|
“El
hombre es, por naturaleza, un animal político”. “El hombre perfeccionado por
la sociedad es el mejor de los animales; pero es el más terrible cuando vive
sin ley ni justicia”. Así, Aristóteles (384-322 a. d. C.) nos introduce en “La
Política” y en el mundo del arte de lo posible (1).
En su época, el
concepto de la ciudad (2) no es el de ayuntamiento o
cabildo, ni de población grande con mayor preeminencia que las villas. La
concepción de ciudad por lo tanto es semejante al de República (lat. res
publica, cosa pública), Estado (lat. statu) cuerpo político de una
nación jurídicamente organizada, y comprendía además sus dependencias
inmediatas.
Para el
estagirita, la ciudad concentra: 1) el
trabajo del gobernante y del hacedor de leyes y en virtud de ello, surge
2) la constitución política que surte las
veces de elemento organizador de la vida en la ciudad.
1) El ciudadano es, únicamente, el
habitante que puede ser juez o magistrado, los primeros con duración ilimitada
(además de los miembros de asambleas generales) y los segundos con duración
limitada de manera que no pueden desempeñarse en el mismo cargo en dos
oportunidades consecutivas. En definitiva, cuando tenemos el supuesto que las
autoridades ilimitada o indefinidamente permanecen en sus cargos, nos situamos
frente a los ciudadanos.
Las
formas de gobierno, determinan relaciones diferentes, más el ciudadano sólo
existe en democracia. Si queremos ahondar en mayores precisiones, el ciudadano
de la ciudad constituida, es el que tiene participación legal en la autoridad
deliberante y en la judicial.
Aristóteles
denomina ciudad a “la multitud de ciudadanos capaz de gobernarse por
sí misma, de bastarse a sí misma, de procurarse, en general todo lo necesario
para la subsistencia”. El poder que ostenta una persona también lo eleva a
ciudadano.
Otro punto a
resolver, es el tema de la virtud (lat. virtute) obrante en el buen
hombre y si ésta es lindante o no con la del buen ciudadano. En principio, cada
ciudadano desempeña un rol (configuración de pautas y caracteres), va de suyo
que no existe un criterio que los unifique aunque todos aspiren el líneas
generales lo mismo. Así, la comunidad, aparece como forma de gobierno y
consecuentemente la virtud debe estar su sintonía, de manera que si existen
diferentes formas de gobierno, asoman diferentes tipos de virtudes cuya
estimación mora en su ejercicio.
Conforme
Aristóteles, la ciudad no puede estar absolutamente compuesta por hombres
virtuosos, cada uno cumple su función, lo que trae aparejado que la virtud del
buen ciudadano difiera en más o en menos de la del hombre de bien. Dice el
fundador de la escuela peripatética: “Es evidente que todos los ciudadanos no
pueden asemejarse en todo; y siendo necesario que en la ciudad perfecta posean
todos la virtud del buen ciudadano, sin lo cual no habría República perfecta,
sería necesario que todos los ciudadanos fueran hombres de bien, lo cual es
inadmisible”.
¿Cuál será el
buen ciudadano cuya virtud iguale a la del hombre de bien por excelencia? Todos
indican que el buen magistrado debe ser prudente (3),
probo y educado diferenciadamente del resto, como sucede con los hijos de los
reyes que aprenden equitación, actividades lúdicas
(4)
y política. En “La Política” reseña a Eurípides (480-406 a.d.C), cuando
en su tragedia Eolo que “no haga ostentaciones de conocimientos
vulgares, sino de las virtudes que el Estado necesita” dando cuenta de la
diferenciada educación que se debe dispensar a aquellos tocados por la vara del
destino para sencillamente dirigir los intereses del Estado. Concluye el poeta
trágico griego que “La temeridad es peligrosa en un jefe, que el verdadero
coraje es la prudencia”. La educación desde la niñez, siempre está presente en
la filosofía y en la política aristotélica, la gimnástica (5),
la música (6), el buen canto surte las veces de
formador de la juventud y vaya si lo es.
Quien obedece y
quien manda deben ser educados pero quien manda debe recibir un plus (lat.,
más), pero para saber mandar es necesario haber obedecido. Mando y
obediencia son las caras de una moneda con la cual se compra la el
bienestar del Estado. Agrega el hijo de Tracia: “Lo que hace la virtud del
ciudadano es formar hombres libres en estos conceptos y es en las adversidades
cuando sale a la luz la virtud”. La virtud del que manda es la
prudencia (3) y la primordial virtud del súbdito es
obedecer (7).
Surge
una duda sobre los artesanos (8) y su condición o
exclusión de la categoría de ciudadanos. Al respecto, se zanja la respuesta,
admitiendo que no conviene elevar a la calidad de ciudadano a todos aquellos
hombres que la ciudad necesita para subsistir. La virtud política pertenece a
quienes no se encuentren necesitados de su trabajo para persistir en la vida,
la ciudad modelo no los incorpora al igual que a los mercenarios porque
trabajan para el público.
2) Se entiende por constitución de un
Estado a la “organización regular de todas las magistraturas, principalmente
de la que es dueña y soberana de todo” (9). La
autoridad soberana es la que gobierna la ciudad. En la Democracia la
autoridad reside en el Pueblo que enviste soberanía. En la Oligarquía por el
contrario la autoridad recae en cabeza de un pequeño grupo de integrantes de
ese Pueblo.
Las
constituciones que persiguen el afianzamiento de la autoridad general, son
loables e identificadas con el valor justicia, en cambio las que se identifican
con la unidad particular de los magistrados son reprochables por resultar
injustas (10) aunque terminen en constituciones
después de todo.
La vuelta a la
virtud es la llave para el éxito de los gobiernos de cara al pueblo. Esa misma
virtud, debe ser continente de un gobierno que se precie de ser digno de
elogios, sobre la búsqueda del desarrollo y la sustentabilidad educativa,
económica, política, social y religiosa.
La ciudad se
constituye, sobre la base del disfrute de una vida feliz, en el marco de la
familia y extensible a sus descendientes. El objeto el Estado es la felicidad
de la existencia en pos de la trascendencia humana, todas las instituciones
giran sobre esta realidad política, caso contrario no existe la política.
La ciudad
para Aristóteles: “es una asociación de familias y poblados para gozar
juntos de una vida feliz e independiente”. No obstante el fino tramado del
universo aristotélico apunta: “Para algunos, la vida feliz consiste en vivir
en la virtud” y en pos de ello producir y fomentar las acciones honestas y
virtuosas es el deber que no puede eludirse.
Deseo que
guarden esta frase en sus corazones: “Un Estado en que la multitud es pobre
y está excluida de los honores, necesariamente ha de tener un gran número de
enemigos”. Frente a esta triste etapa en la vida de un Estado, no queda
otra cosa que dejar en aquellas manos, parte de las deliberaciones públicas y
de los juicios, pero: ¿es esto es error?. Para el legislador griego Solón
(640-558 a. C.) era un acierto y señala: “Un estado está bien gobernado
cuando los ciudadanos obedecen a los magistrados, y éstos a las leyes” En
la masa encuentra elementos que combinados con los talentosos hacen menor mal.
Para Aristóteles como para Marco Polo (11) no debe ser
así.
Las buenas
leyes son útiles si son soberanas (12) y se acomodan a
los gobiernos adquiriendo el modismo de quien ejerce la tutela e los intereses
del Estado. Ergo gobiernos buenos leyes mejores y gobiernos deficientes leyes
peores e injustas producto de la corrupción.
(13)
Conclusión:
Creo haber
cumplido en parte, con el respeto que le debemos a quienes pensaron antes que
nosotros en los problemas de la humanidad. Soy conciente que como dieron la
solución filosófica al tema, el mismo vale para siempre y resta combatir
nuestra ignorancia generalizada sobre la prudencia y la virtud.
Ambas
(prudencia y la virtud), casi borradas de la faz del Estado y latentes en el
pueblo y en los hombres probos sucumben frente a la mediocridad de los
dirigentes que jamás llegarán a ser conductores.
Lamento la
sangre que se escurre en la tierra, aunque espero se vuelva en vida para ver
algún día la evolución de la humanidad.
Me dan pena
quienes están detrás de los hombres déspotas, porque son tan despreciables como
improductivos, tan nefastos como traidores a la causa de los pueblos.
Bueno, no todo
está perdido. Gracias a Johannes Gutenberg y a las Maestras, los libros y
textos antiguos se pueden todavía leer. Gracias INTER-FORUM
Referencias:
(1) “Política: arte
de lo posible”. 17/07/2001. Política – Opinión y análisis.
Ver: [analitica.com/va/politica/opinion/7029264.asp]
(2) Polis -gr.
Polis- elemento sufijal que entra en la formación de palabras con el
significado de ciudad: cosmópolis, acrópolis o metrópolis.
(3) Prudencia: lat.–ntia.
Virtud cardinal que gravita en discernir y distar lo que es bueno o malo
para alcanzarlo o evadirse de ello. Atañe al discernimiento, buen juicio,
mesura y templanza.
(4)
“Juegos y juegos”. 6/10/2000.
Entretenimiento.
Ver:
[analitica.com/va/entretenimiento/quepasa/8583417.asp]
(5)
“Aristóteles y la gimnástica”. 13/12/2001. Deportes – Noticias y
Opinión.
Ver:
[analitica.com/va/deportes/opinion/9723523.asp]
(6)
“La valorización de la música para
Aristóteles”. 5/04/2002. Divertimento – Esferas.
Ver:
[analítica.com/va/entretenimiento/esfera/5005170.asp]
Según Aristóteles: “La música purifica las pasiones y provoca en los humanos
una alegría inocente y pura”.
(7) “El que
fabrica flautas obedece; el músico es quien se sirve de las flautas“ Ver:
Aristóteles “La Política” Libro Tercero. Capítulo II, 11.
(8)
“Artesanos, oficios y clase obrera”.
20/12/2000. Comunidades al día - Opinión y análisis.
Ver:
[analitica.com/va/sociedad/articulos/6024113.asp]
(9)
Ver: Aristóteles “La Política” Libro Tercero. Capítulo IV, 1.
(10) Según
Aristóteles: “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la
causa de la falsedad”.
(11) Según Marco
Polo (1271) “El enemigo común de la humanidad es la ignorancia”
(12)
“Soberanía: población, territorio y poder”. 27/08/2001. Internacionales –
Opinión y análisis.
Ver:
[analitica.com/va/internacionales/opinion/9138639.asp]
(13)
Probidad:
(lat. -itate). Bondad, moralidad, integridad y honradez en el
obrar.
Subir
Febrero 29 2004
|