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Para
muchos periodistas, informar sobre la guerra, sobre los conflictos, es más
apasionante que informar
sobre la paz.
Es una pasión, entendida en una doble acepción: por una parte, se
padece, se sufre como ser humano ante la barbarie y el dolor de la sociedad
civil como víctima indiscriminada de los ataques, y ante las bajas de los
grupos enfrentados; y por otra, el entusiasmo y la exaltación que produce
el acto de informar sobre los conflictos, en el ánimo de los periodistas.
Ante esta realidad, ¿cuál es el rol ético de los medios de
comunicación social? y ¿cuál su compromiso con la sociedad civil que
depende de esa información para acercarse a una comprensión de las causas
y consecuencias de la guerra, de los conflictos internos o externos?
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Se
han escrito muchos tratados referidos a la información sobre la violencia,
las guerras y los conflictos, y en todos ellos se insiste en el compromiso
del periodista con la paz y la convivencia social.
El enfoque y tratamiento de una información puede exasperar a las
partes en conflicto y contribuir a su distanciamiento y crueldad, así como
a lo contrario: al reconocimiento de su irracionalidad y a la necesidad de
negociar sin llegar a un costo social muy alto en
vidas humanas sacrificadas.
Los
reporteros de guerra de gran trayectoria, como el periodista polaco Ryszard
Kapuscinski, quien ha vivido las entrañas de 27 revoluciones y la caída de
dos imperios, nos dice:
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“La
guerra no puede cubrirse objetivamente porque es hecha por los hombres y
ellos son sus responsables... la guerra no es algo abstracto; para mi es un
horror y yo no puedo pasar como objetivo ante el horror...
La guerra es una tragedia humana en la que nunca gana alguien.
Todos pierden” (Kapuscinski, 2001:37).
Este
reportero aconseja a los periodistas dominar el tema del conflicto y tener
el mayor contexto del problema para no ser dominados por él.
De hecho, es la actitud tomada ante este tipo de información, la que
establece la diferencia de las subjetividades.
En
una ética planetaria hay que tomar partido por la sobrevivencia y el
bienestar social de la humanidad en su conjunto.
La
presentación de víctimas o cadáveres como trofeos en cualquiera de los
bandos, lesiona la sensibilidad del público y viola el derecho a la propia
imagen de los sacrificados. Es
una degradación informativa que convierte en espectáculo lo que debe ser
motivo de luto, reflexión y dolor, como manifestaciones de la celebración
del duelo colectivo.
Los
medios informativos son cuestionados frecuentemente por la tendencia al
sensacionalismo que produce la fascinación del mal.
El
sensacionalismo exagerado en la información va dirigido a las pasiones, a
despertar en el público los apetitos inframorales, a la curiosidad morbosa
para facilitar sensaciones nuevas.
“Todo
sensacionalismo que excite las pasiones o provoque la curiosidad morbosa es
inmoral y, por tanto, opuesto a la deontología periodística” (Brajnovic,
1978:147).
El
periodista debe tener siempre presente el bien común, por el carácter
social de la profesión. Debe
saber, con la fidelidad responsable, cómo informar.
En
el caso colombiano, después de 5 décadas de conflicto interno, pareciera
que los medios de comunicación social han caído en una rutina informativa
de la guerra, más descriptiva que analítica, aun de aquellos actos
terroristas que atentan contra el derecho internacional humanitario y que
son repudiados por la comunidad internacional.
En
un editorial del periódico El Tiempo de febrero 9 del 2002 se reconoce que
los medios de “La
guerra alborota toda suerte de intereses dispuestos a manipular la noticia;
desinformar se convierte en propósito concreto de los actores enfrentados,
y muchos se esmeran por escamotear la verdad, disfrazarla y
falsificarla........
No
pretendemos lavarnos las manos y atribuir a la guerra nuestras propias
fallas. Los medios de
comunicación no hemos estado a la altura del desafío histórico,
ciertamente, y debemos cumplir nuestro trabajo a pesar de los obstáculos
que se presenten”.
Faltan
investigaciones, contextualización y análisis que orienten la formación
de la opinión pública. Si
bien, se tiende a justificar esta omisión, por las amenazas, el miedo a ser
víctima de los violentos, (por tantos periodistas asesinados en los últimos
años, o que han debido asilarse en distintos países), y por la presión
del “rating” de los grupos económicos patrocinadores de la publicidad
que sustenta a los medios, ello no legitima el compromiso ético con la
verdad y el derecho a ser informado de la sociedad civil.
El
monopolio de los medios audiovisuales sobre la prensa escrita estimula el
consumo irreflexivo y evita el análisis crítico de la información sobre
guerra y violencia. Estas, a su
vez, son noticia cuando afectan a los países centrales en forma directa o
indirecta; lo demás es irrelevante para el sistema internacional de
comunicación (Concilium, Parker, 2001:28).
La
ética que preside la preocupación común de la humanidad es la ética de
la solidaridad, de la responsabilidad, del diálogo, de la paz, o sea, una
ética holística, según la cual, las diferencias
revelan la complejidad y la riqueza de la única humanidad (Boff,
2001:85). En ella el mal continúa
incesantemente por diversas razones que se completan y se potencian
continuamente. Muchas de esas
razones residen en la historia de nuestras culturas, en circunstancias
internas y externas y en nosotros mismos los seres humanos.
Libertad
y responsabilidad constituyen un binomio indisoluble en la organización
social y, por ende, en el desempeño profesional informativo.
Los
medios de comunicación social como mediadores institucionales de la
información deber ser conscientes de su responsabilidad en la construcción
de la paz, dando participación a todas las visiones del conflicto, sin
sesgarse hacia los violentos, ni
hacia las fuentes de información oficiales, y sin desconocer los esfuerzos
o aportes de la sociedad civil en la complejidad del fenómeno.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS:
-
Boff,
Leonardo. (2001) Ética planetaria desde el gran sur.
Madrid, Editorial Trotta.
-
Brajnovic,
Luka. (1978) Deontología periodística.
Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra.
-
Concilium.
(1998) Revista Internacional de teología #274 febrero.
-
Estella,
Editorial Verbo Divino. (2001) #
290 - abril.
-
Desantes,
José María. (1976) La Función de informar.
Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra.
-
Küng,
Hans. (1992) Proyecto de una ética mundial.
Madrid, Editorial Trotta.
Que
es CEDAL:
CEDAL - Centro de Comunicación Educativa
Audiovisual
CEDAL: Es una entidad sin animo de lucro dedicada al servicio de los más
necesitados.
ONG - Personería Jurídica No. 2516 de 1980 del Ministerio de
Justicia del Gobierno Colombiano.
Su Misión es: Propiciar un desarrollo humano integral con énfasis
en comunicación educativa a los sectores de población menos favorecidos e
interesados en la transformación evangelizadora de la sociedad colombiana,
mediante el desarrollo de las áreas de capacitación, investigación y
producción de medios de comunicación, acorde con los avances y convergencias de las tecnologías de la información y la comunicación, y
la orientación hacia un democratización participativa y comunitaria, según
las exigencias históricas y los valores éticos cristianos.
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Febrero
25, 2002
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