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El
tema de la Química del Cloro, desde hace ya bastante tiempo, se ha
transformado en el objetivo principal del ecologismo en el ámbito mundial.
Aluden a diversas razones para ello: algunos grupos ecologistas consideran
que atacar a la Industria Química da oportunidad para atacar el quehacer de
las grandes corporaciones, el sistema de mercado y el libre comercio. Otros
“más especializados” ven en el área de la Química del Cloro una fórmula para
detener la expansión desarrollista. Por último, con la referencia de
“supuestos” estudios se permiten utilizar excelentes fundamentos para apelar
a motivaciones emocionales del público en lo referente a la salud de la
humanidad produciéndoles pingües beneficios.
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El debate
medioambiental orquestado por un amplio sector de los autodenominados
ecologistas, va dirigido hacia la Industria Química en general, y la Química
del Cloro en particular, propiciando un entorno de especial sensibilidad
entre el público hacia los temas ecológicos. Es importante no errar el
diagnóstico: muchos creen que se trata sólo de un problema de información, y
hacen acusaciones por no informar suficientemente sobre los procesos de
fabricación de lo que hacen y como lo hacen. Pero la realidad es que nos
encontramos frente a un fenómeno sociológico; una fuente de nueva utopía.
Como tal, disponen de fuertes componentes emocionales, de diversidad de
creencias y de mezcladas ideologías.
Lo
anterior se encuentra reforzado por la transmisión del temor constante y
permanente de una catástrofe medioambiental inminente. En este contexto, la
información que entregan las empresas y las administraciones simplemente no
es creída por el público. En contrapartida los medios de comunicación dan
amplia cobertura a informaciones (o mas bien desinformaciones) surgidas de
ámbitos ecologistas, sin ser verificada su coherencia o veracidad y
virtualmente bloquean las surgidas de la industria y la administración.
Finalmente, el público, con la información que le ha llegado coloca de forma
injusta a los ecologistas del lado de "los buenos". |
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Los
políticos, en privado, pueden comprender los argumentos racionales de la
industria, pero en público rara vez se arriesgan a defender argumentos
distintos a los que la opinión pública quiere escuchar. Y con todo esto se
va incrementando el fenómeno y el mito.
Por otra parte, tampoco resulta fácil negociar o conseguir
acuerdos con grupos ambientalistas, a menos que sea prácticamente someterse
a sus términos. Si bien los grupos ecologistas combinan una muy amplia
diversidad de corrientes, personas y motivaciones, podríamos distinguir las
tres grandes tendencias:
Ecologismo tradicional.- Es la corriente
que agrupa la mayor cantidad de “socios” y de personas simpatizantes. El
mensaje consiste en que futuras generaciones de seres humanos no hereden un
planeta destruido o deteriorado. El grueso del público común se encuadra en
esta corriente y también las organizaciones ambientalistas más moderadas.
Ecologismo político.- Es una corriente
que utiliza la sensibilidad como arma política y de forma instrumentalizada,
pero su verdadero objetivo es atacar el sistema económico predominante. No
es mayoritario, pero tiene gran capacidad de movilidad, propaganda y fuerte
infiltración en los medios de comunicación e instituciones públicas.
Personas de esta corriente se encuentran insertas en organizaciones del
ecologismo tradicional y forman parte, a la vez, de grupos políticos
organizados.
Ecologismo profundo.- Es una corriente
que emana de bases filosóficas (casi religiosas) muy sólidas, que plantea
que el hombre es solo una más de las criaturas de la tierra, y que todos los
demás seres, incluso inanimados, tienen derechos. Rechaza el
antropocentrismo judeo-cristiano, y tiende a ver a la especie humana como
una plaga, destacando la superpoblación como una amenaza para la naturaleza.
Es un concepto virtualmente panteísta. Visualiza el desarrollo, por
equilibrado que sea, como enemigo de la naturaleza, y por lo tanto condenan
a los sistemas económicos-políticos que lo permiten. Su actividad apunta
entonces, a combatir el desarrollo tal como lo conocemos y tendiendo hacia
un mundo menos poblado y con prácticas económicas más "armónicas" con la
naturaleza. En este sentido, si bien sus objetivos de largo plazo son muy
distintos a los del ecologismo político, comparten sus objetivos tácticos:
combatir un sistema que es "desarrollista".
1)
[info@amiclor.org]
-
[http://www.amiclor.org]
Junio 22 2004
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