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La
forma en que un profesor organice la experiencia educativa en su salón de
clases y el tipo de respuesta que espera del estudiante adulto depende de la
adopción del modelo de pedagogía o de andragogía. En el modelo pedagógico el
profesor decide el qué, cuándo y cómo de la experiencia educativa. A menudo
las experiencias previas de los estudiantes no se le reconocen ya que el
profesor es el que provee los conocimientos. Como resultado se establece una
relación donde el profesor asume el papel de protagonista y el estudiante se
convierte en un receptor de información. Por el contrario, en el modelo
andragógico el profesor asume un rol de facilitador donde su relación con el
estudiante enfatiza la reciprocidad en la transacción de enseñanza,
aprendizaje donde la experiencia del estudiante adulto se valora.
Existen
varios pasos que deben ser considerados al diseñar una experiencia educativa
apropiada para el estudiante adulto. El primero es establecer un ambiente en
el salón de clases que propicie las condiciones físicas y psicológicas
conducentes hacia el aprendizaje. Es fundamental la interacción en pequeños
grupos donde todos colaboren y que exista un clima de confianza y respeto mutuo
entre los estudiantes. Además, los estudiantes deben tener participación en la
fase de planificación de la experiencia educativa. Muchas veces el estudiante
adulto no acepta aquellas decisiones impuestas en las cuales no ha tenido la
oportunidad de colaborar. Como guía y facilitador el profesor puede y debe
ofrecer opciones para enriquecer el proceso de enseñanza aprendizaje.
Otra
consideración es involucrar a los estudiantes en el diagnóstico de necesidades
de manera que puedan cumplirse sus expectativas. Aún cuando existan
instrumentos de evaluación previos, es importante que el estudiante adulto
entienda la interpretación de los resultados de los mismos. Mientras más
entiendan del proceso, más receptivos estarán hacia el aprendizaje. Los
estudiantes también deben aportar en la formulación de los objetivos. El
traducir necesidades a objetivos requiere moverse de diagnóstico de problemas a
solución de problemas.
En la fase
de aplicación el estudiante debe contribuir en el diseño de las experiencias
educativas. La tarea del facilitador es ayudar a los estudiantes a alcanzar
sus metas. El profesor deja de ser la fuente absoluta de conocimiento para
convertirse en un guía. Por último, se deben evaluar los resultados, es decir,
el logro de los objetivos y examinar el proceso y la calidad de la
experiencia. Cabe señalar que tanto la evaluación cuantitativa como la
cualitativa son esenciales.
Esta visión
del salón de clases reemplaza al profesor tradicional de frente a las filas
rectas de los estudiantes, por un facilitador que tiene a los estudiantes
trabajando en pequeños grupos en actividades que ellos mismos han ayudado a
escoger y diseñar. Este nuevo salón de clases reconoce las necesidades de los
estudiantes: la necesidad de sentirse seguro en el grupo, la necesidad de
apreciar a aquellos que contribuyen para el bienestar de todo el grupo y el
reconocimiento del valor de trabajar en colaboración con otros. Las opiniones
antes expuestas son producto de mi experiencia como facilitador y fiel creyente
de que el estudiante debe ser parte integral de la toma de decisiones en el
proceso de enseñanza aprendizaje.
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Febrero 26 2004
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