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Señor
presidente, miembros de la comisión, es un honor para mí declarar hoy ante
esta comisión del Senado de Estados Unidos, respecto de la política
comercial de la administración Bush en relación con Cuba. Quiero
agradecer al presidente por darme esta oportunidad de declarar ante esta
comisión.
Ayer el presidente Bush anunció su "Nueva
Iniciativa para Cuba". La iniciativa desafía al
gobierno cubano a aplicar reformas políticas y económicas, y realizar
elecciones libres y justas en 2003 para la Asamblea Nacional. La iniciativa
desafía al gobierno cubano a abrir su economía, permitir los sindicatos
laborales independientes, y acabar con las prácticas discriminatorias
contra los trabajadores cubanos. Si el gobierno cubano da esos pasos
concretos para abrir su sistema político y económico, el presidente Bush
trabajará con el Congreso para aliviar la prohibición de comerciar y
viajar entre Estados Unidos y Cuba.
Reformas mediante, el comercio puede beneficiar al pueblo cubano y
permitirle gozar del progreso de nuestro tiempo. Sin reformas importantes,
el comercio irrestricto con Cuba sólo ayuda al régimen de Castro, no al
pueblo cubano.
"La Nueva Iniciativa para Cuba", también afecta inmediatamente al
pueblo cubano al facilitar importante ayuda humanitaria al pueblo cubano por
parte de grupos religiosos y otros grupos norteamericanos; al darle ayuda
directa al pueblo cubano por medio de organizaciones no gubernamentales; al
buscar el reinicio del servicio directo de correo hacia y desde Cuba; y al
establecer becas en Estados Unidos para los estudiantes y profesionales
cubanos que traten de construir instituciones civiles independientes y para
los miembros de las familias de presos políticos.
La "Nueva Iniciativa para Cuba" también establece que Estados
Unidos no es una amenaza a la soberanía cubana.
La "Nueva Iniciativa para Cuba" no es el final del examen de la
política emprendido por el presidente, sino el comienzo de una campaña
permanente, flexible y responsiva destinada a generar un cambio rápido y
pacífico dentro de Cuba.
La iniciativa es importante porque Cuba sigue gobernada por un dictador. El
régimen ha fallado en satisfacer las necesidades básicas del pueblo cubano
y continúa negándole las libertades de expresión y reunión, así como la
posibilidad elegir a sus líderes.
El Comité para la Protección de Periodistas sigue considerando a Cuba uno
de los 10 peores enemigos de la prensa en el mundo, al caracterizar sus
medidas como un "ataque arrasador" a los periodistas
independientes.
Cuba es la excepción en nuestra familia de naciones democráticas. Es
esencial que el desarrollo democrático, especialmente por medio de la
formación de organizaciones civiles independientes, partidos políticos y
elecciones libres, comience rápidamente para maximizar las perspectivas de
una transición suave hacia la democracia.
El régimen ha demostrado poco interés en reformarse a sí mismo, o en
avanzar hacia un gobierno más abierto y representativo. Por esta razón,
la administración se opone a medidas que tendrían el efecto de fortalecer
al régimen cubano. Pero la Iniciativa alienta al gobierno cubano a comenzar
a atender las preocupaciones que compartimos con otras naciones del
hemisferio.
Es central para nuestra política la realidad del gobierno de Cuba, que
continúa siendo hostil a Estados Unidos. Cuba sigue en la lista de
estados patrocinadores del terrorismo, en parte debido a que alberga a
fugitivos de la justicia de Estados Unidos.
Es más, el régimen cubano sigue violando los derechos humanos y las
libertades fundamentales. Esto quedó ampliamente demostrado por
el encarcelamiento de Vladimiro Roca, en las condiciones más graves de
opresión, durante más de 1700 días, simplemente porque tuvo el valor de
pedir un diálogo nacional. De hecho, la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas aprobó una resolución que le pide a Cuba hacer
progresos en el respeto de los derechos humanos, civiles y políticos.
Y, como lo anotó el secretario, una diversidad de acontecimientos a partir
de agosto de 2001 también han contribuido a la reevaluación de nuestra política
hacia Cuba.
Primero,
luego de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre, la reacción de
Cuba fue hostil a los esfuerzos de Estados Unidos para responder al
terrorismo. Esto se hizo evidente con las declaraciones del gobierno
cubano de que la guerra en Afganistán es "fascista y
militarista", y con las declaraciones del ministro cubano de Relaciones
Exteriores en la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando acusó a
Estados Unidos de apuntar intencionalmente a niños afganos para matarlos y
a hospitales de la Cruz Roja para destruirlos.
También en septiembre, cinco agentes del gobierno cubano fueron
sentenciados por conspirar para espiar contra Estados Unidos, incluyendo
esfuerzos para infiltrarse en bases militares de Estados Unidos. Uno
de esos cinco también fue condenado y sentenciado por conspirar para
cometer asesinato.
Todavía más, el 21 de septiembre de 2001 Ana Belén Montes, analista
principal en la Agencia de Inteligencia de Defensa, fue arrestada por espiar
para Cuba en contra de Estados Unidos. Posteriormente se declaró
culpable en marzo de 2002.
Espiar, dar albergue a fugitivos de la justicia de Estados Unidos, su
permanente violación de los derechos humanos y libertades fundamentales, se
combinan para mostrar que Cuba sigue adelante con sus políticas agresivas
contra Estados Unidos y contra su propio pueblo.
Es
más, sabemos que Cuba tiene una refinada infraestructura biotecnológica,
capaz de llevar adelante un programa de armas biológicas y que ha
transferido tecnología de uso dual a varios países del mundo, incluyendo a
aquellos que se sabe o se sospecha que tienen programas de armas biológicas.
Esos factores reiteran nuestro análisis de que Cuba por lo menos mantiene
un esfuerzo limitado de investigación y desarrollo de armas biológicas.
Esos incidentes demuestran claramente la hostilidad de Cuba hacia Estados
Unidos y la amenaza que representa a nuestra propia seguridad nacional. Como
resultado, la política de la administración considera que las visitas de
importantes funcionarios cubanos, en este momento, no son apropiadas y van
en detrimento del interés nacional.
Dicho esto, la administración está abierta a transformar la relación.
La iniciativa del presidente ofrece una alternativa seria, una que urgimos
al gobierno de Cuba que considere cuidadosamente.
Actualmente la venta de medicinas y productos agrícolas a Cuba es legal,
aunque sometida a ciertas restricciones. La venta de medicinas es
legal desde la aprobación de la Ley de la Democracia Cubana de 1992 (CDA);
sin embargo, el gobierno cubano ha sido reacio a comprar medicinas y equipos
médicos de Estados Unidos, en parte por lo menos porque considera los
precios demasiado altos.
En
1999, el presidente Clinton autorizó el licenciamiento, por parte de la
Oficina de Administración de Exportaciones, de la secretaría de Comercio,
la recientemente rebautizada Oficina de Industria y Seguridad, de la venta
de alimentos y productos agrícolas a entidades independientes en Cuba,
incluyendo grupos religiosos, agricultores particulares y empresas del
sector privado como los restaurantes familiares. Esta medida no resultó
en ventas importantes, porque el gobierno cubano se opuso a ella.
La Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Mejoramiento de
Exportaciones de 2000 (TSRA) permitió al gobierno cubano comprar, con
dinero en efectivo o con financiamiento de entidades financieras de terceros
países, productos agrícolas procedentes de Estados Unidos. Hasta
finales de 2001 Castro rehusó comprar "ni siquiera un grano de
arroz" de Estados Unidos, y posiblemente con buenas razones.
Cuba es uno de los países más fuertemente endeudados en el mundo, con la
carga de una deuda externa de casi 3.000 dólares per cápita, incluyendo la
deuda en rublos. Como resultado de su desempeño económico, Moodys
clasifica a Cuba en su categoría más baja. Cuba se halla en tan mala
situación que su marina mercante deja atrás "una huella de acreedores
impagos en cada puerto que visita", de acuerdo con un diario de
Amsterdam, que recientemente también señaló que "Cuba prácticamente
está en bancarrota". No es de extrañar que Castro hiciera un giro político
de 180 grados, luego del huracán Michelle en noviembre pasado.
A pesar de la implacable hostilidad por parte del régimen de Castro, la
administración ha cumplido y cumplirá sus responsabilidades de acuerdo con
la TSRA. Dado que Cuba decidió comprar alimentos en Estados Unidos,
Cuba ha hecho operaciones por más de 40 millones de dólares, con otros 50
millones de dólares en proceso. En total la administración ha dado
licencia para más de 1.200 millones de dólares en productos agrícolas
para Cuba desde la entrada en vigor de la TSRA en julio de 2001. Esas
compras demuestran la fuerte motivación del régimen cubano de completar
esas adquisiciones, particularmente si se tiene en cuenta que el gobierno
cubano ha preferido utilizar en esas transacciones sus muy limitadas
reservas en divisas extranjeras. Esta es una razón para el criterio
político de la administración, de que las visitas de mercadeo de
funcionarios cubanos de comercio no necesariamente concluyen en compras de
productos agrícolas de Estados Unidos.
Las solicitudes de visas por parte de funcionarios cubanos se consideran
caso por caso el momento de la solicitud, de acuerdo con la ley vigente y a
la luz de las consideraciones políticas actuales. El Departamento de Estado
reconoce que pueden ser necesarias las visitas a instalaciones de producción
agrícola para atender ciertos temas sanitarios y fitosanitarios, a fin de
que las ventas puedan concretarse. Se han concedido visas a ese tipo de
personal, y las solicitudes de visas que se reciben en la Sección de
Intereses de Estados Unidos serán cuidadosamente analizadas. Además, los
representantes de las empresas norteamericanas que busquen llegar a arreglos
comerciales legales pueden solicitar licencias específicas al Departamento
de Hacienda que permite visitas a Cuba relacionadas con transacciones.
En conclusión, como dijo ayer el presidente, citando a José Martí,
"las barreras de las ideas son más fuertes que las barricadas de
piedra". En beneficio del pueblo cubano, es hora de que de Castro deje
de lado ideas antiguas y fracasadas y comience a pensar de manera diferente
en el futuro. Hoy puede marcar un nuevo amanecer en la larga amistad
entre nuestros pueblos, pero solamente si Castro ve la luz.
Gracias, señor presidente
Mayo
27, 2002
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