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Resumen,
abstract, resumé
Después
de las movilizaciones de Seattle, la integración y la mundialización del
comercio y las finanzas, se topan con actores que tienen distintos grados de
exclusión en esos procesos, lo cual cuestiona las identidades ciudadanas
complejas que emergen más allá de lo nacional, obstaculiza las identidades
cosmopolitas inclusivas que se plantean como alternativas mundiales a la
globalización y acentúa la crisis de gobernabilidad del modelo democrático
tradicional. Un conjunto de actores heterogéneos formados por tendencias
políticas disímbolas (anarquistas, trotskistas, socialistas, entre las
principales), de movimientos identitarios de afirmación ciudadana, defensa
del ambiente y de reivindicaciones multi-culturales (ecologistas, minorías
étnicas y sexuales, etc.) de agrupaciones sindicales del campo y la ciudad,
de organismos eclesiales de base territorial, de asociaciones defensoras de
los derechos humanos; actores que enfrentan desde dos perspectivas la difusión
globalifílica del modelo neoliberal: la negación total y la resistencia
contra la globalización (globalifóbicos), o la construcción de
alternativas de base frente a los efectos perversos de aquella (globalicríticos),
que prefiguran la democracia deliberativa como un sistema de gestión
complejo desde abajo.
Introducción
Después
de 1945, se empieza a desplazar al Estado como actor protagónico del
sistema mundial; las trasnacionales fueron invadiendo la esfera de lo público
estatal hasta el grado de pretender minimizar al Estado, restándole sus
funciones como agente
regulador de toda relación entre el mercado y la
sociedad. Una fecha simbólica de este desplazamiento es la de 1973-1974,
con el embargo petrolero decretado por la OPEP cuando se contraponen los
intereses de los estados poseedores de petróleo pertenecientes al cártel
internacional y las grandes trasnacionales del oro negro. Entonces, esos
actores no estatales que se habían visto beneficiados por Estados
“desarrollistas”, durante casi tres decenios, plantearon nuevas demandas
de gestión internacional que rebasaron el ámbito tradicional del Estado
nación. Así, la organización del sistema mundial empieza a reposar sobre
actores del mercado que reclaman una cada vez mayor subordinación de los
estados –y de su influencia en las relaciones internacionales- a los
intereses privados.
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El
énfasis puesto en relaciones de libre mercado a escala mundial supuso,
entre las principales estrategias, la desarticulación del Estado
Benefactor, la apertura y liberalización de las economías y la extensión
voluntarista de la democracia liberal como utopía planetaria. Con el
decenio de los ochenta llegan los éxitos macroeconómicos; los encabezan la
Thatcher, en Gran Bretaña y la dupla Reagan-Bush (padre) en Estados Unidos.
También se acentúan las desigualdades, tanto en los países centrales como
en los periféricos, pues la vocación abarcadora universalista del capital
arrastra a economías emergentes y a los sectores más dinámicos de las
trasnacionales. Nuevos espacios públicos que son ganados por esos actores
no estatales, los cuales, sin embargo, no son indiscutibles ni definitivos.
Se empiezan a asomar los actores no estatales que provienen de la sociedad
civil, aunque en la protesta y la resistencia, aún sin proyecto.
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Entre
el final de los ochenta y el inicio de los noventa, con la estrepitosa caída
del socialismo realmente existente, se quiso proclamar de manera
triunfalista el fin de la historia y la hegemonía del pensamiento único,
usando el artilugio de hacer equivalentes mercado y sociedad, con la
democracia. No obstante, el triunfalismo antiestatal deja que los costos de
la gestión de los conflictos, cuya responsabilidad no asume el mercado, se
dejen a un supuesto Estado Mínimo (en su regulación social), que es a la
vez arbitro interesado y gestor de intereses sesgados favorecedores del
capital financiero especulativo (un Estado maximizador de ganancias).
Si
las trasnacionales erosionaron por lo alto las atribuciones del Estado
nacional, actor definitorio del sistema mundial, desde abajo también
surgieron otros actores no estatales que reclaman nuevos espacios públicos
antes pertenecientes a ese Estado nacional centralizador del espacio público.
Sindicatos, indígenas, campesinos, ecologistas, grupos de base territorial
de origen eclesial o grupos desposeídos con distinto grado de organización,
empiezan a ganar visibilidad internacional, al reclamar posiciones en ese
espacio público mundial que ahora van ocupando esos actores no estatales
nacidos desde abajo: Chiapas, con el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional; Porto Alegre y el Estado Río Grande do Sul, en Brasil, con el
presupuesto participativo, o el estado de Kerala en la India, con sus altos
estándares en la calidad de vida y su democracia local participativa, son
algunos ejemplos paradigmáticos.
Las
transiciones políticas, donde se combinan la liberalización política y la
transición democrática, propician el encuentro de actores no estatales con
la transformación de sistemas políticos que operan partidos políticos y
organismos cívicos. En los noventa, hay un nuevo auge de procesos
democratizadores que dejan experiencias fundadoras de participación
ciudadana, rendición de cuentas, derechos humanos, transparencia y derecho
a la información, descentralización y reformas administrativas en apoyo de
gobiernos locales. Sudáfrica, Corea del Sur, una buena parte de países de
Europa del Este, las principales zonas metropolitanas de América Latina:
Montevideo, Buenos Aires, Sao Paulo, el Distrito Federal en México y
cientos de gobiernos estatales, provinciales y regionales en diversas partes
del mundo, que están preocupados por innovar las prácticas de gobierno y
que están abriendo nuevas relaciones entre el Estado y la sociedad.
Al
mismo tiempo que hay nuevos nexos entre lo local y global, desde estas
nuevas realidades políticas abiertas por el proceso de transición política,
pues ellas influyen sobre nuevos imaginarios democráticos de alcance
universal, esas realidades están también acotadas por la escala nacional,
pues no hay modelos alternativos que correspondan con esta escala de
gobierno (haciendo abstracción de China, Vietnam y Cuba, donde el aporte
alternativo de esos modelos pertenece a otra discusión) Asimismo, hay
actores no estatales que emergen en otras escalas sociopolíticas: en la
escala supranacional, surge una sociedad civil regional asociada con los
procesos de integración, como es el caso de la Alianza Social Continental y
de la Cumbre de los Pueblos, organismos que están vinculados con la
resistencia frente al ALCA, o como es el caso de numerosas convergencias
ciudadanas en Europa que vienen cuestionando el proceso de
institucionalización de la Unión Europea.
¿Qué
sucede con la escala internacional y o mundial? Mientras que los estados
institucionalizaron sus relaciones internacionales en Naciones Unidas,
gobiernos de los países centrales, asociados con intereses empresariales
trasnacionales, se preocuparon por crear también instituciones de
pretendido alcance mundial: la Organización Mundial del Comercio, OMC, el
Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial, BM. Paralelamente, los
actores estatales vienen creando diversos organismos de alcance mundial como
el Grupo de los Siete-Ocho-G7-8 e innumerables foros internacionales de carácter
hegemónico, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo,
OCDE, o de carácter alternativo, como el Movimiento de Países No
Alineados, MPNA.
Desde
la perspectiva de los actores no estatales, la internacionalización y la
mundialización de sus organizaciones ha sido muy desigual. Por el lado de
las trasnacionales, su proyecto más agresivo fue el Acuerdo Multilateral de
Inversiones, AMI, el cual fue promovido al seno de la OCDE. Su carácter
excluyente chocó contra diversos movimientos cívicos que lo cuestionaron,
e impidieron que prosperara, aunque sus postulados se han incluido en
algunas instituciones de integración regional, como el TLCAN (NAFTA, ALENA)
Por el lado de actores no estatales como las Organizaciones Públicas No
Gubernamentales, hay que remarcar dos experiencias: las dejadas por el
movimiento obrero y sindical, que no alcanzaron a rebasar los intereses
corporativos y sectoriales que los animaron y las experiencias relacionadas
con los movimientos vinculados con los regímenes internacionales, como los
derechos humanos (Amnistía Internacional), la ecología (Greenpeace), el
feminismo (la Cumbre de Pekín), la renegociación de la deuda externa
(Jubileo 2000) o la aplicación de una tasa especial a las transacciones
financieras (el Grupo ATTAC). Además, hay un cúmulo de grupos civiles de
origen eclesial y de distintos intereses locales, que intentan ganar
visibilidad en el espacio global. Diversos esfuerzos de convergencia entre
estos actores no estatales serán emblemáticos del fin del siglo XX.
Dos
eventos, dos actores no estatales
Dos
eventos inauguran el siglo 21: 1) las protestas de Seattle a finales de
1999, que nos muestran, además del auge de privatización de los espacios públicos
supranacionales por parte de las trasnacionales, a un nuevo actor no estatal
que pretende influir en la escena internacional: los anti-globalización, o
los globalifóbicos, mote con el que los quiso denigrar el ex Presidente de
México Ernesto Zedillo, en el marco de la reunión de la APEC, en
Vancouver, al inicio del año 2000 y 2) los dramáticos acontecimientos del
11 de septiembre de este 2001, que nos muestran también la crítica de
actores no estatales al sistema mundial, pero desde una perspectiva
diametralmente opuesta, en cuanto a su concepción sobre la política, el
Estado, la guerra y el uso de las armas, el ejercicio de la violencia, el
papel de la sociedad y la configuración de la ciudadanía.
Por
una parte, están los grupos movilizados en contra de los efectos perversos
de la globalización que tratan de (re) significar a la política y lo político
como una nueva arena pública, que demanda un sistema democrático de gestión
compleja para el manejo del conflicto, acompañado de la instauración de
una ciudadanía con capacidad deliberativa decisoria sobre su entorno y
sobre sus prácticas cotidianas; esos grupos buscan alcanzar nuevas
soluciones creativas a la tensiones presentes entre un proyecto universal
fundado sobre la equidad, la justicia y la plena vigencia de los derechos
humanos, con el respeto a la diferencia, oponiéndose, simultáneamente, a
los efectos homogeneizantes y disgregadores de la globalización.
Mientras
que, por otro lado está una concepción que desprecia la política como
gestión razonada del conflicto, que recurre a la violencia terrorista como
negación de la guerra en tanto que prolongación de la política por otros
medios y, en concordancia con actores estatales hegemónicos, que propugnan
por el pensamiento único, la primacía de la iglesia sobre el Estado y el
desconocimiento de la diversidad y la diferencia cultural como promotor de
unidades y solidaridades fincadas sobre el respeto del otro.
Dos
actores no estatales que marcan un cambio de época pero con proyectos de
futuro que se sitúan en las antípodas; sin embargo, el peligro reside en
la nueva Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, ahora inspirada en
la lucha contra el terrorismo, que se muestra incapaz de diferenciar fines y
medios utilizados por estos dos actores no estatales que percibe como
amenazas. Naomi Klein (La
Jornada: 07-10-2001), nos previene sobre esos riesgos: “Después del
11 de septiembre, los políticos y expertos en el mundo inmediatamente
comenzaron a incluir los ataques terroristas como parte de un continuo de la
violencia antiestadounidense y anticorporativa [Peter Beinart, editor de The
New Republic, fuerza la siguiente conclusión] el movimiento
antiglobalización está, en parte, motivado por el odio a Estados
Unidos”.
En
todo caso, habrá que evitar la criminalización antiterrorista de los
movimientos de resistencia o de crítica a la globalización, pues ellos están
prefigurando un nuevo mundo que es incluyente, que trata de sincronizar el
ámbito de las instituciones y el de los ciudadanos, el Estado de derecho y
las responsabilidades, que exige la rendición de cuentas públicas y que
revaloriza los mundos de vida abiertos al multiculturalismo. Lo cual es
opuesto a los fines perseguidos por el fundamentalismo islámico y
despreciado por el fundamentalismo del mercado que enarbolan actores no
estatales privados y estados hegemónicos.
Filias,
fobias y críticas
Si
bien estos nuevos actores no estatales cuestionan los efectos perversos de
la globalización, no todos ellos lo hacen de la misma manera; algunos están
en la fase de protesta sin propuesta, otros en la de resistencia y otros más,
buscan un proyecto alternativo al neoliberalismo. Hay pues una
heterogeneidad de actores, pero sus prácticas son convergentes en cuanto a
su oposición a la globalización. Sin embargo, ni los actores ni su prácticas
están exentas de contradicciones internas. Ello depende de la ubicación de
esos actores respecto del
mercado, del Estado y de la sociedad; en términos de poder y de identidad.
Castells
(1999b: 28-34) nos ofrece la categoría de identidad: “fuente de sentido y
experiencia para la gente”, que puede ser útil para ilustrar las
diferencias entre las principales propuestas anti-globalización: 1.- la identidad
legitimadora es introducida por las instituciones dominantes de
la sociedad para poder extender y racionalizar su dominación frente a los
actores sociales. Son identidades que generan una sociedad civil –en el
sentido gramsciano del término: “un conjunto de organizaciones e
instituciones , así como una serie de actores sociales estructurados y
organizados, que reproducen, si bien a veces de modo conflictivo, la
identidad que racionaliza las fuentes de la dominación estructural”. Una
identidad enmarcada en el ambiguo concepto de sociedad civil, pues al mismo
tiempo que prolongan la dinámica del Estado, esos actores no estatales
tienen un amplio arraigo entre la gente. Se trata de aparatos con algún
grado de institucionalización, como sindicatos, iglesias, partidos y
distintas formas asociativas de carácter cívico cuya identidad está
conformada por la reproducción legitimada del discurso dominante. Esta
identidad podría entonces corresponder a los globalifílicos.
Enseguida
tenemos: 2.- la identidad de resistencia:
“generada por aquellos actores que se encuentran en posiciones /
condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de la dominación”,
cuya supervivencia se atrinchera en la oposición. Formas identitarias que
conducen a la formación de sentidos comunitarios, en comunas o
comunidades, que comparten, principalmente, un sentimiento defensivo que
invierte los valores dominantes, incluidos los juicios de valor, mientras se
refuerza la frontera entre exclusores y excluidos. Así, se construyen
“formas de resistencia colectiva contra la opresión, de otro modo
insoportable, por lo común atendiendo a identidades que, aparentemente,
estuvieron bien definidas por la historia, la geografía o la biología,
facilitando así que se expresen como esencia las fronteras de la
resistencia.” En los movimientos anti-globalización, esta identidad es la
que se encuentra más extendida; el nodo que une la enorme diversidad de
movimientos con demandas particularistas, como pueden ser los nacionalismos
de base étnica, las comunidades territoriales, o movimientos de jóvenes
o minorías sexuales, es la resistencia contra la exclusión. Sin
caer en el sentido peyorativo con el que se calificaron a estas formas
identitarias, podemos agruparlas bajo la categoría de globalifóbicos.
Este
concepto no pretende descalificar a quienes se oponen a la globalización,
ni a quienes resisten contra ella. Se pretende constatar la manera en que
diversos focos de resistencia, generalmente de corte anti-capitalista,
pueden converger en distintas coyunturas, como las reuniones de organismos
internacionales, la formalización o institucionalización de esquemas o
espacios de integración comercial, o en las reuniones de mandatarios en las
cúpulas de los países centrales. Además, la definición de estas formas
identitarias no pretende hacerse bajo compartimentos estancos, pues hay que
ver estas identidades con un sentido histórico, en el que pueden
transformarse, autosuperarse o desaparecer, de manera que una identidad de
resistencia puede conducir, mediante la identificación de un proyecto, a
una identidad legitimadora que racionaliza nuevas formas de dominación, o
una identidad de proyecto que fracasa, puede transitar hacia formas de
resistencia, entre muchas otras combinaciones posibles.
3.-
Siguiendo a Castells tenemos la identidad proyecto:
“cuando los actores sociales, basándose en los materiales culturales de
que disponen construyen una nueva identidad que redefine su posición en la
sociedad y al hacerlo, buscan la transformación de toda la estructura
social”. Así se configura el sujeto como un actor social colectivo que
comparte una experiencia original que le da sentido de totalidad, o de
proyecto, a su propuesta. En este caso se ubica la etapa de la creación de
alternativas, a la que se refiere Xabier Gorostiaga, como la época de la
protesta con propuesta; es decir, puede haber un tránsito de la identidad
de resistencia a la de proyecto. Empíricamente, podemos constatar que en el
movimiento contra la globalización neoliberal hay una creciente
convergencia entre la protesta y la propuesta, lo que nos lleva a coincidir
con una sugerente hipótesis de Castells: “los sujetos cuando se
construyen ya no lo hacen basándose en sociedades civiles, que están en
proceso de desintegración, sino como una prolongación de la resistencia
comunal” Esta tercera identidad podría adaptarse a lo que he llamado globalicríticos.
Entre
la resistencia y el proyecto de sociedad alternativo
Las
tres identidades definidas antes (filias por la globalización, como
identidad legitimadora; fobias respecto de ese proceso, como identidad de
resistencia; críticas a la globalización neoliberal, como la identidad
proyecto) se pueden sintetizar en dos sentidos de la historia: la reproducción
del orden dominante o la transformación – superación de ese orden.
Frente a esta oposición de dos sentidos de futuro, la denominación de anti-críticos
o de globalifóbicos como portadores de una tercera visión de sentido se
requiere matizar, ya que puede encerrar cierta simplificación de fenómenos
sociales que son complejos en su interior. Hay que evitar la descalificación
de quienes se oponen a la globalización o a cualquiera de sus
manifestaciones, pues esa resistencia encierra una crítica en los hechos
del proceso dominante, una crítica que incluso puede llegar a la elaboración
de un proyecto alternativo en el que la lucha contra la globalización
consiste en irla desarticulando. Posteriormente trataré de encontrar las
similitudes y diferencias entre anti-globalización y los que están por la
des-globalización.
En
todo caso, podemos constatar una convergencia creativa entre globalifóbicos
y globalicríticos en torno de la creación de alternativas, que reúne la
resistencia y el proyecto de transformación, en el Foro Social Mundial así
como en diversos espacios públicos en que convergen movimientos críticos y
opositores a la globalización, que buscan fundar el “otro mundo
posible” al que se refiere el foro de Porto Alegre. Una fundación que no
se hace sin dificultades, pues así como se constata una mayor coordinación
entre fines y medios, entre grupos que sustentan esas luchas de resistencia
y los que van construyendo proyectos alternativos, de otra parte, las
diferencias internas se presentan –aunque nos cueste trabajo aceptarlo- y
tienen el riesgo de seguir aumentando, si no se toman en cuenta sus fuentes
originales.
Evidentemente,
las identidades de resistencia y las de proyecto son categorías que no se
pueden enclaustrar en compartimentos estancos; no obstante, vale destacar
cuatro temas que dividen las posiciones “fóbicas” y críticas, al
interior de los organismos que van convergiendo en los diversos foros
internacionales y entre los intelectuales que reflexionan sobre esas
acciones opositoras a la globalización y la construcción de alternativas:
- El
balance entre oportunidades y limitaciones abiertas por la globalización
en todas sus dimensiones, que divide a quienes aceptan negociar bajo
condiciones favorables al movimiento social con instituciones mundiales
o gobiernos, de radicales que niegan cualquier margen de negociación y
cualquier beneficio a la globalización y por ello tratan de impedirla a
toda costa. Ello ha dividido las posiciones de resistentes y críticos
de la globalización, como se ha venido mostrando en cada uno de los
foros de manifestación posteriores a Seattle, en que se ha llamado por
alguna de las partes a negociaciones, o a discusiones esclarecedoras del
conflicto en cuestión o de las diferentes apreciaciones sobre los
problemas tratados. Lo vimos en todas las reuniones contestadas por
manifestaciones: ni el Banco Mundial, ni el Fondo Monetario
Internacional, ni la Organización Mundial del Comercio, ni la Cumbre de
las Américas, ni la reunión “ABCDE, del Desarrollo” convocada por
el Banco Mundial en Barcelona aceptan desde el lado institucional un diálogo
abierto y sincero con las organizaciones manifestantes. Pero también
hay que aceptar que buena parte de esas organizaciones no admiten más
que el boicot contra cualquier esfuerzo negociador;
- Las
responsabilidades imputables al Estado en el manejo de conflictos y
soluciones, así como la vinculación con los nexos entre movimientos y
gobierno (nacional y local) también divide, pues en el movimiento de crítica
y resistencia contra la globalización neoliberal coexisten anti-estatistas
de origen anarquista, grupos de carácter político u ONG’s que
nacieron por oposición al Estado, inclusive movimientos políticos
opositores a su gobierno nacional, que evitan la institucionalización
de movimientos y demandas sociales, mientras que otros
–particularmente quienes han tenido experiencias de gobierno- buscan
que el Estado no se desentienda de sus compromisos, ni evada la solución
de los déficit históricos: pobreza, desigualdad social, crimen y
violencia, seguridad pública, educación de calidad, fomento del empleo
productivo, por citar algunos temas.
- También
se divide la identidad de resistencia y la de proyecto, de cara a la
concepción que se tenga sobre el papel de la sociedad civil en la
construcción del espacio público no estatal. Particularmente, en lo
que se refiere a la democracia y la ciudadanía; el tema electoral, la
definición de derechos humanos; la cuestión étnica y el grado de
separación o vinculación entre Estado y sociedad, aunque, hipotéticamente,
a pesar de la enorme diversidad socio-política entre los anti-globalización,
hay dos conceptos: democracia deliberativa (en el sentido propuesto por
Habermas, 1999) y ciudadanía cosmopolita –o multicultural- ( en
sintonía con las ideas de David Held, 1999), que parecen ganar consenso
entre los opositores al autoritarismo implicado en la globalización
neoliberal.
- El
uso de la violencia es otro tema de división, pues una parte de quienes
se oponen a la globalización, al menos en sus términos actuales, está
por formas pacíficas de protesta que, sin embargo, sean elementos de
presión para ganar negociaciones, mientras que otra parte está por el
enfrentamiento abierto contra las fuerzas represivas; estos últimos
buscan el efecto “pedagógico” del enfrentamiento y la acumulación
de contradicciones de manera que se radicalice la lucha. No podemos
ocultar que entre estos últimos se han infiltrado elementos policíacos
de la “inteligencia política” de algunos gobiernos centrales, lo
cual no exculpa las acciones represivas autoritarias emprendidas por
ellos, para desarticular las protestas respectivas, lo cual ya introdujo
al movimiento contra la globalización neoliberal en el campo de las
estadísticas negativas, con un muerto y decenas de presos políticos en
las cárceles de los países donde ha habido estas manifestaciones
multitudinarias.
Refundación
de la política, lo político y lo ciudadano
Cabe
preguntarse 1) si las formas de resistencia, crítica y proyectos
alternativos a la globalización neoliberal desembocan en una nueva
aproximación de la política, concebida como la arena pública que es
objeto de la construcción colectiva de un imaginario, o 2) en un nuevo
abordaje de lo político, entendido como sistema de relación entre lo público
y lo privado, entre Estado, mercado y sociedad. Preguntarse si hay una
aportación de las formas deliberativas o participativas de la democracia,
por parte de las críticas y resistencias contra la globalización
neoliberal. Asimismo, es pertinente preguntarse sobre 3) el impacto de estas
identidades globales en movimiento sobre las ciudadanías; estas últimas
mencionadas en plural, ya que abarcan dimensiones respecto a derechos
sociales, culturales, políticos y civiles y si en esos procesos se está
configurando una identidad cosmopolita inclusiva.
En
concreto cabe preguntarse 4) sobre los procesos sociales desencadenados por
esas identidades ciudadanas complejas que emergen y actúan tanto en la
dimensión local como más allá
de lo nacional, un nuevo espacio público de lo político en que se plantean
alternativas a la globalización neoliberal, articuladas en las distintas
escalas de la geografía política: mundial, supranacional, nacional y
local. Articulación de escalas que enmarca 5) la crisis de gobernabilidad
del modelo democrático tradicional, pero que también encierra –al menos
de manera prefigurada o virtual- las potencialidades de lo que ha dado en
llamarse gobernancia democrática.
1.-
Construcción colectiva de un imaginario político
A
pesar de su diversidad, fóbicos y críticos tienen algunos trazos comunes.
De acuerdo con Bourdieu (2001), estos movimientos sociales son a menudo el
resultado del rechazo de las formas de movilización política tradicional y
particularmente las que protagonizan los partidos políticos; su ideología
libertaria favorece la participación directa de los interesados, en contra
de la monopolización del poder por minorías. Segundo trazo común: ellos
inventan o reinventan formas de acción originales para ligar fines y
medios, mediante fuertes contenidos simbólicos que privilegian los espacios
mediáticos, sin dejarse instrumentalizar por los medios. Tercera característica
común, ellos rechazan al neoliberalismo en tanto imposición de voluntades
de instituciones dominantes y multinacionales, por la vía de inversiones;
en cuarto lugar, estos movimientos son al mismo tiempo internacionales e
internacionalistas, particularistas y defensores de otro orden global de
cosas. Sexta propiedad común, estos movimientos exaltan la solidaridad como
principio de acción y de organización. Fóbicos y críticos combinan dos
principios: uno de ellos lo adquirieron en un primer momento, cuando se
piensa global y se actúa local, con lo cual las redes de redes
tuvieron un sustento local para su proyecto mundial; pero después de
Seattle, ello se complementa con un actuar global,
pensar local, que lanza al primer plano de interés las
movilizaciones contra las instituciones que dominan la globalización
neoliberal, teniendo en mente la repercusión de esas acciones en el ámbito
local en que se desenvuelven esas redes.
2.-
Aportación de las formas deliberativas o participativas de la democracia
No
obstante que los debates sobre la democracia participativa se han acotado al
espacio del Estado nacional, los nuevos movimientos que cuestionan la
globalización neoliberal introducen nuevas prácticas cotidianas, que
desembocan en principios organizacionales que rebasan los rígidos límites
de la democracia formal, representativa, delegada, procedimental. Mohamed
Djouldem (2001), señala que las múltiples formas de contestación contra
esa globalización, fundan un espacio mundial nuevo en el que se identifican
intereses comunes que están a la búsqueda de compromisos y de arbitrajes
razonables, que entrañan la mejor manera de tomar las
“buenas”decisiones, a partir de formas de discusión que podrían
caracterizarse como deliberativas, las cuales están en competencia con las
democracias institucionales, nacionales y representativas. Aunque no hay
unanimidad sobre el imaginario democrático que se funda, sino diversas
caracterizaciones sobre los objetivos y alcances (enjeux) democráticos,
pues otras interpretaciones sobre las características de esos imaginarios,
llevan a una definición de democracia global o trasnacional.
Además,
el concepto “democracia deliberativa”, necesita aclarar el papel jugado
por las comunidades de base y por los contra-poderes, en la construcción de
esos nuevos espacios públicos que llevan a una refundación de la política
y de lo político. A una escala supranacional el caso del Foro Social
Mundial es emblemático, nos dice Djouldem (2001), pues este espacio
“aparece como una suerte de asamblea constitutiva de esa nueva democracia
participativa que se daría por horizonte al mundo. Ella inaugura la
emergencia de una nueva ciudadanía apoyándose sobre una nueva militancia,
familiar de la Internet, sin afiliación partidaria y políticamente heterogénea.”
Se
puede considerar entonces que los movimientos de crítica y resistencia
contra la globalización neoliberal están aportando nuevos contenidos a lo
que se podría comprender como democracia deliberativa, pues “Las
organizaciones y asociaciones que están
relacionadas con la sociedad civil a través de una pluralidad de
redes, ligan entre ellas esos tres niveles de democracia participativa
porque ellas proyectan en el espacio-mundo los valores y las aspiraciones
propias de las sociedades locales. Recíprocamente, ellas inyectan en las
sociedades locales y nacionales, un punto de vista planetario y modifican el
estilo político, dando nacimiento a nuevos lugares de debate y de enunciación
de problemas (los foros de Porto Alegre y de Québec), (re)equilibrando las
correlaciones de poder en beneficio de aquellos que no forman parte de las
elites.”
La
discusión planteada en el documento con el que MOST-UNESCO, convoca al
taller: “Démocratie, gouvernances et complexités; Quels défis posés
par la reconnaissance du pluralisme culturel?”, recoge varias preguntas
relevantes que se vinculan con la democracia deliberativa; entre ellas si
este concepto aporta soluciones de cara a las tensiones entre “la libertad
(democracia liberal que privilegia la moderación) y la igualdad (la
democracia radical, que privilegia la virtud)” Pregunta que tiene una
germen de respuesta en la construcción de espacios deliberativos por parte
de globalifóbicos y globalicríticos, en la medida que sus organismos
constituyen críticas activas de la democracia liberal y representativa, en
nuevas “arenas públicas” donde buscan la profundización de la
democracia con la participación de sujetos informados con capacidad para
exigir transparencia y rendición de cuentas, desde una nueva ética de lo público
estatal y no estatal.
Una
construcción que, sin embargo, es muy heterogénea respecto al proceso de
institucionalización de lo político, pues no hay certidumbres para el
futuro, ni en lo que toca a los posibles caminos de transformación de la
democracia liberal representativa: la organización de poderes, su autonomía,
sus frenos y contrapesos (checks and balances), ni en lo que toca a la
delegación de poderes y al papel que juegan las elecciones, los sistemas
políticos y de partidos competitivos en ese camino, ni en lo que toca a las
formas que le dan primacía a la soberanía popular (formas asamblearias,
plebiscitarias), ni en lo que toca al ejercicio directo y cotidiano de los
espacios deliberativos (antes de las decisiones, en el seguimiento y
evaluación de las consecuencias, en el deslinde de
responsabilidades) En todo caso, coincidimos con Djouldem (2001), “Esta
renovación de la democracia participativa exige una redefinición de su
concepto, que aún resta flojo en razón de la diversidad de usos, de
dimensiones funcionales que se le atribuyen y de situaciones empíricas que
designa.”
3.-
Aportaciones a la configuración de una identidad cosmopolita inclusiva
Con
el debilitamiento de las capacidades reguladoras del estado en la dimensión
nacional, el incremento de la regulación supranacional que reclama franjas
crecientes de soberanía y la desterritorialización implicada en la dinámica
globalizadora que arrastra a las políticas públicas, se va perdiendo el
sentido de identificación nacional. El estado, entonces, ya no es portador
de los amplios intereses que corresponden a la población y por tanto
podemos hablar de un creciente proceso de desciudadanización, en cuanto que
lleva a la disgregación de las identidades nacionales. Frente a este
proceso, Assies, Calderón y Salman (2001) identifican tres reacciones: “En primer
lugar, una masa inerte y confusa similar a lo que Zermeño (1996) ha
calificado como una ‘sociedad derrotada’ bajo el embate neo-liberal. En
segundo lugar, un segmento inconforme que proporciona la base para nuevas
formas de protesta, a menudo violentas, contra la globalización (backlash
politics).” En tercer lugar, “una minoría activa y visionaria se
organiza al nivel local y transnacional (pero todavía no al nivel nacional)
en el marco de un proyecto alternativo de globalización y de ciudadanía
globalizada animado por una ética cosmopolita. El ciudadano
intercultural.”
Cosmopolitismo
no quiere decir homogeneización de principios y valores universalistas,
sino apertura y contribución a lo universal
desde lo particular. Las contradicciones mismas de la globalización
neoliberal han aumentado la distancia entre dos dinámicas que, de acuerdo
con el documento MOST-UNESCO, no tienen vinculación entre sí: de un lado,
se impone lo homogéneo en las esferas del centro y sus prolongaciones en la
periferia, en el sentido de UN pensamiento único, UNA organización de los
sistemas sociales, UNA hegemonía de valores, mientras que por otro lado, se
produce una fragmentación del pensamiento, de los sistemas, de los valores,
de las ciudadanías y de las identidades que las soportan, como resultado de
la manera concreta en que la globalización se localiza; de ahí el término
de glocalización. La ética cosmopolita que sustenta el proyecto de una
ciudadanía intercultural, no es la mezcla indiscriminada de esos factores
dispersos, sino que es el respeto a la diferencia, cuando está abierta a la
inclusión, y el potenciar la diversidad como fuente de enriquecimiento
cultural.
Como
resultado de esa diversidad, puesta en contacto en los espacios públicos no
estatales globales y locales, se ha establecido una comunicación
intercultural horizontal –en cuanto que el cosmopolitismo no se identifica
más con el centro-, lo cual destaca como uno
de los aportes construidos por los movimientos críticos y de
resistencia contra el neoliberalismo, principalmente en el Foro Social
Mundial. Ello lleva al reconocimiento de las identidades con un carácter
complejo y cruzado (MOST-UNESCO) a partir de dos procesos: las que se forjan
en el cruce conflictivo entre lo global y lo local, que ya no son las
identidades nacionales y, en el otro extremo, las identidades cosmopolitas
que van siendo capaces de procesar un proyecto; que va ganando, para decirlo
con Alain Touraine, la palabra (parole) por encima de la violencia y la
imposición autoritaria (sang)
Labarrière
(2001), define al cosmopolitismo como la oportunidad de rebasar el carácter
particular de la ciudadanía, como identidad política acotada a la polis,
al proyectarse hacia el mundo o el cosmos, como idea de universalidad histórica.
De ahí que una versión contemporánea del cosmopolitismo suponga esa
universalidad histórica como ejercicio de la razón, enfrentada al desafío
de salvaguardar las singularidades que están en vías de reivindicarse, en
la medida que comunican su identidad proyecto –la palabra. Las tareas de
la nueva ética cosmopolita que se pueden entrever en los espacios públicos
donde se expresa, van más allá
de una regulación de los mercados mundiales, o de la reorganización de los
flujos migratorios, pues se trata de tomar en cuenta las aspiraciones y las
potencialidades múltiples humanas de todo el abanico geográfico y temporal
(tradición y cambio)
Podemos,
entonces, identificar aportes sustantivos del movimiento crítico y de
resistencia contra la globalización, a la ética cosmopolita, al reforzar
los intercambios culturales con respeto a las particularidades y las
diversidades lingüísticas, al enriquecer los derechos humanos en la
equidad y la solidaridad, al demandar una justicia supranacional con apego
al estado de derecho, al generar nuevos espacios de comunicación y de
auto-representación al seno de la sociedad civil, al buscar instaurar un
arbitraje internacional consentido libremente. Sin embargo, el
cosmopolitismo puede resbalar hacia una falsa legitimidad de la hegemonía
central, por lo que hay reservas en la utilización del término, sobre todo
en lo que se refiere al restablecimiento de la hegemonía central que pueden
propiciar el llamado “derecho de ingerencia humanitaria” o la estatización
del poder en figuras asociadas al gobierno mundial o supranacional, que podrían
vulnerar la fuerza creativa de la democracia deliberativa.
4.-
Un nuevo espacio público de lo político con alternativas a la globalización
neoliberal, articuladas en las distintas escalas de la geografía política
La
singularidad de la política que fundan estos
movimientos fóbicos y críticos
reside en que son portadores de futuro, ya que se proponen un horizonte de
utopía –a diferencia de los fundamentalismos religiosos que se proponen
la ucronía: es decir, la que no se ubica en el tiempo; además, fóbicos y
críticos, fundan otros procesos complejos y cruzados al proponerse
comunicar y eventualmente sincronizar algunas acciones, en las cuatro
escalas de actuación propias de la geografía política:
A.-
el sistema mundial, para lo cual surge
el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001, con su
lema “Otro mundo es posible”, o la creación de espacios públicos no
estatales apropiados a una coyuntura de movilización específica, como es
el caso del Foro Social Mundial de Génova, o los grupos que actúan en
torno de los regímenes internacionales, como Greenpeace, en la ecología;
Amnistía Internacional, en los derechos humanos; el grupo ATTAC, que se
propone alternativas a la especulación financiera; o grupos feministas y de
minorías sexuales que buscan la equidad de géneros;
B.-
grupos que actúan en espacios supranacionales
regionales, que pueden ilustrarse en la demanda de una Europa
social, o en las acciones opositoras al ALCA –a la vez que propositivas-
de la Alianza Social Continental y de la Cumbre de los Pueblos en el
continente americano;
C.-
miles de grupos que actúan desde esta perspectiva crítica en los espacios
de los estados nacionales, donde destacan las aportaciones del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, respecto del mundo indígena y campesino
de México, articulado con otra visión de la dimensión global, como es el
caso de los Encuentros Intergalácticos Contra el Neoliberalismo y Por la
Humanidad (celebrados en Chiapas y en Barcelona) y
D.-
en los espacios locales-regionales,
donde destaca la democratización de gobiernos locales y la actuación de
millares de organismos civiles, más o menos articulados con esos procesos
democratizadores; de los cuales una buena muestra son las experiencias de
Presupuesto Participativo en el Estado de Río Grande do Sul y la
municipalidad de Porto Alegre, en Brasil. Igualmente, aquí se ubican las
complejas y diversas identidades que se plantean demandas de género o de
corte sectorial, pero que su actuación empieza
por la escala local, aunque no se acoten a ella.
5.-
potencialidades de la gobernancia democrática
Actualmente,
hay un debate sobre el significado de la gobernabilidad, pues una aproximación
crítica del funcionalismo propio de los enfoques (neo)institucionales (teoría
del “governance”, que se reduce al buen gobierno, a la eficiencia y a la
reforma y racionalización de las políticas públicas, disfrazada como
reforma del Estado) hace descansar al gobierno en los resultados de las prácticas
políticas de los actores sociales, gubernamentales y del mercado. Adoptando
el principio de que la gobernancia democrática implica un precedente de lo
político –que no se reduce al gobierno y las instituciones-, en la creación
de sistemas complejos de gestión del conflicto (MOST-UNESCO), se pueden
encontrar varias propuestas fundadoras de las condiciones que harían
propicio este esquema en la escala mundial, así como en su interacción con
lo local, a partir de las alternativas que se discuten al seno del
movimiento crítico y de resistencia contra la globalización.
Aprovechando
las reflexiones de Peter Wahl (2001), sobre gobernancia mundial, podemos
apreciar que fóbicos y críticos han denunciado que la globalización
escapa a cualquier forma de regulación política supranacional, aunque
actores trasnacionales empresariales han intentado imponer regulaciones que,
de manera sesgada, respondan a sus intereses, como fue el caso del Acuerdo
Multilateral de Inversiones. De ahí que estos actores no estatales críticos
del neoliberalismo se propongan un conjunto de regulaciones políticas de
alcance trasnacional y mundial. El esquema de gobernancia mundial, que se
puede entrever en el movimiento crítico y de resistencia frente a la
globalización, supone nuevas esferas de cooperación entre los actores políticos
presentes en el sistema mundial, como gobiernos e instituciones
internacionales, así como el condicionamiento de la integración de las
economías al mercado mundial y el énfasis en los espacios nacionales. Además
ese esquema refuerza los espacios abiertos por la sociedad civil, mediante
el reconocimiento del rol eminente de los organismos civiles, incluidas las
ONG’s, y sus redes trasnacionales, por su capacidad de diagnóstico y de
creación de soluciones, lo cual rebasa las tareas del estado, o las puede
complementar oportunamente.
Una
dificultad enfrentada por el esquema de gobernancia mundial que prefiguran fóbicos
y críticos está relacionado con el grado de institucionalización que debe
acompañar la acción de los organismos civiles. Debate que pone en el
centro de atención la cuestión del gobierno mundial, pero también el de
un nuevo papel para los estados nacionales. En el primer caso, varios
autores llaman la atención sobre la necesidad de reformar Naciones Unidas y
los diversos organismos de alcance mundial en la banca, el comercio de
bienes y servicios, las finanzas, de manera que se rebase el carácter
interestatal de esas instituciones mediante la participación de actores que
representen a la sociedad civil. Una reforma que no obstante sus amplios
alcances, es insuficiente para dar cabida a la emergencia de los nuevos
actores anti-globalización neoliberal y sus complejas demandas. David Held
(1999) propone un sistema mundial democrático en el que se combinan las
formas institucionales propias de la democracia liberal representativa,
reorganizadas bajo los criterios aportados por una creciente participación
de la sociedad civil, y las nuevas prácticas de gobierno fundadas sobre la
sociedad cosmopolita que enfatiza la dimensión multicultural de la ciudadanía.
Legitimidad
de una regulación global con participación de actores estatales y no
estatales, valores y principios portadores de una ética mundial, cuyo
paradigma de referencia es el desarrollo sustentable, derechos humanos
adaptados a situaciones particulares, son los pilares que sostienen los
debates respecto al gobierno mundial. En lo que toca al nuevo papel de los
estados nacionales, en un esquema de gobernancia mundial, hay amplias
franjas de indefinición pues, al mismo tiempo que la construcción teórica
de alternativas le regresa amplias atribuciones al convertirlo en una suerte
de bisagra entre la regulación política mundial y la local (Cfr. À la
recherche d’alternatives. Un autre monde est-il possible?, Alternatives
Sud, Cahiers trimestriels Vol. VIII, 2001-2) la gestión de las
crisis sistémicas recientes ha demandado, desde las perspectivas oficiales
de las instituciones internacionales, una creciente intervención de la
potencia pública para actuar sobre los ajustes y reestructuraciones
obligadas por los privilegios del mercado en la gestión política.
El
pensamiento único, predicador del Estado mínimo, se tuvo que contradecir
al forzar una creciente intervención estatal en la gestión de las crisis
financieras; la más reciente prueba de ello, después de las exigencias
planteadas a gobiernos y estados golpeados por la crisis bursátil, es el
involucramiento de los estados centrales en la guerra anti-terrorista
comandada por Estados Unidos. Por su parte, aunque el Foro Social Mundial
propone varios foros que tienen relación con la institucionalización del
poder, destinados a autoridades locales, parlamentos nacionales y
regionales, jueces y autoridades judiciales internacionales, no hay
suficiente claridad sobre los desafíos planteados por este nuevo rol de los
estados nacionales, en una coyuntura en la que hay un retorno del
pensamiento oficial de las instituciones internacionales a los enfoques
estatocéntricos. Si bien la gobernancia democrática no supone el regreso a
formas de ciudadanía restringidas al ámbito estatal, la propuesta de una
ética cosmopolita propiciadora de una ciudadanía intercultural, necesita
contar con un diagnóstico sobre impedimentos y, por qué no,
potencialidades del ámbito estatal postnacional.
Conclusiones
La
convergencia entre identidades de proyecto e identidades de resistencia, en
la propuesta de un sistema mundial alternativo, está implicando
aportaciones al tema de la ciudadanía cosmopolita e intercultural, al tema
del Estado y del gobierno en diversas escalas socioespaciales: regreso del
enfoque estatocéntrico, valorización de la reforma de relaciones entre
mercado, Estado y sociedad, al tema de la democracia participativa y
deliberativa; al tema, en fin, de la globalización en relación con el
imperialismo y la fase neocolonial, en términos de la redefinición de las
jerarquías entre centro y periferia.
Entre
críticas y resistencias contra la globalización neoliberal hay una
prometedora y fructífera refundación de la política, de lo político y lo
ciudadano. Aunque varios términos estratégicos para la acción social aún
no despiertan consensos: la desglobalización como de-construcción del
neoliberalismo, la negociación y el grado de interlocución entre los
organismos civiles anti-globalización y las instituciones internacionales,
el énfasis en la escala de actuación nacional, la radicalidad de los métodos
de lucha y en particular, el uso de la violencia.
Los
espacios públicos construidos por fóbicos y críticos aportan elementos
que contribuyen a abatir el déficit de gobernancia democrática, a la
fundación de una ética de lo público como derecho y responsabilidad: con
rendición de cuentas, transparencia de la gestión pública y nuevos
valores cívicos de carácter cosmopolita. No obstante, esas innovaciones
enfrentan amenazas y riesgos: la recuperación y deformación de las
reivindicaciones por el campo mediático; el énfasis economicista de las
demandas vinculadas con la regulación del mercado mundial, sin tomar en
cuenta la dimensión plural y compleja de las identidades culturales
amenazadas; el asedio de los particularismos a ultranza, por su identificación
anti-capitalista y, muy especialmente, la criminalización de los
movimientos críticos y de resistencia contra la globalización, amenaza con
negar legitimidad a las propuestas que emergen de ellos, al satanizarlos e
identificarlos como terroristas.
Corresponde
a los globalicríticos, en convergencia con las resistencias globalifóbicas,
impulsar otra globalización posible mediante la coordinación de sus
reivindicaciones, lo cual apunta hacia las siguientes preguntas: ¿Cómo
resolver el déficit de gobernancia democrática que, en distintos grados,
corresponde a cada una de las cuatro escalas geopolíticas: mundial,
supranacional, nacional y local? ¿Cómo vincular las redes sociales con la
reforma de la ONU, la democratización de los bloques continentales, de países
(especialmente los centrales, ante el retorno de enfoques estatocéntricos,
subrayados después del 11 de septiembre) y regiones? ¿Cómo resolver el déficit
ético público que pervierte las relaciones sociales, cuando se evita la
rendición de cuentas y se escamotea un sistema educativo de calidad? ¿Cómo
abatir el déficit cívico negador de los derechos ciudadanos?
Las
alternativas al neoliberalismo suponen esa democracia deliberativa que surge
desde abajo, que funda un ciudadano cosmopolita abierto a la
multiculturalidad, tanto como a la nueva agenda social de la justicia, la
solidaridad, la equidad entre los géneros y la sustentabilidad ambiental.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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AA
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VIII, 2001-2
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Documentos Instituto Internacional de Gobernabilidad www.iigov.org
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WAHL
P. 2001. “Gouvernance mondiale”, Liberation, Groupe d'études et
de recherches sur les mondialisations, le Dico de la mondialisation,
www.liberation.com/omc/dico/index.html
(1) PROFESOR-INVESTIGADOR
Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, Universidad
de Guadalajara
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Febrero
18, 2002
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