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Los
informes más recientes ofrecen pruebas claras de que el marcado incremento
en la violencia criminal en la región del Gran Caribe no está vinculado a
acontecimientos a escala hemisférica y global.
El problema
ha sido objeto de una mayor atención internacional en los últimos 20 años, y
especialmente desde la década de los 90 del siglo XX. Una serie de factores
interrelacionados, de alguna forma asociados con el curso de la globalización y
el fin de la Guerra Fría, parecen estar incidiendo.
En primer
lugar, la desigualdad global se ha profundizado significativamente desde
principios de los años 1980, tanto dentro de las naciones como entre ellas. La
crisis de la deuda y los programas de ajuste estructural han cobrado daños
humanos y sociales. Los nidos de seguridad social se han desintegrado en Europa
del sur y del este, así como también en los fallidos estados en algunas partes
de África. La seguridad humana, en términos económicos y sociales básicos, se
ha deteriorado.
Las ciudades
del Sur -y cada vez más también las del Norte - se ven abarrotadas por gentes
desesperadas, especialmente jóvenes del sexo masculino, dispuestos a echar mano
de medios igualmente desesperados para obtener su parte
del
pastel económico.
En segundo
lugar, la oferta de armas y municiones es vasta en un inmenso comercio
clandestino: los suministros han aumentado con la desintegración del sistema
soviético y la culminación de las guerras de liberación en África y de las
guerras civiles en América Central.
En tercer
lugar, la globalización ha facilitado la diseminación de los sindicatos
transnacionales del crimen. La desregulación de los sistemas financieros y de
los flujos de capital ha posibilitado la transferencia y canalización de fondos
hacia negocios lícitos. La liberalización comercial ha traído consigo una
erosión en las fronteras. El aumento de la inseguridad humana ha alimentado el
uso indebido de drogas. La prostitución y el contrabando de seres humanos han
pasado a formar parte integral de la actividad criminal global.
En cuarto
lugar, los déficits fiscales han provocado que cada vez resulte más difícil
para muchos Gobiernos desempeñar sus responsabilidades en el área de la
seguridad. En la medida en que los recursos criminales han crecido, los
recursos estatales se han empequeñecido.
La industria
de drogas ilícitas por sí sola genera, en términos conservadores, cerca de $500
billones al año en ganancias. Esta cifra es mucho más que el PIB en conjunto de
los 24 Estados que conforman la región del Gran Caribe.
El comercio
mundial de drogas ilícitas tiene un valor en cualquier lugar de entre $100
billones (cifra de las NU) y $500 billones (cifra de los EE.UU.). Caricom y
América Central exportan en conjunto en bienes y servicios un valor de $32
billones.
Pero hay varios factores que hacen que la región del Gran Caribe sea
especialmente vulnerable ante los efectos del crimen internacional. Uno es su
ubicación geográfica: la región se encuentra en medio de las rutas de trasbordo
de las drogas ilícitas, entre los principales centros productores y los
consumidores. El mapa siguiente lo dice todo.
Un segundo
factor es su fragmentación geográfica y política: en esta región hay 25 estados
independientes y 12 territorios afiliados. A ello se suman las pequeñas
dimensiones de la mayoría de sus jurisdicciones; 23 de las cuales tienen menos
de 1 millón de habitantes.
En la
industria global del crimen, el tráfico de drogas ilícitas es un componente
importante. La heroína, la cocaína y la cannabis (marihuana) son los productos
principales. Aunque la cannabis es el líder, en término de consumidores, los
precios por unidad y las ganancias son mayores en el caso de la heroína y la
cocaína. Los países industriales son los mercados más importantes para las
drogas ilícitas, aunque el consumo ha venido creciendo a ritmo constante en el
mundo en desarrollo y en Europa oriental.
Mientras que
el comercio de heroína se origina en Asia, el de cocaína y cannabis se centra
en las Américas. Los estimados publicados por la Oficina de las Naciones Unidas
para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen (UNODCCP, Tendencias
Globales en las Drogas Ilícitas, 2002) ofrecen una idea sobre la escala y el
patrón geográfico de la industria en el hemisferio.
Para la
cocaína, se reportan solo tres países como los más importantes en la producción
global: Bolivia, Colombia y Perú. Se plasman estimados sobre el área de coca
cultivada, la posible producción de hojas de coca y la probable producción de
cocaína.
Las cifras
indican cambios significativos en la segunda mitad de los años 1980 y 1990.
Entre 1985 y 1999, el estimado de cultivo global aumentó en un 83 por ciento,
pero la producción de hojas de coca se incrementó en más del doble y la
producción de cocaína en más del triple. En otras palabras, los rendimientos
han crecido tremendamente gracias a la existencia de métodos y tecnologías de
producción más avanzados.
Se ha
experimentado también un marcado cambio en la ubicación de la producción, de
Bolivia y Perú a Colombia. En 1985, la porción que tenía Colombia en la
industria era pequeña. En el 2001 contaba con el 69 por ciento del cultivo de
coca, el 77 por ciento del potencial de producción de hojas de coca y el 75 por
ciento del potencial de producción de cocaína.
Este cambio
ayuda a explicar por qué la región del Gran Caribe ocupa una posición clave en
las rutas de trasbordo tanto para los mercados de Norteamérica como para los
europeos. Un informe de la OEA sobre los Métodos y las Rutas Marítimas en el
Tráfico de Drogas (CICAD/Doc.984/98) identifica dos grandes áreas de paso: el
"corredor del Amazonas" y el "corredor del Caribe".
El corredor
del Amazonas involucra a partes de Brasil, Guyana, Venezuela, Colombia, Bolivia
y Paraguay. El corredor del Caribe incluye a los países del sur septentrional y
Centroamérica, y a la cadena insular.
El corredor
del Caribe tiene en sí mismo dos rutas, ambas se originan en la costa norte de
Colombia y Venezuela. Una de ellas se centra en
Puerto Rico,
donde la droga se vuelve a empaquetar y alistar para ser enviada directamente a
la costa este de los EE.UU. "Lanchas rápidas" bordean la costa venezolana y
ponen proa recto hacia Puerto Rico, la República Dominicana y Haití, o se
mantienen muy cerca de las costas de las islas del Caribe oriental, mezclándose
con el tráfico normal.
En la segunda
ruta, las embarcaciones siguen un curso noroeste hacia el Caribe occidental,
apuntando a lugares situados en o cerca de la costa de la Península de Yucatán
para descargar cocaína que transita en México.
En 1999, 33
países en el Gran Caribe ofrecieron estimados sobre el narcotráfico (Tabla). La
lista incluye a la mayor parte de las islas caribeñas, grandes y pequeñas,
independientes y no independientes, y a toda América Central. Muchos creen que
este tráfico subyace tras el marcado incremento en homicidios que se ha
experimentado en varios países en los últimos años.
Estimado de
tráfico de cocaína en el Gran Caribe, 1999
|
Sub-región |
No. de países que reportaron |
Tráfico (Kg.) |
|
Caribe Insular |
21(1) |
11,604 |
|
América Central |
7 (2) |
16,690 |
|
América del Sur |
4 (3) |
76,572 |
|
América del Norte |
1 (4) |
34,622 |
(1) Anguila,
Antigua y Barbuda, Aruba, Bahamas, Barbados, Bermuda, Islas Vírgenes
Británicas, Islas Cayman, Cuba, Dominica, República Dominicana, Granada, Haití,
Jamaica, Antillas Neerlandesas, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San
Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, Islas Turcos y Caicos, Islas
Vírgenes estadounidenses.
(2)
Belice,
Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá.
(3)
Colombia,
Guyana, Surinam, Venezuela.
(4) México.
Fuente:
UNODCCP: Global Illicit Drug Trends, 2002
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Febrero 25, 2003
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