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Introducción
Para
esta VII Bolsa Turística del Caribe se me ha pedido esbozar mis puntos de vista
respecto a tres factores que inciden de manera ominosa sobre el turismo mundial
y, más particularmente, sobre el flujo turístico hacia la región del Caribe.
Estos son 1) el terrorismo, 2) los conflictos geopolíticos (incluyendo la
guerra de Iraq), y 3) el SARS. En común, estas situaciones tienen la dudosa
distinción de ser peligrosos nubarrones en nuestro horizonte.
Las razones
que mueven a preocupación son obvias. Cualquier de estos factores erosiona la
confianza del consumidor, es decir,
la predisposición que puede tener cualquier ciudadano hacia los viajes,
independientemente de que sean nacionales o internacionales, de negocios o
placer. Para los destinos turísticos que dependen del flujo de visitantes
vacacionales la pérdida de confianza resulta más significativa. Nadie en su
sano juicio escoge un destino vacacional si existe la más ligera posibilidad de
que su tiempo de ocio sea arruinado por cualquier evento.
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Mientras, la
presencia de los factores citados coexiste hoy día con el turismo. En el caso
de nuestro país, las estadísticas reflejan un crecimiento de un 22% del flujo
de turistas extranjeros durante los primeros cuatro meses de este año. (Este
crecimiento refleja un fuerte crecimiento del flujo desde Canada –47.5%--, de
Estados Unidos –18.9%-- y una recuperación del flujo desde Europa –17.8%.) La
recuperación también se perfila como prometedora para el resto del Caribe. Eso
ha llevado a muchos a entusiasmarse, talvez en demasía, con las perspectivas de
la industria. ¿Se justifica el creciente optimismo sobre las posibilidades de
nuestra industria turística?
Naturalmente, el tratamiento de cualquiera de estos temas puede desbordar por
mucho los 15 minutos que me han asignado para prender la chispa del debate
entre los distinguidos miembros de este panel. Por eso no pretendo más que
ofrecer una panorámica “a vuelo de pájaro” en relación con cada tema y a
seguidas dar mi opinión.
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Al final de
cuentas, la llamada “demanda turística internacional” la determina una larga
serie de factores. Los tres escogidos y señalados más arriba pueden, sin
embargo, irradiar sus efectos perniciosos sobre todos los demás a muy corto
plazo. De ahí que importe lo que podamos concluir sobre las perspectivas de
estos tres flagelos inmisericordes. Pero otear en una bola de cristal sobre
cada uno es un ejercicio de atrevidos y un reto al albur. Por eso será tan
importante que los conceptos aquí expresados sean amplificados por los
panelistas.
El terrorismo
No cabe duda
de que el terrorismo siempre ha sido un enemigo mortal del turismo, sin
importar donde ocurra. A la gente no le gusta viajar a un sitio donde podría
surgir una posibilidad de que sus vidas corran peligro. Por eso se cancela un
viaje a un área de conflicto con instantánea facilidad si la misma está siendo
el blanco de ataques terroristas.
Afortunadamente, el Caribe sigue siendo un sitio relativamente tranquilo.
Aunque en algunos de sus países puede ocurrir algún acto de violencia
terrorista de vez en cuando, ese tipo de suceso es hoy día extremadamente raro
(con la sola excepción de Colombia) en la región. Por eso no debe extrañar que
las encuestas entre potenciales turistas europeos indican que el Caribe está
siendo favorecido por una inmensa mayoría para fines vacacionales.
Esa
circunstancia no debe llevarnos a una torpe complacencia. El acto terrorista
que se comete en una latitud del globo pueda influir muy negativamente en
otra. Basta el ejemplo del archiconocido 11 de Septiembre, con su terrible
secuela de erosionamiento del crecimiento económico mundial y su impacto
debilitador en los flujos turísticos internacionales, para percatarse de ello.
Por el hecho de que existan doce convenciones internacionales contra el
terrorismo y que, después de la fatídica fecha, los Estados Unidos haya
movilizado una coalición de más de 90 países para luchar en su contra, la
amenaza terrorista sigue “campante” con nosotros.
Un “Informe
sobre las Tendencias del Terrorismo Mundial” del 30 de Abril del 2003 elaborado
por el Departamento de Estado de los Estados Unidos da cuenta de que: “Los
terroristas internacionales llevaron a cabo 196 ataques en 2002, una baja
considerable (45 por ciento) en relación con los 355 ataques registrados en
2001. Un total de 717 personas fueron muertas en ataques el año pasado, un
número mucho menor que los 3,295 muertos el año previo, cifra que incluye los
miles que murieron en los ataques del 11 de Septiembre en Nueva York,
Washington y Pensilvania. Un total de 1983 personas fueron heridas por
terroristas en 2002, menos que las 2283 personas heridas el año anterior.”
Los lugares
donde sucedieron y continúan sucediendo la mayoría de los actos terroristas son
bien conocidos. Resulta fácil pensar en el Medio Oriente como primer foco de
este tipo de delito, pero en el resto del mundo árabe, en Chechenia, Colombia y
Filipinas también la frecuencia de los actos les otorga un perfil
sobresaliente. El citado informe del Departamento de Estado indica, sin
embargo, que “ninguna región del mundo y ningún tipo de objetivo está fuera del
alcance o de los intereses estratégicos de las organizaciones terroristas
internacionales.” Dicho informe también resalta el hecho de que Estados Unidos
considera a Cuba, Irán, Libia, Corea del Norte, Sudán, Siria y hasta hace poco
Irak como estados que patrocinan el terrorismo.
Después del
11 de Septiembre, por supuesto, ninguna amenaza terrorista en el mundo rivaliza
con la presentada por Al-Qaida. Aunque más de 3,000 de sus efectivos han sido
capturados y la mitad de sus dirigentes está bajo arresto, estamos lejos de su
total decapitación. Su fuerza está sensiblemente menguada hoy día como
resultado de la tenaz persecución perpetrada por Estados Unidos y la coalición
de países que se ha formado para combatir el terrorismo. Pero los recientes
actos terroristas en Arabia Saudita y otros países árabes y las frecuentes
alertas de seguridad que emite el mismo Gobierno de los Estados Unidos
demuestran que su sombra continua amenazando a un mundo ansioso y desconfiado.
Para la
industria turística del Caribe la situación debe ser preocupante. Lejos de
alegrarnos de que los flujos que tradicionalmente van a países como Israel,
Turquía y Egipto están ahora buscando destinos alternativos, los responsables
de la industria deberán mantener un ojo avizor sobre los acontecimientos. Las
últimas noticias son de que los mensajes de la dirigencia de Al-Qaida invitan a
sus seguidores a cometer actos terroristas contra blancos e intereses
estadounidenses en cualquier parte del mundo. Si recordamos que más de la
mitad de los turistas que visitan los destinos del Caribe provienen de Estados
Unidos, no podemos menos que horrorizarnos frente a la posibilidad de que los
terroristas de Al-Qaida los hagan sus blancos.
Afortunadamente, la lucha contra Al-Qaida y contra el terrorismo en general se
acrecienta cada día. El hecho mismo de que sus más recientes actos terroristas
hayan tenido lugar en el mundo árabe sugiere que las medidas de seguridad
tomadas por los Estados Unidos y otros países aliados han alejado la
posibilidad de que los mismos se reproduzcan en su suelo. La suerte está
echada en ese sentido. Los gobiernos no tienen otra alternativa que
intensificar su lucha contra el terrorismo. Las apuestas pueden estar a favor
de los gobiernos dados los logros hasta ahora alcanzados.
Una breve
reflexión sobre la historia de la humanidad nos llevará rápidamente a la
conclusión de que el turismo seguirá vivo por mucho tiempo a pesar de la
amenaza terrorista. Los destinos turísticos vacacionales están retados, sin
embargo, no sólo a acrecentar las medidas de seguridad en sus puertos y
aeropuertos. También deberán colaborar diligentemente con los esfuerzos
internacionales para contener la amenaza terrorista. De manera que los líderes
privados de la industria turística tienen en su agenda una prioridad más con
que urgir a sus gobiernos.
Incertidumbres geopolíticas
Los
organizadores de la VII Bolsa nos pidieron enjuiciar el impacto de la guerra de
Iraq sobre las perspectivas turísticas. De hecho parecería como si la petición
fuera un tanto desbordada por el tiempo, ya que la guerra de Irak parece un
lejano acontecimiento. Pero debemos admitir que, de haberse prolongado por un
tiempo más largo, el impacto en la economía mundial pudo haber sido
catastrófico, sobretodo si hubiese desencadenado un conflicto regional.
La buena
nueva es que, una vez terminado ese conflicto, los precios del petróleo han
bajado. Algunos analistas consideran que seguirán bajando hasta situarse en
una franja cercana a los US$20 dólares el barril. La OPEC, sin embargo, busca
estabilizarlo alrededor de los US$25 dólares. Cualquiera que sea finalmente el
resultado, el efecto neto de la terminación de la guerra de Irak ha sido y
seguirá siendo una baja sustancial en los precios que alcanzó el crudo. Eso
obviamente deberá manifestarse en un efecto benéfico para la economía mundial
y, más particularmente, para la industria del transporte aéreo y el turismo
nacional e internacional.
Sin embargo,
el informe del Fondo Monetario Internacional sobre el “World Economic Outlook”
(Perspectivas Económicas Mundiales) de Abril del 2003 dice que el ritmo de
recuperación económica global se ha alentizado desde finales del año pasado
debido, entre otros factores, a las crecientes incertidumbres geopolíticas.
Pero el mismo informe concluye que dicha recuperación se reafirmará en lo que
resta del 2003, logrando un crecimiento del PBI mundial de algo más del 3 por
ciento. Por ende, podría colegirse de la conclusión que no se esperan
acontecimientos geopolíticos que den al traste con la (lenta) recuperación.
Para la
industria turística internacional, sin embargo, vale la pena otear el horizonte
a fin de evaluar el verdadero potencial de las “incertidumbres geopolíticas” de
impactar negativamente los flujos turísticos. Ahora que el manto de
incertidumbre provocado por la guerra de Irak parece haberse disipado, conviene
preguntarse cual es el potencial desestabilizador de otros conflictos políticos
potenciales. A continuación me aventuro a hacer una breve evaluación en vista
de que lo de Irak ya no aplica.
A mi juicio
y sin restar importancia a otros, hoy día existen en el mundo tres conflictos
que pudieran desatar cataclismos políticos y económicos con impacto devastador
sobre los flujos turísticos. Estos son 1) el conflicto israelí-palestino, 2)
el conflicto entre la India y Pakistán por la posesión de Cachemira, y 3) el
conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte. Cualquiera de ellos podría
desatar una guerra mundial, en el peor de los casos, o prohijar una situación
bélica regional que tenga repercusiones internacionales de consideración.
Cualquiera de ellos tiene el potencial de dañar muy profundamente a la
industria turística mundial. Con la única excepción del de Taiwán, otros
conflictos tales como los de Chechenia, Irlanda del Norte y Filipinas tienen
repercusiones más nacionales que internacionales y no comportan una
preocupación global.
Naturalmente, las posibilidades de que cada una de estas situaciones derive en
los temidos cataclismos dependerá del cristal con que la mire cada analista.
Desde mi ángulo de observación, sin embargo, la situación puede verse con
optimismo. En el caso del conflicto de Medio Oriente existen condiciones muy
favorables al proceso de paz actualmente, después que la Autoridad Palestina
cediera a las presiones de la comunidad internacional e instalara un nuevo
Primer Ministro. Ya ese Primer Ministro pudo reunirse con el Primer Ministro
de Israel y existe una “ruta” hacia la paz que ha sido propuesta por la
comunidad internacional. Aunque los ataques terroristas continúan y es seguro
que algunos grupos palestinos querrán sabotear ese proceso de paz, la verdad es
que nunca se habían producido condiciones tan propicias para un acuerdo de paz
como las actuales.
El conflicto
de Cachemira también ha entrado en una etapa muy prometedora. India acaba de
mostrar su disposición de restablecer las suspendidas relaciones diplomáticas
con Pakistán y los líderes de este último país han visto el gesto con muy
buenos ojos. Todo parecería indicar que estas dos potencias nucleares están en
camino de apaciguar los ánimos, sino de resolver sus diferencias. Como en el
caso árabe-israelí, el peligro del sabotaje de los esfuerzos de paz continuará
latente. Cualquier feo incidente militar en la región de Cachemira, o
cualquier atentado terrorista como el perpetrado el pasado año contra el
Congreso de la India por extremistas musulmanes, podría descarrilar los
aprestos de paz. Pero por ahora esa situación luce bastante prometedora.
El conflicto
entre Corea del Norte y Estados Unidos, aunque con visos esperanzadores
actualmente, si comporta todavía rasgos imponderables. La retórica agresiva de
Corea del Norte continua viva, aún cuando después de la guerra de Iraq esta
accediera a la discusión multilateral del problema. (Recuérdese que Estados
Unidos insistió en no entablar conversaciones con Corea del Norte que fueran
bilaterales y que en las mismas debía participar China, Corea del Sur y
Japón.) Corea del Norte confronta una situación económica desastrosa –con una
secuela de hambruna para varios millones de sus habitantes—y, al mismo tiempo,
ha declarado tener un programa de producción de armas nucleares. Mueve a
optimismo, sin embargo, el hecho de que en ocasiones anteriores Corea del Norte
ha recurrido a la retórica beligerante como un preludio para las negociaciones
con Estados Unidos.
Al final de
cuentas, el análisis de estas incertidumbres geopolíticas lleva necesariamente
a querer esbozar las perspectivas económicas mundiales y su impacto sobre el
turismo. Ya hemos visto que el Fondo Monetario Internacional ha pronosticado
que el crecimiento económico mundial continuará, aunque lentamente, hasta que
sea posible alcanzar una tasa del 3% sobre el PBI mundial. Aunque algunas
naciones están en el camino de crecer más que otras, parecería entonces que, en
ausencia de algún acontecimiento geopolítico impredecible, existe una
plataforma económica medianamente satisfactoria para respaldar a la industria
turística, por lo menos en el corto plazo.
Para el
Caribe y para la República Dominicana en particular, la cuestión económica debe
verse más específicamente en relación a las perspectivas de las economías
norteamericana y europea. Esto así, por supuesto, debido a que estas dos
regiones son las fuentes principales de nuestros visitantes turísticos. En tal
sentido, los analistas internacionales están a la espera de que la economía de
los Estados Unidos continue su lento proceso de recuperación. Todos sabemos
que esa economía es el motor del crecimiento mundial y que según vaya ella irá
el mundo.
A pesar de
que la situación de la economía de Estados Unidos es objeto de encendidas
controversias, los analistas parecen coincidir en que el lento proceso de
recuperación continuará en el corto plazo. A pesar de que el desempleo está
cerca del 6%, los economistas opinan que la tasa de crecimiento cerrará cercana
al 2.6% este año. Se espera que la aprobación por parte del Congreso de un
recorte de los impuestos por el monto de US$300 billones (menos de la mitad de
lo solicitado por el Presidente Bush) produzca un estímulo económico
importante. Otros cifran en la relativa tranquilidad geopolítica las
esperanzas por un aceleramiento del crecimiento. Asimismo, existen temores de
que la limitada inflación que actualmente se experimente pueda derivar en una
deflación. Y la pérdida de valor del dólar con respecto al euro (un 10% en lo
que va del año) y el yen tenga efectos adversos. La opinión mayoritaria, sin
embargo, es que el debilitamiento del dólar espoleará positivamente las
exportaciones.
En relación
a la vacilante economía europea, el elemento dominante actualmente es la lenta
pero persistente valoración del euro. Aunque cuando en 1999 la nueva moneda
apareció en el mercado su valor se situó por debajo del dólar y los pronósticos
oficiales eran de que en término de dos años la situación sería diferente. Hoy
día el euro se cotiza a 1.15 dólar, en comparación con 86 centavos hace 15
meses y 82 centavos cuando el euro tocó fondo en octubre del 2000.
Naturalmente, los temores son de que el más alto valor de la moneda deteriore
la balanza de pagos europea vía la caída de las exportaciones. Esto es más
significativo en el caso de Alemania, donde el crecimiento económico
prácticamente nulo amenaza arrastrar el resto de Europa y donde las
exportaciones representan un tercio de la economía. De ahí que el pronóstico
es de que la economía europea crecerá en apenas un 1% este año.
¿Qué
significan estas situaciones de los dos más grandes mercados emisores de
turistas para el Caribe y la República Dominicana? En el caso de los
visitantes de Estados Unidos lo predecible es que no suceda nada muy diferente,
es decir, que su ritmo de crecimiento continúe a los niveles de los promedios
históricos. En nuestro país el flujo de estadounidense creció, como se
señaló anteriormente, en casi un 19% en el primer cuatrimestre de este año.
Pero eso podría ser sólo el resultado del crecimiento general que había estado
experimentando ese mercado. En términos generales, las perspectivas del flujo
estadounidense hacia el Caribe podrían juzgarse favorables --aunque no
espectaculares—por el simple hecho de que el efecto 11 de Septiembre se está
disipando y los estadounidenses se sienten mejor después de la guerra de Irak.
Con relación
a Europa, es seguro que los flujos turísticos hacia el Caribe se incrementarán,
por lo menos en el corto plazo y a pesar de que subsisten temores de que el
valor del euro pueda desatar una recesión. Esto así porque el encarecimiento
del euro trae como consecuencia el abaratamiento de las vacaciones en el Caribe
y en todas aquellas áreas que están dolarizadas. Si esto se añade a la
percepción que tienen los europeos del Caribe como una región libre de
terrorismo, las perspectivas se tornan todavía más halagüeñas. El mercado
alemán puede mostrarse aletargado en el corto plazo, pero el resurgimiento del
mercado inglés, francés, español e italiano es un hecho para la industria
turística dominicana. Y parece enteramente posible que esto se prolongue en el
mediano plazo.
El SARS
(neumonía atípica)
Aparentemente una derivación del virus corona de la gripe, de esta nueva
infección viral que actualmente se desarrolla de manera principal en los países
asiáticos no es mucho lo que haya que decir. Se sabe que el virus de la
neumonía atípica –o síndrome agudo respiratorio severo—se transmite por el aire
y por contacto y que puede ser mortal. De hecho ya se cuentan en más de 400
las muertes y el número de casos aumenta a diario. Por su facilitad de
contagio, el virus puede tener un impacto devastador no sólo sobre vidas
humanas sino también sobre las economías donde se instale la epidemia. Sólo
hay que ver lo que pasó en Hong Kong y en Toronto para colegir lo que podría
pasarle a un destino turístico si el virus lo ataca.
Se cree que
el virus se originó en la Provincia Guan Dong de China y los primeros reportes
sobre su incidencia comenzaron apenas en noviembre del año pasado. En marzo
comenzó a hacer su aparición en Hong Kong y en Hanoi y Singapur pronto también
compartió la lamentable situación de asedio por el virus. La prensa ha ido
dando reportes sobre los esfuerzos de los diferentes gobiernos y de la
Organización Mundial de la Salud por contener el virus. Pero hasta ahora no se
tiene una cura certera ni mucho menos se cuenta con una vacuna. Las
perspectivas son buenas de que pueda encontrarse una vacuna en un período
relativamente corto --ya científicos chinos han encontrado anticuerpos del
SARS-- pero eso no elimina los temores existentes.
En el Caribe
no se han reportado casos de SARS, ni en la República Dominicana. Las
autoridades dominicanas han tomado medidas cautelares en los aeropuertos del
país para contrarrestar la propagación del virus. (Recientemente se mantuvo
detenido un avión de COPA AIRLINES porque un pasajero había sido desmontado en
Panamá con los síntomas del virus.) Pero debemos admitir que la cuantía del
flujo de pasajeros aéreos que visita y se origina en la República Dominicana
nos hace vulnerables a la aparición de la infección.
Las
autoridades sanitarias de la región del Caribe están particularmente retadas
por este flagelo. De su capacidad para prevenir la infección depende en gran
medida el futuro inmediato de la industria turística. Las autoridades
aeroportuarias conllevan igual responsabilidad en la aplicación de las medidas
precautorias. Pero en verdad es poco más lo que se puede hacer. Estamos a
merced de que los científicos encuentren una vacuna en el corto o mediano
plazos y de que las autoridades sanitarias puedan aislar los afectados de
manera efectiva.
Para la
industria turística del Caribe el SARS es un nuevo factor de preocupación y, al
igual que el terrorismo, debe mover a que los agentes privados del sector
demanden de sus autoridades el cuidado necesario.
Conclusiones
El repaso
anterior, aunque breve, debe haber despertado en todos una inquietud por los
nuevos retos que confronta la industria turística. Esa inquietud debe
traducirse en la búsqueda de las medidas cautelares y precautorias que
contribuyan a prevenir actos terroristas o el contagio del SARS. Sobre las
situaciones de conflictos geopolíticos es poco lo que puede hacerse.
Sin embargo,
las perspectivas generales de la industria turística en el Caribe son bastante
buenas actualmente. El turismo seguirá recuperándose y podría ser que el 2004
sea un año de gran bonanza, si sólo porque los europeos nos perciben como un
destino seguro. Vamos a cruzar los dedos para que estos augurios se
materialicen.
1.)
Juan Llado es asesor de la Junta Directiva de la Bolsa Turística del Caribe.
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Mayo 26, 2003
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