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Presidente
Havel, usted ha defendido la libertad de expresión y pagado el precio
purgando una condena de casi cinco años de prisión. ¿Cuál es el secreto
de ese coraje para resistir?
Según
mi experiencia personal, yo diría que ese coraje no proviene de un instante
único en la vida de una persona en el que decide convertirse en héroe o
seguir siendo cobarde para siempre. Se trata más bien de un proceso de
desarrollo en el que se da un primer paso que uno considera importante,
luego le sigue otro y otro más hasta que se produce un encadenamiento de
pasos en el que intervienen no solamente las decisiones que toma el
individuo, sino también las circunstancias en las que vive. No cabe duda
que el temperamento influye, pero suele suceder que la influencia decisiva
surja de circunstancias externas. Muchas personas se han sorprendido a sí
mismas al descubrirse valerosas.
No
hace mucho, aquí en el Castillo de Praga, presenté unas condecoraciones
importantes a dos periodistas checos, Petra
Prochazkova y Jaromir Stetina, por su labor en Chechenia y en
Afganistán. Cuando pienso en ellos, constato una vez más que probablemente
no se tratara de una decisión tomada en el inicio de sus carreras de
convertirse en héroes. Fue más bien una situación a la cual los fue
conduciendo, paso a paso, su curiosidad como periodistas y sus exigencias
profesionales, hasta llevarlos a un punto extremo donde se corren graves
peligros. En este punto tuvieron que dar pruebas de su voluntad de afrontar
problemas, exponerse a peligros y resistir presiones. En determinado
momento, se me ocurre que terminan sintiéndose atraídos por la posibilidad
de ejercer el periodismo en contextos peligrosos y que ahora, en el marco
tranquilo de Praga, pueden llegar a impacientarse y tener deseos de viajar.
Ya
hace más de diez años que se produjo el desmembramiento de la ex Unión
Soviética. ¿Cuál es su diagnóstico en cuanto a la evolución de la
libertad de expresión en esa región durante esta última década?
Esencialmente,
creo que se observa un proceso irreversible de democratización y de
libertad de expresión en casi todos lo países de Europa Central y del
Este, incluidos los Balcanes. Sin embargo, en los doce años transcurridos
desde la caída del comunismo, hemos visto una cantidad de fenómenos
completamente nuevos e imprevisibles. En ciertos países, el proceso de
desarrollo se dio más rápidamente de lo previsto, mientras que en otros ha
seguido un camino lento y tortuoso lleno de bifurcaciones y de sorpresas.
Por otra parte, hay que tener en cuenta también el cambio de generación,
dado que la mayoría de los periodistas que escriben en los periódicos hoy
en día no tenían sino diez o quince años
cuando empezó el proceso de democratización. Ellos crecieron y
estudiaron en un contexto mucho más marcado por auténticos valores democráticos
que las generaciones precedentes. Existe
también otro factor importante en la evolución de la libertad de
expresión en esta parte del globo, y es el proceso de mundialización. El
acceso a información procedente de prácticamente todo el mundo vuelve cada
vez más difícil ejercer un control estricto sobre los medios informativos
en una sociedad herméticamente cerrada.
Según
usted, ¿qué desafíos comporta este proceso?
Muchos
países en esta región tienen sin duda un largo camino por delante, y
espero que la comunidad internacional se concentre en este proceso para
impulsarlo. Sin embargo, hay otro aspecto que quisiera recalcar. Tengo la
impresión de que, en muchos países, existe una amenaza que dentro de
cincuenta años puede convertirse en el mayor peligro para la libertad de
expresión. En una situación donde no se ejerce ninguna censura u opresión
política directa, pueden surgir problemas mucho más complejos, sobre todo
en el plano económico, que coarten la libertad de palabra.
Es posible que se esté viendo en Italia una forma incipiente de este
problema.
En
estas circunstancias, los grupos cívicos voluntarios no gubernamentales y
de defensa de los derechos humanos han de desempeñar un papel fundamental
porque estas comunidades son, por definición, las que deben resistir a la
manipulación y a la censura, sobre todo en su aspecto económico.
Otro
problema directamente relacionado con el acceso a la democracia es el que
representan las organizaciones terroristas, y cómo responde a ellas el
mundo democrático.
Se
trata sin duda de un tema delicado. De hecho, yo personalmente puedo ver
este conflicto potencial entre la libertad y la seguridad desde ambos puntos
de vista. Primeramente desempeñe un panel de crítico político, con una
visión externa de los hechos, para luego convertirme en político yo mismo.
Por consiguiente, puedo entender que a ciertos políticos les moleste que la
prensa se entere de absolutamente todo; incluso hay cosas que aparecen
publicadas en los diario antes siquiera de que los políticos hayan tomado
una decisión sobre ellas. Y en algunas situaciones puede resultar necesario
que un político comunique algo confidencialmente antes de que la información
se divulgue a través de la prensa.
Pero
las cosas no pueden ni deben ser de otra manera. Creo que la libertad es
siempre la primera prioridad. Para los medios informativos, la cuestión de
la seguridad está relacionada con la responsabilidad y con las normas
profesionales, y se les debe exigir que las asuman y respeten.
Los
gobiernos en Europa Central y del Este, así como en la República Checa,
han sido criticados en los últimos meses por interferir con los medios
informativos y tratar de controlarlos. ¿Qué opina usted de esto?
Siempre
he sido partidario de la crítica justificada en mi país. Solía decir lo
mismo bajo el comunismo, y pienso en efecto que la crítica intelectual
franca contribuyó a poner de relieve ciertas cosas que funcionaban mal en
el país. En aquel entonces, el principal medio informativo era para mí la
Radio Free Europe, situada en Munich. Hoy en día, cuando hay una crítica
de esta índole, soy el último en rechazarla.
No
obstante, cabe aquí un explicación histórica. En los países
poscomunistas, la situación es bastante compleja porque estos países han
sufrido y siguen sufriendo profundos cambios. En el mundo occidental, no se
han visto transformaciones tan radicales en materia de propiedad y de
privatización.
En
este proceso de transformación, han aparecido todo tipo de tentaciones,
entre las cuales la de intentar amalgamar el poder político y el económico.
El proceso requiere una vigilancia constante de parte de la prensa y de la
sociedad civil, y la crítica bien fundamentada y argumentada no sólo es
aceptable, sino indispensable para el progreso constante de la democracia.
Quisiera
citar a un juez estadounidense que dijo una vez que los terribles asuntos
que llenan las páginas de la prensa sensacionalista son un precio ínfimo a
pagar por el inestimable privilegio de la libertad.
Presidente
Havel, en aproximadamente un año se terminará su mandato como presidente
de la República Checa. ¿Qué planes tiene para su jubilación?
Quisiera
poder escribir un libro con mis reflexiones — si Dios me otorga salud y
fuerzas —, y un análisis de mis casi 13 años de presidencia, con la
mayor independencia posible. La prensa me pregunta con frecuencia cuáles
han sido, a mi juicio, mis principales errores. He podido constatar, sin
embargo, que al señalar los principales errores que supuestamente he
cometido, los periodistas han pasado por alto los peores, y no estoy muy
dispuesto a facilitarles la tarea revelándolos yo mismo.
Abril
30, 2002
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