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El
Impacto de la caída de los precios del café 
El
Impacto de la caída de los precios del café ZIP 
Resumen
El
sector cafetalero de Centroamérica atraviesa
por
una crisis sin precedentes. El exceso de producción mundial de café
respecto de su consumo aumentó considerablemente el nivel de las
existencias en los últimos cuatro años, situación que determinó el
desplome de los precios en el mercado internacional. En 2001 la producción
mundial superó de nuevo al consumo mundial, que creció sólo 1%, en línea
con la tendencia observada en el último quinquenio. Debido a la sobreoferta
de alrededor de 10 millones de sacos de 60 kg, y al volumen récord de
exportaciones (88.7 millones de sacos), los inventarios en los países
importadores alcanzaron 25.5 millones de sacos, casi tres veces más que el
nivel deseable para obtener un precio remunerativo. En consecuencia, el
precio compuesto se mantuvo por debajo de los 50 dólares el quintal (46
kg), el más bajo en términos reales en más de 50 años. Considerando la
magnitud de la sobreoferta, es previsible que las cotizaciones del café no
se recuperarán de manera significativa en los siguientes tres años.
La
crisis del café se sumó a un panorama económico regional poco halagüeño
en 2001, caracterizado por el debilitamiento de la demanda externa, en
especial por la desaceleración de la economía estadounidense y el
persistente deterioro de los términos del intercambio. La información
sobre la evolución económica de los países centroamericanos indica que
las dificultades por las que atraviesa el sector cafetalero acentuaron
sensiblemente la tendencia a la desaceleración del ritmo de actividad económica
de la región. Los bajos precios internacionales ocasionaron importantes pérdidas
de ingresos de divisas que afectaron la balanza comercial, profundizando las
necesidades de financiamiento externo. Sólo en 2001 se dejaron de percibir
713 millones de dólares, si se comparan las ventas externas de café de ese
año con los ingresos promedio por exportaciones de café en el quinquenio
1984-1988. Esa pérdida representa el 1.2% del producto interno bruto (PIB)
regional en 2001. Mientras que las exportaciones de café aportaron el 16.4%
promedio anual de las divisas por exportaciones de bienes en el quinquenio
citado, en el último año sólo significaron el 7.2%.
Por
el peso específico de la cafeticultura (que representa 1.3% del PIB en
Costa Rica, 2.5% en El Salvador, 4.2% en Guatemala, 7.2% en Nicaragua y 8.2%
en Honduras), la crisis del sector ha tenido repercusiones de consideración
en las economías del área; diversas actividades conexas a la producción
del grano (el comercio, el transporte, el almacenaje y el sistema
financiero) resintieron sus efectos. En el ámbito macroeconómico, todo
ello se tradujo también en menores ingresos fiscales, que a veces
determinaron ajustes en los gastos públicos.
Más
grave aún fue el impacto económico y social en las zonas de producción.
Para los cerca de 300 000 productores de café de la región, la caída del
precio internacional por cuarto año consecutivo determinó una marcada
reducción de los precios obtenidos por la venta de su grano. Su situación
financiera se fue deteriorando en condiciones en que el acceso a nuevos préstamos
bancarios se vio severamente limitado en algunos países. Por lo tanto, un
importante número de productores, tanto pequeños como medianos y grandes,
registró pérdidas económicas que vinieron a sumarse a la menor
rentabilidad registrada en los ciclos precedentes y que impidieron pagar sus
deudas con los bancos y los exportadores.
A fin de compensar los menores precios obtenidos, los productores redujeron
costos de producción, limitando al máximo la inversión en insumos y en
labores, incluido el corte. Eliminaron algunas prácticas culturales,
bajaron salarios o pagaron en especie. Aun así, con costos de producción
promedio en torno a los 60-86 dólares por quintal, las pérdidas se estiman
en alrededor de 12 a 29 dólares por cada quintal producido en 2001; es
decir, alrededor de 385 millones de dólares, que equivalen a 0.6% del PIB
de la región. Muchas fincas fueron abandonadas o desatendidas, lo que
provocó un considerable aumento del desempleo en el campo y menores
ingresos para un masivo número de trabajadores rurales del contingente de
alrededor de 1.6 millones de personas que, se estima, se emplean en las
fincas cafetaleras en forma permanente o temporal, y que se sitúan entre
los estratos de la población de mayor pobreza.
Tomando
como base las estructuras de costos de producción de los institutos
nacionales del café, y observaciones de campo de los propios institutos
sobre la reducción de labores con relación al promedio de tres ciclos
previos, se estima, de manera conservadora, que los jornales que se dejaron
de contratar en 2001 equivalen a la pérdida de 170 000 empleos permanentes
en la región y a la no percepción de 140 millones de dólares en salarios.
Ello agravó la situación de emergencia alimentaria que varios países de
la región enfrentaron, determinada por una severa sequía que perjudicó
principalmente a los pequeños agricultores de granos básicos de
subsistencia. En algunas áreas cafetaleras se ha agudizado la tensión
social.
Los
productores y los gobiernos han tomado algunas medidas para aliviar los
efectos inmediatos de la crisis. El apoyo otorgado por los gobiernos incluye
la constitución de fideicomisos o fondos de entre 50 y 100 millones de dólares
por país para refinanciar y reestructurar las deudas de los productores que
han caído en mora. Se están promoviendo programas de reconversión
productiva y se ha sugerido la creación de fondos de compensación para
garantizar un precio mínimo al productor, así como mecanismos conjuntos de
comercialización que promuevan la imagen de país.
Las
condiciones en que se desenvuelven los distintos grupos de productores y las
diferencias en calidad del café que ofertan plantean la necesidad de buscar
alternativas, ya sea de reconversión a otras actividades -con la debida
atención a la conservación de los servicios ambientales que proporciona la
cafeticultura- o bien el mejoramiento de la calidad y la mayor incursión en
la exportación de cafés especiales. En síntesis, se trata de identificar
de manera más precisa las opciones para más de 200 000 microproductores,
muchos de ellos de subsistencia, casi 50 000 pequeños productores, en su
mayoría altamente endeudados, 33 000 medianos, 7 000 grandes y las
relativamente poco numerosas grandes empresas. Además, hay que definir una
posición con relación a la calidad del producto de la región, del cual,
alrededor del 5% al 10%, según el país, se cataloga como de menor calidad.
Por
su magnitud, la superación de la crisis va a requerir una revisión
profunda de la inserción de la cafeticultura regional en el mercado
internacional, así como la participación en negociaciones que tiendan a
reconstituir el diálogo entre productores y consumidores con el fin de
promover el reordenamiento del mercado
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Abril
23, 2002
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