A
partir de mediados de la década de los 60 y en las décadas posteriores se
fueron desarrollando un amplio y confuso conjunto de ideas alrededor del
tema del ambiente y de su relación con las actividades y actitudes de la
sociedad. Estas ideas se corporizaron en un no menos confuso movimiento
social y político que fue creciendo y expandiéndose tanto en ideas como
lugares. Empezó con ciertas características en los países anglosajones, se
extendió después en el resto de los países desarrollados y se volcó
finalmente, siempre en transformación, a los países subdesarrollados.
Durante este proceso se vio enriquecido con nuevas ideas y conceptos, pero
también se fragmentó en diferentes corrientes, dando como resultado final
una gran cantidad de movimientos que lo único que tienen en común es su
preocupación por su objetivo final: las relaciones socioambientales.
Hoy, la ecología, el ambientalismo y los problemas ecológicos
son términos intercambiables cuya disciplina y objeto de estudio se mezclan
en el lenguaje cotidiano. Una de las características más particulares del
ambientalismo es que ha pasado a ocupar un lugar en el sentido común de la
gente, es parte de lo cotidiano, infaltable en las proclamas políticas y
referencia obligada en el discurso público de los empresarios.
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¿Qué particularidades históricas y que
contexto social dieron lugar a que 300.000 personas participaran en
Norteamérica en el primer "Día de la Tierra"?
Los países desarrollados veían crecer a su población empujada
por el famoso baby boom de la posguerra y los países subdesarrollados
adquirían velocidades de crecimiento inusitadas a partir de la aplicación de
unas pocas medidas sanitarias básicas, tal como la eliminación de las
enfermedades endémicas (malaria, viruela, tuberculosis) por la aplicación
masiva de los nuevos remedios y los nuevos pesticidas.
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Desde
la aparición en la Tierra del Homo Sapiens, tomó 4 millones de años para que
la población humana llegara a 1.000 millones. Por largo tiempo, el número de
los humanos creció lentamente. Se cree que cuando nació Cristo la población
mundial era de alrededor de 300 millones. Desde entonces hasta mediados del
siglo XVIII llegó a 800 millones. La población humana se duplicaba
aproximadamente cada 1.500 años. Si nos hubiésemos mantenido en esa tasa de
crecimiento, no habría sido hasta el cuarto milenio, hacia el año 3250, que
la población alcanzará los 1.600 millones. Pero para el 1800 la tasa de
incremento había comenzado a acelerarse y en 1900 la población del mundo
llegó a 1.700 millones. Duplicarse sólo le había tomado150, no 1.500 años.
Ese fue el período más vigoroso de la revolución industrial.
También fue una época en que la ciencia médica hizo grandes contribuciones a
la calidad, y particularmente a la extensión, de la vida humana. Las tasas
de mortalidad estaban cayendo y la gente vivía más tiempo, con más niños que
sobrevivían los primeros años de vida. El resto del mundo se beneficiaría
por último en medida variada por esos avances, y para 1950 la población
mundial alcanzó los 2.500 millones. Esa vez se había duplicado en menos de
cien años. Llevados por una oleada en la población Occidental que se
industrializaba, los números estaban creciendo exponencialmente. Se estaba
echando bases para incrementos masivos en la población que dominarían el
paisaje de la Tierra en nuestra época y más allá. La interpretación
catastrofista parecía plausible y digna de ser apoyada.
Desde el punto social, es en ese momento cuando comienzan a
crecer los problemas urbanos, relacionados con la gran migración del campo a
la ciudad y con la expansión acelerada de las grandes ciudades. Aparecen los
problemas de hacinamiento, transporte, fragmentación social y territorial,
inseguridad y también de contaminación. La metáfora urbana no es la alegría
de Paris, sino las sórdidas calles de Nueva York o la atmósfera contaminada
de Los Angeles. En contra de todo esto el ambientalismo ofrece la vuelta a
una naturaleza limpia, segura y sabia. No parece tener importancia si esta
vuelta es factible o no, lo que importa es tener una nueva ilusión.
Las primeras ciudades aparecieron muy temprano en la
historia, en la Antigüedad. Pero fue principalmente el desarrollo de la
industria, durante los siglos XIX y XX, lo que desencadenó el crecimiento
explosivo de las ciudades en Europa y América. Estas se convirtieron en los
principales centros de actividad económica y atrajeron una población cada
vez más numerosa, extendiéndose desmesuradamente. Durante mucho tiempo, más
del 90% de la población mundial vivió en el campo. En la actualidad, a pesar
de que en muchos países muy poblados gran parte de la población es todavía
campesina, el 50% de la población mundial vive en ciudades. La urbanización,
es decir, la concentración de población en las ciudades, pareciera no tener
límites.
El exceso de construcciones modifica el suelo y puede
originar catástrofes. Así, durante lluvias torrenciales, los suelos
recubiertos de asfalto no logran retener las aguas, que corren
violentamente, y pueden inundar la ciudad en pocas horas.
Dentro de las ciudades, se plantean otros problemas,
relativos especialmente a la contaminación. En los países subdesarrollados,
los sistemas de alcantarillado urbano no están adaptados al creciente número
de habitantes, y las napas de agua potable se contaminan paulatinamente,
comprometiendo el suministro de agua a la población.
Los automóviles también generan complicaciones: los gases de
escape forman una nube de contaminación tóxica, el smog. Ciudades como
Londres, Los Angeles, Atenas o México están, periódicamente, asfixiadas.
Chicago,
con su trazado ortogonal, sus calles rectilíneas, sus enormes rascacielos y
sus juegos de luces en la noche, simboliza a la perfección el crecimiento
desmedido de las ciudades modernas. La ciudad de Chicago se fundó a
comienzos del siglo XIX en la ribera del lago Michigan y se desarrollo
rápidamente. Esta ciudad que en 1833 tenía apenas 300 habitantes, alberga en
la actualidad a más de 7,6 millones de personas.
En el contexto internacional, la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Ambiente que se llevó a cabo en Estocolmo en 1972, fue una
divisoria de aguas puso la cuestión de la ecología en la agenda global y
abrió el debate acerca de sus parametros. Por primera vez, se reunieron las
naciones para considerar el estado del planeta Tierra. Por primera vez
integramos el escenario en la acción de la obra. Nada volvería a ser igual,
porque después de Estocolmo nos vimos obligados a mirarnos a nosotros mismos
de manera fundamentalmente diferente.
Estocolmo promulgó la Declaración Internacional sobre el
Ambiente que fue en el comienzo una base sobre la cual levantar, si no un
monumento sobre la supervivencia humana, al menos algunos pilotes esenciales
para mantener la Tierra como lugar adecuado a la vida humana. Un logro
fundamental de la conferencia de Estocolmo fue la agudización de la
conciencia mundial de la polución.
La Declaración de Estocolmo desemboca veinte años más tarde
en la Declaración de Rio o Eco 92 donde se definen los derechos y
responsabilidades de las naciones en la búsqueda del progreso y del
bienestar de la humanidad. Basándose en:
-
Derecho de los Estados para aprovechar sus
recursos propios y no causar daños al ambiente de otros países.
-
El desarrollo debe ejercerse
sobre una base sostenible.
-
Responsabilidad de los países desarrollados
en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible.
-
Función vital de los pueblos indígenas en
el desarrollo sostenible debido a sus conocimientos y prácticas
tradicionales.
En este contexto general, sombrío y desencantado, donde crece
el ambientalismo, en sus diferentes concepciones. Vamos a encontrar
movimientos ambientalistas que van desde los fuertemente antropocéntricos,
basados en la superioridad natural del hombre con respecto a la naturaleza y
su necesario destino de organizador y usuario de la misma, hasta los que
buscan una posición ecocéntrica, negándole al hombre algún derecho sobre la
naturaleza y poniéndolo al mismo nivel que otros seres vivos. Estas dos
posiciones extremas dan como resultado el ambientalismo llamado
"superficial", preocupado por los temas ambientales pero adoptando una
política de regulación del uso de los recursos y conservación de la
naturaleza desde el punto de vista de su utilidad para el hombre. En el otro
extremo, aparece el ambientalismo "profundo", que utiliza la hipotesis de
Gaia para proponer un hombre totalmente integrado a la naturaleza, alejado
del uso de productos materiales innecesarios, viviendo en comunidades
pequeñas, que no mata animales para comer y respeta a todos los integrantes
del ecosistema. Entre la extrema practicidad y la extrema utopía se
desarrolla toda una serie de movimientos que confía en mayor o menor medida
en la sabiduría natural para solucionar la supervivencia humana o en la
capacidad del hombre para desarrollar cada vez más sofisticadas tecnologías.
Ambientalismo, ONG´s y partidos verdes
Desde un principio estos movimientos fueron muy bien
manejados, tanto en lo que hace pública como su capacidad para obtener
financiamiento. Los ambientalistas comenzaron a actuar en tres tipos de
organizaciones diferentes:
I. Los que abogaban por un ecologismo
"profundo" por lo general despreciaron toda forma organizativa institucional
y prefirieron las pequeñas organizaciones locales, muchas veces formadas a
partir de estudiantes universitarios. Estas organizaciones a veces optaban
por retirarse a lugares aislados, donde intentaban reconstruir lo que para
ellos era el modo de vida original del hombre (pequeños grupos aislados,
autosostenidos). Transformándose en un movimiento redentor y mesiánico, casi
fundamentalista, inflexible y poco apegado a recibir críticas, ni desde
adentro ni desde afuera. Su discurso es generalmente utópico, sin plantear
salidas concretas sino ideas generales para un mundo mejor, lo que lo aleja
mucho de los sectores de la población cuyas necesidades son demasiado
inmediatas para aceptar este tipo de movimientos. Plantea algunas soluciones
como la vuelta a la naturaleza. Obviamente inviable, en un mundo donde el
50% de la población es urbana. Muchas veces el ambientalismo ha pecado de
cierta ingenuidad que lo transforma usualmente en un movimiento retrógrado y
elitista a negarse a analizar otros aspectos de los problemas ambientales
que no sean los estrictamente naturales.
II. Los otros grupos ambientalistas se
institucionalizaron bajo lo que luego pasó a llamarse en todo el mundo
"organizaciones no gubernamentales" (ONG´s). Algunos como grupos pequeños y
medianos, muy focalizados en intereses locales y específicos, donde se han
hecho un importante lugar en la opinión publica, adonde aparecen como la voz
popular que representa los intereses del hombre común. Si bien en su mayoría
han sido grupo de personas pertenecientes a la clase media, en los últimos
años ha crecido el número de organizaciones ubicadas en áreas de menores
ingresos, sobre todo en los barrios urbanos más pobres, con intereses que
están casi siempre ligados a las condiciones ambientales urbanas.
Algunos grupos ambientalistas, por diferentes circunstancias,
comenzaron a crecer y tomaron una dimensión primero nacional y luego
internacional. Entre estos grupos podemos nombrar a Greenpeace, Earth First,
Amigos de la Tierra o Conservation Internacional. Tal vez la historia de
Greenpeace es un buen ejemplo:
Un viejo barco atunero con doce idealistas a bordo, que
avanza por las aguas de la costa oeste de Alaska hacia el archipiélago de
las Aleutianas. Una misión desmesurada: frenar los ensayos atómicos de los
Estados Unidos en la isla de Amchitka, un paraíso de nutrias de mar y aves
rapaces. Emilio Salgari, Herman Melville y Jack London parecen haber
inspirado esta historia romántica. Pero fue tan real, que marcó el
nacimiento del movimiento ecologista y pacifista más extendido y eficaz del
mundo.
Los tripulantes eran activistas antinucleares canadienses,
cuáqueros y objetores de conciencia estadounidenses, refugiados en Canadá
para no participar en la guerra de Vietnam. Se autodenominaban Comité No
Hagan Olas, en alusión al maremoto que podría desencadenar una explosión
atómica en una zona de gran actividad sísmica. "Queremos paz, y queremos que
sea verde", afirmaba a la prensa uno de los militantes, poco antes de zarpar
desde Vancouver (Canadá). Por eso rebautizaron al barco con el nombre de "Greenpeace".
El viaje fue un fracaso. Lo pasaron mareados y peleándose por
asuntos menores. Y como no atendieron a ciertos requisitos burocráticos,
dieron pie a que los guardacostas estadounidenses los frenaran cuando
estaban por llegar a Amchitka. La prueba nuclear se hizo igual.
Pero a bordo iban dos periodistas, que transmitían por radio
a sus redacciones todos los pormenores de la travesía. Las noticias frescas
alimentaron aún más el enojo de los canadienses contra sus vecinos, y
decenas de miles de manifestantes bloquearon durante varios días las
fronteras. El gobierno estadounidense se vio obligado a anunciar que ése
sería el último ensayo atómico. Desde entonces, la isla de Amchitka es una
reserva ornitológica.
La lección positiva del viaje se convirtió en una de las
marcas de fábrica de la organización: la mediatización del reclamo y de la
protesta. El desafío de la cascarita de nuez frente a los marines tuvo tal
impacto, que grupos de Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, sin
contacto entre sí, tomaron el nombre de Greenpeace.
La segunda movilización tuvo el mismo sello quijotesco. Fue
cuando David Mctaggart, un ex hombre de negocios canadiense, ofreció a los
activistas neocelandeses su velero para llegar hasta el atolón de Mururoa,
en el Pacífico, donde Francia había ampliado la zona marina de exclusión con
miras a sus ensayos atómicos.
La desconexión y la mala relación entre los grupos se agravó
a partir de 1974, cuando un sector de Greenpeace en América del Norte
decidió apuntar contra la caza comercial de ballenas y la matanza de crías
de focas en Terranova, Canadá. Para los antinucleares, era un tema suave.
Entretanto, Mctaggart fundó la organización en países europeos, lo que
permitió en 1978 juntar a todos los grupos y crear Greenpeace Internacional.
Con la unificación también se hicieron comunes las
estructuras, las investigaciones científicas y las estrategias, que no han
variado mayormente desde entonces. El glosario de Greenpeace incluye
términos como campaña, para designar el objetivo a lograr, y acciones
directas para llamar la atención sobre un problema, en las que intervienen
miembros bien entrenados y, cuando no hay riesgo físico, también
voluntarios.
"Es una especie de élite, pero en la que cualquiera puede
participar. No hay ningún superhombre", asegura el entrerriano Milko
Schvartzman, quien defendió a las ballenas a bordo del "Rainbow Warrior"
(Guerrero del Arcoiris), el buque insignia de la "flota verde". Jóvenes,
creativos, audaces, entusiastas, abiertos a todas las razas y
nacionalidades, resistentes e insistentes: ése es el perfil de los
militantes en todo el mundo, mujeres incluidas.
"A igualdad de condiciones se busca promover la presencia
femenina –cuenta Verónica Odriozola, ligada a Greenpeace desde 1987,
coordinadora de la campaña de tóxicos-. Hay mujeres tripulantes en cargos de
oficial, y hasta capitanas; varias de ellas son argentinas, que se formaron
en las distintas visitas de los barcos".
Los guerreros del arcoiris se enorgullecen de haber tenido
parte en muchos logros: la moratoria en la casa comercial de ballenas y en
la explotación minera en la Antártica; la paralización de las pruebas
nucleares; el cese del vertido de residuos radioactivos al mar; la
interdicción de fabricar y comerciar minas antipersonales. La lista es mucho
más extensa, e incluye tanto la instauración de tecnologías limpias y
explotaciones sustentables, como la presencia de Greenpeace en calidad de
observador en numerosos foros internacionales.
Las tareas pendientes no son menos abrumadoras, a las puertas
de un mañana apocalíptica que incluye arsenales nucleares, deforestación,
contaminación de todo tipo, adelgazamiento de la capa de ozono y cambio
climático. Le hacen frente un millar de personas que trabajan en forma
profesional en 31 países y 14 centros de campaña, decenas de miles de
voluntarios y 3,5 millones de socios, gracias a cuyos aportes la entidad
jamás recibe dinero de gobiernos, empresas ni partidos políticos.
La mística de Greenpeace alentó, contagió y enhebró a
infinidad de organizaciones no gubernamentales en todo el mundo. No sólo
pacifistas y ambientalistas: activistas de los derechos humanos, defensores
de los derechos civiles, militantes por la igualdad social, y la inmensa
mayoría de quienes luchan por mejorar la vida en el planeta, han aprendido
de su ejemplo que, a la larga, la mejor barrera contra la destrucción se
levanta con información y participación colectiva, y sin necesidad de
resignar la alegría y las ilusiones.
III. En paralelo a este tipo de grupos
se desarrolló otro. Este era conservacionista con fines utilitarios y
abogaba por la definición de reservas faunísticas. Este responde a un
proceso que comenzó en el siglo pasado en Europa y en los Estados Unidos,
ligados a las ideas del romanticismo, la visión estética de la naturaleza y
el encandilamiento por lo salvaje. Este proceso tendía a la preservación de
lo natural con fines estéticos y didácticos y buscaba proteger las llamadas
"bellezas naturales" y dio como resultado la creación de los primeros
parques nacionales, hacia la década de 1880.
En paralelo comenzó a construirse toda una institucionalidad
alrededor del tema de la preservación, primero con la aparición de las
sociedades protectoras de animales en Europa y Estados Unidos, y más tarde
con la fundación de las primeras instituciones ambientalistas no
gubernamentales, tales como el Sierra Club de California, llamado a tener
gran importancia en el movimiento ambientalista.
Por otro lado se desarrollo un movimiento convergente, el
llamado "conservacionismo utilitario" que surgía tanto de los primeros pasos
de la ciencia forestal, que tenía como objetivo la posibilidad de una
explotación sostenible de los bosques naturales, como de las preocupaciones
de los cazadores por la disminución de las especies.
Conservacionismo
y proteccionismo convergieron para apoyar la formación de la figura del
parque nacional, que fue cambiando con el tiempo. Sus orígenes son
fuertemente etnocéntricos y racistas en el caso africano y exclusivistas en
el caso norteamericano, refiriéndolos a las necesidades de las clases
sociales más altas y algunos "iluminados". La función principal era la de
preservar las llamadas bellezas naturales y la naturaleza prístina. También
deberían cumplir una función didáctica, mostrando la sabiduría de la
naturaleza cuando no era contaminada por el hombre. Este concepto excluyente
y elitista de la función de los parques nacionales fue cambiando con el
tiempo, ante la acción combinada de la presión demográfica y social y la
aparición de un interés científico y económico por estas reservas. Va
creciendo un turismo asociado a la contemplación de las bellezas naturales y
esos recursos paisajísticos pasan a transformarse en una mercancía: millones
de personas llegan todos los años a los parques nacionales dispuestos a
"disfrutar de la naturaleza" pero también a consumir y gastar dinero. Con el
tiempo, la noción de reserva dejó de limitarse a la de parques nacionales y
aparecieron otros conceptos más amplios, como los de reserva estricta,
monumento natural y área protegida, y el número de estos fragmentos
territoriales protegidos aumentó considerablemente.
El objetivo específico de estas instituciones primero se
concentraban en tipos de acciones muy específicas, pero luego su interés se
fue ampliando al uso de los recursos naturales.
El Ambientalismo en la Argentina:
En la Argentina, teniendo en cuenta el tamaño del país y la
variedad de problemas de conservación existentes, es improbable que una sola
ONG pueda tener éxito operando en forma aislada. Las dificultades asociadas
con la coordinación de esfuerzos conjuntos y los diferentes criterios con
que se encaran los problemas de conservación, constituyen obstaculos que muy
seguido requieren ser superados a través de emprendimientos conjuntos. Pero
no solo las pequeñas ONG´s ambientalistas tienen problemas. Entre las
principales dificultades que se afrontan, se encuentra la falta de
continuidad de los programas, la tendencia a permanecer en un plano más
declamativo que práctico, la falta de coordinación y de una adecuada red de
información entre las distintas fundaciones, el desconocimiento por parte de
muchas ONG´s de sus limitaciones, lo cual genera desconfianza en muchas
instituciones académicas dedicadas a temas ambientales, la escasa
representatividad en número de miembros, la dificultad para obtener fondos,
la falta de madurez gubernamental para aceptar la relación compleja que,
clásicamente, se estructura con las ONG´s, en las que suelen darse críticas
y trabajos en conjunto a la par, y la representación de posiciones extremas
por parte de las ONG´s, siempre presionadas para denunciar y generalmente
poco valoradas e incluso sospechadas cuando no lo hacen. Este último punto
es difícil de afrontar y plantea un divorcio entre lo que la gran parte de
la sociedad desea escuchar de una ONG´s y lo que las ONG siente que debe
decir, en función de su misión y su visión.
Pese a todas estas barreras, tanto las interacciones entre
las ONG´s como la segmentación de sus públicos está llevando a una
diversificación de nichos que permiten actividades complementarias. Esta
complementaridad no suele ser planificada y puede incluso ser involuntaria,
pero funciona. La profesionalización es creciente y con ella, la obtención
de logros concretos se facilita. Las ONG´s siguen evolucionando, y en la
Argentina surgen como una de las herramientas para lograr cambios en nuestra
realidad ambiental. El Estado nacional y varios provinciales, de hecho,
tienden a descargar a veces más responsabilidades sobre las ONG´s
ambientalistas de lo que quizás deberían. Esto es especialmente cierto si se
tiene en cuenta, al mismo tiempo, las escasas facilidades de tipo económico
que se les brinda, a diferencia de lo que ocurre en otros países o, incluso
en nuestro país, en otros rubros de actividad, como es el caso de la
promoción del arte. Tanto Greenpeace como la Fundación Vida Silvestre
Argentina, usualmente percibidas como las ONG´s ambientalistas más
poderosas del país, tienen presupuestos menores a los de muchas Pymes y
recursos humanos muy escasos. En general, las autoridades aún desconfían de
las ONG´s. Las ven como un indiscreto testigo de sus acciones de gobierno.
Pero una ONG responsable nunca esconde sus intereses y, si sabe comunicarlos
con transparencia, la relación entre gobierno y ONG´s puede ser madura y a
la vez, independiente. Este tipo de relación es la que permite inyectar
nuevas ideas en las oficinas de gobierno y lograr resultados concretos en
más de una ocasión.
En la Argentina existen 1200 organizaciones no
gubernamentales. Sin embargo, 800 de ellas están formadas por un reducido
número de personas. De las 200 restantes, solo unas 50 trabajan siguiendo
los lineamientos de la Estrategia Mundial para la Conservación de la
Naturaleza y sus Recursos. Muy pocas cuentan con el respaldo de una
importante masa societaria.
El primer grupo conservacionista que surgió en el país fue la
Asociación Ornitológica del Plata, en 1916. Hoy se llama Aves Argentinas. A
partir de 1940 se crearon varias entidades ambientalistas como: Asociación
Natura, Asociación Amigos de los Parques Nacionales, Asociación Argentina
contra la Contaminación del Aire, pero el movimiento conservasionista recién
cobro importancia en la década del 70. La mayoría de las ONG´s tiene su sede
en las grandes ciudades. Pero son cada vez más las ONG´s del interior. Este
dato se presenta como una oportunidad de interacción con sectores
representativos de la sociedad civil más cerca del ámbito donde se
encuentran los ambientes naturales. Sin embargo, frecuentemente, por falta
de recursos y otros factores, su capacidad es muy limitada, así como su
grado de profesionalismo.
Balance del ambientalismo
A casi 30 años de sus primeros pasos, es posible ahora hacer
un balance del movimiento social que generó la relación sociedad/ambiente,
lo que en término generales hemos llamado el ambientalismo. Este ha tenido
un papel importante en la sociedad como guardián y controlador del manejo
del ambiente. El ambientalismo es lo que podríamos llamar "la voz de la
Tierra". Desde ese punto de vista ha tenido un papel importantísimo en la
desaceleración del crecimiento nuclear (sobre todo en el caso de las usinas
nucleares), en el crecimiento aún pequeño de las energías no convencionales
(eólica, biogás y solar), en el consumo de productos llamados "orgánicos"
(así se llama a aquellos en cuyo proceso de producción no intervienen
agroquímicos), en las medicinas no ortodoxas (homeopatía, acupuntura), en el
reciclaje de los residuos familiares y en lo que podríamos llamar la
educación ambiental.
Tal
vez uno de los problemas básicos de este amplio movimiento es que muchas
veces ha pretendido erigirse en una nueva ideología o en un nuevo paradigma.
Es difícil pensar que sea ni una cosa ni la otra: carece de la necesaria
amplitud como para ser una ideología, en pocas palabras, una forma de mirar
globalmente el futuro del mundo porque deja de lado a buena parte de los
sectores que hacen al desarrollo social y económico y sólo se concentra en
uno: el ambiente. Por otra parte, tampoco es un nuevo paradigma, si es que
los paradigmas –el cúmulo de teorías, métodos y visiones que determinan
ciertas formas de proceder- se pueden construir voluntariamente, dado que,
otra vez, no involucra todos los aspectos del saber, sino sólo aquéllos
relacionados con la sociedad y el ambiente.
Las ideas del ambientalismo son tal vez el embrión de una
nueva forma de ver las cosas, que requiere todavía mucha elaboración,
discución y acuerdos para constituirse en un saber estructurado.
Es posible que los problemas que sufre el ambientalismo se
vayan amalgamando con otros movimientos sociales que le den una visión más
amplia y socialmente progresista. Es verdad que existen problemas
ambientales globales, pero no parecen ser los más urgentes ni los más
fáciles de resolver. El agujero de ozono puede esperar si tenemos primero
que solucionar temas como el de millones de personas viviendo en la miseria,
poblaciones enteras sin agua ni cloacas, ríos contaminados, industrias
contaminantes y ciudades envenenadas por los motores de combustión. Y ese es
uno de los papeles importantes del ambientalismo: jerarquizar los problemas
concretos y ayudar a dar soluciones viables para todos.
Febrero
12, 2003
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