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Señora presidenta, distinguidos colegas:
Hace
doce años, en la última asamblea general realizada en Santiago, nuestros jefes
de delegación aprobaron el "Compromiso de Santiago con la Democracia y la
Renovación del Sistema Interamericano". El encuentro estableció una ambiciosa
agenda para promover y defender la democracia representativa y los derechos
humanos.
Nosotros,
como hemisferio, hemos hecho muchos progresos desde 1991. Las Américas han
finalmente surgido de las sombras del gobierno autoritario. Como ha dicho el
presidente Bush "este hemisferio va por la senda de la reforma, y nuestras
naciones la recorren juntas. Compartimos una visión, una asociación de países
fuertes, iguales y prósperos, viviendo y comerciando en libertad".
La Carta
Democrática Interamericana que aprobamos hace casi dos años en Lima es la
expresión más pura de nuestra convicción común de que la democracia es la única
forma legítima de gobierno y que nuestros pueblos no se merecen nada menos.
La
experiencia ha demostrado una y otra vez que la libertad da resultado, y que
las libertades políticas y económicas trabajan juntas, trabajan en concierto.
Colectivamente hemos reconocido que solamente un compromiso sostenido con la
libertad política y económica puede ayudar a millones de pobres en nuestro
hemisferio a salir por sí mismos de la miseria. Pero nuestro distinguido país
anfitrión correctamente ha llamado nuestra atención al hecho de que no hemos
completado la tarea que se inició aquí en 1991.
Nuestros
ciudadanos saben que las elecciones libres y justas no garantizan por sí solas
un gobierno efectivo, que rinda cuentas. Ni que un mercado irrestricto
garantice por sí solo el desarrollo sostenido.
Estamos aquí
para asegurarnos de que la democracia cumpla con el pueblo de este hemisferio.
La democracia política y la oportunidad económica corren parejas con el buen
ejercicio del gobierno. El respeto al imperio de la ley, la equidad, la
rendición de cuentas por el gobierno y las políticas económicas adecuadas
resultan en esperanza y oportunidades iguales para todos.
Nuestra
Carta Democrática Interamericana está en lo cierto al decir que la "democracia
y el desarrollo social y económico son interdependientes y se refuerzan
mutuamente". Al enfocar las discusiones de esta nuestra reunión en la
"gobernabilidad democrática" el gobierno de Chile sabiamente ha puesto de
relieve lo que los estados pueden y deben hacer para ampliar las oportunidades
económicas para todos sus pueblos.
Las nuevas
democracias establecidas con grandes esperanzas pueden esfumarse si la vida de
la ciudadanía común no cambia para bien. Las transiciones pueden ser caóticas.
Las transiciones pueden ser dolorosas. Sabemos que la corrupción acabará con el
tesoro de una nación y, lo que es más importante, socavará la confianza
pública. Y los extremistas se aprovecharán de la frustración y los temores al
futuro.
Por esto es
tan importante que cumplamos la meta fijada por nuestros jefes de estado y de
gobierno en todo el proceso de las Cumbres de las Américas, y crear para el
2005 el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esta Area de Libre
Comercio creará una mayor prosperidad para casi 800 millones de personas en 34
naciones de nuestro hemisferio.
El comercio
libre y los mercados abiertos pueden atraer las inversiones y el crecimiento
que generen empleos, si se instalan sobre una base de equidad. Los gobiernos
deben estar dispuestos a poner todos los recursos que tienen en la educación de
calidad, adecuado cuidado de la salud y la nutrición, servicios sanitarios
básicos y seguridad personal.
El
presidente Bush está determinado a ayudar a los países de todo el mundo que
luchan por hacer lo correcto en beneficio de sus pueblos. Este febrero presentó
al Congreso de Estados Unidos su trascendental Cuenta del Reto del Milenio.
Como dijó el
presidente Bush, la Cuenta del Reto del Milenio es un medio poderoso para
"atraer a naciones enteras al creciente círculo de la oportunidad y la
empresa". De ser financiada completamente la iniciativa aportaría el aumento
más grande en la ayuda de Estados Unidos al desarrollo desde el Plan Marshall.
Para el año 2006 representaría un aumento del 50 por ciento en los fondos
básicos de nuestro financiamiento a la ayuda al desarrollo en 2002. A partir
del 2006 pondríamos 5 mil millones de dólares al año en la Cuenta del Reto del
Milenio.
La Cuenta
del Reto del Milenio sólo será para los países que se gobiernan con justicia,
invierten en sus pueblos y favorecen la libertad económica. Varios países del
hemisferio cumplen con el umbral mínimo de ingresos para competir por los
fondos de la Cuenta del Reto del Milenio en el primer año del programa. Y
muchos otros países en las Américas posiblemente lo hagan en los años
sucesivos.
Los
innovadores esfuerzos bilaterales como la Cuenta del Reto del Milenio son
importantes. Al mismo tiempo, la cooperación regional es imperativa, porque
muchos de los problemas internos que enfrentan los países también tienen
implicaciones transnacionales importantes. Hace doce años la OEA carecía de
mecanismos de cooperación regional que se necesitaban. Hoy los tenemos.
Me viene a
la mente, inmediatamente después, la Convención Interamericana contra la
Corrupción y su mecanismo de seguimiento. Hace doce años habría sido
inconcebible sugerir que los países del hemisferio evaluaran los esfuerzos que
hace cada uno de los otros para combatir la corrupción. Pero eso es,
precisamente, lo que establece la convención.
La
efectividad incrementada de la Comisión Interamericana para el Control de la
Adicción Drogas es otro ejemplo que viene al caso. Inherente en el mandato de
la comisión está el consenso de que la adicción a drogas y el tráfico de drogas
ilícitas amenazan a todas nuestras sociedades y que debemos trabajar
concertadamente para detenerlos.
Luego del 11
de septiembre de 2001 colaboramos para darle nuevas energías a la Comisión
Interamericana contra el Terrorismo. Y nuestra aprobación de la Convención
Interamericana contra el Terrorismo, en la asamblea general del año pasado en
Barbados, subraya nuestra determinación de proteger nuestra región de este
enemigo maligno que no sabe de límites nacionales o morales.
Los
esfuerzos regionales han desempeñado un papel importante en la defensa de
nuestra misma democracia. Como todos sabemos, durante más de un año la
democracia de Venezuela ha estado sometida a seria tensión. Estados Unidos
acoge complacido el acuerdo alcanzado el 29 de mayo entre el gobierno de
Venezuela y la Comisión Coordinadora Democrática, de oposición.
Los
esfuerzos incansables del secretario general fueron decisivos en este proceso,
y le damos a usted las gracias.
Los
venezolanos deben asumir la responsabilidad de su propio futuro, pero nosotros
nos hemos comprometido a trabajar con la OEA, el Grupo de Amigos y otros para
apuntalar con apoyo práctico la aplicación de este acuerdo.
El pueblo de
Haití ha esperado un largo tiempo -- demasiado largo -- a que sus líderes
cumplieran con sus obligaciones según las Resoluciones 806 y 822 de la OEA.
La
democracia y el crecimiento económico de Haití se ven socavados por el fracaso
del gobierno en crear las condiciones de una solución electoral del "impasse"
político.
Liderada por
los esfuerzos del secretario general adjunto de la OEA Einaudi y la Misión
Especial de la OEA, la comunidad internacional ha dado apoyo substancial al
fortalecimiento de la capacidad institucional y la sociedad civil de Haití.
Como señal
adicional del compromiso de Estados Unidos con este esfuerzo, me complace
anunciar que Estados Unidos proveerá 1 millón de dólares adicionales a la
Misión Especial de la OEA para ayudar a mejorar el clima de seguridad de las
que esperamos serán unas elecciones libres y justas en Haití. Además, Estados
Unidos ha aumentado nuestra ayuda humanitaria a 70 millones de dólares en el
actual año fiscal.
Sin embargo,
si para septiembre próximo el gobierno de Haití no ha creado el clima de
seguridad esencial para la formación de un consejo electoral provisional digno
de fe, neutral e independiente, deberíamos volver a evaluar la función de la
OEA en Haití.
La OEA ha
emprendido otras iniciativas importantes en apoyo de la democracia en nuestra
región. Los estados miembros hicieron oír sus voces al unísono para denunciar
el aterrador bombardeo de un club en Colombia en febrero pasado.
Comprendemos
que los ataques del narcotráfico al pueblo de Colombia son una amenazada a
todos nosotros, a nuestros valores humanos y democráticos y a nuestros
intereses comunes en un hemisferio seguro y próspero. Colombia merece nuestra
inquebrantable solidaridad y nuestro pleno apoyo.
El pueblo de
Cuba mira cada vez más a la OEA para recibir ayuda en la defensa de sus
libertades fundamentales contra las depredaciones de la única dictadura del
hemisferio.
Deploramos
la represión de semanas recientes contra ciudadanos cubanos que trataban de
actuar basados en sus derechos humanos básicos. Protestamos contra las crueles
sentencias que se les impusieron.
La Carta
Democrática Interamericana declara que "los pueblos de las Américas tienen
derecho a la democracia". No dice que los pueblos de las Américas, excepto los
cubanos, tienen derecho a la democracia.
Aplaudo a
los miembros de la OEA que se mantuvieron fieles a sus principios y al pueblo
cubano al apoyar la reciente declaración sobre los derechos humanos en Cuba en
el pleno del Consejo Permanente. Mi gobierno espera con interés trabajar con
nuestros asociados en la OEA para encontrar maneras de apresurar la inevitable
transición democrática en Cuba.
Si nuestra
experiencia del último cuarto de siglo en este hemisferio y en todo el mundo
nos han enseñado algo, es que las dictaduras no pueden resistir la fuerza de la
libertad.
Amigos míos,
los tiranos, los traficantes y los terroristas no pueden prosperar en una
comunidad interamericana de democracias robustas, ciudadanías saludables y
economías dinámicas. El presidente Bush sigue profundamente determinado a
colaborar con los signatarios de la Carta Democrática Interamericana para
alcanzar nuestra común visión: un hemisferio de esperanzas realizadas.
Hacer reales
las esperanzas es el tema de esta asamblea general, "un nuevo compromiso con el
buen ejercicio del gobierno" es oportuno e importante.
Hace reales
las esperanzas es la razón por la que nuestras delegaciones necesitan prestar
atención especial a la "Declaración de Santiago sobre Democracia y Confianza
Pública".
Debemos dar
pasos concretos para mantener vigorosa la esperanza de la libertad entre los
pueblos de nuestro hemisferio. Los ciudadanos de las Américas esperan ver
resultados de sus democracias y de tener economías de mercado. No debemos
fallarles. Debemos cumplir.
Muchas
gracias, señora presidenta.
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Junio 11, 2003
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