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Más
allá de la volatilidad de los capitales de corto plazo,
la sucesión de períodos de abundancia con fases de escasez de
financiamiento externo privado hacia el mundo en desarrollo ha sido una de
las características más preocupantes del sistema económico internacional
en los tres últimos decenios. Esto se ha traducido en ciclos económicos
marcados, porque la alta movilidad de capitales ha erosionado al mismo
tiempo los márgenes de acción con que cuentan los países en desarrollo
para adoptar políticas macroeconómicas anticíclicas. Los costos económicos
y sociales de estos ciclos son muy elevados. Así, como resultado de la fase
reciente de escasez de financiamiento externo, que se inició con la crisis
asiática, el crecimiento económico de América Latina y el Caribe alcanzó
entre 1998 y 2002 un magro 1.5%. Asimismo, la tendencia a la reducción de
la pobreza se detuvo y en no pocos países ha mostrado una marcada tendencia
al alza.
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Ante
esta circunstancia, la cooperación internacional debe adoptar una visión
integral, que incluya políticas macroeconómicas más preventivas durante
los períodos de abundancia, más información y mejor regulación de los
mercados financieros, una adecuada disponibilidad de financiamiento
excepcional del Fondo Monetario Internacional durante las crisis, una clara
delimitación del alcance de la condicionalidad con la cual este organismo
facilita los recursos, y mecanismos multilaterales para hacer frente a los
problemas de sobreendeudamiento. Los objetivos esenciales de este
ordenamiento deben ser reducir la volatilidad de los capitales en su fuente
y crear márgenes para la adopción de políticas macroeconómicas anticíclicas
en los países en desarrollo, es decir incentivos para adoptar políticas de
austeridad durante los auges y facilitar los procesos de reactivación económica
durante las crisis.
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Este
enfoque implica que la cooperación internacional debe orientarse claramente
a mitigar la severidad de los ciclos económicos que enfrenta el mundo en
desarrollo. Su carácter integral implica, además, que sus distintos
elementos deben verse como complementos y no como alternativas. Así, la
creación de esquemas multilaterales para hacer frente a problemas de
sobreendeudamiento, es decir de solvencia, no puede considerarse un
sustituto del financiamiento de emergencia del Fondo Monetario
Internacional, cuyo objetivo es hacer frente a los problemas de liquidez.
Una visión alternativa podría traducirse en una elevación de los márgenes
de riesgo país, por lo cual no pocos países en desarrollo miran con
cautela las propuestas de creación de mecanismos para encarar
multilateralmente las crisis de endeudamiento externo.
Los
agudos ciclos de financiamiento externo privado resaltan también el papel
esencial que continúan desempeñando los bancos multilaterales de
desarrollo. Estos bancos cumplen un papel esencial en la lucha contra la
pobreza a nivel mundial y en el financiamiento externo a países que no
tienen acceso a los mercados privados de capitales, especialmente los más
pobres y pequeños. Sin embargo, también desempeñan un papel esencial de
provisión de financiamiento externo a países de ingreso medio durante los
periodos de sequía de capitales. Los bancos de desarrollo cumplen, además,
tareas esenciales en otros frentes, como catalizadores de recursos privados,
como mecanismos de asistencia técnica, como foros para el diálogo sobre
políticas y como proveedores de bienes públicos globales, en estrecha
cooperación con los organismos de las Naciones Unidas.
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Marzo
21, 2002
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