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Cuando
el Banco Central no es noticia, es buena noticia.
Hace unos años, durante una conversación con el Gobernador del Banco
Central del Uruguay de ese entonces y cuyo nombre no recuerdo, este nos
explicaba que el mejor Banco Central era aquel que no se sentía. Porque
cuando un Banco Central se hacia sentir era porque estaba generando inflación
o porque estaba devaluando su moneda o porque estaba subiendo la tasa de
interés; en otras palabras, porque le estaba dando problemas a la gente. En
fin, que lo mejor era que ni el Banco Central ni su Gobernador fueran
noticias.
En nuestro país, en estos momentos, el Gobernador del Banco Central esta
saliendo muy poco en los periódicos. Eso es excepcional. Eso es muy bueno,
sobretodo porque las pocas veces que lo hace es en algún evento social,
educativo o de alguna otra índole que realmente nada tiene que ver con
problemas monetarios. Realmente, se puede decir que la República Dominicana
vive uno de los momentos mas estelares de su evolución monetaria; un
momento excepcional. Y no es por casualidad, pues el Banco Central no solo
tiene a uno de los mejores Gobernadores que jamás haya tenido a la cabeza
sino que además cuenta con uno de los mejores, sino el mejor, equipo de técnicos
que jamás haya tenido en su historia.
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¿Porque entonces hablar del problema monetario de los dominicanos?
Precisamente, porque al no haber ninguna crisis monetaria en el horizonte,
este es un buen momento para pensar en un problema fundamental: el hecho de
que este periodo constituye más bien una excepción que la regla. Lo normal
siempre ha sido ver a los Gobernadores del Banco Central en los periódicos,
en los desayunos en la televisión y hasta en la sopa, jurando que jamás
devaluarán la moneda, prometiendo que van a fortalecer el peso, jurando que
no están emitiendo ni un peso inorgánico, y haciendo todo lo contrario; y
después, echándole la culpa de la inflación a los comerciantes agiotistas
y culpando a los cambistas inescrupulosos y especuladores del alza en el dólar.
Cuando en la realidad, todos estos males eran el producto de su propias
malas políticas monetarias y de su falta de fortaleza testicular ante el
Presidente de turno; ante quien no se atrevían a ejercer la autonomía del
Banco Central y negarles el financiamiento inflacionario de sus déficit
fiscales. |
El
Problema Básico:
El
problema fundamental de nuestro sistema monetario es que somos una economía
pequeña y abierta con relaciones comerciales y monetarias con una economía
preponderante como la norteamericana. Esto constituye un problema, porque al
fin y al cabo, bajo estas circunstancias, queramos o no, quieran los EE.UU.
o no, quien de hecho fija la política monetaria para nuestro país es el
Gobernador del Banco Central norteamericano, en este caso un Señor llamado
Alan Greenspan; un desconocedor de la República Dominicana y sus problemas
económicos y sociales.
Esto resulta así por la sencilla razón de que si nuestra política
monetaria es más expansiva que la norteamericana generamos inflación y
devaluación, y si nuestra política es mas restrictiva entonces generamos
deflación y nuestras exportaciones se hacen menos competitivas. Entonces
surge el dilema: ¿si nuestra única opción para no tener problemas
monetarios es tener una política monetaria igual a la norteamericana,
entonces para que tener un Banco Central?
Ante este dilema, algunas personas piensan que lo mejor es dolarizar la
economía, o sea pasar de un monopolio de pesos a un monopolio de dólares.
Otros, pensamos diferente y creemos que lo mejor es permitirle a los
dominicanos la libertad de elegir entre varias monedas internacionales, por
vía de cualquier banco o grupo de bancos.
La
Solución:
La
Abolición del Monopolio Gubernamental del Dinero
Si
los dominicanos realmente queremos que nuestro país logre ser el primer país
desarrollado del Caribe, la reforma monetaria que realmente necesitamos los
dominicanos debe lograr por lo menos cuatro objetivos importantes:
(1) En el corto plazo, la reforma monetaria debe
imposibilitarle a nuestros gobernantes el burlarse de la disciplina fiscal a
que los obliga la Constitución; obligándolos a evitar que incurran en los déficit
fiscales que al financiarlos con dinero inorgánico, nos causan la
inflación que nos empobrece cada vez más.
(2) En el mediano plazo, la reforma monetaria debe
acabar definitivamente con los frecuentes ataques de inflación y devaluación
que han erosionado el poder adquisitivo de los Dominicanos durante las
últimas cuatro décadas.
(3) En el largo plazo, la reforma monetaria debe acabar
con los vaivenes de depresión y desempleo atribuidos a la evolución del
capitalismo Dominicano.
(4) Pero sobretodo, la reforma monetaria debe
imposibilitarle al gobierno el que pueda restringir el movimiento
internacional de personas, dinero y capital que garantiza la capacidad de
nuestras gentes de escapar a la opresión política y económica de los
malos gobiernos, que solemos tener, de vez en cuando.
Para lograr estos objetivos, debemos desnacionalizar el dinero, aboliendo el
monopolio gubernamental del dinero y permitiendo la libre concurrencia y
competencia en el mercado del dinero. El dinero es una mercancía, y el
servicio monetario que los Gobiernos prestan a través de sus bancos
centrales podrían ofrecerlo mejor los bancos privados o las asociaciones de
bancos privados, con monedas internacionalmente demandadas y ofertadas.
Debemos reemplazar el monopolio gubernamental del dinero por la libre
competencia entre los suplidores de otras monedas, quienes, para conservar
la confianza pública, suplen sus monedas más eficientemente y limitan
disciplinadamente la cantidad en circulación de su moneda para así
mantener su valor, para el beneficio de sus usuarios.
Mientras el dinero sea administrado por Gobernantes fiscalmente
indisciplinados, que cuentan con la complicidad de Gobernadores de Bancos
Centrales con poca fortaleza testicular, sólo el patrón-oro, a pesar de
sus imperfecciones, será el único sistema tolerablemente seguro. En
ausencia de un patrón-oro, lo mejor para los gobernados es quitarle
completamente el control sobre el dinero a los gobernantes.
En un mundo regido por las presiones de los intereses organizados, nosotros
no podemos contar con la benevolencia, inteligencia o comprensión de la
gente que nos gobierna; pero sí con sus instintos de supervivencia, con sus
ambiciones egoístas y con sus intereses políticos y económicos
particulares. Y esto no es bueno para la sociedad civil.
El dinero da poder y darle ese poder a la sociedad civil, vía los bancos,
es para el gobierno el equivalente de desprenderse de una gran cuota de
poder; y "eso no debe ser" respondería cualquier Presidente o
Gobernador de un Banco Central.
"¿Y por que no debe ser esto así?"
preguntaría cualquier ciudadano.
¿Acaso nos son nuestros gobernantes, nuestros
servidores?
¿Acaso no son nuestros empleados?
¿Acaso no somos los ciudadanos los que le pagamos
su salario?
¿Entonces porque no hacen lo que más nos
conviene?
El
Dólar o el Euro, para quien lo produce..
Con
esta simple pero trascendental reforma, quienes producen dólares tendrían
el derecho de quedarse con ellos o vendérselos a quien se los quiera
comprar. El exportador se quedaría con sus dólares, ya sea este un
empresario o un empleado. Y podría depositarlos o tomarlos prestados en
cualquier banco. Los trabajadores de la industria turística y de las zonas
francas podrían recibir sus cheques en dólares, como lo reciben sus
empleadores. Y cualquier dominicano que así lo quiera, cobraría en dólares
o en euros o en la moneda que le de su santísima gana. Quienes quieran
comprar dólares, incluyendo el gobierno, siempre los podrán conseguir,
pues tendrían muchas más opciones de oferta que bajo el actual sistema. E
indiscutiblemente, la economía Dominicana estaría mucho mejor.
Con esta reforma también podrían incorporársele más dólares a nuestro
sistema bancario y financiero, fortaleciendo así nuestra economía y
estimulando el flujo de capitales hacia nuestro país, para poder financiar
a su vez las inversiones públicas y privadas que generarán la producción,
los empleos y los ingresos necesarios, para mejorar el nivel de vida de
nuestra gente.
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Enero
9 , 2001
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