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Todo
parece indicar que el presidente norteamericano ya se definió por la
confrontación contra Irak. Le puso un plazo de semanas a Sadam Hussein para
que salga de su país o lo ataca.
Vaya
que es un presidente obstinado al que no convence nadie.
Más
bien ha convencido a varios gobiernos europeos a apoyar su acción bélica.
Los tambores de
guerra están tocando cada día más fuerte. Y sabemos que la tecnología de que
dispone Estados Unidos puede destruir a ese país en cuestión de días.
Envanecido por el desmembramiento del gobierno talibán en Afganistán, Irak no
podía quedarse al margen y muy probablemente recibirá su castigo. El delito de
Irak no es porque posea armas nucleares o químicas o subsidie a los talibanes
en el exilio, sencillamente está en el lugar equivocado; se asienta en una zona
estratégica para el petróleo. Lo mismo que Afganistán.
Seguramente
habremos de ser testigos de otra guerra virtual, a través de la televisión. Tal
vez aplasten a Hussein y mueran muchos civiles. Se ensayarán nuevas y
sofisticadas armas, todas letales. Armas que dibujan la capacidad del hombre
para matarse con precisión, con riesgos menores para quienes disparan las
ojivas y para quienes toman decisiones a miles de kilómetros de distancia de la
zona de conflicto.
Esperemos que no,
en acto de locura o desesperación, el agredido pueda detonar una bomba atómica
que ponga en riego al mundo, no sólo a Estados Unidos. Y aunque no lo haga, las
consecuencias de un ataque como el que se espera tendrá sus repercusiones,
incluso más allá de la zona de guerra.
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Según el Comité
Europeo sobre Riesgos de Radiación, la contaminación generada por los programas
de armamento y energía nuclear es responsable de la muerte de 65 millones de
personas en todo el planeta. Este organismo compuesto por 30 científicos señala
que el uso de uranio empobrecido, sustancia utilizada en municiones antitanque
y empleado por las fuerzas aliadas en 1991 en Irak y en 1999 en Yugoslavia,
habrían provocado miles de casos de cáncer.
No se descarta que
la epidemia mundial de cáncer sea el resultado de la contaminación
radioactiva y la exposición a las pruebas nucleares atmosféricas,
desarrolladas a su máximo nivel entre 1959 y 1963. Se dice que la incidencia
de cáncer de mama en mujeres que fueron adolescentes en esa época sería
provocada por esos ensayos.
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Es por ello, que
muchos ciudadanos en el mundo se oponen a un ataque contra Irak. Y no lo hacen
para defender a un gobierno que es muy cuestionado como Hussein. Es que no se
puede tolerar que la fuerza, la ley del más fuerte se imponga al diálogo y la
negociación. Porque de permitirlo, Estados Unidos tendría visa para hacer lo
que se le antoje con quien quiera y donde quiera. Hoy Irak, mañana Corea del
Norte o China o nuestro país. ¿Quién sabe a dónde quiera llegar? ¿Hasta dónde
se le permita llegar?
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Marzo 03, 2003
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