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Nosotros,
los Jefes de Estado y de Gobierno (1), o nuestros
representantes, reunidos en Roma en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación:
cinco años después (CMA:cad) por invitación de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Recordando
la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA), celebrada en Roma en
noviembre de 1996, en la que los Jefes de Estado y de Gobierno, o sus
representantes, aprobaron la Declaración de Roma sobre la Seguridad
Alimentaria Mundial y el Plan de Acción de la CMA y prometieron consagrar
su voluntad política y su dedicación común y nacional a conseguir la
seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para
erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de
reducir el número de personas subnutridas a la mitad de su nivel no más
tarde del año 2015;
Reconociendo
la urgente necesidad de reforzar los esfuerzos de todos los asociados
interesados a modo de alianza internacional contra el hambre, con miras al
cumplimiento de los objetivos de la Cumbre de 1996;
Reafirmando
el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos;
Reiterando
que los alimentos no deben utilizarse como instrumento de presión política
y económica y reafirmando la importancia de la cooperación y la
solidaridad internacionales, así como la necesidad de abstenerse de adoptar
medidas unilaterales que no estén en consonancia con el derecho
internacional y la Carta de las Naciones Unidas y que pongan en peligro la
seguridad alimentaria;
Reafirmando
los compromisos que asumimos en la Declaración de Roma y el Plan de Acción,
que tomando en consideración el carácter polifacético de la seguridad
alimentaria comprenden una acción nacional e iniciativas internacionales
eficaces para complementar y reforzar la acción nacional;
Reconociendo
los
esfuerzos considerables que se han realizado en muchos países para reducir
la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria, así como el compromiso de la
comunidad internacional de contribuir a esos esfuerzos, expresado en la
Declaración del Milenio de las Naciones Unidas;
Tomando
nota
de que la tasa anual media de reducción del número de personas subnutridas
en el mundo ha sido de ocho millones y que, si se mantiene esta tendencia,
no se alcanzará el objetivo de la CMA, reafirmado en la Declaración del
Milenio, de reducir el número de personas subnutridas a la mitad para el año 2015;
Tomando
nota
de que el hambre es tanto causa como efecto de la pobreza extrema, e
impide a las personas pobres aprovechar las oportunidades de desarrollo, que
la erradicación del hambre es un paso decisivo para mitigar la pobreza y la
desigualdad, y que la comunidad internacional ha reafirmado su compromiso
con respecto a la mitigación de la pobreza. Observando además que el 70
por ciento de las personas pobres en el mundo viven en zonas rurales y
dependen casi totalmente de la agricultura y el desarrollo rural para su
subsistencia; y tomando nota del rápido incremento del número y la
proporción de habitantes de las zonas urbanas afectados por la pobreza, el
hambre y la malnutrición;
Conscientes
de las dificultades especiales con que se enfrentan todos los países
en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los países de
bajos ingresos y con déficit de alimentos (PBIDA), los pequeños Estados
insulares en desarrollo y los países afectados por conflictos violentos,
disturbios civiles, minas terrestres y explosivos no detonados, o expuestos
a la desertificación y a catástrofes naturales; observando además que el
calentamiento mundial y el cambio climático pueden tener graves
repercusiones para la seguridad alimentaria y la subsistencia, especialmente
en esos países;
Reconociendo
también las dificultades con que se enfrentan los países con economías
en transición para hacer frente a sus necesidades de seguridad alimentaria
en el proceso de aplicación de reformas orientadas al mercado;
Preocupados
por las actuales estimaciones de la tendencia descendente de los
presupuestos nacionales de los países en desarrollo y la disminución de la
Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) y de los fondos de las
Instituciones Financieras Internacionales (IFI) directamente destinados a la
agricultura y el desarrollo rural, como contribución a la seguridad
alimentaria;
Reconociendo
el importante papel de la asistencia alimentaria en situaciones de crisis
humanitaria, y como instrumento para el desarrollo, al funcionar como
inversión previa de facilitación;
Reafirmando
el Compromiso Cuarto del Plan de Acción de la CMA y que el comercio es un
elemento decisivo para conseguir la seguridad alimentaria mundial;
Reafirmando
la importancia fundamental que tienen la producción y la distribución
nacionales de alimentos, la agricultura y el desarrollo rural sostenibles,
la pesca y los bosques, para conseguir la seguridad alimentaria;
Reiterando
nuestra profunda preocupación por la carga de la deuda para los países
en desarrollo, especialmente los países pobres muy endeudados (PPME), y por
sus efectos negativos sobre los recursos para la seguridad alimentaria, pese
a los progresos realizados en la aplicación de la Iniciativa para la
reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados;
Reconociendo
que las crisis económicas y financieras internacionales han mostrado de
forma dramática la vulnerabilidad de los países en desarrollo;
Tomando
nota con
preocupación de la grave amenaza de la pandemia de VIH/SIDA, y la
incidencia del paludismo, la tuberculosis y otras enfermedades, en
particular las causadas por la contaminación del agua en los países en
desarrollo y sus efectos devastadores sobre la seguridad alimentaria;
Reafirmando
nuestro compromiso con el Consenso de Monterrey, en el que se hacía
referencia a la necesidad de establecer asociaciones eficaces entre los países
desarrollados y en desarrollo, sobre la base del reconocimiento de la
iniciativa y el control nacionales respecto de los planes de desarrollo en
los que se plasman las estrategias de reducción de la pobreza, y
reconociendo el valor de estudiar fuentes innovadoras de financiación a
condición de que esas fuentes no constituyan una carga excesivamente pesada
para los países en desarrollo, en cuanto pasos importantes para alcanzar la
seguridad alimentaria sostenible;
Reconociendo
la importancia del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos
para la Alimentación y la Agricultura a fin de apoyar los objetivos
relativos a la seguridad alimentaria;
Tomando
nota
de los resultados de las conferencias mundiales, como la Conferencia
Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, los períodos
extraordinarios de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas de
2001 y 2002, sobre el VIH/SIDA y sobre la infancia, y la Cuarta Conferencia
Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en
Doha, y destacando la próxima Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible
de 2002.
Voluntad política
1.
Renovamos nuestros compromisos mundiales contraídos en la Declaración de
Roma de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 en particular de
reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo para el año
2015 a más tardar, tal como se reafirmó en la Declaración del Milenio de
las Naciones Unidas. Decidimos acelerar la aplicación del Plan de Acción
de la CMA.
2.
Pedimos a todas las partes (gobiernos, organizaciones internacionales,
organizaciones de la sociedad civil y el sector privado), que refuercen sus
esfuerzos a fin de actuar como alianza internacional contra el hambre para
alcanzar los objetivos de la CMA en 2015 a más tardar. Con este propósito,
las partes deberían promover la acción coordinada. Teniendo presente la
contribución de todas las partes, los países deberían seguir informando
de los progresos al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), con
arreglo a su mandato como centro de coordinación para la aplicación del
Plan de Acción de la CMA.
3.
Reconocemos que los progresos hechos no son suficientes para alcanzar el
objetivo de la CMA. Reconociendo que la responsabilidad de garantizar la
seguridad alimentaria nacional incumbe a los gobiernos nacionales en
cooperación con la sociedad civil y el sector privado y con el apoyo de la
comunidad internacional, decidimos acelerar la aplicación de medidas con
objeto de reducir a la mitad el hambre para el año 2015 a más tardar. Para
ello será necesario un ritmo de reducción del hambre de más de 22
millones de personas al año en promedio.
4.
Subrayamos que las estrategias de reducción de la pobreza y la seguridad
alimentaria deberían, entre otras cosas, incluir medidas encaminadas a
aumentar la productividad agrícola y la producción y distribución de
alimentos. Acordamos promover el acceso de los hombres y las mujeres en
condiciones de igualdad a los alimentos, el agua, la tierra, el crédito y
la tecnología, lo que ayudará también a generar ingresos y a crear
oportunidades de empleo para las personas pobres y, en consecuencia,
contribuirá a reducir la pobreza y el hambre.
5.
Reafirmamos la importancia de reforzar el respeto de todos los derechos
humanos y las libertades fundamentales, con inclusión del derecho al
desarrollo, la democracia, el estado de derecho, el buen sistema de
gobierno, las políticas económicas adecuadas, la igualdad de derechos para
todos sin distinción de sexo, raza, idioma o religión, la solución de los
conflictos de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y el respeto
del derecho internacional humanitario, y la cooperación internacional, a
fin de resolver los problemas económicos, sociales, culturales y
humanitarios, que son esenciales para conseguir la seguridad alimentaria.
6.
Pedimos a los asociados en el desarrollo interesados que hagan cuanto sea
necesario para alcanzar los objetivos internacionales de desarrollo de la
Declaración del Milenio, en particular los relativos a la reducción a la
mitad de la pobreza y el hambre para el año 2015, mejorar y reforzar los
indicadores necesarios para medir los progresos y vigilar los progresos con
arreglo a su mandato; y renovar y reforzar el compromiso con los sistemas
nacionales e internacionales existentes para evaluar la seguridad
alimentaria; reafirmamos la función de la FAO, junto con la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y el UNICEF, en la vigilancia de los progresos
hacia el objetivo de desarrollo del milenio relativo al hambre y la
importancia del Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Sistemas de
Información y Cartografía sobre la Inseguridad Alimentaria y la
Vulnerabilidad (SICIAV) con miras a reforzar la vigilancia nacional e
internacional de la seguridad alimentaria.
7.
La inmensa mayoría de quienes padecen hambre y viven en condiciones de
pobreza absoluta se encuentran en las zonas rurales. Reconocemos que para
alcanzar el objetivo de reducir a la mitad el número de personas
hambrientas es necesario que los países más empobrecidos y cuya
inseguridad alimentaria es mayor promuevan la mitigación de la pobreza
rural especialmente mediante un crecimiento sostenido de la producción agrícola,
en particular en el África subsahariana.
8.
Confirmamos de nuevo que la FAO ha de desempeñar una función importante
ayudando a los países a aplicar las disposiciones del Plan de Acción de la
CMA con arreglo a su mandato teniendo presente que la CMA encomendó al
Comité de Seguridad Alimentaria Mundial la vigilancia de los progresos.
9.
Consideramos que unas asociaciones internacionales amplias son de suma
importancia para la aplicación del Plan de Acción de la CMA. Pedimos a los
gobiernos, las organizaciones y las instituciones financieras
internacionales que utilicen sus recursos con eficacia, que mejoren su
funcionamiento y fortalezcan la cooperación y que emprendan iniciativas
conjuntas para combatir el hambre; y que refuercen el papel fundamental de
la agricultura y el desarrollo rural sostenibles en la seguridad alimentaria.
10.
Invitamos al Consejo de la FAO a que, en su 123º período de sesiones,
establezca un Grupo de Trabajo Intergubernamental, con la participación de
los interesados, en el contexto del seguimiento de la CMA, con el fin de
elaborar, en un período de dos años, un conjunto de directrices
voluntarias para apoyar los esfuerzos de los Estados Miembros encaminados a
alcanzar la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada
en el contexto de la seguridad alimentaria nacional; pedimos a la FAO que,
en colaboración con los órganos pertinentes creados en virtud de tratados,
organismos y programas del sistema de las Naciones Unidas, preste asistencia
al Grupo de Trabajo Intergubernamental, el cual deberá informar sobre sus
trabajos al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial.
11.
Instamos expresamente a los gobiernos a que examinen sus políticas
nacionales actuales de seguridad alimentaria con el fin de subsanar
deficiencias, identificar nuevas iniciativas, suprimir los obstáculos a la
aplicación y simplificar las iniciativas en materia de políticas entre
ministerios y departamentos.
12.
Reafirmamos el Consenso de Monterrey e instamos a todos los miembros de la
OMC a aplicar los resultados de la Conferencia de Doha, especialmente los
compromisos relativos a la reforma del sistema de comercio agrícola
internacional, con particular referencia a los párrafos 13 y 14, habida
cuenta del papel que el comercio agrícola internacional debe desempeñar,
de conformidad con el Compromiso Cuarto del Plan de Acción de la CMA, con
miras a promover el desarrollo económico, aliviar la pobreza y conseguir
los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en particular en
los países en desarrollo.
Desafíos
13.
Reafirmamos la necesidad de garantizar la igualdad de género y de apoyar el
pleno ejercicio de los derechos de la mujer. Reconocemos y valoramos el
papel vital que desempeña constantemente la mujer en la agricultura, la
nutrición y la seguridad alimentaria, y la necesidad de integrar una
perspectiva basada en la paridad entre el hombre y la mujer en todos los
aspectos de la seguridad alimentaria; y reconocemos la necesidad de adoptar
medidas a fin de garantizar que se reconozca y valore el trabajo de la
mujer, con objeto de aumentar su seguridad económica, su acceso a los
recursos y los planes, servicios y beneficios de crédito, y su control
sobre éstos.
14.
Subrayamos la necesidad de disponer de alimentos nutricionalmente adecuados
e inocuos y resaltamos la necesidad de prestar atención a las cuestiones
nutricionales como parte integrante de los esfuerzos para promover la
seguridad alimentaria. En el período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la infancia recientemente
celebrado se abordó la necesidad de realizar inversiones en infraestructura
económica y social básica y servicios sociales, así como en la protección
social para personas vulnerables y en la protección social para los grupos
vulnerables y desfavorecidos. Debería prestarse atención a la mejora de la
calidad de la dieta; el acceso al agua potable, la atención de la salud y
la educación; y el saneamiento. Reconocemos la importancia de
intervenciones encaminadas a hacer frente a las carencias de micronutrientes
que sean eficaces en función de los costos y aceptables a nivel local.
15.
Reafirmamos nuestro empeño en luchar contra las condiciones imperantes en
todo el mundo que plantean graves amenazas para la salud, y especialmente la
propagación del VIH/SIDA que puede tener efectos extraordinariamente
devastadores sobre todos los sectores y niveles de la sociedad y, por
consiguiente, sobre la seguridad alimentaria. Para ello son precisos nuevos
enfoques, tecnologías y cultivos para las familias campesinas afectadas por
el VIH/SIDA con carencia de mano de obra. A este respecto, acogemos con
satisfacción la creación del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la
Tuberculosis y el Paludismo, que constituye un importante paso adelante para
la acción concertada a nivel nacional y para la movilización de recursos
nuevos y adicionales con miras a la prevención y el tratamiento de esas
enfermedades.
16.
Reafirmamos la importante función del Codex Alimentarius, la Convención
Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF) y la Oficina Internacional
de Epizootias (OIE) para proporcionar normas eficaces, con un fundamento
científico e internacionalmente aceptadas sobre inocuidad de los alimentos
y sanidad vegetal y animal, así como para facilitar el comercio agrícola y
alimentario internacional en su capacidad de órganos normativos reconocidos
por el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF) de la OMC.
17.
Nos comprometemos a seguir apoyando los esfuerzos encaminados a reforzar la
capacidad de los países en desarrollo en relación con la gestión de la
inocuidad de los alimentos y la sanidad vegetal y animal.
18.
Habremos de reforzar la acción nacional e internacional a fin de estar
preparados para las situaciones imprevistas y de emergencia y para aumentar
la eficacia de las medidas de urgencia, tanto mediante intervenciones
basadas en la alimentación como de otro tipo. Estas medidas deben estar
integradas en iniciativas de desarrollo sostenible con todas las partes
interesadas para conseguir una seguridad alimentaria sostenible. Subrayamos
la importancia de ampliar el alcance y la cobertura de los mecanismos de
protección social, en particular las redes de seguridad para los hogares
vulnerables y afectados por la inseguridad alimentaria. Nos comprometemos a
asegurar, mediante el desarrollo económico, la utilización de sistemas de
alerta, así como la asistencia de emergencia, que nunca jamás se volverán
a ver situaciones de hambre.
19.
Reconocemos el valor de la alimentación escolar en cuanto programa de
desarrollo social. Debería basarse en la compra a nivel local o regional
cuando sea posible, y organizarse de forma tal que se respeten las pautas de
consumo locales. En este sentido, alentamos la ampliación de los programas
de alimentación escolar del Programa Mundial de Alimentos (PMA), entre
otros, siempre que se ejecuten de conformidad con las prioridades y los
programas educativos nacionales.
20.
Resolvemos contribuir al resultado de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo
Sostenible, reconociendo la importante función de las tres organizaciones
con sede en Roma, la FAO, el PMA y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola
(FIDA), y fortalecer la coordinación y la cooperación entre las
organizaciones nacionales e internacionales, con el fin de utilizar los
recursos de manera eficiente, especialmente en las esferas de la cooperación
técnica y financiera, la ordenación sostenible de los recursos naturales,
la lucha contra las enfermedades transfronterizas de los animales y las
plantas y la consecución de la seguridad
Alimentaria
21.
Subrayamos la necesidad de seguir promoviendo la ordenación sostenible de
los bosques y la pesca, incluidas la conservación y la utilización
sostenible de los recursos acuáticos vivos, en vista de la contribución
que esos sectores hacen a la seguridad alimentaria y la erradicación de la
pobreza.
22.
Subrayamos la importancia de apoyar actividades de desarrollo alternativo
que permitan a quienes se dedican a la producción de cultivos ilícitos
lograr la seguridad alimentaria sostenible y vivir con dignidad.
23.
Reconociendo el alcance de la pobreza en las regiones montañosas,
destacamos el papel esencial de las zonas de montaña y su potencial
respecto de la agricultura y el desarrollo rural sostenibles con objeto de
alcanzar la seguridad alimentaria. Subrayamos la necesidad de establecer
asociaciones entre los países en desarrollo y desarrollados en ese sentido.
24.
Nos comprometemos a trabajar en un espíritu de cooperación y solidaridad
para reforzar las actividades comprendidas en el mandato de la FAO que
permiten a los países en desarrollo y los países con economías en
transición hacer frente a los problemas de la inocuidad de los alimentos,
sacar mayor provecho de los beneficios de la investigación y las tecnologías
y responder con eficacia a los desafíos y las oportunidades que presenta la
globalización, en particular en relación con la agricultura y la seguridad
alimentaria. Nos comprometemos también a ayudar a esos países, en especial
a sus productores de alimentos, a tomar decisiones informadas sobre los
conocimientos científicos y técnicos necesarios en relación con estas
nuevas tecnologías orientadas a la reducción de la pobreza y el hambre y a
lograr el acceso a ellos.
25.
Pedimos a la FAO que promueva conjuntamente con el GCIAI y otros institutos
internacionales de investigación la investigación agrícola y la
investigación de nuevas tecnologías, incluida la biotecnología. La
introducción de nuevas tecnologías de eficacia probada, incluida la
biotecnología, debería realizarse de forma inocua y adaptada a las
condiciones locales para contribuir al aumento de la productividad agrícola
en los países en desarrollo. Estamos resueltos a estudiar, compartir y
facilitar el uso responsable de la biotecnología con miras a hacer frente a
las necesidades de desarrollo.
26.
Reconocemos que los países en desarrollo y los países con economías en
transición se enfrentan con dificultades para responder a los desafíos y
oportunidades que presenta la globalización, en particular en relación con
la agricultura y la seguridad alimentaria, y por consiguiente acordamos en
un espíritu de cooperación y solidaridad aunar las actividades de la FAO
en apoyo de esos países, para permitirles afrontar los desafíos y
aprovechar los beneficios de la globalización.
Recursos
27.
Pedimos a todos los Estados Miembros, las organizaciones
intergubernamentales y no gubernamentales, el sector privado y todos los demás
asociados en el desarrollo que consideren la posibilidad de hacer
contribuciones voluntarias al Fondo Fiduciario de la FAO para la Seguridad
Alimentaria y la Inocuidad de los Alimentos y a otros instrumentos
voluntarios. El Fondo Fiduciario debería servir de catalizador con miras a
acelerar la producción de alimentos y mejorar el acceso a los mismos en los
países menos adelantados, los PBIDA y los pequeños estados insulares en
desarrollo, y para prevenir, combatir y erradicar las plagas y enfermedades
transfronterizas de las plantas y los animales, y para preparar proyectos de
inversión, y de cooperación Sur-Sur, en las esferas mencionadas.
28.
Subrayamos la relación intrínseca entre un rápido avance hacia la
consecución de los objetivos establecidos en el Plan de Acción de la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación, y reafirmados en la Declaración del
Milenio de las Naciones Unidas, y la magnitud, orientación y utilización
eficaz de la inversión para la seguridad alimentaria, la agricultura, el
desarrollo rural y la producción, elaboración y distribución de
alimentos. Como acordamos en el Consenso de Monterrey, la movilización de
recursos nacionales e internacionales para alcanzar esos objetivos depende
de varios factores, como por ejemplo: i) un entorno favorable para el
ahorro y la inversión en las zonas rurales en el marco de un sistema
macroeconómico nacional apropiado, ii) una estrategia nacional de base
amplia para la reducción de la pobreza orientada a mejorar el acceso a los
alimentos incluso mediante el aumento de la producción y distribución de
alimentos, iii) la promoción de oportunidades para la inversión privada
interna y externa, iv) el comercio, v) una atención adecuada en
el presupuesto nacional al desarrollo socioeconómico, vi) la
complementación de los esfuerzos nacionales con AOD en esferas
fundamentales de la infraestructura social y el desarrollo humano, y vii) una
gestión transparente y eficaz de los recursos públicos.
29.
Instamos a los países desarrollados que no lo hayan hecho a que realicen
esfuerzos concretos en pos del objetivo del 0,7 por ciento del producto
nacional bruto (PNB) en forma de AOD a los países en desarrollo, y del 0,15
al 0,20 por ciento del PNB de los países desarrollados a los países menos
adelantados, como se confirmó nuevamente en la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados, y alentamos a los países
en desarrollo a aprovechar los progresos realizados para asegurarse de que
la AOD se utilice efectivamente para ayudar a alcanzar los objetivos y las
metas de desarrollo. Reconocemos los esfuerzos de todos los donantes,
elogiamos a los donantes cuya contribución a la AOD supera los objetivos,
los alcanza o está aumentando para conseguirlos, y subrayamos la
importancia de comprometerse a examinar los medios y los plazos para la
consecución de las metas y los objetivos.
30. Acogemos con
satisfacción la aprobación de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África
(NEPAD) y la inclusión de la agricultura y la seguridad alimentaria como
componente de esta iniciativa. Invitamos a la comunidad internacional a
responder a esta iniciativa financiando programas o proyectos, del modo más
apropiado, que reflejen los principios y compromisos de la NEPAD.
31.
Alentaremos a la comunidad internacional a que siga prestando asistencia técnica
y financiera a los países con economías en transición con miras a mejorar
su seguridad alimentaria.
32.
Con vistas a invertir la tendencia general a la disminución de las
asignaciones a la agricultura y el desarrollo rural en los presupuestos
nacionales de los países en desarrollo, en la AOD y en los préstamos
totales de las instituciones financieras internacionales, pedimos que se
destine a esos sectores una proporción adecuada de la AOD bilateral y
multilateral, de los préstamos de las IFI y de las consignaciones
presupuestarias de los países en desarrollo, en el marco del Consenso de
Monterrey.
33.
Reafirmamos que la Iniciativa ampliada a favor de los países pobres muy
endeudados (PPME) ofrece la oportunidad de mejorar las perspectivas económicas
y los esfuerzos para la reducción de la pobreza de sus países
beneficiarios, incrementando con ello la seguridad alimentaria. Es decisiva
la aplicación rápida, eficaz y completa de la Iniciativa ampliada, que
debería financiarse plenamente con recursos adicionales. Los países pobres
muy endeudados deberían adoptar las medidas de política necesarias para
llegar a poder beneficiarse de la iniciativa.
34.
Reafirmamos asimismo el Consenso de Monterrey con objeto de alentar el
estudio de mecanismos innovadores para hacer frente a los problemas de la
deuda de los países en desarrollo, incluidos los países de ingresos medios
y los países con economías en transición.
35.
Pedimos a todos los países que aún no lo hayan hecho que consideren la
posibilidad de firmar y ratificar el Tratado Internacional sobre los
Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura a fin de que
entre en vigor lo antes posible.
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1)
Cuando se utiliza la palabra "Gobierno" significa también la
Comunidad Europea en sus esferas de competencia.
Junio
17, 2002
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