|
La
verdad es que cualquier tipo de medida regulatoria
o de tipo precautoria para salvaguardar la bioseguridad que se adopte ante
el desarrollo de la biotecnología, va a encontrar muchos frentes, algunos
de ellos bien crueles. Esto se
espera cuando se trata de temáticas complejas, como la Biotecnología, que
desafortunadamente no son del dominio de la mayoría.
Evidentemente, la Biotecnología y sus implicaciones (muchas de ellas
desconocidas) dan espacio para debates “campales”.
Algunos de estos debates son el resultado de no entender muy bien y
de forma específica las rutas fisiológicas (en plantas y animales) y su
relación con nuevos genes que se incorporan a individuos (plantas y/o
animales) y como resultado nuestra incapacidad de extrapolar situaciones en
torno a la Biotecnología.
Por
otro lado, campañas agresivas con un evidente componente de intereses
particulares, han inducido tendencias de dudas y confusiones que dan como
resultado la turbulencia de escepticismo a nivel de percepción pública
sobre la Biotecnología. Consecuentemente,
los involucrados en su explotación, nos tenemos que revestir de una coraza
gruesa, mientras servimos de “abogados del diablo”.
Es
obvio entender, en situaciones normales y lejos de indisposición,
prejuicios y posiciones viciadas, que los lactantes (por ejemplo) es el
componente de la población más vulnerable y el cual debe servir de
referencia para el establecimiento de marcos precautorios en el desarrollo
de productos trangénicos, seguros a la salud humana.
Pero como tal, se debe entender al referirnos a lactantes como un
estrato vulnerable que la concepción va más allá de los lactantes y más
bien lo que se refleja es una disposición de prevenir riesgos y
salvaguardar la biodiversidad, a como dé lugar.
|
|
Asimismo,
se debe siempre enfatizar que cuando se hace referencia a productos
biotecnológicos, no se trata de materiales tóxicos o radioactivos que de
antemano se han probados que causan desvíos de la “rutas fisiológicas”
cuando manejados inadecuadamente. De
igual manera, se reconoce que los genes que hoy día somos capaces de
“mover” físicamente en dos años y relocalizar en otros individuos, son
en esencia los mismos que la naturaleza movería y relocalizaría en los próximos
100 años. Después de todo,
ningún alimento consumido hoy es el mismo que el consumido hace 200 – 300
años. La naturaleza ha hecho
su propia versión de “ingeniería genética” que se conoce como mutación
natural o no inducida por el hombre. Por supuesto que por eso aparecen plantas (como la raíz de
la nuez moscada) que mutan con los años y producen metabolitos que no
necesariamente son beneficiosas a los humanos.
Si se quiere, se puede afirmar que algunos resultados de mutaciones
naturales producen situaciones contraproducentes a los humanos (en el
sentido relativo de la expresión). Es
el caso de plantas como la nuez moscada que produce un herbicida natural (Juglone)
el cual quema toda la biodiversidad a su alrededor.
|
Sin
embargo, contrario a la naturaleza, el hombre hoy día identifica sistemas
precautorios que alertan y previenen, en límites, cualquier evento del
orden catastrófico. Por ello,
la existencia de los CONABIO’s (Comisiones Nacionales de Bioseguridad),
entidades que salvaguardan la biodiversidad, con énfasis especial al manejo
adecuado, incluyendo el aspecto ético, de los productos transgénicos.
Tal vez ahí está la explicación de la extinción de algunas
especies (mutaciones que resultaron en efectos catastróficos) que hoy día
sólo se encuentran los fósiles, pero al mismo tiempo, se puede argumentar
que con el uso de la biotecnología podemos evitar la extinción de especies
contemporáneas. aún más,
podríamos ser capaces de contribuir al mejoramiento de su salud y sus
ecosistemas.
Es
importante acotar que biotecnología valora la ética y el respeto al medio
ambiente, pero no se escapa de la corruptela “congénita” de la sociedad
de hoy. Un paralelo que cabe es el uso de las armas biológicas, las
cuales pueden ser usadas por inescrupulosos, y de las cuales nos cuidamos
todos. La técnica para
producir armas biológicas es exactamente la misma utilizada para la
producción de fármacos y medicina en general utilizando células o
bioreactores. El dilema está
en si no debiéramos avanzar tecnológicamente por el temor a que las
tecnologías se puedan utilizar con propósitos malsanos.
O si por el contrario, deberíamos aunar esfuerzos y avanzar tecnológicamente
lo más posible siempre bajo el entendido de que las “reglas de juego”
en la generación y utilización de las tecnologías deben ser éticas,
rigurosas, transparentes y aplicables.
Es decir, traduciendo, biotecnología como disciplina es el fenómeno
del siglo XXI que nos podría ayudar a mejorar nuestras vidas y como tal es
extraordinaria y oportunamente beneficiosa.
Ahora bien, la biotecnología pudiera ser usada para mal, así como
podría ser utilizado un vehículo en movimiento para intencionalmente
estropear a un transeúnte.
Mientras
tanto, hoy temprano en el siglo XXI, los científicos vivimos una dura y
constante faena tratando de presentar a la biotecnología como una
disciplina inofensiva y de extraordinario potencial para el beneficio de la
humanidad, así aprovechar al máximo su utilidad.
Y es que resulta tan difícil avocar por una temática tan técnica. El siguiente razonamiento es un ejemplo del tipo de
argumentos que se pueden establecer para defender la biotecnología y sus
productos, sin que estos representen necesariamente un riesgo a la
biodiversidad, y con ello a la humanidad.
Por ejemplo, las proteínas, lípidos, aromas, productos naturales
funcionales en la medicina o fármacos como terpenos, alcaloides y
antioxidantes, son exactamente los mismos, independientemente de la ruta
fisiológica usada por el organismo (planta, animal o microorganismos), para
sintetizarlo. Esta puede ser
una planta con una alteración genómica producida físicamente por el
hombre, que induzca su síntesis en abundancia (planta trangénica).
Un caso específico lo constituyen los compuestos naturales
(producidos por plantas trangénicas) que disminuyen la capacidad proteolítica
de plagas de los cultivos como son los casos de las proteínas insecticidas
(como por ejemplo la Bt.) y limonoides.
El mensaje es que estos metabolitos son los mismos en estructura,
indistintamente de si han sido producidos por una planta trangénica o por
una planta sin alteración genómica. Consecuentemente,
yo entiendo que estos compuestos no van a comportarse diferencialmente.
Por lo tanto, no tiene sentido que estos productos tengan que
necesariamente ser etiquetado como trangénicos, pues no constituyen un
riesgo, per se, a la biodiversidad.
Ahora
bien, si se trata de un metabolito nuevo, cuyo impacto sobre las rutas
fisiológicas sea desconocido (por ejemplo, que los ensayos inmunológicos y
de nivel ofensivo a la flora y fauna no haya sido establecido), entonces sí
debería ser necesario el etiquetado, e incluso, dicho producto no debería
liberarse al mercado.
Hay
un ejemplo puntual con el que podríamos establecer un paralelo con el
oleaje de cuestionantes a la biotecnología y así medir el alcance del daño
que este pudiera causar en cuanto a percepción pública, y con ello al
desarrollo biotecnológico. Este
paralelo es el de los productos irradiados.
A principio de los 80’s, se produjeron reportes sobre el supuesto
efecto negativo en los humanos de los tratamientos con rayos gamma a los
alimentos. La hipótesis fue
que la radiación inducía la liberación de radicales libres que a su vez
causaban la muerte de células (tejidos) en quienes consumían tales
alimentos. O lo que sería lo
mismo que generación de cáncer. La
realidad es que nunca se comprobó (ni se ha comprobado) científicamente
que esta hipótesis era cierta. Lo
que sí es cierto es que la percepción pública cambió, para mal, como
resultado de la campaña sobre el efecto cancerígeno de los productos
irradiados. El resultado ha
sido la sub-utilización de una poderosa tecnología en el área de
conservación de alimentos para bien de la humanidad.
Tomando
como experiencia lo ocurrido con los alimentos irradiados y frente a los
debates que se escenifican a nivel mundial sobre los OGM’s, sobre su uso,
regulación, y desarrollo, se pone de manifiesto la gran necesidad de
programas educativos sobre biotecnología y su importancia en la sobre
vivencia de la humanidad en los años por venir.
Estos programas educativos son particularmente importantes en los países
pobres, en los que el desarrollo biotecnológico depende mucho del apoyo político-moral
y económico de forma colectiva, a diferencia de países desarrollados en
los que existen mega compañías que exploraran la biotecnología con o sin
el apoyo político-moral y económico de sus gobiernos.
Por citar un caso, República Dominicana: menos de 1% de los
dominicanos conoce un poco de biotecnología; tal vez uno de cada 100,000
personas conocen el término “trangénico” (siendo incluso generoso).
Ante este panorama, representa un enorme reto para la mayoría de países
de Latinoamérica y el Caribe, explotar la biotecnología, pues a diferencia
de la informática (el otro fenómeno mundial que ha mejorado la vida humana
en todo el planeta), la Biotecnología (unas gran parte) es específica para
ecosistemas particulares. Es
decir, la proteína que produce el Bacillus turigiensis (Bt.),
por ejemplo, que elimina lepidópteros masticadores en algodón en Texas,
puede tener su impacto negativo en otras especimenes beneficiosas en el
Caribe. Esto no significa que el Bt no lo usaríamos en el Caribe
como un efectivo bioplaguicida, sino que deberíamos tener la capacidad
instalada para establecer ensayos de evaluación.
Alternativamente, deberíamos tener establecido y funcionando
efectivamente el marco legal correspondiente, y conocerlo al “dedillo”,
para requerir que compañías extranjeras den seguimiento a las evaluaciones
o ensayos de lugar, si es que dicho OGM se pretende cultivar en un país en
particular.
Este
nivel de conocimiento y capacidad tecnológica nos permite usar la
biotecnología, conocerla y favorecer a que los cuestionamientos
“obstinados” sobre esta disciplina sean menos y por lo tanto la percepción
pública no adopta posiciones que dificulten su total aprovechamiento.
Un positivismo en torno a la biotecnología es la única forma que
podríamos establecer las bases para maximizar los beneficios de esta
tecnología y así poder generar alimento para alimentar 8 billones de
personas para el año 2020. Más
importante, esta plataforma tecnológica nos ayuda a “homogenizar la
distribución del pastel” que representa los países ricos y pobres en el
ámbito de seguridad alimentaría.
Por
otro lado, es bueno entrar en aspectos específicos de la biotecnología
moderna que pudieran constituir los ejes centrales de controversias y
debates públicos. Uno de estos
aspectos es el fenómeno de la erosión genética y su relación con el uso
de trangénicos. Los cultivos
trangénicos, en su mayoría, son cultivados extensivamente, siendo los
casos más evidentes la soya, maíz y algodón.
El hecho de producir extensivamente un cultivo en bastas áreas, se
puede correr el riesgo de reemplazar las variedades locales, reduciéndose
por supuesto la diversidad biológica de la zona.
En países del trópico (casi todo Latinoamérica y el Caribe, con
mayor énfasis en el Caribe), se concibe un mayor riesgo de reemplazo de
especies nativas por trangénicos debido por un lado a que los países son más
pequeños en cuanto a territorio, y por el otro lado, existe un espectro más
amplio de la diversidad biológica en cuanto a flora y fauna.
Esto es con relación a países en donde se usan con mayor intensidad
los trangénicos (Canadá, EE. UU., China y Argentina).
Consecuentemente, este aspecto es muy particular e importante para el
Caribe.
Este
aspecto de erosión genética, nos lleva a identificarnos de manera rotunda
con el programa que apoya y promueve la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), sobre “Manejo, Conservación
y Utilización de los Recursos Genéticos.
Esta iniciativa es oportuna y permite una explotación más agresiva
de la Biotecnología.
Finalmente,
es evidente, que para entender un fenómeno tan complejo como la Biotecnología
en general y aspectos inherentes a esta como los trangénicos, los
protocolos de bioseguridad, los requerimientos de la OMC ante los alimentos
genéticamente modificados, y los diferentes enfoques dados a la explotación
inteligente y estratégica de la Biotecnología por los distintos grupos
regionales (Europa, USA, Canadá, Asia) necesitan sistemas más efectivos de
comunicación. En este sentido,
es atinado sugerir que cada país debe empeñarse por sus propios programas
educativos, promocionales y del orden informativo.
Asimismo, todos los países, sean estos grandes o pequeños, pero con
mayor énfasis en los pequeños, deben asegurar su participación o
presencia en foros regionales, pues después de todo, las fronteras en el ámbito
tecnológico han ido desapareciendo por lo que haga una región, repercutirá
en la otra.
Este
proceso de participación a nivel de países debe comenzar por la creación
de grupos locales consultivos que contemple el involucramiento de todos los
sectores (científico, consumidores, gobierno, comunicadores, productores
primarios e industriales). De
esta manera, se asumen posiciones educadas de forma colectiva en los
diferentes países. En República
Dominicana por ejemplo para poner un caso de un país pequeño, se ha creado
el “Grupo Biotecnología Dominicana”, el cual es de naturaleza
interactiva, e incluye representantes de todas las partes.
Febrero 3, 2001
Subir
|