporte y las
comunicaciones han sido realmente impresionantes, sumados al desarrollo de
instituciones nacionales que permitieron, poco a poco, que estos archipiélagos,
que eran los países de economías locales, se fueran entrelazando
progresivamente.
Y así llegamos hasta nuevos días donde hay nuevas tecnologías, una
renovada voluntad de integración, creo que el (inaudible) ir avanzando
mucho más en este campo.
Y este proyecto del Plan Puebla-Panamá es precisamente eso, es un mundo
donde ciertamente no abundan las buenas noticias en los últimos tiempos.
Los ocho países participantes en esta gesta, todos ustedes, están dando un
ejemplo de cordura y de madurez al emprender estos esfuerzos conjuntos para
superar viejos escollos que muchas veces han limitado el progreso económico
y social de Mesoamérica.
Esta visión compartida, como ayer dejaron muy en claro el Presidente Fox y
el Presidente Bolaños, para forjar una región moderna, una región abierta
al mundo y abocada al desarrollo sostenible, no ha pasado tampoco
desapercibida en el resto del mundo. Y no debe ser un hecho que deba ser
ignorado, es que Centroamérica, que tiene una meta clara en cuanto a su
integración hacia una nueva manera este año, ha conseguido hacerse lugar
en las agendas de las políticas comerciales de los Estados Unidos y de la
Unión Europea, una agenda que México ha seguido con reconocido éxito en
los últimos años.
Yo creo que en un futuro cercano, que esperamos sea más pronto que tarde,
los Acuerdos de Libre Comercio reafirmarán la importancia estratégica de
esta región como una plataforma de exportaciones para acceder a los grandes
mercados del mundo y del Hemisferio.
Con las ventajas que brinda este tipo de Tratados yo creo que se van a abrir
otros horizontes para los pueblos mesoamericanos en términos de inversiones
de largo plazo, de transferencia de tecnología, de nuevas fuentes de empleo
y oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida.
En este contexto, el Plan Puebla-Panamá representa una herramienta ideal
para acometer la tarea colectiva de preparar a la región para enfrentar los
desafíos de la globalización y al mismo tiempo, propicia un foro de
cooperación para la búsqueda de soluciones prácticas a problemas sociales
y ambientales, que son compartidos por todos los países.
En efecto, preocupa hoy a vastos sectores de la sociedad los efectos nocivos
que puede provocar sobre nuestros pueblos --sobre nuestras culturas y sobre
nuestras economías-- la globalización, la globalización asimétrica que
hoy prevalece en el mundo y en las relaciones internacionales.
Yo creo que tienen razón en preocuparse porque estos efectos nocivos
potenciales están presentes, como también están presentes las grandes
oportunidades que presenta el fenómeno de la globalización. Oportunidades,
pero también amenazas.
¿Y cómo
hacemos para maximizar las ventajas y minimizar las amenazas?
Bueno, ciertamente que no es aislándonos en un mundo cada vez más
interconectado, de cuyas fuerzas dinámicas no puede escapar ninguna nación
del mundo, más grande o más pequeña.
Yo creo que generar defensas y la primera --sin duda la gran defensa-- es
manejar bien internamente las economías, con buenas políticas macroeconómicas,
serias y responsables y buenas políticas sociales. La segunda es fortalecer
la integración entre nosotros mismos.
¿Qué
es lo que hizo Europa?
Que está defendida y blindada frente a las grandes corrientes de las
turbulencias internacionales.
Yo creo que fortalecer la cooperación regional es abrir puertas a crear
oportunidades dentro de nuestra propia región, pero al mismo tiempo blindar
nuestras economías frente a las turbulencias que nos llegan del mercado
internacional.
Por eso es que creo que es importante reiterar estas convicciones que yo
tengo personalmente en la integración --que lo tengo a lo largo de toda mi
vida-- en donde he pensado siempre que si la integración siempre fue un
objetivo en el pasado, hoy es un imperativo, hoy es un destino.
Entonces,
tenemos que fortalecer la integración y la cooperación regional para ser
mejores hacia adentro y mejores hacia afuera.
¿Qué
se ha conseguido en este primer año desde el lanzamiento del Plan?
Yo creo que tal vez, el primer logro haya sido la consolidación de un
Mecanismo de Consulta y de Coordinación Política que permita a los países
tomar decisiones rápidas sobre proyectos regionales y ejecutarlos.
Para quienes ya tenemos una larga vida en este tema del desarrollo, este
tipo de institución, de coordinación es muy importante.
¿Cuántas veces hemos visto excelentes iniciativas estancadas, por la
ausencia de consensos, la falta de visión de largo plazo o a veces la
renuencia de dejar atrás suspicacias estériles que aún persisten entre
nosotros?
Yo creo que con este Plan, los países mesoamericanos demuestran al mundo su
empeño por conseguir --a paso acelerado-- niveles de integración que otras
regiones tardaron mucho en alcanzar.
A nuestro entender, este Mecanismo de Consulta y Coordinación Política
--que deberá reforzarse para incorporar a otros sectores de la vida política,
económica y social de la región-- es en donde está realmente la capacidad
que tiene Mesoamérica de lanzarse a programas importantes y sólidos de
cooperación.
Yo creo que hay que felicitar --en este sentido-- a los comisionados
presidenciales, por la excelente labor que han hecho de poder llevar
adelante esta iniciativa y poner, en el plazo de un año, tantas cosas en la
mesa como logros concretos.
La fuerza catalítica del Plan, que ha sido una de sus grandes virtudes,
propició --por ejemplo-- los acuerdos necesarios para la aprobación de un
nuevo esquema financiero para el Sistema de Interconexión Eléctrica para
los países de América Central. Un proyecto que fue concebido hace más de
tres décadas.
Yo recordaba ayer a los empresarios que cuando llegué a CEPAL en el año 72
y visité la oficina de CEPAL en México, el primer proyecto que teníamos
arriba de la mesa era la integración energética centroamericana. Abril de
1972.
Bueno, finalmente tomamos un tiempito, pero en 30 años llegamos, ¿no?
Bueno. Yo creo que es el primer logro que ha hecho este Programa.
Y es interesante porque en este caso, la limitación no era la falta de
recursos, nunca lo fue. De hecho, hacía ya varios años que el BID y el
Gobierno de España habían comprometido financiamiento por más de 240
millones de dólares que estaban a disposición.
Fue el empuje del Plan Puebla-Panamá que pudo cristalizar el consenso
regional para llevar adelante este proyecto, que a su vez va a atraer
recursos del sector privado. Porque este proyecto, ésta gran carretera de
transmisión energética va a permitir que durante los próximos años, en
una década, se hagan posible inversiones anuales de 700 millones de dólares
en plantas energéticas para atender la creciente demanda de energía de
toda esta región.
Bajo el CSUCA se va a construir una línea de transmisión de mil 830 kilómetros
que vinculará a los sistemas nacionales de Panamá, Costa Rica, Nicaragua,
Honduras, El Salvador y Guatemala, y este sistema se va a conectar con
Belice y México, complementando así, la integración mesoamericana.
Este proceso, además de constituir una red regional más confiable que
superará las limitaciones de los mercados pequeños y aislados y hará
posible, entre otras, cosas extenderse frente a las crisis, que muchas veces
las secas y las inundaciones provocan dificultades en estos países en
materia de abastecimiento energético y, sobre todo, va a reducir los costos
de la energía en la región para mejorar la competitividad y, al mismo,
facilitar a servicios eléctricos más y más llegando a más y más
familias.
Con el mismo espíritu se ha avanzado en este primer año en la iniciativa
de integración vial del Plan. Durante esta reunión en Mérida, los Jefes
de Estado y de Gobierno van a firmar un memorándum de entendimiento, que va
a definir el marco legal, institucional, regulatorio y ordenativo para la
Red Internacional de Carreteras Mesoamericana, lo que acabo de llamar el
RICAM.
El documento incluye la propuesta de corredores viales de integración
acordados por los ministerios de Transporte y Obras Públicas y los
comisionados del Plan, y que detalla el informe de avance de tareas que
vamos a poner a disposición de los Jefes de Estado en el día de hoy.
Esta Red de corredores prioritarios de casi 9 mil kilómetros de longitud y
con un costo aproximado de unos 3 mil 500 millones de dólares, refleja otro
aspecto del Plan Mesoamericano, no sólo busca vincular a los ocho países
mediante carreteras más transitables y seguras, sino que se apoyen
criterios de racionalidad y prudencia fiscal. No sería bueno insistir en
estos planes sobre la base de recursos que pudieran, de alguna manera, poner
en peligro la solidez fiscal y financiera de los países.
Casi todo el sistema vial se apoya en mejorar carreteras existentes, un
factor que permitirá ahorrar tiempo, recursos e impactos ambientales; pero,
es muy importante como parte del financiamiento que se van abrir
oportunidades para que algunos tramos puedan ser concesionados, y se está
estimando en esta primera etapa, algo así como más de mil millones de dólares
posibles en costo de obras, que podrían ser financiadas por el sector
privado. Y esperamos que esta reunión abra el apetito no solamente de este
estupendo desayuno, sino también de hacer buenas inversiones de aquí los
empresarios que nos acompañan en la mañana de hoy.
Y a eso se va a agregar, por supuesto, los recursos de este consorcio de
instituciones que integramos y acompañamos por el Banco Mundial, el Banco
Centroamericano, la CAF y, por supuesto, esperamos también la cooperación
bilateral como quedó ayer de manifiesto con las presentaciones de los
organismos de cooperación de Japón y del Reino Unido.
Yo creo, sin embargo, y le repito algo que dijimos ayer: que poco serviría
mejorar carreteras si no se superan otros obstáculos a la creación del
transporte, para tener un transporte integrado y eficiente.
Por esto, es que la integración vial se va a complementar con la iniciativa
de facilitar el intercambio comercial y el aumento de la competitividad.
Hay proyectos para modernizar aduanas y pasos fronterizos en puntos clave de
la Red Mesoamericana. Hay proyectos para modernizar normas que regulen el
comercio, el transporte de mercaderías, medidas de seguridad zoosanitarias
y fitosanitarias, el BID está financiando estos proyectos que están en las
etapas finales de diseño.
Mediante estas iniciativas, la región mesoamericana quedará dotada de una
infraestructura vial que le permitirá --como decía-- reducir los costos de
transporte y aumentar la competitividad, y por esa vía aumentar el comercio
regional y al resto del mundo.
Acaso
podría preguntarse: ¿por qué éste rápido progreso de la iniciativa del
Plan en el campo de la infraestructura en este primer año?
La explicación es muy simple, porque estas iniciativas se deben y se
aceleraron en parte, porque había muchas propuestas acumuladas en el pasado
de larga data que nunca llegaban a concretarse, y el factor catalítico del
Plan permitió concretarlas.
Esa es la explicación de por qué ha habido en esta primera etapa una
presencia muy fuerte de la infraestructura física en el desarrollo del
Plan.
Pero la propuesta mesoamericana y el Plan apunta mucho más que a las obras
de infraestructura vial, energética y de telecomunicaciones, donde también
hay importantes avances en la autopista mesoamericana de información.
A nadie se escapa que aumentar la competitividad es fundamental para
acelerar el crecimiento económico y el crecimiento, es utópico pensarlo,
tiende a reducir los niveles de pobreza y desigualdad que sufre la región.
Esos efectos no nos deben hacer perder de vista la otra gran dimensión del
Plan, que son los objetivos sociales. Hoy ha habido progreso ya en este año
también en iniciativas sociales del Plan, algunas de gran relevancia.
Por ejemplo, la capacidad de convocatoria del Plan y la decisión política
permitió a los países participantes identificar un área en donde pueden
beneficiarse mediante la cooperación, la salud.
Los ministros del ramo de la región han propuesto un Programa Mesoamericano
de Vigilancia Contra Riesgos Sanitarios de prevención, control y manejo de
enfermedades, como el SIDA, la tuberculosis, la malaria y el dengue.
Como un primer paso, mediante una donación del Banco, se llevará adelante
un proyecto de VIH-SIDA para aprobaciones móviles de 11 puntos de paso
entre los países mesoamericanos y con participación de los programas
nacionales y los organismos no gubernamentales.
Desde luego, desde luego que hay otras cosas más. Los ministros de Educación
se reunieron para diseñar un amplio programa de cooperación en materia
educativa, pilar fundamental del desarrollo de nuestros pueblos y donde la
cooperación México-Centroamérica puede ser enormemente relevante. A ello
se han sumado también instituciones tan importantes, como las universidades
y los centros de investigación.
Los ministros de Agricultura están alentando proyectos de cooperación en
esta área tan importante, donde reposa un núcleo tan grande de pobreza en
nuestra Mesoamérica.
En el mismo sentido se orienta la promoción de las redes turísticas con la
cooperación de los ministerios del ramo, de la protección ambiental, de la
defensa común frente a los impactos de los desastres naturales.
Queda mucho por hacer. Es sólo un año que ha pasado nada más, sólo un año.
Hay que tener siempre en vista que es apenas el inicio del Plan.
Yo quisiera, sin embargo, sugerirles con todo respeto, un desafío muy
concreto para este segundo año del Plan, y éste sería concretarlo en tres
grandes objetivos prioritarios:
Primero, avanzar con paso acelerado en las iniciativas del desarrollo
humano, del desarrollo sustentable y en la prevención frente a los
desastres naturales.
Segundo, apelar a la vocación de participación de la sociedad civil para
movilizar, a través de los mecanismos de consulta, a sus fuerzas creativas.
Y por último y en tercer lugar, convocar a la cooperación internacional
ampliada para movilizar donaciones, asistencia técnica, con propuestas prácticas,
con objetivos claros y resultados medidos. Y entre todo eso, tenemos amplia
experiencia en esta región.
Yo creo que sobre esta base, mediante todas esas iniciativas, yo creo que se
van a mantener en los próximos tiempos ritmos importantes que nos van a
permitir ciertamente avanzar en esa fase tan significativa como son los
instrumentos para la cooperación en materia social.
En el escenario internacional se puede ya vislumbrar una tendencia
auspiciosa para esta región. Algunos sectores que se habían caracterizado
por su posición crítica al proceso de globalización, en general; y a los
proyectos de integración, en particular, están pasando de la protesta a la
propuesta.
Organizaciones que se oponían a la liberalización del comercio
internacional, ahora reclaman la apertura de mercados y la reducción de los
subsidios agrícolas de los países industriales.
Grupos preocupados por la justicia social y la defensa ambiental, han
hallado que pueden lograr sus objetivos si trabajan con las grandes empresas
que llegan a millones de consumidores a diario.
Tal es el caso, por ejemplo, de las ONG’s que promovieron las variedades
de café orgánico, ecológico y de comercio justo, que les permiten a
productores en México y América Central conseguir mejores precios por sus
granos.
Paradójicamente tal vez los mejores aliados resulten de ser los mismos
emporios multinacionales que han sido blanco de la furia frente a la
globalización y que se vio en Seattle, y que ahora puede ser que nuevos
puentes de comunicación permitan una colaboración en la cual de esta
manera se beneficiarían todos.
Se beneficiaría el cafeticultor que aumentaría sus ingresos; el
consumidor, que consigue un producto de mayor calidad; el ecologista, que
reduce el impacto ambiental; la empresa comercializadora de café mejora su
imagen y hasta los ministros de Hacienda van a tener un mejor avance en la
solución de su prueba de balance de pagos.
Yo creo que hay que saber aprovechar todas esas oportunidades.
En las primeras rondas de información y consulta sobre el Plan que acaba de
hacer el Banco en distintos países centroamericanos, hemos detectado un
vivo interés por parte de distintas organizaciones de la sociedad civil,
desde grupos indígenas interesados en la propuesta de expo-turismo que
involucra la asociación entre operadores hoteleros internacionales y
comunidades locales para desarrollar emprendimientos turísticos ecológicos
y también dirigentes sociales con ideas para impulsar proyectos de educación
para minorías étnicas y grupos de bajos ingresos.
Es por eso que con este espíritu, en la tarde de hoy hemos invitado a un
foro sobre temas sociales y ambientales en el marco del Plan Puebla-Panamá,
en donde diversas figuras de la sociedad civil mesoamericana --académicos,
ecologistas, dirigentes indígenas y empresariales-- van a dialogar con los
comisionados presidenciales sobre sus propias propuestas en áreas como el
desarrollo sostenible, el desarrollo municipal, la educación, el impulso a
la pequeña y mediana empresa, un tema significativo y en el cual ayer se
hicieron propuestas interesantes.
Yo
quisiera terminar diciendo lo siguiente:
El Plan Puebla-Panamá está evolucionando, se está perfeccionando, está
aprendiendo en la marcha, hace horizontes que quizá no se tuvieron
capacidad de prever hace un año.
Este perfeccionamiento surge de una especial sinergia que se está creando
entre la región centroamericana con tradiciones muy antiguas en materia de
integración regional y los Estados Unidos Mexicanos que desean vigorizar
esas relaciones con Centroamérica, redoblando apoyo a los estados del sur
mexicano, vecinos de Centroamérica, con los cuales comparten problemas,
aspiraciones y posibilidades.
Como muy bien señaló ayer el Presidente Fox y el Presidente Bolaños, esta
tarea será progresiva, se irá enriqueciendo en la marcha.
En este camino hay que convocar al sector privado, como se ha hecho aquí,
hay que seguir colaborando y convocar a los sectores sociales, a los
sectores de las Organizaciones No Gubernamentales, a la sociedad civil para
hacer realmente de este esfuerzo un gran esfuerzo, donde todo el mundo
participe y todo el mundo tenga algo que contribuir para el mejoramiento del
mismo y lograr lo que todos queremos: que es una Mesoamérica creciendo,
como modernidad, pero al mismo tiempo en paz y con justicia social. Ése es
el espíritu que nos anima en esta empresa.
Mucho éxito y muchas gracias.
Junio
30, 2002
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