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Señoras
y señores,
Es un honor para
mí dirigirme a ustedes en el marco de este Décimo-cuarto Consejo Presidencial
Andino, el cual, sin lugar a dudas, marcará el inicio de una nueva etapa de
nuestro proceso de integración.
Es justamente en
esta etapa de redireccionamiento en la que resulta esencial la profundización
del diálogo político y el mantenimiento de una estrecha coordinación entre
todos los organismos que forman parte de la institucionalidad andina, con el
fin de que los beneficios del proceso lleguen a sectores cada vez más amplios
en nuestros países.
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Considero
fundamental iniciar esta breve presentación, reiterando la importancia que
reviste un espacio como éste para el fortalecimiento de nuestra Comunidad, con
el convencimiento de que se constituye en el escenario propicio para el
intercambio de ideas y la retroalimentación entre los órganos del Sistema
Andino de Integración.
Son justamente
estos espacios los que nos permiten conocer no sólo las acciones que en pro del
proceso integrador se adelanta al interior de cada uno de los órganos del
sistema, sino también cuáles son las propuestas de los miembros del SAI con
relación a las actividades que se desarrollan en las instancias ejecutivas de
la CAN.
Ha sido así como
han surgido múltiples iniciativas que se han concretado en Decisiones de este
Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores y que han contribuido
notoriamente a la profundización del Proceso de Integración Andino.
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Lo anterior es
muestra de que la institucionalidad dentro de cualquier esfuerzo integrador
resulta de vital importancia, en la medida en que constituye el elemento
cohesionador que respalda y da continuidad al proceso. Así mismo, brinda
condiciones políticas e institucionales, internas y externas, que le han
permitido a la CAN avanzar con la mayor estabilidad posible.
En ese sentido, me
gustaría mencionar sólo dos ejemplos que muestran cómo la acción conjunta y
coordinada entre nuestros órganos puede traer consigo sorprendentes resultados
que, finalmente, benefician al actor privilegiado de la Comunidad: el ciudadano
andino.
Quiero empezar
esta breve ilustración mencionando los recientes avances en materia de salud.
En el marco del Organismo Andino de Salud —Convenio Hipólito Unanue— se gestó
la iniciativa del “Plan Andino de Salud en Fronteras”, la cual después de ser
estudiada tanto por el Consejo Andino de Ministros de Salud, como por el Grupo
de Alto Nivel de Integración y Desarrollo Fronterizo, fue presentada al Consejo
Andino de Cancilleres, el cual aprobó una Decisión a ese respecto e instruyó
para que se siguiera trabajando en la implementación de dicho Plan. En
seguimiento de dicho mandato, el pasado 20 de junio, en reunión celebrada en la
ciudad de Bogotá, fue constituido el Comité Ejecutivo del Plan.
El otro ejemplo
reciente y valiosísimo de la importancia de la coordinación entre los miembros
del sistema, lo constituyen las tres decisiones que serán aprobadas el día de
hoy por el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores: el
“Instrumento Andino de Migración Laboral”, el “Instrumento Andino de Seguridad
Social” y el “Instrumento Andino de Seguridad y Salud en el Trabajo”.
Dichos
Instrumentos, que permitirán al trabajador migrante que resida en el territorio
de la subregión gozar del beneficio de trato nacional en cualquiera de los
países miembros, son el resultado de la acción conjunta y coordinada entre
varios de los órganos de este Sistema de Integración. En este arduo proceso de
generación de consensos en torno a los textos finales de las propuestas
trabajaron las Cancillerías nacionales con el apoyo constante y férreo del
Consejo Asesor de Ministros de Trabajo, la Secretaría General, el Consejo
Consultivo Laboral Andino y el Parlamento Andino.
El anterior es un
claro ejemplo de que aquél adagio popular “la unión hace la fuerza”, es más que
cierto cuando se trata de sacar adelante iniciativas que requieren del concurso
y la opinión de diferentes sectores de los Estados y las Sociedades Andinas.
Es necesario
consolidar esta dinámica y hacerla una práctica recurrente en el accionar
institucional andino. Debemos tomar atenta nota de los éxitos que han traído
consigo las acciones mancomunadas de nuestras instituciones subregionales, a
fin de seguir su buen ejemplo e incorporar dicha dinámica a nuestro accionar
cotidiano.
No debemos bajar
la guardia, máxime ahora que el redireccionamiento de la CAN apunta hacia un
fortalecimiento de dimensión social de la Integración. Es indispensable que
trabajemos unidos y en pro de nuestro objetivo primigenio: el mejoramiento de
la calidad de vida de las poblaciones andinas.
Muchas gracias.
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Junio 28, 2003
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