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El
año 2003 arribó a Costa Rica con la noticia sobre la inminente quiebra del
sistema de pensiones que maneja la Caja Costarricense de Seguro Social,
poniendo en el tapete un debate que por mucho tiempo se ha venido atrasando
en este país. Ha llegado el momento que los costarricenses discutan la
conveniencia o no de continuar con un modelo de seguridad social anticuado y
manejado por una burocracia estatal, o llevar al país a una verdadera
reforma de pensiones en donde sean los trabajadores los que tengan la
libertad de escoger las condiciones de su propio retiro.
Desdichadamente,
las propuestas hechas hasta ahora por los diferentes actores
sociales—empresarios, sindicatos, y los mismos medios de comunicación—han sido
las mismas de siempre: aumentar la edad de retiro, elevar el monto de las
cotizaciones y obligar a los trabajadores independientes a cotizar. Ninguna de
estas soluciones combate las fallas sistémicas de la seguridad social, fallas
que no son propias del modelo costarricense, sino que están presentes en
programas de seguridad social alrededor del mundo.
Entre otras se
encuentran el factor demográfico—la disminución de la proporción de
trabajadores que cotizan y retirados desestabiliza al sistema; el manejo
político que se hace de los fondos recaudados—manipulación de las edades de
retiro con fines electorales, desproporción entre los montos cotizados y montos
pagados de ciertos grupos; así como la poca diversificación de las inversiones
del fondo de Invalidez, Vejez y Muerte—al 31 de diciembre de 1999, el 90% del
dinero se encontraba invertido en bonos de gobierno.
Para suerte de los
costarricenses, países latinoamericanos como Chile, El Salvador y México han
reformado exitosamente sus sistemas de seguridad social, brindando valiosas
lecciones sobre cómo llevar a cabo un proceso de dicha magnitud, y mostrando
las ventajas de emprender una reforma profunda del modelo existente.
En el caso
chileno, se le permitió a los trabajadores la libertad de elegir entre el viejo
sistema y uno nuevo, en el cual cada trabajador ahorra para su propio retiro a
través de contribuciones obligatorias a una cuenta de capitalización individual
que viene a ser la propiedad privada del trabajador.
El elemento
singular más importante de un sistema de pensiones basado en cuentas
individuales de retiro es la libertad de escoger. Un sistema privado incrementa
la libertad para escoger cómo invertir, con quién y cuándo invertir, cuándo
usar su dinero y cuándo retirarse. Un sistema privado también tendría un efecto
profundo en la economía costarricense. Con ahorros en aumento, y por lo tanto
inversiones crecientes, un sistema privado crearía una clase de círculo
virtuoso en el cual habría mayor productividad, salarios más altos, más
oportunidades de trabajo y crecimiento económico. Ya hemos observado dicho
fenómeno en Chile, donde la reforma de las pensiones ha sido acompañada de
otras políticas públicas coherentes.
En
este país andino, las Administradoras de Fondos de Pensiones han tenido un
rendimiento promedio real del 10.3% anual durante más de 20 años, los jubilados
gozan de beneficios que son entre un 50% y un 100% más altos que bajo el
sistema estatal, y las contribuciones obligatorias del sistema privado son más
bajas. Todo ello explica por qué más del 90% de los trabajadores chilenos han
elegido las cuentas de capitalización.
Más aún, un
sistema privado permite que los activos sean traspasados a los herederos, una
opción que no existe hoy en día.
La sociedad civil
costarricense debe encarar el debate que se aproxima con responsabilidad y
visión de futuro. Las soluciones de siempre no son más que parches al sistema
que dejan intactas las fallas estructurales de un modelo que está probando ser
obsoleto en el resto del mundo. Así, por ejemplo, se han dado cuenta los suecos
y los británicos, quienes han optado por darle la libertad a los trabajadores
de destinar parte de sus cotizaciones a cuentas de retiro privadas, y en
Estados Unidos, donde esta propuesta gana cada día más fuerza en el ámbito
popular y entre las autoridades políticas.
Contrario a las demás propuestas realizadas hasta ahora, un sistema de cuentas
de retiro privadas soluciona el problema económico inherente de la seguridad
social, y es el de su tendencia a la bancarrota por el hecho demográfico que
cada vez se gasta más de lo que se recibe.
Es evidente que la
libertad del individuo acompañada del respeto a la propiedad privada de ricos y
pobres es la mejor vía para asegurar la prosperidad y el retiro digno de miles
de trabajadores costarricenses.
1 y 2
[Ian
Vásquez]y
[Juan
Carlos Hidalgo]
son director y colaborador, respectivamente, del Proyecto sobre la Libertad
Económica Global del Cato Institute.
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Febrero
12,
2003
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