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Uno de los aspectos más importantes a considerar en los procesos democráticos es la continuidad y la evolución vertical de los estados que se encuentran en desarrollo. Esto significa, en términos simples, que los Estados diseñen e implementen planes estratégicos de acción, que sean aplicados y estos tengan continuidad, y que estos planes no respondan a intereses particulares de grupos partidistas o políticos que ostenten momentáneamente el poder.
Los procesos iniciados por los gobiernos previos deben ser tomados en consideración y,
"que en las medidas en que estos se adhieran a los preceptos de un estado de derecho",
la nueva gestión perpetué dichas iniciativas para evitar lo que esta sucediendo en algunos países: un retraso o estancamiento socio-político y económico..
El hecho de que el gobierno de un país con flaquezas en la infraestructura política, social o educacional, logre mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos no es un ejercicio ni una acción que pueda implementarse a corto plazo, que es la duración de un periodo electoral en cualquiera de los países de Iberoamérica. Cuatro, seis o diez años no son suficientes para resolver problemas de varias décadas. Las estructuras políticas, sociales, educativas y culturales toman tiempo. Esta labor es un gran reto, se basa en una logística de continuidad a mediano y largo plazo. Como elemento básico debemos considerar, entre otros aspectos, el seguimiento de los procesos establecidos y la implementación de herramientas para mejorar los avances previamente emplazados.
Los cambios
"radicales" efectuados por nuevos gobiernos son un gran riesgo y pueden ser un obstáculo que obstruya el terreno ganado previamente. Por consiguiente, pudieran crear un desequilibrio social y económico que traiga consigo la inestabilidad, el descontento y la inseguridad, perjudicando la inversión extranjera, por ende, el país puede caer en un estado de crisis.
Los empresarios no se sentirían seguros de invertir en pequeñas o medianas economías con atizo de falta de continuidad, porque preverían que dicha inestabilidad pudiese perjudicar directa o indirectamente sus inversiones. Por consiguiente, preferirían irse a lugares más seguros, con economías más estables, con planes a mediano o largo plazo que puedan justificar dicha inversión .
La democracia se basa entre otros factores en la oposición, o sea, la presencia y representación de los diferentes partidos. De no ser así, estaríamos hablando de un sistema unípartidista. Si por votación popular esta situación unipartidista ocurriese aunque se le pudiera llamar democracia, de hecho, no lo es.
Esta problemática podemos identificarla en el recién derrotado sistema unipartidista mexicano, en la situación de Venezuela y en el actual gobierno de la República Dominicana. Esto se basa en el desconocimiento de las masas populares y la falta de educación en valores populares
(Ver Programa de Educación en Valores de la Organización de Estados Iberoamericanos OEI), y en las débiles estructuras internas de los partidos políticos, que carecen de reales mecanismos democráticos y responden mas bien al paternalismo político, el manejo del trafico de influencias, la corrupción de sus propios miembros, y la falta de espacios participativos y de estructuras de crecimiento para la formación de un liderazgo de relevo. La democracia no es solo la celebración de un proceso electoral y la elección por una mayoría de sus gobernantes, es, igualmente la participación horizontal, en el que la capacidad, el carisma y la inteligencia (s) (por lo de la inteligencia
emocional que tanto se discute ahora) de cada uno de los miembros del partido.
El alcanzar el poder no es el gobernar para un partido, es gobernar para un pueblo. No podemos optar entonces por ignorar los principios fundamentales de una real democracia. Este deterioro político, económico y social que se precipita en la región es un signo de alerta de que algo anda mal. La participación en el gobierno de diferentes sectores políticos pudiese ser un elemento saludable para estas democracias, pero esto es algo que la sabiduría popular debe de estar conciente. Una de las herramientas para manejar esta situación pudiese ser la celebración de elecciones separadas para los diferentes estamentos del estado.
Tomemos en cuenta cómo las economías y los mercados se ven afectados por esta situación de inestabilidad. Con razón las naciones desarrolladas, no sólo están concientes de esto, sino que se manifiesta como una gran preocupante por razones claramente obvias.
Otro factor determinante es la necesidad de que las
PYMES entiendan la responsabilidad que les corresponde como protectoras de sus respectivos estados y la necesidad de que estas se integren de manera congruente en esquemas comerciales que les permitan negociar al mismo nivel de las multilaterales y las grandes franquicias. Muchos pondrían esta responsabilidad sobre los hombros de los gobiernos, mas entendemos que esto no debe ser exclusivamente así. Este sector debe estar conciente de sus propios compromisos. Ya es sabido la importancia que estas tienen como fuente de empleos, desarrollo y equilibrio.
Esta situación se agrava aún más con la Globalización e inserción de las mega empresas y franquicias en los países en proceso de desarrollo que no cuentan con las infraestructuras necesarias para asimilar estas entidades y al mismo tiempo mantener las
PYMES nacionales saludables, creando así un estado de desequilibrio económico y social.
Con la sumatoria de todo lo expuesto, y añadiéndole el agravante fenómeno de la globalización y las nuevas tecnologías nos encontramos con un escenario que no favorece a las economías mundiales o nacionales ni tampoco a los procesos democráticos o de desarrollo social. Los efectos se están manifestando de una manera clara y palpable a nivel global y las soluciones propuestas no ofrecen una solución realista a corto plazo.
El fortalecimiento de las
PYMES y su inserción en los mercados globales, los acuerdos de libre comercio, la educación popular, los avances tecnológicos accesibles a las minorías y países en desarrollo y el uso proficiente de dichos son indispensables para lograr el equilibrio socio político, la estabilidad social y la continuidad de la democracia.
Mayo 27, 2001
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