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La
muerte reciente de un destacado político de República Dominicana no
significó sólo la pérdida lamentable de un apreciado ser humano, admirado
hasta por sus contrarios políticos, sino que hizo evidente el hecho de que
los líderes políticos reconocidos representan en sí mismos un programa
político. Después de su lamentable ida se origina un vacío político, que
podrá ser llenado de nuevo con la aparición de un (o una) nuevo(a) líder. La
transición de un pujante país hacia el siglo XXI exige, sin embargo, algo
más que el carisma de personalidades dirigentes: se trata de un programa
político básico, de la aplicación de una teoría económica, que en la época
de los cambios rápidos y radicales de la economía mundial sirva de marco
para las reformas y cambios sociales que deben hacerse, si es que la
política nacional como un todo debe servir para realizar mejorías
apreciables de las condiciones de vida de la gente.
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Después del fracaso del modelo idealista del “socialismo
científico” en un frente amplio, sólo quedan vigentes las distintas variantes
del capitalismo en el centro de los acontecimientos. Hoy en día se distinguen
tres tipos de capitalismo:
Entre los representantes de este último se encuentran los países
de Europa central y del norte, por ej. Francia, Alemania, Holanda y los países
escandinavos.
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Cada
país europeo ha desarrollado su forma particular de capitalismo “renano”. Su
característica principal y distintiva es siempre la búsqueda consciente de una
conciliación entre los principios del mercado libre con la mayor igualdad
social posible entre todos los ciudadanos. El modelo económico se llama
“economía social de mercado”; se apoya en un Estado fuerte, que se ocupa de
imponer la seguridad jurídica y su control, y en caso dado de respaldar las
sanciones, pero que también al mismo tiempo muestra una notoria abstinencia del
Estado (o sea de sus funcionarios) en inmiscuirse en las actividades del
mercado libre. En el mercado libre de un país, de una región, de una parte de
la tierra o inclusive a nivel mundial no son determinantes el reglamento
estatal sobre cuánto hay que pagar por un producto o un servicio, sino la
oferta y la demanda. Los derechos de propiedad garantizados y las reglas de
competencia protegidas por el Estado a través de tribunales independientes
garantizan muy pronto que el grupo más importante de personas dentro de la
economía social de mercado, o sea los consumidores, disfrute de sus ventajas.
En Alemania, luego de la privatización de la compañía estatal de teléfonos, se
ha desatado una competencia de tarifas con ofertantes del exterior que ha
conducido a una reducción de los costos telefónicos de entre un 40 y 70%, y los
precios siguen bajando. Al mismo tiempo se han producido inversiones
extranjeras por millardos de dólares en el negocio telefónico, creándose una
gran cantidad de puestos de trabajo.
En la “economía social de mercado” cada ciudadano puede
organizarse por sí mismo, repartir sus esfuerzos personales, sus gastos e
inversiones según su voluntad y dar vida a sus aptitudes creativas. Las
experiencias en Europa han demostrado claramente que sólo se pueden crear
nuevas fuentes de empleo cuando se promueve la actividad empresarial en todos
los niveles (grande, mediana, pequeña y micro-empresa). Con las campañas de
corte socialista y populista de asignaciones de cuotas de mercado no se
presentan nuevos empleos, a menos que se quiera volver de nuevo al sistema de
los grandes combinados, característicos del mundo de trabajo soviético. En este
caso, la producción se mantiene bajo las reglas de una economía de guerra, con
garantía de muchos puestos de trabajo, pero con la imposibilidad característica
de estos conglomerados elefantiásicos de adaptarse al ritmo cambiante y rápido
del mercado libre.
Los nuevos puestos de trabajo conducen a mediano y largo plazo a
un aumento del ingreso de las masas. La pobreza no se elimina con aportes
ocasionales de dinero y bienes; estas acciones populistas sólo la perpetúan.
El factor social del “capitalismo renano” consiste en que sólo
reciben ayuda aquellos que no pueden ayudarse por sí mismos, como por
Ej.
los ancianos, los enfermos, las familias con muchos niños, las madres solteras,
etc. El Estado debe, además, tomar medidas para facilitar una mejor
planificación individual del ascenso social. Además, el Estado debe fijar
medidas de protección y control de los puestos de trabajo y ocuparse de la
reintegración al trabajo de los desocupados. El hecho de que en Alemania la
economía social de mercado haya degenerado hacia un Estado benefactor no
contradice estas afirmaciones. El Estado benefactor total ha llegado al fin de
sus posibilidades, y ya se hacen esfuerzos de nuevo por regresar a la economía
social de mercado.
Un Estado con economía social de mercado está en condiciones de
cumplir su misión de protección de los necesitados, pues en base al
florecimiento de la economía dispone de suficientes ingresos impositivos. El
nivel de la cuota de impuestos es un tema de continua discusión política
interna: si los impuestos son muy bajos, el Estado no puede cumplir sus tareas
generales y sociales, y si los impuestos son muy altos, se estimula la evasión
y muchas empresas trasladan sus medios de producción y e inversiones a otros
países.
La economía social de mercado exige al Estado, por lo tanto, una
estrecha cooperación con la industria y con los sindicatos, para poder apoyar
en la medida justa los requerimientos de ambos “partners” sociales.
Precisamente en países como la República Dominicana, que se
encuentran en un proceso de crecimiento económico –gracias a la política
económica en principio liberal del Gobierno del Presidente Leonel Fernández-
se requiere un modelo económico jurídicamente regulado y públicamente
aceptable, que permita un crecimiento económico sostenible y que a su vez
responda más que ahora a las necesidades sociales del país. No nos cansamos de
repetir: la economía social de mercado necesita un Estado poderoso, que regule
y controle los procesos de desarrollo social y legal de manera imparcial. Esto
incluye, entre otros, una tropa policial bien pagada y altamente efectiva, que
motivada por su espíritu ético institucional no sea complaciente ante los
desmanes de los ricos y poderosos, sino que sirva a los justos intereses del
orden público y de la justicia. También aquí ya se notan las primeras medidas
reformadoras del Gobierno.
En
el marco de la llamada discusión sobre la globalización, los expertos
económicos han comprobado que en los países jóvenes en crecimiento corren
juntos las reformas económicas, la seguridad jurídica y el crecimiento
económico. Dicho de otra manera: quién hace algo por la seguridad jurídica de
su país, hace una contribución indispensable para la erradicación de la
pobreza. Esta es una tarea para todas las élites de la República Dominicana –un
país con tanta riqueza en sus seres humanos, en recursos naturales y paisajes
tan bellos. La República Dominicana podría integrarse a las beneficiosas
corrientes de la economía mundial de mercado, convirtiéndose en un pujante país
modelo, en el cual podría ser derrotado el enemigo principal, que es la
pobreza.
La Fundación Friedrich Naumann apoyará, en ese sentido, a una de
las instituciones más capaces del país –a la Fundación Institucionalidad y
Justicia (FINJUS) con un orador experto de Alemania quien, con motivo de un
seminario de la FINJUS el 19/20 de junio en Santo Domingo, hablará sobre las “Condiciones
Jurídicas,
marco en un mercado libre”.
La economía social de mercado, la reconciliación del mercado con
la igualdad social, es seguro una teoría económica apropiada para todos los
países en vías de desarrollo y que quieren encontrar una vía para una justa
distribución de la riqueza. Los requerimientos fundamentales para su
implantación son, sin excepción:
-
Protección
de la propiedad privada
-
Libre
competencia, garantizada por el Estado
-
Igualdad
ante la Ley garantizada por el Estado, o sea,
seguridad jurídica.
Si las instituciones estatales y la clase dominante reaccionan
ante las necesidades de los débiles y necesitados, se impondrán la paz social y
el crecimiento económico, alcanzando una cima cada vez más elevada. En una
economía social de mercado ninguna persona que pueda trabajar debería recibir
su comida gratis, pero cualquier miembro de la comunidad que lo requiera
debería recibir ayuda, de manera no humillante. El modelo apto para este orden
económico es la economía social de mercado. Sólo hay que implantarla.
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Junio 24, 2003
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