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Era
de prever: los dictadores y gobernadores autoritarios en el mundo entero
usaron el imperativo de combatir el terrorismo tras los espantosos atentados
del 11 de septiembre como pretexto para tratar de poner freno a todas las
libertades que les impiden ejercer un control total en sus países.
También
era de prever que una de las primeras libertades en verse amenazadas fuera
la libertad de prensa.
Incluso
los gobiernos de grandes democracias como la estadounidense o la británica
incitaron a la prensa a no difundir ni publicar los mensajes de Osama bin
Laden y de sus colaboradores justificando sus actos.
Estas
invitaciones a la autocensura fueron recibidas con satisfacción irónica de
la parte de representantes de gobiernos como el de Singapur, veteranos en
materia de control de la prensa. El delegado de Singapur ante la ONU elogió
el ejercicio por parte de la Casa Blanca de lo que él calificó de
"una censura saludable y orientada", tras un llamado lanzado el 10
de octubre por el Asesor en Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, para que
los canales de televisión estadounidenses no transmitieran las
declaraciones de Osama bin Laden. El diario The Washington Post citó en su
nota editorial a un reportero ruso, quien preguntó al Presidente George W.
Bush "por qué seguía expresando su inquietud ante la libertad de los
medios en Rusia, cuando él mismo estaba intentando limitar la libre
circulación de información."
Las
presiones sufridas por la prensa después del 11 de septiembre prueban una
vez más que prácticamente cualquier gobierno, dadas las circunstancias,
intentará limitar la libertad de expresión a partir del momento en que es
contraria a sus intereses, incluso a expensas de su propia credibilidad.
Este
tipo de control sobre la prensa resulta contraproducente. Según la creencia
democrática, los ciudadanos deben estar informados, aun tratándose de
realidades desagradables, para poder emitir juicios ponderados.
El
gobierno Talibán de Afganistán, aliado de bin Laden, mostró hasta qué
punto temía el periodismo independiente al prohibir el acceso a casi todos
los corresponsales extranjeros y al arrestar y lanzar amenazas graves a los
periodistas que penetraban en zonas controladas.
Nosotros
creemos que los ciudadanos tenían que ver y escuchar todas las
declaraciones y sermones de Osama bin Laden. Y lo mismo se aplica a los
dictadores en el poder. Al exponerlos a la luz del día, la prensa libre
revela su verdadera identidad e irracionalidad.
Esto
lleva además a una confrontación de ideas, opiniones y hechos en un debate
público abierto. Como siempre, el remedio más eficaz contra los malos
discursos es la multiplicidad de discursos.
La
mayor parte de la prensa democrática mundial reaccionó ante las presiones
surgidas después del 11 de septiembre con manifestaciones enérgicas de
independencia. En la nota editorial del 12 de octubre, el Los Angeles Times
escribió: "Por más riesgos que represente una prensa libre, es aún más
peligroso intentar silenciar los medios informativos. La información es lo
que permite a la gente tomar decisiones sólidas."
El
21 de septiembre, el Comité de Coordinación de Organizaciones por la
Libertad de Prensa, compuesto de nueve miembros, presentó una moción:
"Para vencer el mal que representa el terrorismo, lo mejor es exponerlo
abiertamente en público. La censura, las restricciones de acceso a los
periodistas y las limitaciones impuestas al contenido informativo pueden
interferir con esta necesaria exposición pública."
Ante
el pedido del director de comunicaciones del Primer Ministro Tony Blair,
Alistair Campbell, de no transmitir las declaraciones de bin Laden, los tres
principales canales de televisión británicos respondieron que mantendrían
su independencia en materia de criterios editoriales. Richard Sambrook,
director de información de la BBC, recordó que el gobierno británico ya
quedó en ridículo cuando la ex Primera Ministra Margaret Thatcher impuso
reglas contra la transmisión en directo de declaraciones hechas por
portavoces del IRA. Los presentadores burlaron la censura al llamar a
actores para que leyeran las palabras de los militantes, haciéndolos
corresponder con imágenes de los oradores originales.
Parecería
que la Administración de Bush aprendió algunas lecciones tras haber
sufrido el rechazo del primer mandatario del Emirato Árabe de Qatar, donde
se halla la red independiente de televisión por satélite en lengua Árabe
al-Jazeera. El Departamento de Estado de los EE.UU. le pidió al Emir que
presionara a la compañía para que cesara de difundir las declaraciones de
bin Laden bajo forma de primicias. Tras la negativa del Emir, la
Administración estadounidense concibió una solución mejor. Hizo pública
su condena de toda idea nefasta, presentándola ante los televidentes árabes
por intermedio de personajes prestigiosos, tales como Condoleeza Rice y
personalidades diplomáticas que hablaban el árabe, quienes daban a conocer
la versión estadounidense de los hechos.
No
sólo la prensa ha expresado su inquietud con respecto a las limitaciones
impuestas a la libertad de prensa. El 20 de octubre, el Director General de
la UNESCO, Koichiro Matsuura, se dirigió al Consejo Ejecutivo del Instituto
Internacional de Prensa para recalcar la necesidad de dejar de usar la campaña
contra el terrorismo internacional como pretexto para limitar la libertad de
prensa y de expresión:
"Lo
que me preocupa es que la libertad de expresión, la libertad de los medios
informativos y los procesos democráticos corren el peligro de encontrarse
en medio de un fuego cruzado entre el terrorismo transnacional y la búsqueda
de seguridad. El contexto en el cual se formuló la Constitución de la
UNESCO permite sacar algunas lecciones útiles en este sentido. Los
fundadores de la UNESCO reconocieron que el nazismo había transformado los
medios informativos en un instrumento de control político, de ideología
racista y de incitación al odio. Pusieron una fe entera en la libertad de
expresión sin restricciones y en la libre circulación de la información.
En efecto, los fundadores de la UNESCO estaban convencidos de que estas
libertades son, a largo plazo, el mejor baluarte contra el racismo y los
prejuicios...
"Rechazo
enérgicamente la idea de que, para tener seguridad, debemos sacrificar
nuestras libertades. El temor provocado por las amenazas terroristas puede
originar leyes y reglamentaciones contrarias a los mismos derechos y
libertades que la campaña antiterrorista pretende defender."
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1)
El Comité Mundial por la Libertad de Prensa (WPFC), que comprende 44
organizaciones afiliadas en seis continentes, está en la vanguardia de la
lucha por la libertad de prensa en el mundo. El WPFC hace hincapié en
cuestiones de supervisión y de coordinación, defiende vigorosamente los
principios de la libertad de prensa y sostiene programas de asistencia práctica.
James H. Ottaway, Jr. es Presidente del WPFC, y Ronald Koven es el
Representante Europeo.
Mayo
6, 2002
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